Posted in

Fue obligada a casarse con un Jornalero, pero él ocultada una fortuna

Fue obligada a casarse con un jornalero, pero él ocultaba una fortuna

El día de su boda, Lucía Villalba no llevaba ramo.

Llevaba miedo.

También llevaba un vestido blanco que no había elegido, unos zapatos que le hacían sangre en los talones y un velo antiguo que olía a armario cerrado, a naftalina y a derrota. En la pequeña iglesia de San Bartolomé, todos la miraban como se mira a una mujer condenada: con curiosidad, con lástima y con ese placer feo que alguna gente siente cuando una familia grande se rompe delante del pueblo entero.

Afuera llovía.

No una lluvia suave de primavera. Era una lluvia torcida, oscura, de esas que embarran los caminos y hacen que hasta las campanas suenen tristes. Dentro de la iglesia, las velas temblaban. El cura se aclaraba la garganta cada dos minutos. Y en el primer banco, Hortensia Villalba, la madrastra de Lucía, sonreía como si acabara de ganar una guerra.

—Levanta la barbilla —susurró Hortensia cuando Lucía pasó junto a ella—. Una novia no entra pareciendo una criada.

Lucía no respondió.

Si hablaba, lloraría. Y si lloraba, aquella mujer disfrutaría demasiado.

Al fondo del altar estaba el hombre con quien la obligaban a casarse.

Miguel Cruz.

El jornalero.

Un hombre alto, moreno, con la camisa limpia pero gastada, las manos marcadas por el campo y una chaqueta prestada que le quedaba un poco estrecha de hombros. Había trabajado seis meses en las tierras de la familia Villalba, recogiendo aceituna, arreglando cercas y durmiendo en el antiguo almacén de aperos cuando no encontraba habitación en el pueblo.

Eso era todo lo que Lucía sabía de él.

Eso, y que Hortensia lo había elegido precisamente porque era pobre.

Porque un marido pobre, según ella, era fácil de comprar, fácil de humillar y fácil de hacer desaparecer cuando firmara los papeles necesarios.

La noche anterior, Hortensia se lo había dicho sin rodeos en el despacho de la finca.

—Te casarás con él mañana.

Lucía pensó que era una broma cruel.

Read More