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¡El Gran Engaño! Nodal Cobra Millones Del Erario Público Mientras Cazzu Pelea Por La Pensión De Su Hija

Resulta que Christian Nodal va a cantar completamente gratis. Sí, leyeron bien, gratis. Pero este concepto de “gratuidad” tiene una trampa gigantesca y perversa, porque será gratis únicamente para una parte muy específica de la población, y resultará carísimo, escandalosamente caro, para todos los demás. Este es un concierto que, aunque te lo vendan como un acto de generosidad política, en realidad lo va a pagar el gobierno utilizando tu dinero. Se financiará con el dinero de los impuestos que tú pagas religiosamente cada vez que cargas gasolina, cada vez que vas a pagar el predial, cada vez que te descuentan el ISR de tu nómina o cuando pagas el recibo de la luz. Y la cereza de este amargo pastel es que, mientras Christian Nodal se embolsa millones de pesos provenientes del erario público, al mismo tiempo sigue arrastrando un turbio y bochornoso proceso legal por la pensión alimenticia de la hija que tiene con la cantante argentina Cazzu.

Prepárense, pónganse cómodos y abróchense los cinturones, porque hoy vamos a desmenuzar este chisme monumental. Vamos a poner sobre la mesa los nombres, los apellidos, las fechas exactas y todos los oscuros detallitos que han comenzado a salir a la luz alrededor del magno evento que está programado para el 28 de junio en el municipio de Cuautlancingo, allá en el hermoso estado de Puebla. Esta historia es dinamita pura porque está rascando justo donde más le duele a la imagen intocable del llamado “Imperio Aguilar” y a un Christian Nodal que, tarde o temprano, verá cómo este nivel de cinismo le explota directamente en la cara.

El Espejismo de la Palabra “Gratis”

Para entender la magnitud de este escándalo, primero tenemos que comprender cómo funciona la maquinaria de la política local en México. La historia comienza con un funcionario llamado Omar Muñoz. Este caballero está metido de lleno en las cuestiones políticas de Cuautlancingo, un municipio relativamente pequeño pero de gran importancia estratégica que se encuentra pegado a la zona conurbada de la ciudad de Puebla. Ostentando su poder desde las oficinas gubernamentales, este político decidió que la estrategia infalible para ganar simpatía, quedar bien con su gente y pavimentar su popularidad era organizar una de esas clásicas ferias de pueblo. Una feria tradicional con toda la parafernalia: juegos mecánicos, puestos de comida, peleas de gallos y, por supuesto, el tradicional y rimbombante cartel de artistas invitados.

Hasta aquí, todo parece formar parte de la normalidad folclórica de nuestro país. No hay nada extraño en querer llevar entretenimiento a una comunidad. El problema grave, ético y financiero, estalla cuando nos enteramos de quién es el artista elegido para cerrar con broche de oro esa feria: el mismísimo Christian Nodal, programado para el 28 de junio.

A simple vista, muchos podrían encogerse de hombros y decir: “¿Y qué importa? Cada presidente municipal o regidor lleva al artista que quiere a su pueblo”. Sin embargo, el señor Omar Muñoz se creyó muy astuto. En un video que él mismo grabó y publicó en sus redes sociales institucionales, portando su mejor cara de servidor público bondadoso, soltó lo que él pensó que era la gran noticia del año. Anunció que la feria, de manera general, tendría un costo de entrada para el público. Sin embargo, hizo una excepción que parecía un acto de caridad: declaró solemnemente que todos los habitantes de Cuautlancingo que presentaran en la taquilla una identificación oficial vigente (el INE) demostrando su residencia en el municipio, no pagarían absolutamente nada. Gratis total. Un regalo directo del señor Muñoz para sus queridos paisanos.

Y es justo en este punto donde a cualquier ciudadano pensante se le debe poner la piel de gallina y comenzar a exigir explicaciones.

Las Matemáticas de la Indignación: 10 Millones por Dos Horas

Hagamos un simple ejercicio de lógica matemática, de esos que nos enseñan en la escuela primaria. Si la abrumadora mayoría de la gente que asiste a la feria de Cuautlancingo es, lógicamente, originaria del propio municipio, esto significa que casi nadie va a pagar el costo de entrada. Los únicos que se verán obligados a abrir la cartera y soltar el dinero serán los foráneos, los curiosos de municipios aledaños o los fans acérrimos que estén dispuestos a viajar para ver al cantante sonorense interpretar sus éxitos con botella de tequila en mano.

Seamos extremadamente generosos con los números. Supongamos que unas 2,000 personas de fuera deciden asistir y pagar su boleto. Ahora, viene la pregunta del millón, respaldada por la información que recientemente destapó el periodista Javier Ceriani: ¿Saben ustedes cuánto cobra Christian Nodal por un espectáculo de apenas dos horas? La friolera cantidad de 10 millones de pesos. Diez millones de pesos por dos horitas de trabajo sobre un escenario.

Para poner esto en perspectiva y entender la bofetada que esto representa para la clase trabajadora: mientras el ciudadano promedio se levanta a las cinco de la mañana, toma dos transportes públicos y se parte el lomo trabajando de lunes a sábado para ganar, si le va increíblemente bien, unos 20,000 pesos mensuales, Christian Nodal se embolsa la misma cantidad de dinero en cuestión de segundos.

Volvamos a nuestras cuentas alegres. Si esas 2,000 personas foráneas pagan unos 200 pesos por su boleto de entrada, la taquilla recaudaría unos 400,000 pesos. Es una cantidad importante, por supuesto, pero está a años luz, a galaxias de distancia, de los 10 millones de pesos que exige el artista para presentarse, sin contar los gastos monumentales que implica la producción: sonido de alta fidelidad, iluminación, escenarios gigantescos, seguridad privada, logística, vuelos y los honorarios del resto de los artistas menores que conforman el cartel.

Entonces, la pregunta que todos los habitantes de Cuautlancingo y de México deberían estar haciéndose es: ¿De dónde sale la inmensa diferencia de dinero? ¿Quién cubre ese déficit multimillonario?

La respuesta es tan vieja como dolorosa: sale de donde siempre sale en este país. Sale del erario público. Sale de los impuestos. Sale directamente del bolsillo del pueblo. Esta es la trampa magistral que muchos ciudadanos aún no logran identificar. Cuando un político se sube a un templete y grita a los cuatro vientos que un evento es “gratis”, la multitud enloquece, aplaude, se emociona y le agarra un cariño irracional al funcionario. Pero la cruda realidad es que el regalo te lo están comprando con el dinero que primero te confiscaron a través de tus obligaciones fiscales. Es el equivalente a que alguien te robe la cartera en el transporte público y, semanas después, se presente en tu casa para regalarte unos zapatos comprados con tu propio dinero, esperando además que le des las gracias y votes por él en las próximas elecciones.

Omar Muñoz no está siendo generoso; está utilizando los recursos públicos para comprarse una descomunal campaña de popularidad política, y Nodal es simplemente el carísimo instrumento para lograrlo.

El Pacto Secreto en el VIP de la Plaza de Toros

Si todo lo anterior ya te parece indignante, lo que viene a continuación confirma que esta operación tiene un aroma a podrido desde mucho antes de que se anunciara la famosa feria. El detalle que conecta los hilos de esta trama y expone el verdadero nivel de cinismo de los involucrados ocurrió semanas atrás, en la monumental Plaza de Toros México.

El fin de semana en que Christian Nodal se presentó en la capital del país, en aquel polémico concierto donde subió al escenario a Ángela Aguilar, el señor Omar Muñoz también estuvo presente. Pero, por supuesto, el político no estuvo formado bajo el sol ardiente esperando a entrar a las gradas generales. Tampoco pagó los más de 4,000 pesos que costaban los boletos de las zonas cercanas, un lujo que muchos reporteros y fans tuvieron que costear con gran esfuerzo. No, el señor Muñoz estuvo instalado cómodamente en la zona más exclusiva y restringida del recinto: el VIP personal del artista.

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