La televisión tiene un poder mágico e innegable: la capacidad de congelar el tiempo. Cuando encendemos la pantalla y sintonizamos una repetición de nuestra telenovela favorita, los personajes siguen allí, intactos, viviendo sus dramas, riendo de sus infortunios y amándose con la misma intensidad del primer día. Durante los años 2006 y 2007, millones de hogares mexicanos y latinoamericanos se paralizaban cada noche para ser testigos de las peripecias de Leticia Padilla Solís, el corporativo Conceptos y el entrañable “Cuartel de las feas”. “La fea más bella” no solo fue un fenómeno de audiencia sin precedentes, sino que se convirtió en un refugio emocional, un espacio donde la risa y la empatía nos unían como sociedad. Sin embargo, la implacable y cruda realidad que transcurre fuera de los sets de grabación nos recuerda constantemente nuestra fragilidad humana. El tiempo avanza de manera inexorable, y con él, hemos tenido que despedirnos de grandes figuras que le dieron alma a esta producción.
Hoy, con un nudo en la garganta y el profundo respeto que merecen las leyendas del espectáculo, emprendemos un viaje periodístico y emocional a través de la memoria de aquellos talentosos actores de “La fea más bella” que, lamentablemente, ya no se encuentran con nosotros. Historias de lucha, de enfermedades implacables y de finales repentinos que, en muchos casos, el público general desconocía por completo.
Rosita Pelayo: El Alma Guerrera del Cuartel de las Feas
Para entender el corazón de “La fea más bella”, es estrictamente necesario hablar del Cuartel de las Feas, y en ese grupo de mujeres maravillosamente imperfectas, brillaba con luz propia Dolores “Lola” Guerrero, interpretada magistralmente por la inigualable Rosita Pelayo. Lola no era simplemente un personaje cómico; era el reflejo de millones de mujeres latinoamericanas. Una madre soltera, luchadora incansable, que enfrentaba con valentía a un exesposo problemático mientras sacaba adelante a sus hijos con una sonrisa en el rostro y una fe inquebrantable en el futuro.
Detrás de este personaje tan vibrante, existía una mujer de un talento arrollador. Nacida el 19 de diciembre de 1958 en la Ciudad de México, Rosita llevaba el arte en las venas, siendo hija del célebre locutor y actor Luis Manuel Pelayo. A lo largo de su extensa trayectoria, Rosita demostró ser una actriz todoterreno, dominando desde la comedia más ligera hasta el drama más profundo en el cine, el teatro y la televisión. Sin embargo, el año 2023 se convirtió en el escenario de su batalla más dura y dolorosa.
En julio de ese año, el mundo del espectáculo se estremeció al conocer que Rosita había sido diagnosticada con un agresivo cáncer colorrectal. A pesar de someterse a cirugías, tratamientos médicos extenuantes y mostrar un espíritu de lucha que recordaba precisamente a la fortaleza de su personaje “Lola”, la enfermedad avanzó con una velocidad despiadada. El 16 de diciembre de 2023, apenas unos días antes de celebrar su cumpleaños número 65, Rosita Pelayo cerró los ojos para siempre. Su partida dejó un inmenso vacío, no solo en la industria del entretenimiento, sino en el corazón de un público que la sentía como una amiga cercana, una confidente de pantalla a la que hoy se le extraña profundamente.
José José: La Despedida de un Príncipe en el Set
Si hubo una participación que llenó de orgullo y nostalgia a la producción de la telenovela, fue sin duda la incorporación del legendario José Rómulo Sosa Ortiz, conocido mundialmente como José José, “El Príncipe de la Canción”. En un movimiento brillante de casting, el ídolo de la balada romántica dio vida a Don Erasmo Padilla Galarza, el padre estricto, tradicionalista, pero profundamente amoroso y protector de Lety. Junto a la primera actriz Angélica María, quien interpretaba a su esposa Julieta, formaron el núcleo familiar perfecto, aportando una dosis de ternura y moralidad que equilibraba la frivolidad del mundo de la moda en Conceptos.
Lo que muchos espectadores ignoraban mientras reían con los regaños de Don Erasmo a los pretendientes de su hija, era el titánico esfuerzo físico que José José estaba realizando para cumplir con las grabaciones. Para el año 2006, su salud ya mostraba signos alarmantes de deterioro. Su voz, que en los años setenta había estremecido al mundo entero interpretando “El Triste”, se encontraba severamente afectada. Con un profesionalismo que solo poseen los verdaderos gigantes, el propio José José tuvo que realizar trabajos de doblaje de sus propios diálogos en la etapa de postproducción para garantizar que la calidad del sonido fuera la óptima para la audiencia.
La vida de José José fue un torbellino de éxitos colosales y tormentos personales. Su lucha contra las adicciones es bien conocida, pero fue el cáncer de páncreas el enemigo que finalmente minó su resistencia. El 28 de septiembre de 2019, a los 71 años, el Príncipe de la Canción falleció en un hospital de Homestead, Florida. Su deceso se convirtió en un evento de luto nacional que paralizó a México y a toda América Latina. En medio de un circo mediático y disputas familiares que empañaron sus últimos días, el pueblo mexicano se unió para exigir el retorno de sus cenizas, las cuales finalmente recibieron los máximos honores en el majestuoso Palacio de Bellas Artes. Hoy, ver a Don Erasmo en pantalla es reencontrarse con el genio de un hombre que, incluso perdiendo su voz, nunca perdió su alma de artista.
Los Titanes del Dramatismo: Manuel Ojeda y Carlos Cámara
El universo de “La fea más bella” no solo se nutría de comedia y romance; requería también de figuras de autoridad, personajes que impusieran respeto y tensión en la trama. Es aquí donde entran dos de los más grandes pesos pesados de la actuación en México, quienes también se han despedido de este mundo terrenal: Manuel Ojeda y Carlos Cámara.
Manuel Ojeda, nacido el 4 de noviembre de 1940 en La Paz, Baja California Sur, tuvo una participación especial pero profundamente significativa interpretando a Luis Lombardi, el estricto y conservador padre del excéntrico y fabuloso director de arte Luigi Lombardi. Ojeda no era cualquier actor; era una institución. Con más de 40 años de trayectoria ininterrumpida, se consolidó como uno de los villanos más formidables de la pantalla y como un intérprete capaz de encarnar a figuras históricas de la talla de Emiliano Zapata o Porfirio Díaz. Su capacidad histriónica era legendaria. Tristemente, el 11 de agosto de 2022, a los 81 años de edad, Manuel Ojeda falleció debido a complicaciones derivadas de una severa enfermedad hepática. La cirrosis minó su salud en sus últimos meses, provocándole una drástica pérdida de apetito y malestares que apagaron la vida de uno de los actores más sólidos, respetados y completos de su generación.
Por su parte, Carlos Cámara interpretó a Fausto Domenzaín, el padre del personaje de Aldo Domenzaín (el “príncipe salvador” de Lety en la etapa final de la novela). Fausto representaba la figura de autoridad y tradición dentro de una familia acomodada, un hombre que contrastaba abismalmente con la personalidad libre, bohemia y relajada de su hijo. Nacido el 9 de enero de 1934 en la República Dominicana, Carlos Cámara construyó prácticamente todo su imperio actoral en México. Su voz profunda, su mirada penetrante y su porte aristocrático lo convirtieron en el villano por excelencia de las telenovelas mexicanas durante décadas. Su deceso ocurrió el 24 de febrero de 2016, a la edad de 82 años. La partida de Cámara dejó un vacío irremplazable en los melodramas, recordándonos que los grandes antagonistas son, paradójicamente, los actores más amados y respetados por la audiencia.
El Mundo Corporativo de Luto: Óscar Traven y Alfonso Iturralde
Dentro de la trama que se desarrollaba en las lujosas oficinas de Conceptos, las reuniones de consejo de administración y los pleitos corporativos requerían actores que proyectaran sofisticación y agudeza empresarial. Óscar Traven y Alfonso Iturralde cumplieron con esta misión a la perfección, y hoy, ambos comparten el triste destino de haber partido en épocas muy recientes.
Óscar Traven encarnó de forma memorable al empresario Ricky Armstrong. Su presencia escénica y su impecable dicción lo hacían el candidato ideal para personajes de la alta sociedad y el mundo de los negocios. Óscar Antúnez Basa (su nombre real) nació el 2 de enero de 1953. Es fascinante saber que su sueño original no era estar bajo los reflectores de un estudio de televisión; él anhelaba convertirse en médico veterinario especialista en equinos. Sin embargo, el veneno de la actuación fue más fuerte, llevándolo a forjar una carrera notable donde a menudo interpretó antagonistas sofisticados que el público amaba odiar. La tragedia nos golpeó hace muy poco: el 7 de marzo de 2024, a sus 75 años, la Asociación Nacional de Actores (ANDA) confirmó su fallecimiento en su hogar en el emblemático barrio de San Ángel. Respetando el duelo y la voluntad de su familia, las causas específicas de su muerte han permanecido en el ámbito de lo estrictamente privado.
De manera paralela, recordamos al distinguido Alfonso Iturralde, quien en la novela nos dejó su huella interpretando al ejecutivo Jack Reynard. Nacido en el hermoso estado de Yucatán el 10 de octubre de 1949, Iturralde fue un rostro constante y tranquilizador en las producciones mexicanas desde la década de los ochenta. Su porte elegante lo encasilló frecuentemente en roles de médicos, abogados o empresarios de alto nivel. El 24 de julio de 2023, la comunidad artística se vistió de negro al enterarse de su fallecimiento a los 73 años de edad en la Ciudad de México. Fue su compañera de vida, la también actriz Rosalba Brambila, quien tuvo la dolorosa tarea de compartir la noticia con el mundo, manteniendo en reserva los detalles médicos de su deceso. Ambos actores representan a esa noble generación de trabajadores incansables del arte que, sin necesidad de protagonizar escándalos, sostenían con su talento la estructura de las grandes producciones.