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VICENTE FERNÁNDEZ: Le Cortaron 2 DEDOS a Su HIJO: La MALDICIÓN del CHARRO de HUENTITÁN

¿Cómo? Y ya los vi y en la noche yo estaba cantando y se me hacía un nudo aquí en la ganda porque yo decía, “Bueno, ellos que vayan y a su madre y le ponen un 12 de diciembre de 2021, 6:15 de la mañana día de la Virgen de Guadalupe, hospital Contry 2000 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México. Una habitación de terapia intensiva, un hombre de 81 años conectado a un respirador artificial.
4 meses agonizando, 4 meses con el cuerpo paralizado de cintura para abajo. 4 meses, según se ha relatado en infinidad de medios mexicanos, supuestamente acompañado día y noche por su esposa, doña Cuquita, la mujer con la que llevaba 58 años casado. Aquella mañana, según se ha relatado infinidad de veces, supuestamente el corazón del cantante regional mexicano más vendido de la historia de Latinoamérica supuestamente se detuvo.
Su nombre era Vicente Fernández Gómez. El mundo lo conocía como el charro de buen titán, el rey del pueblo, don Chente. Pero antes de aquel 12 de diciembre, según se ha relatado en infinidad de medios mexicanos, Vicente Fernández supuestamente ya había cargado sobre sus hombros pesos que ningún hombre del medio del entretenimiento mexicano había cargado nunca.
El secuestro de su hijo mayor en 1998, los dos dedos amputados que llegaron en una caja a su rancho como prueba de vida. Los 121 días sin saber si su primogénito estaba vivo o muerto, los $3,200,000 que, según se ha relatado, supuestamente terminó pagando para recuperarlo y en los últimos meses de su vida, en enero del año 2021, atención, según se ha relatado en infinidad de medios mexicanos durante años, supuestamente el escándalo público más doloroso de toda su carrera.


Un video que circuló por todo el continente. Un video supuestamente que destruyó parcialmente la imagen de Don Chente apenas 11 meses antes de su muerte. Bienvenidos a Fama Destruida. Esta es la historia de Vicente Fernández, la historia del muchacho pobre de Buenán que llegó descalso a la ciudad de México y se convirtió, según se ha relatado en infinidad de medios mexicanos, en el cantante regional mexicano más vendido de la historia de Latinoamérica.
La historia del hombre que enterró un dedo de su hijo antes de poder abrazarlo de nuevo. La historia del esposo, que según se ha relatado durante años, supuestamente le fue infiel a doña Cuquita cientos de veces. Y la historia del ídolo, que según se ha relatado en infinidad de medios mexicanos, supuestamente vio caer su propia leyenda en redes sociales en sus últimos meses por unos videos donde aparecía supuestamente tocando partes del cuerpo de fans sin su consentimiento.
Si esta historia te engancha, suscríbete al canal para no perderte el próximo episodio. Cada semana subimos un documental así y déjame un comentario abajo contándome cuál es tu canción favorita de Vicente Fernández. Yo los leo todos. Antes de seguir, una aclaración importante. Todo lo que vas a escuchar aquí proviene de declaraciones públicas dadas en vida por el propio Vicente Fernández, entrevistas dadas por sus hijos Vicente Junior, Alejandro Fernández y Gerardo Fernández, declaraciones de doña Cuquita, reportes
médicos del hospital Contry 2000, archivos de prensa de Televisa, TV Azteca, Univisión, El Universal, Milenio, Excelsior, Infobae, El Heraldo de México y Biografías Oficiales. Aquí no afirmamos nada como verdad absoluta. Donde hay rumor lo decimos como rumor. Donde hay versión oficial lo aclaramos. Esta es la historia de un hombre que, según se ha relatado durante décadas, supuestamente fue el ídolo más amado y más controvertido de la cultura regional mexicana del siglo XX.
Si te quedas hasta el final, vas a entender por qué muchos analistas, según se ha relatado en infinidad de medios, supuestamente sostienen que Vicente Fernández, en su último año de vida, vio derrumbarse parte del mito que él mismo había construido durante 60 años. Para entender cómo 81 años después, un cantante mexicano muere en un hospital de Guadalajara después de cargar el peso del secuestro de su hijo y un escándalo público de tocamientos.
Hay que volver al 17 de febrero de 1940 o en Titán el Alto, un pequeño poblado en los alrededores de Guadalajara, Jalisco, México. Una casa humilde de adobe, sin luz eléctrica, sin agua potable, sin escuela cercana. Allí, según se ha relatado en infinidad de biografías oficiales, nació un niño al que sus padres llamaron Vicente Fernández Gómez, hijo de Ramón Fernández, un ranchero modesto que trabajaba en el campo, y de Paula Gómez de Fernández, una mujer dedicada al hogar.
Aquel niño, según se ha relatado infinidad de veces durante años, supuestamente creció en una pobreza absoluta. La misma pobreza que marcaba a millones de niños rurales mexicanos de la primera mitad del siglo XX. La infancia de Vicente Fernández, según se ha relatado en infinidad de entrevistas dadas en vida por él mismo, supuestamente fue brutal.
La familia tuvo que mudarse a Tijuana en algún momento de los años 40 buscando trabajo. El pequeño Chente, según sus propias declaraciones citadas en infinidad de medios mexicanos durante décadas, supuestamente trabajó desde muy pequeño lo que pudiera. Lavó coches, cargó costales, cantó en cantinas a los 8 años, trabajó como mesero, trabajó como cajero en un restaurante, trabajó como obrero en una fábrica de carpintería y, según se ha relatado durante años, supuestamente conoció el hambre de manera absolutamente íntima. El hambre,
según se ha relatado en infinidad de declaraciones suyas, supuestamente fue el motor emocional que lo iba a empujar hasta el escenario por [música] el resto de su vida. La música, atención, supuestamente entró en su vida casi al mismo tiempo que el trabajo. Vicente Fernández, según se ha relatado

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