El 18 de mayo de 1965, en la plaza Marget de Damasco, capital de Siria, un hombre fue llevado en un carromato ante una multitud que lo insultaba y le escupía. Era de madrugada, el cielo todavía oscuro. Le ofrecieron una capucha negra para cubrirse la cara antes de morir. La rechazó.
Ese hombre tenía 40 años, tenía esposa, tenía tres hijos que jamás entendieron del todo por qué su padre no volvió a casa y tenía un secreto que Siria todavía no puede perdonarle, porque ese hombre en 4 años había penetrado tan profundo en el corazón del poder sirio que el propio presidente del país lo consideraba su amigo personal, que generales y ministros le contaban sus secretos más clasificados en en las fiestas de su apartamento, que estuvo tan cerca de la cima del poder sirio que un paso más lo habría convertido en el viceministro de defensa
del país que había ido a destruir. Y todo ese tiempo cada secreto que le susurraban, cada mapa que le mostraban, cada plan militar que le confiaban, llegaba encriptado a Telvivib horas después. Porque ese hombre no era sirio, era israelí y su nombre real era El Cohen. Esta es su historia. Capítulo 1. El niño de Alejandría.
Para entender quién fue El Cohen, tienes que entender de dónde vino. Nació el 26 de diciembre de 1924 en Alejandría, Egipto, una ciudad cosmopolita y mediterránea donde convivían griegos, italianos, árabes, judíos y europeos de toda condición, donde el árabe se mezclaba con el francés en los cafés y el mar siempre olía a sal y a distancia.
Su familia era de judíos Mizrají, judíos de Oriente. Su padre había emigrado de Alepo en el Imperio Otomano en 1914, huyendo de la violencia y buscando una vida mejor en el Egipto cosmopolita de principios de siglo. Eli creció en ese mundo de fronteras difusas entre culturas. Habló árabe desde niño con el acento y la cadencia de alguien que lo aprende en la calle y no en un aula. Aprendió francés.
estudió en la Universidad de El Cairo. Desde joven mostró una capacidad extraordinaria para adaptarse a los entornos que lo rodeaban, para observar, para escuchar, para recordar. Había planeado ser rabino en su juventud. La yeshiva de Alejandría cerró y ese camino quedó bloqueado. Pero la devoción que habría dedicado a los textos sagrados la volcó en otra dirección.
Israel era usionista convencido y en el Egipto de los años 50 esa convicción se volvía cada vez más peligrosa. En 1952, el golpe militar de Naser llegó al poder y con él la hostilidad hacia la comunidad judía egipcia creció de manera dramática. En 1954, el joven Eli Cohen ya colaboraba con la inteligencia israelí en Egipto, participando en redes de ayuda para evacuar a judíos que querían emigrar a Israel, pero encontraban obstáculos del gobierno.
Era su primera misión, no oficial, no pagada, solo un joven que creía en algo y estaba dispuesto a arriesgarse por ello. En 1956, la crisis del canal de Suez y la posterior expulsión masiva de judíos de Egipto lo dejaron sin país. El Coco con 32 años llegó a Israel como uno de los miles de refugiados de la diáspora judía.
Llegó sin dinero, sin trabajo, sin conocidos, solo con ese árabe perfecto, esa memoria extraordinaria, esa capacidad de convertirse en quien necesitara ser. Durante los primeros años en Israel trabajó como contable, como traductor, como empleado de banco. Llevaba una vida ordinaria. Se casó con Nadia Mahalt, una joven de origen iraquí de la que se enamoró perdidamente.
Tuvieron tres hijos, Sofí, Iritai, el pequeño, que nació cuando su padre ya había comenzado la doble vida que lo haría famoso y que lo mataría. intentó entrar al Mosad en 1958. Le dijeron que no, que sus habilidades eran valiosas, pero que en ese momento no había una misión adecuada para él. Intentó de nuevo, otra vez no.
Volvió a su vida de empleado de banco, a su apartamento modesto, a sus noches con Nadia y sus hijos. Pero en 1960 alguien en el Mossad revisó los archivos de los candidatos rechazados y encontró el expediente de un hombre que hablaba árabe como si hubiera nacido en Damasco, que conocía la cultura árabe desde dentro, que tenía la inteligencia, la memoria y la compostura de alguien capaz de vivir una mentira durante años.
El Mossad lo llamó. Esta vez dijo que sí. Capítulo 2. El nacimiento de Camelamin Tabet. El entrenamiento de IChen duró más de un año. Era una transformación total, no solo de apariencia, no solo de nombre, una transformación completa de identidad, de psicología, de manera de moverse por el mundo. Porque la misión que el Mosad tenía planeada para él no era pequeña, era la más ambiciosa que Israel había intentado jamás.
El objetivo infiltrar a la gente más profundamente posible en el corazón del poder sirio, no en la periferia, no entre los funcionarios de bajo rango, en el núcleo mismo del gobierno, el ejército y el partido Baz que gobernaba Siria. Para conseguirlo, necesitaban una historia que fuera perfecta. La construyeron con una meticulosidad que roza lo novelesco.
Elicoen se convertiría en camelamín Tabet, un hombre nacido en Siria de familia acomodada que había emigrado a Argentina en la adolescencia siguiendo a un tío y que ahora, después de años de exilio y de éxito empresarial en Buenos Aires, sentía el llamado de su patria y quería volver. El entrenamiento fue brutal en su profundidad.
árabe con acento sirio, aunque Cohen ya lo hablaba casi a la perfección, perfeccionado hasta que cada inflexión, cada expresión coloquial, cada refrán fuera el que usaría un sirio de clase alta criado entre dos culturas. El Corán, memorizado en las partes que un musulmán devoto de clase media alta conocería. No más, no menos.
Porque un hombre que sabe demasiado parece un estudiante. Un hombre que sabe lo adecuado parece alguien que simplemente creció con su religión. El código Morse, 45 palabras por minuto, sin errores, porque cada mensaje que enviara a Israel desde territorio enemigo dependería de esa velocidad. Un segundo de más frente al transmisor podía significar ser detectado.
Le enseñaron a fotografiar de manera discreta, a memorizar estructuras militares con una sola mirada, a comportarse como un hombre rico, sin la torpeza de quien finge serlo, a beber alcohol en cantidad sin que le afectara visiblemente, porque las fiestas donde recogería información serían regadas de whisky escocés y coñac francés.
Le enseñaron a hacer trampa en el póker y en el Bgamon, porque los juegos de cartas y de mesa eran el corazón de la vida social de la élite árabe y ganar con elegancia es la mejor manera de hacer amigos. Y le enseñaron algo que ningún manual puede enseñar del todo, a vivir la mentira, a no pensar en ella como una mentira, a habitarla, a despertarse cada mañana siendo camelaminet, a pensar como él, a sentir como él, a amar Siria como él la amaría, porque el mayor peligro para un espía no es la inteligencia enemiga, es él mismo. un
momento de duda, una expresión equivocada, un gesto que no entaja, una referencia que Camel Tabet no debería conocer, pero que Cohen sí conoce. Para cuando el entrenamiento terminó, Elicoen era capaz de ser dos personas simultáneamente y ninguna de las dos podía olvidar quién era realmente. Capítulo 3. Buenos Aires.
Antes de ir a Siria, Camel Tabet tenía que existir en el mundo. La cuartada necesitaba ser real. No podía ser solo documentos, necesitaba personas que lo conocieran. que pudieran testificar que habían compartido cenas con él, que habían hecho negocios con él, que lo habían visto en los salones de la comunidad árabe de Buenos Aires.
Porque si alguien en Damasco llamaba a la embajada Siria en Argentina para preguntar por Camel Tabet, la respuesta tenía que ser, sí, lo conocemos. Excelente persona, empresario respetable, gran amigo de la comunidad. Así que en 1961 Eli Cohen llegó a Buenos Aires. Argentina tenía en esa época una de las comunidades árabes más grandes de América Latina.
sirios, libaneses, palestinos que habían emigrado en los años 20 y 30 y que mantenían vínculos estrechos con sus países de origen. Tenían sus propios clubes, sus propios periódicos, sus propias redes sociales. Cohen se instaló en un apartamento del centro de Buenos Aires y comenzó a tejer su red con una paciencia y una habilidad social que sus manejadores en Telavip describieron después como extraordinarias.
se hizo amigo del director de la revista Mundo Árabe, la publicación más influyente de la comunidad árabe argentina. A través de él accedió a los círculos sociales que necesitaba. Conoció al agregado militar sirio en la embajada de Buenos Aires. Su nombre era el general Amin Aljafez. Esta conexión, que en ese momento parecía una más entre las muchas que Cohen cultivaba, resultaría ser una de las más extraordinarias coincidencias de la historia del espionaje.
Porque Amín Aljaz, el hombre con quien Camel Tabet tomó café en Buenos Aires, el hombre con quien jugó al Baggamon en el club árabe, el hombre al que acompañó en varias veladas sociales, sería dos años después el presidente de Siria. El hombre que él y Cohen conoció en Argentina como agregado militar se convertiría en el máximo dirigente del país que Cohen había ido a espiar.
Y ese hombre lo consideraría uno de sus amigos más cercanos. La historia del espionaje mundial tiene pocas coincidencias tan deslumbrantes como esta. Después de casi un año en Buenos Aires, con su red social construida, con su cuartada sólida, con decenas de personas que podían confirmar que Camel Tabet era quien decía ser, Cohen recibió la señal de Telabiv.
Era el momento de ir a Damasco. Capítulo 4. Llegada a Damasco. En diciembre de 1961, Camela Minabet aterrizó en el aeropuerto de Damasco. Era la primera vez que él y Cohen pisaba Siria, el país al que había dedicado años de preparación. El país que debía sentir como suyo, el país que si algo fallaba podría matarlo.
Bajó del avión con la calma de quien regresa a casa después de mucho tiempo. Los primeros meses en Damasco los dedicó a construir su presencia. alquiló el apartamento más lujoso que encontró en el barrio Abu Mané, el barrio de la élite Damascena, a escasos metros de las embajadas y de las residencias de los altos funcionarios del gobierno.
El apartamento era su herramienta de trabajo más importante, espacioso, elegantemente amueblado, con un bar completamente abastecido con las mejores marcas de whisky escocés, coñac francés y vinos europeos. En un país musulmán, el alcohol era una radeza que los hombres del poder se permitían en privado y que valoraban enormemente en quien lo ofrecía con generosidad.
Las fiestas de Camel Tabet se convirtieron rápidamente en los eventos más codiciados de la élite Damascena. militares de alto rango, ministros, diputados, empresarios con conexiones gubernamentales. Todos aceptaban la invitación del carismático empresario sirio, que había vuelto de Argentina cargado de dinero, de historias, de una generosidad sin límites y de una habilidad social que hacía sentir a cada invitado que era el más importante de la sala.
Y mientras servía el whisky, y mientras jugaba al Bgamon, y mientras reía con las anécdotas de sus invitados, Eli y Cohen memorizaba todo. nombres, los rangos, las unidades, los planes, las quejas sobre el equipo defectuoso, los rumores sobre los movimientos de tropas, los chistes sobre los oficiales incompetentes que revelaban quiénes eran realmente los hombres capaces.
Todo eso viajaba encriptado a Israel dos veces al día, a las 8 de la mañana y a las 8 de la tarde. Transmitido en código morse desde el pequeño transmisor de radio escondido en su apartamento. 45 palabras por minuto, sin errores, durante 3 años. Capítulo 5. El ascenso. Lo que ocurrió con El Cohen en Damasco entre 1962 y 1964 no tiene precedentes en la historia del espionaje moderno.
No es solo que consiguiera información valiosa. Cualquier agente competente puede conseguir información con el tiempo y los recursos adecuados. Lo extraordinario de Cohen es la profundidad a la que llegó. Cuando el general Amin Aljafez, su amigo de los días de Buenos Aires, llegó al poder en Siria en 1963, liderando el golpe del partido Baaz, que derrocó al gobierno anterior, Camel Tabet tenía ya una posición establecida en los círculos más altos del poder Damasceno.
Y el nuevo hombre más poderoso de Siria lo recordaba como un amigo de confianza. Eso le abrió puertas que ningún espía había cruzado antes. Cohen fue invitado a recepciones oficiales del gobierno, a reuniones privadas del partido Baz, a cenas con ministros donde la conversación giraba libremente sobre asuntos de estado que ningún extranjero debería escuchar.
Pero el golpe más extraordinario llegó cuando los militares sirios lo invitaron a visitar las fortificaciones en los altos del Golán. Los altos del Golán eran la pieza estratégica más importante del puzzle militar en Oriente Medio. Una meseta de basalto volcánico que dominaba el norte de Israel desde las alturas, desde donde los cañones sirios podían alcanzar las ciudades israelíes del valle del Jordán.
Israel llevaba años intentando obtener información precisa sobre las defensas sirias en esa zona. Sus satélites, sus aviones de reconocimiento, sus redes de inteligencia habían conseguido datos parciales, nunca el cuadro completo. Camel Tabet lo vio todo. búnkers, las artillería, las líneas de comunicación, los accesos, los puntos débiles, el sistema de tres líneas defensivas paralelas diseñado para engañar al enemigo y hacerle creer que había destruido una defensa cuando en realidad había dos más detrás.
Todo eso fue transmitido a Israel. Y entonces Cohen hizo algo que todavía hoy los historiadores debaten si fue un golpe de genio o simplemente el resultado natural de su asombrosa capacidad para manejarse en cualquier situación. Durante esa visita a las posiciones del Golán, un oficial sirio se quejó del calor abrasador que sufrían los soldados durante los meses de verano.
Cohen miró el paisaje árido y pedregoso, y con la naturalidad de quien simplemente hace una sugerencia amable, dijo algo así. ¿Por qué no plantan árboles? Eucaliptos, crecen rápido, dan sombra excelente y son fáciles de mantener. Sería mucho más agradable para los hombres. Los oficiales sirios pensaron que era una idea excelente.
Plantaron eucaliptos frente a cada uno de sus búnkers, frente a cada posición de artillería, frente a cada instalación defensiva. Y así, inadvertidamente, Siria le entregó a Israel el mapa más preciso de sus defensas que nadie podría haber trazado. Cuando llegó la guerra de los se días en 1967, dos años después de la captura y ejecución de Cohen, los pilotos israelíes usaron esos árboles como guía.
Cada eucalipto era una señal de fuo. Cada árbol marcaba un objetivo. Israel destruyó las defensas del Golán en 48 horas y lo que había costado décadas de planificación militar y miles de millones en armamento fue facilitado en parte por la sugerencia de un hombre en una tarde de visita turística militar.
Capítulo 6. La vida doble. Pero la historia de Cohen no es solo espionaje y estrategia militar, es también la historia de un hombre que vivía dos vidas simultáneamente y que pagó el precio de no poder existir completamente en ninguna de las dos. En Damasco, Camel Tabet era un hombre feliz, o al menos lo parecía con una percepción que resultaba inquietante, generoso, carismático, curioso, divertido, el tipo de persona que ilumina cualquier sala en la que entra.
Sus amigos sirios lo querían genuinamente, no como a un contacto útil, como a un amigo de verdad. Compartían con él sus problemas familiares, sus ambiciones políticas, sus miedos y él correspondía porque la única manera de mantener una cobertura durante años es dejar de fingir y empezar a ser.
Y Eli Cohen con esa capacidad extraordinaria para habitar identidades, había dejado de fingir ser camel Tabet. En muchos momentos era Camel Tabet. Esa es la paradoja más oscura del espionaje de infiltración. Para ser convincente tienes que ser real. Y cuando eres real, la traición que estás cometiendo se vuelve más pesada, más personal, más difícil de sostener sin que te destruya por dentro.
En Israel, mientras tanto, nadie criaba sola a sus tres hijos. Eli volvía a Israel periódicamente, con cuidado, con diferentes rutas y distintas identidades de cobertura. Y en esas visitas cortas, intensas, cargadas de la emoción de lo que no podía decirse, intentaba ser el marido y el padre que no podía ser el resto del año.
Nadia no sabía exactamente qué hacía su marido. Sabía que trabajaba para el estado, sabía que era secreto, sabía que era peligroso y esperaba, como esperan todas las familias de los espías que nadie conoce. con una angustia que no puede compartirse con nadie, porque ni siquiera puedes explicar por qué tienes miedo.
En las cartas que le escribía a Nadia, cartas que pasaban por censores y que no podían contener nada real, Elicoen era el hombre más enamorado del mundo. Cartas de una ternura que sus biógrafos describen como extraordinaria. Un hombre que amaba a su mujer con una intensidad proporcional a la distancia que lo separaba.
Y esa distancia no era solo geográfica. Capítulo 7. Las señales que nadie vio. En 1964 algo empezó a cambiar. Las señales fueron sutiles al principio, casi imperceptibles, pero estaban ahí para quien supiera leerlas. Cohen llevaba más de 2 años transmitiendo desde el mismo apartamento a las mismas horas.
La regularidad era su mayor fortaleza porque le daba una rutina protegida. Pero también era su mayor vulnerabilidad. La inteligencia siria sabía que había un espía en Damasco. Las filtraciones de información a Israel eran demasiado precisas para ser coincidencia. Los militares israelíes sabían cosas que solo podían venir de alguien muy dentro del sistema.
Con la ayuda de expertos soviéticos en detección de señales de radio, la inteligencia siria comenzó a rastrear transmisiones clandestinas en las frecuencias que Israel usaba para sus comunicaciones encubiertas. En Telabib, los manejadores de Cohen veían las señales de peligro. Le enviaron mensajes instándolo a reducir la frecuencia de sus transmisiones, a cambiar de horario, a ser más cuidadoso.
Cohen respondía que estaba bien, que no había señales de alarma, que confiaba en su cobertura. Quizás llevaba demasiado tiempo en el campo y había perdido algo del instinto de peligro que te mantiene vivo. Quizás la profundidad de su integración en la sociedad damascena lo había hecho sentir más seguro de lo que debía. Quizás simplemente tenía mala suerte.
Probablemente era una combinación de todo. También hay otra teoría que los documentos recientemente recuperados por el Mossad en Siria en la operación encubierta realizada tras la caída del régimen de Asad a finales de 2024 podrían ayudar a aclarar. Según algunos analistas, la inteligencia siria ya vigilaba a otras personas del entorno de Cohen, un empresario argentino y un alemán que frecuentaban el mismo círculo social.
Cuando los sirios decidieron investigar esas conexiones, el rastro los llevó a Camel Tabet, no por un error de Cohen, sino por las conexiones de otras personas que él no podía controlar. En diciembre de 2022, el director del Mossad, David Barnea, reveló el contenido del último cable que Cohen envió a la agencia.
Era el 19 de enero de 1965. En ese mensaje, Cohen informaba que el presidente Amin Aljafez, su amigo de Buenos Aires, el hombre más poderoso de Siria, había celebrado una reunión con el alto mando militar ese mismo día a las 5 de la tarde. 5co días después, la inteligencia siria allanó su apartamento. Capítulo 8. La captura. Era el 24 de enero de 1965.
Elicohen estaba frente a su transmisor de radio enviando su mensaje de la mañana a Israel. 45 palabras por minuto, sin errores, como siempre, con la concentración total que requería el código morse, esa danza de dedos sobre la clave que en cada golpe ponía información que podía salvar o costar vidas.

La puerta del apartamento se abrió de golpe. Agentes de inteligencia Siria entraron con las armas desenfundadas. Detrás de ellos los técnicos soviéticos que habían rastreado su señal durante semanas. Cohen estaba con las manos en la clave del transmisor. No había nada que explicar. Lo que ocurrió en las horas y días siguientes quedó durante décadas clasificado como secreto de estado sirio.
Solo con los documentos recuperados por el Mosad en 2025, 60 años después, se han podido conocer algunos detalles de los interrogatorios. Lo que sí se sabe es que Cohen fue sometido a interrogatorios intensos, que los sirios intentaron hacerle revelar la extensión de su red, los nombres de sus contactos en Israel, los métodos y canales que usaba.
Y lo que también se sabe es que Cohen protegió a quienes pudo, que la información que reveló bajo presión fue mínima comparada con lo que sabía, que incluso en sus peores horas la disciplina que le habían inculcado durante su entrenamiento no desapareció del todo. La noticia de su captura llegó a Israel como un mazazo.
Ante la VIB, los manejadores que habían pasado años recibiéndole sus mensajes comprendieron de inmediato lo que significaba. El mejor activo que Israel había tenido jamás en territorio enemigo estaba en manos del enemigo. Y la pregunta que todo el mundo se hacía, aunque nadie la formulaba en voz alta, era cuánto tardará Siria en matarlo? Capítulo 9.
El juicio y los intentos de salvarlo. El juicio de Cohen se celebró ante un tribunal militar sirio en marzo de 1965. Fue un proceso sumario. Las pruebas eran aplastantes, el transmisor, los mensajes interceptados, los documentos encontrados en su apartamento. No había defensa posible ante esa evidencia.
Cohen fue declarado culpable de espionaje en favor de Israel. La pena. Muerte. Israel activó inmediatamente todos los canales diplomáticos posibles para salvar su vida. Se contactó con gobiernos intermediarios, con líderes de países que mantenían relaciones con Siria y que podían ejercer presión con organizaciones internacionales.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba que ocurriera. El Papa Pablo VI envió una petición personal al gobierno sirio para que conmutara la pena de muerte. El sumo pontífice, el líder de la Iglesia Católica, pidiendo clemencia para un espía judío israelí ante un gobierno árabe musulmán. No fue suficiente. El presidente Amin Aljafez, el hombre que había compartido café con Camel Tabet en Buenos Aires, el hombre que lo había considerado su amigo, el hombre que había estado en las fiestas de su apartamento en Damasco, estaba en una
posición imposible. Si perdonaba a Cohen, su gobierno parecía débil ante la traición más humillante que Siria había sufrido en décadas. Si lo ejecutaba, mataba a un hombre al que en algún nivel había llegado a querer como persona. La historia dice que Aljafez, la noche antes de la ejecución lloró. No sabemos si es cierto, pero la imagen de ese llanto si ocurrió.
Dice algo profundo sobre la tragedia que fue la vida de Eli Cohen, que incluso el hombre que había ordenado su muerte lo lloró. Israel hizo un último intento desesperado. Ofreció a Siria un intercambio de prisioneros, sirios detenidos en Israel a cambio de la vida de Cohen. Siria rechazó la oferta. El 18 de mayo de 1965 fue fijado como fecha de ejecución.
Capítulo 10. La última noche. La noche del 17 al 18 de mayo de 1965, el Cohen pasó sus últimas horas en una celda de la prisión de Damasco. Le permitieron escribir. Escribió una carta a sus padres, una carta a su hermano Maurí y una carta a Nadia, su esposa. La carta Anadia es uno de los documentos más desgarradores de la historia del espionaje moderno.
fue recuperada por el Mossat en 2025, 60 años después, junto con los otros 2500 objetos y documentos del archivo de Cohen. En ella, Cohen le pedía perdón, no por haberse convertido en espía, sino por haberla dejado sola tanto tiempo, por los años que le había robado, por los hijos que habían crecido sin un padre presente.
le decía que la amaba, que siempre la había amado, que lo que había hecho lo había hecho porque creía en algo más grande que él mismo, pero que ese algo nunca había sido más grande que ella. También escribió su testamento, un documento breve con instrucciones sobre cómo quería que se educara a sus hijos, a quienes debían acudir si necesitaban ayuda, qué valores quería que los guiaran.
El testamento de un hombre de 40 años que sabe que no va a ver crecer a sus hijos. Le permitieron ver a un rabino esa noche, rezar, prepararse de la única manera en que un hombre puede prepararse para lo que no tiene remedio. Y cuando amaneció el 18 de mayo, llegaron a buscarle. Capítulo 11. La plaza Margé. Lo llevaron en un carromato por las calles de Damasco.
La ciudad se había despertado temprano para verlo. Miles de personas en las aceras, en los balcones, en los tejados. El régimen sirio había convertido su ejecución en un espectáculo público deliberado, un mensaje inequívoco para cualquiera que pensara en traicionar a Siria. La multitud lo insultaba, le gritaba, algunos le escupían.
El Cohen miraba al frente. En la primera fila de las autoridades que habían acudido a presenciar la ejecución estaba el presidente Amín Aljaf, el hombre que había sido su amigo con el gesto tenso de quien cumple con un deber que no puede eludir. Llegaron a la plaza Marg, el corazón de Damasco, una plaza rodeada de edificios históricos donde generaciones de damascenos habían vivido sus vidas ordinarias.
Le pusieron sobre el pecho su tarjeta de identificación con su nombre real, Eli Cohen. No, Camel Amin Tabet. Eli Cohen, para que todos supieran quién había sido realmente, le colocaron sobre los hombros un manto blanco con una inscripción larga en árabe, describiendo sus crímenes. Le ofrecieron la capucha negra.
La rechazó. Elen murió ahorcado en la plaza Margé de Damasco al amanecer del 18 de mayo de 1965. Tenía 40 años. Su cuerpo estuvo expuesto en la plaza durante 6 horas. El régimen sirio quería que nadie olvidara lo que le pasaba a quien traicionaba a Siria. Nadie lo olvidó. Pero la memoria que perduró no fue la que el régimen sirio había planeado.
Capítulo 12. Lo que dejó atrás. La historia de él y Cohen no terminó el 18 de mayo de 1965. En muchos sentidos apenas comenzaba. En Israel, la noticia de su ejecución generó una conmoción nacional que no tiene equivalente en la historia moderna del país. Un espía, que por definición trabaja en el anonimato, se convirtió de la noche a la mañana en el mayor héroe nacional de Israel.
Calles que llevan su nombre, Monumentos en su honor. Un museo dedicado a su vida, inaugurado en 2022 en la sede del Mosad, la serie de Netflix producida en 2019 con Sacha Baron Cohen, interpretándolo en una actuación que muchos críticos describieron como la mejor de su carrera. Y dos años después de su muerte, en la guerra de los 6 días de 196, la información que había recopilado durante sus cuatro años en Damasco demostró ser exactamente tan valiosa como Israel había esperado.
los eucaliptos del Golán, las tres líneas defensivas, los nombres de los pilotos sirios, los planes de ataque que había fotografiado discretamente durante sus visitas a instalaciones militares. Israel tomó los altos del Golán en 48 horas, una victoria que los analistas militares atribuyen en parte significativa al trabajo de inteligencia de y Cohen.
Nadia Cohen pasó el resto de su lida esperando que le devolvieran el cuerpo de su marido. Pasó décadas golpeando puertas, escribiendo cartas a líderes mundiales, viajando a reuniones con diplomáticos que prometían intentarlo y volvían con las manos vacías. Los hijos de y Cohen crecieron con la historia de su padre como una presencia permanente.
En 1977, en el bar Mitsba de Shai, el hijo pequeño, asistieron el primer ministro Menachen Begin, el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor y varios agentes del Mossat. El hijo de un espía ejecutado, cuyo padre nunca pudo verle crecer, siendo honrado por los líderes de su país. En 2018, el Mossat recuperó el reloj de pulsera de Elico de Siria.
Solo el reloj. En una operación encubierta cuyo método nunca fue revelado. El reloj fue devuelto a la familia. Un reloj décadas después. Es todo lo que Israel pudo recuperar de su hombre en Damasco. Y en mayo de 2025, en el seago aniversario de su ejecución, el Mossad reveló algo extraordinario. Tras la caída del régimen de Asad en diciembre de 2024, agentes israelíes habían realizado una operación encubierta en Siria en colaboración con un servicio aliado no identificado.
habían recuperado el archivo completo de Eli Cohen. 2500 documentos, grabaciones de los interrogatorios, fotografías de sus operaciones, cartas manuscritas a su familia, el testamento escrito la noche antes de su ejecución, objetos personales confiscados tras su arresto, 60 años guardados por los servicios de inteligencia sirios en algún lugar secreto.
60 años de silencio sobre lo que había ocurrido en aquella celda la última noche. Y ahora, por primera vez, Israel podría conocer la historia completa. El cuerpo de Cohen sigue sin encontrarse. Cierre lo que nos deja y Cohen. ¿Qué fue El Cohen? Depende de a quién le preguntes. Para Israel es un héroe nacional.
El hombre que sacrificó su vida, su familia, su identidad por la seguridad de su país. Un mártir cuyo nombre merecen llevar las calles y cuya memoria merece ser honrada. Para Siria es un traidor. El hombre que penetró en el corazón de su gobierno y lo traicionó con una frialdad que los sirios que lo conocieron todavía no pueden reconciliar con el hombre carismático y generoso que creían conocer.
Para los estudiosos del espionaje es simplemente el mejor, el agente que llegó más lejos, que consiguió más, que mantuvo su cobertura durante más tiempo en las condiciones más peligrosas que un espía de infiltración puede enfrentar. Pero hay una dimensión de la historia de y Cohen que todas esas categorías se quedan cortas para capturar.
La dimensión humana, un hombre que amaba a su mujer y que la dejó sola durante años. que amaba a sus hijos y que los vio crecer solo en las visitas breves y cargadas de silencio que el trabajo le permitía, que hizo amigos en Damasco que lo querían de verdad y a los que traicionaba con cada mensaje que enviaba.
Un hombre que vivía dos vidas y no podía existir completamente en ninguna de ellas. Cuando le preguntaron a Nadia décadas después si estaba orgullosa de lo que había hecho su marido, respondió con la honestidad tranquila de alguien que ha tenido muchos años para pensar en la respuesta. Estoy orgullosa de él.
Siempre lo estaré, pero también le he echo de menos todos los días. Y esas dos cosas no se contradicen. Elicoen eligió algo más grande que él mismo y pagó el precio que ese tipo de elecciones siempre cobra. Su cuerpo sigue en algún lugar de Siria, en una tumba que nadie puede encontrar, en un país que todavía no ha terminado de decidir qué hacer con su memoria.
Pero su historia vive en las calles de Israel que llevan su nombre, en los libros que cuentan lo que hizo, en los altos del Golán que sus árboles ayudaron a liberar, en el reloj que su familia guarda como la única reliquia física de un hombre que se convirtió en leyenda. Y en las cartas Anadia, esas cartas llenas de amor que cruzaban fronteras y censuras y el peso de todos los secretos que no podían decirse.
Cartas de un hombre que sabía que podría no volver y que escribía de todas formas. Porque algunas cosas merecen decirse, aunque no haya garantía de que el que las dice vaya a estar ahí para ver el efecto que tienen. Este fue Eli Cohen, nuestro hombre en Damasco. Gracias por acompañarnos en Crónicas de Derra.
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