112 sicarios abatidos, un enfrentamiento de 7 horas continuas, tres municipios completamente bloqueados por el despliegue militar más grande que Veracruz ha visto en años. Este martes 11 de febrero, la costa del Golfo de México se convirtió en campo de batalla cuando la Secretaría de Marina ejecutó un operativo de aniquilación táctica contra una columna ofensiva masiva del cártel Jalisco, nueva generación que intentaba consolidar control territorial sobre el corredor más estratégico del narcotráfico en el Golfo, la zona que
conecta los puertos de Veracruz, Boca del Río y Alvarado, en una operación que involucró 320 infantes de marina, 47 vehículos tácticos blindados, cuatro helicópteros artillados Panther, lanchas de interceptación rápida y el despliegue de tiradores electos en posiciones elevadas.
Y las fuerzas navales lograron neutralizar completamente una fuerza de choque compuesta por 38 vehículos blindados artesanalmente, conocidos como monstruos que transportaban a más de 150 sicarios armados hasta los dientes. Eran las 4:47 de la madrugada cuando Inteligencia Naval detectó movimiento masivo de vehículos sospechosos convergiendo desde tres direcciones diferentes hacia la autopista Veracruz Córdoba.
No era tráfico normal, era una movilización militar del crimen organizado, convoyes con vehículos blindados, sicarios con uniformes tácticos, armamento de alto calibre visible desde el aire. El CJOS NG estaba desplegando una columna de ataque diseñada para tomar control de rutas estratégicas y enviar un mensaje de fuerza.
Pero la Marina habían anticipado el movimiento para las 11:53 de la mañana, cuando el último disparo finalmente cesó. El resultado era devastador para el cártel, pero contundente para el Estado mexicano. 112 sicarios abatidos confirmados en el lugar de los hechos. 38 vehículos blindados, destruidos o inutilizados. Un arsenal de guerra asegurado, 187 armas largas, incluyendo fusiles Barret calibre.
50, 50, ametralladoras, lanzagranadas y rifles de asalto. Más de 94,000 cartuchos útiles de comizados, chalecos balísticos, uniformes tácticos con las siglas del CJ, NG, equipos de comunicación satelital, inhibidores de señal y 470 kg de fentanilo que el convoy transportaba. Una movilización criminal que representó meses de planificación y millones de dólares de inversión quedó completamente aniquilada en una carretera federal.
Pero esto no fue un enfrentamiento fortuito. E fue el resultado de tres semanas de inteligencia naval que detectó la preparación del operativo criminal, identificó las rutas que utilizarían, anticipó los puntos de convergencia y diseñó una emboscada perfecta. La Marina esperó el momento exacto cuando los 38 vehículos estuvieran concentrados en un tramo de carretera sin salidas alternas, cuando no hubiera civiles en la zona, cuando la superioridad táctica fuera absoluta y entonces actuó con precisión letal. Veracruz no es territorio
cualquiera. Es uno de los estados más codiciados por el crimen organizado en México, con más de 700 km de costa en el Golfo, con el puerto comercial más importante del país. Con acceso directo a rutas marítimas hacia Estados Unidos y Europa. Veracruz se ha convertido en hob logístico para el narcotráfico internacional.
Sí, que el cártel Jalisco. Nueva Generación controla el puerto de Veracruz. lo utiliza para recibir precursores químicos desde Asia, para embarcar cocaína y fentanilo hacia mercados internacionales y para lavar dinero a través de empresas fachada infiltradas en operaciones portuarias. Pero ese control ha sido disputado violentamente.
Remanentes de los setas y células del cártel del Golfo pelean por recuperar territorios que perdieron en años anteriores. Esa guerra ha convertido a Veracruz en un estado con 875 homicidios dolosos acumulados en 2025, ubicándolo en el lugar 11 nacional por incidencia de violencia. Cozacoalcos, Veracruz. Shalapa, Boca del Río y Córdoba concentran la mayor parte de esa violencia y cada mes intensifica.
lizaron los vehículos blindados y qué significó ese arsenal de comisado. Vamos a entender por qué Veracruz se ha convertido en territorio en disputa permanente entre organizaciones criminales.
Y vamos a hablar de lo que hace falta para que el Golfo de México deje de ser corredor del narcotráfico internacional, porque detrás de cada sicario abatido, hay comunidades que merecen vivir sin que su territorio sea campo de batalla. El operativo del 11 de febrero comenzó en realidad el 21 de enero cuando analistas de inteligencia naval detectaron un incremento inusual en las comunicaciones encriptadas provenientes de células del cártel Jalisco Nueva Generación operando en Veracruz.
No eran comunicaciones rutinarias sobre narcomenudeo o extorsiones locales. Eran mensajes con lenguaje táctico, movimiento grande, preparación de equipos, coordinación de columnas. Fecha confirmada. El tipo de lenguaje que precede operaciones militares. La Secretaría de Marina activó un protocolo de inteligencia electrónica.
Durante dos semanas e equipos especializados interceptaron y desencriptaron comunicaciones entre mandos regionales del CJE. Y lo que descubrieron fue alarmante. El cártel estaba planificando una movilización masiva de sicarios hacia el corredor Veracruz Córdoba con un objetivo específico, tomar control territorial definitivo sobre las rutas que conectan el puerto de Veracruz con el interior del estado.
El 2 de febrero, inteligencia identificó tres puntos de concentración donde el CJNG estaba reuniendo vehículos y personal, un rancho clandestino en las afueras de Córdoba, una bodega industrial abandonada en Fortín de las Flores y una zona rural en Amatlán de los Reyes. Desde esos puntos, los vehículos convergerían hacia la autopista Veracruz Córdoba en una operación coordinada que buscaría abrumar cualquier presencia policial o militar.
Mediante superioridad numérica y de fuego, la Marina tomó una decisión estratégica. No intentaría detener la movilización antes de que comenzara. Esperaría a que todos los vehículos estuvieran en tránsito concentrados en un tramo específico de carretera y entonces los emboscaría. Era una táctica de alto riesgo, pero con potencial de neutralizar toda la columna de una sola vez.
El 8 de febrero, drones de vigilancia naval comenzaron a sobrevolar discretamente las zonas donde se concentraban los vehículos. Las imágenes confirmaron lo que inteligencia anticipaba. 38 vehículos pickup con blindaje artesanal, torretas soldadas en las cajas, placas sobrepuestas y algunos mostraban ametralladoras montadas visibles desde el aire.
No eran vehículos civiles, eran máquinas de guerra. La fecha de la movilización fue confirmada por inteligencia electrónica el 10 de febrero, madrugada del 11 de febrero, convergencia entre las 5 y las 6 de la mañana en la autopista Veracruz Córdoba, específicamente en el tramo entre Soledad de Doblado y Paso del Macho.
La marina diseñó entonces la emboscada táctica más grande ejecutada en Veracruz en años. Para entender por qué el cártel Jalisco Nueva Generación invierte recursos masivos en controlar Veracruz, necesitamos entender que representa este estado para el narcotráfico internacional. Veracruz no es solo territorio, es infraestructura estratégica.
El puerto de Veracruz es el más importante de México en el Golfo, moviendo anualmente más de 30 millones de toneladas de carga comercial. Pero infiltrado en ese tráfico comercial legítimo, el crimen organizado ha logrado introducir precursores químicos provenientes de China utilizados para fabricar fentanilo y metanfetamina. También utiliza contenedores para embarcar drogas hacia Estados Unidos y Europa.
Un solo contenedor con 1000 kg de cocaína genera ingresos superiores a los 20 millones de dólares en el mercado estadounidense y el puerto mueve más de 800,000 contenedores anualmente. Las oportunidades de infiltración son enormes. Además del puerto, Veracruz tiene 745 km de costa en el Golfo de México. Playas remotas, zonas rurales sin presencia policial constante, puntos perfectos para recibir embarcaciones clandestinas con droga proveniente de Sudamérica.
A una vez en territorio veracruzano, esa droga se distribuye por carretera hacia el norte rumbo a la frontera con Estados Unidos o hacia el interior del país para consumo local. Las carreteras federales que cruzan Veracruz son arterias vitales. La autopista Veracruz Córdoba conecta con Puebla y Ciudad de México. La carretera costera conecta con Tamaulipas hacia el norte y las rutas internas conectan con Oaxaca, Chiapas y Tabasco.
Controlar esas carreteras significa controlar el flujo de drogas, armas y dinero. Por eso el cártel Jalisco Nueva Generación ha invertido años en consolidar presencia en Veracruz. Según reportes de la DEA publicados en 2025, el CJNG controla completamente el puerto de Veracruz y tiene presencia dominante en municipios clave como Cuatzacoalcos, Calapa, Boca del Río y Córdoba.
a infiltrado sindicatos portuarios, empresas de logística, aduanas y corporaciones policiales municipales. Su red de operaciones en el estado genera ingresos estimados en cientos de millones de dólares anualmente. Pero ese control no es absoluto ni pacífico. Células remanentes de los ETAs operan en la zona norte del estado, particularmente en Poza Rica, Tuxpan y Papantla.
El cartel del Golfo, debilitado pero no destruido, mantiene presencia en zonas fronterizas con Tamaulipas y grupos criminales locales ligados a extorsión, secuestro y robo de combustible pelean por espacios de operación. Esa disputa constante ha convertido a Veracruz en un estado violento. En 2025, Veracruz acumuló 875 homicidios dolosos, una cifra que lo posiciona en el lugar 11 nacional.
En el primer semestre de ese año se registraron 446 homicidios evidenciando que la violencia no cede. Cuatzacoalcos con su puerto petrolero y comercial es uno de los municipios más violentos. Xhalapa, la capital enfrenta extorsiones sistemáticas contra comerciantes y municipios como Córdoba, Orizaba y Fortín de las Flores viven bajo presencia constante de células criminales.
La movilización masiva que el CJ NG planeaba para el 11 de febrero no era casual. Era un intento de consolidar control definitivo sobre el corredor Veracruz Córdoba, enviando un mensaje brutal a cualquier grupo rival. Este territorio es nuestro, pero la Marina tenía otros planes. La operación comenzó en la oscuridad absoluta. A las 3:15 de la madrugada, convoyes de la Secretaría de Marina salieron de la base naval de Veracruz y de la estación naval de Coatzacoalcos.
En total, C320 infantes de marina distribuidos en 47 vehículos tácticos blindados tipo Humbi y Sancat, equipados con ametralladoras calibre 50 montadas, sistemas de comunicación encriptada y blindaje capaz de resistir impactos de rifles de asalto. Los infantes llevaban equipo completo de combate, uniformes de camuflaje digital naval, chalecos balísticos nivel 4 con placas de cerámica, cascos tácticos con sistemas de comunicación integrados, rifles FX05 Shuquatle, ametralladoras ligeras M249, lanzagranadas automáticos MGL y munición
suficiente para sostener enfrentamientos prolongados. No era despliegue preventivo, era preparación para combate directo. A las 4:47, las unidades navales llegaron a las posiciones designadas en el tramo de la autopista Veracruz Córdoba, entre Soledad de Doblado y Paso del Macho. lugar había sido seleccionado estratégicamente.
Un tramo recto de 8 km con terreno plano a ambos lato, sin salidas alternas, con visibilidad amplia para tiradores electos y sin población civil cercana. La Marina cerró ambos extremos de ese tramo con vehículos tácticos, bloqueando físicamente los carriles. Estableció posiciones elevadas donde ubicó tiradores selectos con rifles de francotirador calibre punto 308 y punto50 y desplegó a los infantes en formación defensiva preparada para recibir contacto.
Simultáneamente, cuatro helicópteros Panter despegaron desde elipuertos navales equipados con ametralladoras M143 Minigon, de seis cañones capaces de disparar hasta 3,000 rounds por minuto, cámaras térmicas, sistemas de visión nocturna y blindaje en cabina. E estos helicópteros artillados proporcionarían apoyo aéreo durante el enfrentamiento.
A las 5:23 de la madrugada, Inteligencia confirmó. El convoy criminal había comenzado a moverse. Los 38 vehículos salieron de los tres puntos de concentración en formación coordinada convergiendo hacia la autopista. Los drones de vigilancia los rastreaban en tiempo real, transmitiendo posición exacta a los comandantes navales.
Todo estaba desarrollándose exactamente como inteligencia había anticipado. A las 5:51, el convoy del CJNG ingresó al tramo de la autopista donde la marina había establecido la emboscada. 38 vehículos blindados circulando en columna compacta. Sicarios uniformados con chalecos tácticos visibles desde el aire.
Armas largas apuntando hacia afuera desde las cajas de las pickups o una fuerza de choque criminal que se creía invencible avanzando directo hacia una trampa perfectamente diseñada. Cuando el convoy criminal llegó al punto medio del tramo bloqueado, los vehículos de la marina que cerraban ambos extremos encendieron sus luces tácticas simultáneamente.
Miles de lúmenes iluminaron toda la carretera como si fuera de día y los altavoces militares emitieron la orden. Secretaría de Marina, detengan sus vehículos, tiren sus armas al suelo con las manos donde podamos verlas. La reacción del convoy criminal fue inmediata. En lugar de detenerse, aceleraron y abrieron fuego.
Ametralladoras montadas en las torretas de los vehículos blindados comenzaron a disparar hacia las posiciones navales. Rifles de asalto se unieron al fuego. El sonido fue ensordecedor. Miles de rounds lanzados en segundos. Una brutalidad que no puede normalizarse. Pero la marina habían anticipado exactamente esa reacción.
Los infantes, protegidos detrás de vehículos blindados y posiciones fortificadas, respondieron con fuego coordinado. Ametralladoras calibre 50 comenzaron a perforar los blindajes artesanales de los vehículos criminales. Tiradores selectos ubicados en posiciones elevadas, neutralizaban sicarios que operaban las torretas, lanzagranadas automáticos.
Disparaban proyectiles de 40 mm que detonaban contra los vehículos, inutilizando motores y destruyendo llantas desde el aire. Los helicópteros Panter ingresaron al combate. Las minigons comenzaron a disparar ráfagas controladas sobre los vehículos que intentaban romper el cerco. El sonido característico de estas ametralladoras de múltiples cañones es inconfundible.
Un rugido continuo que libera cientos de proyectiles por segundo. Los sicarios que intentaban descender de los vehículos para tomar posiciones fueron neutralizados por fuego aéreo antes de poder organizarse. El enfrentamiento era simétrico. El CJ NE había traído superioridad numérica y vehículos blindados, pero la Marina tenía superioridad táctica, posiciones fortificadas, apoyo aéreo, tiradores entrenados y disciplina militar.
En combate esa diferencia es determinante. Para las 6:34, apenas 36 minutos después del primer disparo, 23 de los 38 vehículos criminales estaban completamente inutilizados. Algunos ardían después de que proyectiles incendiarios impactaran sus tanques de combustible. Otros mostraban impactos masivos de ametralladoras calibre 50 que habían perforado puertas, cabinas y torretas.
Los sicarios que habían sobrevivido al fuego inicial intentaban replegarse hacia los vehículos que aún funcionaban o buscaban cobertura en la vegetación a los lados de la carretera, pero no había escape. Los helicópteros rastreaban cada movimiento con cámaras térmicas y cada intento de fuga era neutralizado por fuego aéreo o por equipos de infantes que avanzaban en formación táctica cerrada.
A las 7:18, después de casi una hora y media de combate continuo, el convoy criminal estaba completamente desarticulado. Los 38 vehículos estaban detenidos, destruidos o abandonados. Y los sicarios que seguían con vida intentaban rendirse. Algunos levantaban las manos, otros gritaban que se entregaban, pero muchos ya no podían moverse.
Ya habían sido alcanzados por el fuego naval y yacían en la carretera. Los infantes de Marina avanzaron entonces en formación de aseguramiento, revisaron cada vehículo meticulosamente, neutralizaron a quienes aún representaban amenaza, arrestaron a los que se rindieron y confirmaron bajas. El conteo final sería devastador. 112 sicarios abatidos en el lugar de los hechos.
19 detenidos gravemente heridos que fueron trasladados bajo custodia naval a hospitales militares y seis que se rindieron sin lesiones, pero el enfrentamiento no había terminado. Grupos remanentes del convoy que habían logrado dispersarse hacia zonas rurales adyacentes a la carretera continuaron resistiendo esporádicamente. Equipos de infantes tuvieron que rastrearlos durante horas en operaciones de búsqueda y neutralización.
Algunos se refugiaron en viviendas rurales, poniendo en riesgo a familias que nada tenían que ver con el crimen organizado. La Marina actuó con precisión, rescató a las familias, evacuó la zona y neutralizó a los sicarios atrincherados. Para las 11:53 de la mañana, cuando el último disparo finalmente cesó, la autopista Veracruz Córdoba parecía zona de guerra.
38 vehículos destrozados dispersos a lo largo de 8 km. casquillos de municiones cubriendo el pavimento, manchas de sangre y el silencio pesado que sigue a cualquier combate. Cuando los peritos de la Marina comenzaron a catalogar lo decomisado, las cifras revelaron la magnitud de la amenaza que había sido neutralizada.
No era célula local de narcomenudeo, era una fuerza de choque paramilitar completamente equipada, armamento 187 armas largas, incluyendo 94 rifles de asalto A, R15 y AK47, 12 fusiles. Barret calibre 50 antitanque, 23 ametralladoras calibre 57,62 mm montadas en torretas, 18 rifles de francotirador con miras telescópicas, 14 escopetas calibre 12 con cañón recortado y 29 lanzagranadas de diversos tipos.

Armamento corto, 64 pistolas de diversos calibres. Municiones, 94,230 cartuchos útiles. Una cantidad que evidencia preparación para enfrentamientos prolongados. Explosivos, 47 granadas fragmentarias, 12 granadas de humo, 18 cargas explosivas artesanales tipo IED y seis lanzacohetes portátiles RPG, siete vehículos, 38 camionetas pickup con modificaciones de combate, blindaje artesanal soldado en puertas, laterales y cabinas, utilizando láminas de acero de 10 mm, torretas metálicas soldadas en las cajas para montar ametralladoras y
compartimentos ocultos para transportar armas y drogas, placas sobrepuestas de múltiples estados, neumáticos reforzados antipinchazos, sistemas de escape modificados para mayor velocidad. Equipo táctico, 147 chalecos balísticos, nivel 3 y cu placas de cerámica. 139 uniformes tácticos negros con insignias del CJNG, cascos, rodilleras, coderas, linternas tácticas, cuchillos de combate y equipo de primeros auxilios, comunicaciones, 83 radios satelitales encriptados, 156 teléfonos celulares, 11 laptops y 14 inhibidores de señal portátiles, drogas,
470 kg de fentanilo en polvo y pastel, 180 kg de metanfetamina cristalizada 95 kg de cocaína. El valor en mercado negro supera los 30 millones de dólar. 12 fusiles Barret calibre50. Estas son armas diseñadas para destruir vehículos blindados militares, derribar helicópteros y neutralizar objetivos a distancias superiores a 1800 m.
Cada una cuesta más de $10,000 en el mercado legal y hasta 25,000 en el mercado negro. Que el CJ haya equipado a esta columna con 12 de estas armas, evidencia inversión masiva y preparación para enfrentamientos contra fuerzas militares. Las 23 ametralladoras montadas en torretas incluían modelos M2 Browning calibre.
50, 50, la misma ametralladoras que utiliza el ejército mexicano en sus vehículos tácticos. Algunas fueron robadas de instalaciones militares en años anteriores, otras fueron introducidas clandestinamente desde Estados Unidos y otras fueron adquiridas en mercados negros internacionales. El fentanilo de comisado merece mención especial.
470 kg representan aproximadamente 235,0000 de dosis individuales y una cantidad suficiente para matar a millones de personas. El fentanilo es 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más potente que la morfina. Solo 2 mg son suficientes para causar sobredosis fatal y el CJNG lo produce en laboratorios clandestinos en México utilizando precursores químicos importados desde China.
Lo distribuye mezclado con otras drogas y lo exporta masivamente hacia Estados Unidos, donde causa decenas de miles de muertes anuales. De los 112 sicarios abatidos, peritos forenses lograron identificar plenamente a 87 mediante huellas dactilares, reconocimiento facial y consultas en bases de datos. Los rostros revelaron la composición de esta fuerza de choque.
34 eran originarios de Jalisco, enviados directamente por mandos superiores del CJ para esta operación específica. Esta 27 eran de Veracruz, reclutados localmente para operar en su propio estado. 18 provenían de Michoacán, muchos con antecedentes militares que los convertían en operadores de alto valor y ocho eran de Guerrero, miembros de células especializadas en combate urbano.
Sus edades oscilaban entre 19 y 54 años. Algunos apenas comenzando en el crimen organizado, otros con décadas de experiencia en violencia, 42 tenían antecedentes previos por delitos como homicidio, secuestro, extorsión, narcotráfico, portación ilegal de armas. 17 contaban con órdenes de aprensión vigentes emitidas por fiscalías estatales o federales y nueve tenían entrenamiento militar previo confirmado, habían servido en el ejército mexicano o incorporaciones policiales antes de desertar y unirse al crimen organizado.
Los 19 detenidos gravemente heridos fueron trasladados bajo máxima seguridad a hospitales militares donde recibieron atención médica antes de ser puestos a disposición de la Fiscalía General de la República. Los seis que se rindieron sin lesiones fueron interrogados inmediatamente. Sus declaraciones confirmaron que la movilización había sido ordenada por mandos regionales del CJE con el objetivo explícito de tomar control del corredor Veracruz Córdoba mediante demostración de fuerza abrumadora. Este operativo representa
una de las pérdidas más devastadoras que el cártel Jalisco Nueva Generación ha sufrido en un solo enfrentamiento. 112 sicarios abatidos no son reemplazables de la noche a la mañana. Cada uno representaba inversión en reclutamiento, entrenamiento, equipamiento. H 38 vehículos blindados con valor aproximado de $50,000 cada uno, un arsenal que costó millones en adquisición y transporte y 470 kg de fentanilo que representaban ingresos futuros por decenas de millones de dólares.
Pero más allá del costo material está el costo estratégico. El CJ había preparado esta movilización durante meses. Había concentrado recursos de múltiples estados. había diseñado una operación que buscaba enviar mensaje de poder absoluto y, en lugar de consolidar control territorial, perdió una columna entera en 7 horas de combate.
Ese mensaje resonará dentro del cártel y entre sus rivales. Sin embargo, sería ingenuo pensar que este golpe destruya al CJ en Veracruz. Es el cártel más grande y más violento de México. Opera en 28 de los 32 estados del país. Eh, tiene ingresos anuales estimados en miles de millones de dólares y ha demostrado capacidad para absorber pérdidas masivas y reorganizarse rápidamente.
En semanas, quizá meses, intentará reconstruir su presencia en el corredor Veracruz Córdoba. reclutará nuevos icarios, adquirirá más armas y volverán a intentar imponer su control. Por eso, la verdadera batalla no es solo táctica, es estructural. Este operativo de la Marina fue impecable en ejecución, inteligencia precisa, coordinación perfecta, superioridad táctica, resultado contundente.
Merece reconocimiento absoluto, pero un operativo exitoso no resuelve el problema sistémico. Necesitamos atacar las finanzas del CJNG. Este cártel no opera con efectivo guardado en casas de seguridad. Opera con redes financieras sofisticadas que lavan dinero a través de empresas legales, bienes raíces, anticriptomonedas y paraísos fiscales.
Necesitamos unidades especializadas que identifiquen y congelen esos activos, que confisquen propiedades, que desmantel en la infraestructura económica que sostiene al cártel. Necesitamos recuperar el puerto de Veracruz. Mientras el CJNG controle operaciones portuarias, seguirá introduciendo precursores químicos, embarcando drogas y lavando dinero.
Necesitamos depuración profunda de sindicatos portuarios infiltrados, supervisión externa de aduanas, tecnología de inspección no invasiva en contenedores y presencia permanente de fuerzas federales en instalaciones portuarias. Necesitamos fortalecer instituciones locales. Las policías municipales de Veracruz están superadas, mal pagadas, mal equipadas y frecuentemente infiltradas.
Necesitamos programas de depuración, certificación de confianza eh mejores salarios, mejor entrenamiento y supervisión externa permanente. Y necesitamos justicia que funcione, que los 19 detenidos heridos y los seis que se rindieron sean procesados, juzgados y condenados sin que la corrupción o la ineficiencia los libere.
Que cada arma de comizada sea rastreada para identificar sus orígenes y desmantelar redes de tráfico de armas. Que cada kilogramo de droga de comisado se analice para identificar laboratorios de producción. 112 sicarios abatidos, 187 armas decomizadas, 38 vehículos blindados destruidos, 470 kg de fentanilo que no llegarán a las calles. Es victoria táctica contundente, pero será victoria estratégica solo si viene acompañada de acciones sostenidas en todos esos frentes.
Veracruz merece más que operativos, merece paz duradera, merece que su puerto deje de ser puerta de entrada para el narco, merece que sus carreteras dejen de ser campo de batalla. Y para lograr eso, cada institución debe asumir su responsabilidad, porque detrás de cada sicario abatido, hay comunidades que merecen vivir sin que su territorio sea campo de batalla. M.