22 sicarios abatidos, dos vehículos artillados destruidos, un operativo que sacudió Colima hasta sus cimientos. Esta madrugada del martes, elementos de la Secretaría de Marina ejecutaron una de las operaciones más letales del año contra la estructura de Iván Archivaldo Guzmán Salazar en territorio colimense.
Mientras la ciudad apenas comenzaba a despertar, el estruendo de las armas de alto calibre rompió el silencio en tres puntos simultáneos de los municipios de Manzanillo, Tecomán y Villa de Álvarez. Según el reporte oficial de la Sexta Reggión naval, el enfrentamiento se prolongó durante casi 2 horas.
Columnas de fuego se elevaban desde vehículos blindados incendiados. Sicarios de los chapitos intentaron repeler el ataque con arsenales dignos de un ejército y al final el saldo fue contundente. 22 integrantes del brazo armado del cártel de Sinaloa cayeron en combate. Pero esto no fue un enfrentamiento casual, fue el resultado de semanas de inteligencia naval.
idad en fraccionamientos de clase media.
Compraron vehículos locales para no llamar la atención. establecieron contactos con distribuidores de droga en la zona metropolitana de Colima y lo más preocupante, comenzaron a blindar vehículos y almacenar armas de alto poder. La Secretaría de Marina, a través de la Sexta región naval con sede en Manzanillo, monitoreaba estos movimientos.
Las unidades de inteligencia naval identificaron al menos seis domicilios utilizados por los chapitos, rastrearon patrones de comunicación, documentaron movimientos de personal y, finalmente el pasado domingo obtuvieron la autorización judicial necesaria para actuar. El plan Colima, estrategia de seguridad implementada desde noviembre del año pasado con el despliegue de 1000 efectivos navales, estaba diseñado precisamente para este tipo de operaciones.
No se trataba solo de patrullaje, era una presencia militar permanente con capacidad de respuesta inmediata ante amenazas de crimen organizado. Y esta madrugada esa capacidad se puso a prueba. El operativo comenzó exactamente a las 4:47 de la mañana. Tres columnas de la infantería de Marina se desplegaron simultáneamente hacia los objetivos identificados.
La primera columna se dirigió a un domicilio en la colonia Lomas del Mar en Manzanillo. La segunda hacia una casa de seguridad en el fraccionamiento La Palmita en Tecomán. La tercera a un rancho en las afueras de Villa de Álvarez. El plan era claro, detener a los integrantes de la célula criminal, asegurar armamento y vehículos y desmantelar la estructura operativa de los chapitos en Colima antes de que pudiera consolidarse.
Pero los chapitos tenían un sistema de alerta temprana. A las 4:52 de la mañana, cuando la primera columna naval se aproximaba al domicilio de Lomas del Mar, los sicarios ya estaban preparados. Según reportes de vecinos, escucharon las primeras detonaciones casi de inmediato. No fueron disparos al aire, fueron ráfagas sostenidas de armas automáticas.
Los marinos se encontraron con una resistencia que no esperaban. Los icarios no huyeron. Se atrincheraron desde el interior de la vivienda. Al menos ocho sujetos armados con fusiles AR15 y AK47 abrieron fuego contra los elementos navales. Los marinos se desplegaron en formación táctica utilizando sus vehículos como cobertura, solicitaron refuerzos inmediatos y comenzaron a repeler la agresión con fuego controlado.
El enfrentamiento en Lomas del Mar se prolongó durante 47 minutos. Mientras tanto, en Tecomán, la segunda columna naval enfrentaba una situación aún más peligrosa. En la casa de seguridad de La Palmita no solo había sicarios atrincherados, había dos vehículos artillados, pickups Toyota Hilux, modificadas con placas de acero soldadas en puertas y ventanas, equipadas con torretas improvisadas en las cajas para montar ametralladoras calibre pancing cuenta.
Estos vehículos son conocidos como monstruos en el lenguaje del narco. Son plataformas móviles de fuego pesado diseñadas para enfrentamientos directos con fuerzas militares y los chapitos los tenían listos para usarse. A las 5:03 de la mañana, uno de estos vehículos artillados salió de la casa de seguridad a toda velocidad con sicarios disparando la ametralladora montada en la caja.
marinos respondieron con fuego sostenido. Proyectiles calibre pun50 impactaron contra los vehículos blindados de la Marina. Pero la infantería de Marina está entrenada para este tipo de escenarios. Un francotirador naval posicionado a 180 m de distancia neutralizó al sicario que operaba la ametralladora.
El vehículo artillado perdió control y se estrelló contra un poste de luz. Los sicarios que quedaban en el interior intentaron huir a pie, pero fueron abatidos en el intercambio de disparos. El segundo vehículo artillado nunca logró salir de la casa de seguridad. Los marinos lanzaron granadas de aturdimiento y neutralizaron a los sicarios antes de que pudieran activar el monstruo.
En Villa de Álvarez la situación era diferente. El rancho identificado por inteligencia naval estaba ubicado en zona rural, rodeado de minesén, terrenos, valdíos y caminos de terracería. Cuando los marinos llegaron al lugar se encontraron con que los sicarios habían preparado el terreno, trincheras improvisadas, sacos de arena como parapetos y líneas de fuego establecidas.
Era un campo de entrenamiento y estaba operativo. Según el reporte oficial de la Marina, en este rancho se encontraban al menos 12 sicarios realizando prácticas de tiro y maniobras tácticas. Cuando detectaron la presencia naval, algunos intentaron escapar por la parte trasera del rancho hacia la zona boscosa.
Otros decidieron enfrentarse. El tiroteo en Villa de Álvarez fue el más prolongado de los tres frentes, casi 1 hora y 15 minutos de intercambio de disparos. Los marinos utilizaron drones de reconocimiento para identificar posiciones enemigas y coordinar el avance. Helicópteros de la Fuerza Aérea Mexicana sobrevolaron el área, aunque no participaron directamente en el enfrentamiento.
Finalmente, a las 6:34 de la mañana, el último sicario en resistencia fue abatido. Y aquí es donde la historia toma un giro que no podemos ignorar, porque este operativo no solo desmanteló una célula de los chapitos, reveló algo mucho más preocupante, el nivel de preparación, armamento y recursos que estas organizaciones criminales están desplegando en estados fuera de Sinaloa.
Esto no es expansión improvisada, es colonización criminal planificada. Vamos a ver exactamente qué encontraron los marinos en estos domicilios y vamos a entender por qué este arsenal representa una amenaza que va mucho más allá de Colima. El inventario final del operativo es alarmante. Según el comunicado oficial de la Secretaría de Marina, en los tres domicilios asegurados se encontraron 47 armas largas que incluyen fusiles de asalto AR15, AK47 y lo más preocupante, Rifles Barret calibre.50.
A esto se suman 12 armas cortas, principalmente pistolas Glock y FN57, tres lanzagranadas tipo RPG con proyectiles listos para usarse, 89 cargadores de diversos calibres junto con más de 15,000 cartuchos útiles, 23 granadas de fragmentación y ocho granadas de humo, chalecos balísticos nivel 4 capaces de resistir impactos de rifles de alto poder, cascos tácticos y equipos de comunicación encriptada de grado militar.
Los vehículos asegurados incluyen los dos monstruos artillados que ya mencionamos, además de siete camionetas pickup en condiciones operativas y tres vehículos sedan que utilizaban para vigilancia. En cuanto a drogas, se decomizaron 47 kg de metanfetamina cristalizada, 125,000 tabletas de fentanilo con marcaje M30 y 200 L de precursores químicos almacenados en bidones industriales.
También se aseguraron equipos de radio encriptados, drones comerciales modificados para reconocimiento, $340,000 en efectivo y documentación junto con dispositivos electrónicos que ahora están siendo analizados. Este arsenal no es el de una célula criminal convencional, es el de una unidad paramilitar.
Los fusiles Barret calibre.50, por ejemplo, son armas antimaterial diseñadas para destruir vehículos blindados y eliminar objetivos a más de 1500 m de distancia. No son armas de autodefensa, son armas de guerra. Un rifle de este tipo en manos de un tirador entrenado puede detener un vehículo blindado militar con un solo disparo bien colocado.
Los lanzagranadas RPG son prohibidos incluso para muchas fuerzas policiales. Su capacidad destructiva permite neutralizar vehículos blindados, helicópteros en tierra y fortificaciones. Que los chapitos tengan acceso a este tipo de armamento en territorio colimense demuestra dos cosas. Primero que cuentan con redes de tráfico de armas extremadamente sofisticadas, probablemente con conexiones internacionales.
Segundo, que estaban preparándose para enfrentamientos de alta intensidad, no solo contra el CJNG, sino potencialmente contra fuerzas federales. Los vehículos artillados de comisados son igualmente reveladores. Según análisis de la Sena, este tipo de blindajes artesanales requieren talleres especializados, soldadores con experiencia y acceso a placas de acero de alta resistencia no es algo que se improvisa en un garage doméstico.
Los chapitos establecieron toda una infraestructura logística en Colima para fabricar y mantener estos monstruos, lo cual implica haber rentado o comprado propiedades con talleres adecuados y contratado personal técnico local. Pero quizás lo más preocupante es el fentanilo. 125,000 tabletas equivalen a dosis potencialmente letales para 125,000 personas.
Para ponerlo en perspectiva, ¿es suficiente droga para matar a toda la población de la ciudad de Colima? Cada pastilla falsificada como M30, imitando analgésicos de prescripción legítimos, contiene suficiente fentanilo para matar a un adulto promedio y estaban listas para distribución, empacadas profesionalmente en bolsas selladas con logos del cártel de Sinaloa.
Este fentanilo no estaba destinado al mercado mexicano, estaba destinado a Estados Unidos. El hecho de que los chapitos lo estuvieran almacenando específicamente en Colima confirma que planeaban utilizar el puerto de Manzanillo como nueva ruta de tráfico, probablemente ocultándolo en contenedores de carga comercial que viajan por mar hacia puertos de California.
Mientras Sinaloa está en caos por la guerra interna y las autoridades estadounidenses incrementan vigilancia en cruces fronterizos tradicionales, los chapitos buscaban diversificar. La Administración de Control de Drogas Estadounidense ha identificado a Iván Archivaldo Guzmán Salazar como uno de los principales responsables de la crisis de fentanilo, que mata a más de 70,000 estadounidenses cada año.

El gobierno de Estados Unidos ofrece una recompensa de ,000 por información que lleve a su captura. Y este operativo en Colima golpea directamente esa operación criminal, desmantelando meses de inversión y planificación estratégica. Ahora hay una pregunta que no podemos evitar. ¿Dónde estaba Iván Archivaldo durante este operativo? Porque aunque 22 sicarios cayeron, el líder de los chapitos sigue prófugo.
Y eso nos lleva a analizar cuál será su respuesta, porque organizaciones como estas no aceptan derrotas sin reaccionar. Iván Archivaldo Guzmán Salazar, de 41 años, es el hijo mayor de Joaquín el Chapo, Guzmán, que sigue activo en el narcotráfico. Desde la captura de su padre en 2016 y su posterior extradición a Estados Unidos en 2017, Iván y sus hermanos Jesús Alfredo, Ovidio y Joaquín consolidaron su facción dentro del cártel de Sinaloa.
Los chapitos no solo heredaron las rutas y contactos de su padre, innovaron el negocio, fueron ellos quienes transformaron al cártel de Sinaloa de una organización enfocada principalmente en cocaína y heroína a la máquina de fentanilo más letal del hemisferio. Según acusaciones del Departamento de Justicia estadounidense, los chapitos establecieron laboratorios clandestinos en la Sierra de Sinaloa, donde fabrican fentanilo utilizando precursores químicos importados desde China.
Desarrollaron tabletas falsificadas que imitan medicamentos de prescripción legítimos y crearon redes de distribución en al menos 47 estados de Estados Unidos. En palabras del propio Iván Archivaldo, capturadas en interceptaciones de comunicaciones presentadas por fiscales estadounidenses, el objetivo era inundar las calles de drogadictos con Fentanilo, una declaración que revela no solo la mentalidad criminal, sino el desprecio absoluto por la vida humana.
Pero la captura de Ismael el mayo Sambada en julio pasado fracturó esta estructura. El mayo, cofundador del cártel de Sinaloa y socio de El Chapo, durante décadas fue traicionado. Múltiples reportes periodísticos y declaraciones de funcionarios estadounidenses sugieren que Joaquín Guzmán López, uno de los chapitos, fue quien entregó al mayo a cambio de beneficios legales para sí mismo.
Esta traición desató una guerra interna. Los seguidores del mayo, encabezados por su hijo Ismael, el mayito flaco Zambada García, juraron venganza y Sinaloa se convirtió en un campo de batalla. Más de 600 personas han muerto en 6 meses de enfrentamientos, entre ellas 46 elementos de fuerzas de seguridad. La economía local colapsó.
Más de 35,000 empleos se perdieron. Familias enteras huyeron de sus comunidades. Escuelas cerraron. El toque de queda se volvió informal pero efectivo. Después de las 7 de la noche, las calles de Culiacán se vaciaban. En este contexto de caos, la expansión de los chapitos hacia Colima tiene lógica estratégica. No podían depender exclusivamente de Sinaloa, donde la malliza controlaba amplias zonas.
Necesitaban diversificar territorios, asegurar rutas alternativas y establecer presencia en puertos clave. Pero esta expansión generó una nueva amenaza. Confrontación directa con el CJNG. El cártel Jalisco Nueva Generación, liderado por Nemesio Ceguera, el Mencho, no iba a permitir que los chapitos tomaran Colima sin resistencia. De hecho, múltiples reportes de inteligencia sugieren que el CJNG proporcionó información a las autoridades sobre la ubicación de las celas células de los chapitos en Colima, no por cooperación con el gobierno, por
estrategia. Usar a las fuerzas federales como arma contra sus rivales es una táctica que hemos visto antes y funciona. Este operativo de la Marina, aunque exitoso en términos operativos, podría desencadenar una escalada de violencia en Colima. Los chapitos no van a abandonar sus ambiciones en el estado. Intentarán reorganizarse, enviar nuevas células y potencialmente ejecutar represalias.
La pregunta es, ¿está la marina preparada para sostener esta presión? ¿Tiene el gobierno federal la voluntad política para mantener los 1000 efectivos navales desplegados en Colima a largo plazo? ¿O este operativo será solo un golpe espectacular que no cambia la dinámica estructural? Y esto nos lleva al momento decisivo, al resultado final, a lo que este operativo significa más allá de los números, porque 22 sicarios abatidos es una victoria táctica.
Pero la verdadera pregunta es, ¿esto cambia algo en el largo plazo? El saldo oficial del operativo es contundente. 22 integrantes del brazo armado de los chapitos fueron abatidos en combate. Ningún elemento de la Secretaría de Marina resultó muerto. Tres marinos resultaron con heridas leves por esquirlas y fueron atendidos en instalaciones navales.
Ningún civil resultó herido durante los enfrentamientos. Este último dato es crucial. A pesar de la intensidad del fuego cruzado de las 2 horas de tiroteos en zonas urbanas y semiurbanas, la Marina logró neutralizar la amenaza sin víctimas civiles colaterales. Eso habla del profesionalismo y entrenamiento de los elementos navales.
Los 22 abatidos fueron trasladados al servicio médico forense de Colima para su identificación. Hasta el momento de este reporte, las autoridades han confirmado que al menos ocho de ellos son originarios de Sinaloa, con antecedentes penales por delitos relacionados con delincuencia organizada. Tres de los abatidos tenían órdenes de aprensión vigentes.
Dos estaban en la lista de objetivos prioritarios de la Fiscalía General de la República. Uno de ellos, identificado como José N. de 34 años. Era considerado jefe de Plaza de los Chapitos en Tecomán y tenía una recompensa de 2,000ones de pesos por información sobre su paradero. Los dos vehículos artillados de comisados fueron trasladados a instalaciones de La Sedena para análisis técnico.
Estos monstruos serán destruidos, como es protocolo con armamento de comisado al crimen organizado. El arsenal de armas, las drogas, los vehículos y el dinero en efectivo quedaron bajo custodia de la Fiscalía General de la República que ha iniciado carpetas de investigación por los delitos de delincuencia organizada, portación de armas de fuego de uso exclusivo del ejército, contra la salud y otros relacionados.
La presidenta Claudia Shane Bompardo reconoció públicamente el operativo durante su conferencia matutina. Felicito a los elementos de la Secretaría de Marina por este exitoso operativo que desmanteló una célula criminal en Colima. Esto demuestra que el crimen organizado no tendrá refugio en ningún estado de la República”, declaró la mandataria.
El titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, confirmó que el operativo fue resultado de meses de trabajo de inteligencia. No se trata de acciones aisladas, es una estrategia integral que combina inteligencia, coordinación interinstitucional y capacidad operativa de nuestras fuerzas federales, señaló.
Por su parte, el gobernador de Colima reconoció el trabajo de la Marina y se comprometió a fortalecer la coordinación con fuerzas federales para mantener la seguridad en el estado. Este operativo se suma a una serie de golpes recientes contra los chapitos. En mayo de este año, fuerzas especiales del ejército abatieron a Jorge Humberto Figueroa Benítez, el Perris, jefe de seguridad de Iván Archivaldo en Sinaloa.
En julio, la Marina desmanteló seis laboratorios clandestinos de drogas sintéticas en Culiacán, vinculados directamente con los chapitos. La presión sobre la organización criminal es sostenida, pero Iván Archivaldo sigue prófugo y mientras permanezca libre, la estructura criminal seguirá operando. Ahora, hablemos claro sobre lo que esto realmente significa para México.
Este operativo en Colima es una victoria importante. Desmanteló una célula criminal peligrosa. Decomizó un arsenal que pudo haber causado devastación. Envió un mensaje a los chapitos. Expandirse a nuevos territorios tiene un costo. Pero seamos honestos, 22 sicarios abatidos no detienen una organización que genera miles de millones de dólares al año.
Iván Archivaldo puede reclutar 22 icarios nuevos en una semana, puede reemplazar el armamento de comisado en un mes y puede intentar establecerse en Colima nuevamente, quizás con tácticas diferentes, con más cautela. Entonces, ¿para qué sirve un operativo como este? sirve para demostrar capacidad, para mostrar que las fuerzas federales, cuando tienen inteligencia sólida, coordinación efectiva y autorización para actuar, pueden golpear duramente al crimen organizado.
sirve para romper la narrativa de impunidad porque durante demasiado tiempo organizaciones criminales como los chapitos operaron bajo la creencia de que podían expandirse libremente, de que los estados más pequeños no tenían recursos para enfrentarlos, de que la autoridad no respondería. Este operativo dice lo contrario, pero aquí está la verdad incómoda.
Operativos exitosos como este no pueden ser la excepción, tienen que ser la norma. México no puede depender de golpes espectaculares cada varios meses, mientras el crimen organizado opera con relativa libertad el resto del tiempo. Necesitamos presencia permanente de fuerzas federales en estados críticos como Colima.
Necesitamos inteligencia sostenida, no operativos reactivos. Necesitamos coordinación real entre Marina, Ejército, Guardia Nacional y Fiscalías estatales. Y necesitamos algo que pocas veces se dice con claridad. Necesitamos que estas organizaciones criminales paguen un precio tan alto por cada intento de expansión, por cada acto de violencia, por cada tableta de fentanilo que producen, que eventualmente el negocio deje de ser rentable, porque mientras sea más rentable traficar drogas que cualquier negocio legítimo, habrá gente dispuesta
como a hacerlo. Mientras sea más fácil reclutar sicarios que ofrecerles alternativas reales de empleo, habrá jóvenes que tomen las armas. Mientras nuestras instituciones sigan siendo vulnerables a la corrupción, habrá funcionarios dispuestos a traicionar su responsabilidad. Este operativo en Colima es un recordatorio de que tenemos fuerzas de seguridad capaces, profesionales, valientes.
Los elementos de la Marina que participaron en esta operación arriesgaron sus vidas para proteger a comunidades que quizás nunca conocerán sus nombres. enfrentaron sicarios con armamento de guerra y lo hicieron sin provocar víctimas civiles, con disciplina, con profesionalismo. Eso merece reconocimiento, pero también merece que no los dejemos solos, que no esperemos que la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional resuelvan un problema estructural que requiere soluciones integrales, desarrollo económico en zonas marginadas, educación de calidad, oportunidades laborales
reales, justicia efectiva, combate a la corrupción y sí, también fuerza del Estado contra quienes insisten en la violencia. Los chapitos no son invencibles, Iván Archivaldo no es intocable y Colima no tiene por qué convertirse en el próximo Sinaloa. Pero eso requiere decisión política, requiere recursos sostenidos, no anuncios espectaculares, requiere que este operativo sea el primero de muchos, no el último que recordemos, porque fue excepcional.
Las familias de Colima merecen dormir tranquilas. Los jóvenes colimenses merecen futuro más allá de elegir entre migrar o ser reclutados por el narco. Los comerciantes merecen operar sin pagar extorsión. Las autoridades locales merecen gobernar sin amenazas. Y México completo merece vivir sin que organizaciones criminales como los Chapitos impongan su ley del terror.
Este operativo es un paso, un paso importante, pero solo eso, un paso. El camino es largo y cada día que pasa sin sostener esta presión, cada semana que las fuerzas federales se retiran y dejan vacíos de poder, cada mes que la coordinación se desvanece, el crimen organizado regresa. Podemos permitírnoslo porque detrás de cada sicario abatido hay familias que merecen paz.
Detrás de cada gramo de fentanilo de comisado hay vidas salvadas. Y detrás de cada operativo exitoso debe haber la voluntad política de convertir victorias tácticas en cambios estructurales. México puede hacerlo. Tenemos las fuerzas, tenemos la capacidad. Solo nos falta la decisión colectiva de no rendirnos, de no aceptar la violencia como normalidad, de exigir que nuestras instituciones estén a la altura del desafío y ese desafío comienza reconociendo que operativos como este no son el final de nada, son apenas el principio de lo que tenemos que hacer.
Yeah.