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¡CAYÓ RUBÉN! PRESUNTO RESPONSABLE DE LA MUERTE DE SU ESPOSA, HUYÓ CON SU HIJA A LA CDMX

A quien luego secuestró esta pequeñita. Son las fotografías de las cámaras de seguridad en las que se ve él, el padre, la niña de Leisa Fregoso de 5 años de edad, mientras caminan por un estacionamiento en San Isidro hace 3 días, alrededor de las 4 de la mañana, una calle dormida del barrio West Adams en Los Ángeles, California.
El cielo todavía oscuro, el aire frío, las casas en silencio y una camioneta Land Rover que arranca despacio sin prisa, como si quien va al volante supiera exactamente a dónde va. Adentro, una niña de 5 años. Dale, va dormida en el asiento sin saber que esa será la última vez que alguien la vea en su propia casa. Lo que esa cámara de vigilancia grabó esa madrugada del 24 de mayo de 2026 es el principio de una historia que cruzó una frontera entera.
Una mujer muerta del lado norte, un hombre que huye y una niña convertida sin entenderlo en la única testigo de algo que nadie quería ver. Lo que estás a punto de escuchar no es un caso de cártel. No hay droga, no hay facción, no hay sicarios. Es algo más cercano, más frío y para muchos más aterrador.


Es lo que pasa puertas adentro, en una casa común, en una familia que sus vecinos creían normal. Déjame ponerte la escena completa. Domingo 25 de mayo de 2026, 12:40 de la tarde, casa marcada con el número 2620 de South 6 Avenue en el barrio West Adams de Los Ángeles. A pocas cuadras de Adams Boulevard, dentro de esa casa, las autoridades encuentran el cuerpo de una mujer.
Marisol García Palacios, alrededor de 34 años. Migrante mexicana originaria de Teopantlán, un pueblo del estado de Puebla, una mujer que cruzó la frontera buscando una vida mejor y que terminó muerta de forma violenta dentro de su propia casa. Las autoridades de los Ángeles confirman una sola cosa con claridad: Murió de forma violenta.
No dieron más detalles, no hablaron de arma, no hablaron de mecánica, solo eso murió de forma violenta. Y desde ese momento dos cosas faltan en esa casa. el esposo de Marisol y la hija de ambos. El esposo se llama Rubén Fregoso, 40 años. Y para cuando encuentran a Marisol, Rubén ya no está en Los Ángeles, ya no está en California, ya ni siquiera está en Estados Unidos.
Imagina la escena del hallazgo. Una casa en una calle de clase trabajadora, como tantas en West Adams. Un barrio donde conviven familias migrantes que llegaron de medio mundo a empezar de cero. Por fuera nada llama la atención. Una puerta, una entrada, ventanas con cortinas, la fachada de cualquier hogar donde se supone que la gente está a salvo y adentro el peor de los descubrimientos.
Las autoridades llegan, entran y lo que encuentran convierte de inmediato esa dirección en escena del crimen. Cinta amarilla, patrullas, vecinos que se asoman sin entender. [música] Y la pregunta que empieza a correr de boca en boca por toda la cuadra, ¿dónde están el esposo y la niña? Porque en esa casa vivían tres personas y solo quedó una, la que ya no podía hablar.
Eso es lo que los noticieros te dijeron. Una mujer hallada sin vida, un esposo buscado, una niña desaparecida, tres líneas en una nota policial de esas que pasan rápido y se olvidan más rápido todavía. Pero lo que no te contaron, lo que casi nadie se detuvo a explicar, es como un hombre acusado de matar a su esposa logró cruzar una frontera internacional con su hija de 5 años.
Desaparecer en una ciudad de millones de habitantes, conseguir trab

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