283 armas de alto calibre aseguradas en un solo operativo. 27 vehículos blindados artesanales tipo monstruo incautados. 54 sicarios del CJNG capturados tras 6 horas de enfrentamiento. El martes 12 de noviembre de 2025 a las 04:37 de la madrugada, columnas de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Marina convergieron simultáneamente en cuatro municipios de Colima con una sola misión.
Desmantelar la infraestructura militar del cártel Jalisco Nueva Generación, que había convertido al Estado más pequeño de México en el más violento del país. Lo que encontraron en bodegas clandestinas, ranchos fortificados y campamentos ocultos en la zona limítrofe con Michoacán superó cualquier estimación de inteligencia previa.
El CJNG había acumulado en Colima un arsenal comparable al de un batallón militar completo, con capacidad para librar guerras territoriales durante meses sin necesidad de reabastecimiento. Mientras las familias de Manzanillo, Tecomán, Villa de Álvarez y Colima capital dormían, 800 elementos de fuerzas especiales iniciaron cateos coordinados en 23 ubicaciones identificadas mediante vigilancia aérea y trabajo de inteligencia humana infiltrada.
El plan era preciso, golpear simultáneamente para evitar que las células del CJNG tuvieran tiempo de reaccionar, evacuar o destruir evidencia. Pero lo que las autoridades no anticiparon completamente fue la resistencia que encontrarían en la comunidad de Chamila, en los límites entre Colima y Michoacán, donde un grupo de 80 sicarios decidió enfrentar al ejército con todo su poderío de fuego.
Esto no fue un operativo de arresto rutinario, fue el enfrentamiento más intenso registrado en Colima durante 2025 con 6 horas continuas de fuego cruzado que obligó a evacuar tres comunidades completas y requirió el despliegue de helicópteros artillados para romper el cerco que los sicarios intentaron establecer alrededor de las fuerzas militares.
iner que pueden soportar el peso adicional del blindaje sin colapsar la suspensión.
sobre la estructura original del vehículo, técnicos especializados, reclutados o forzados por el CEJO ANG sueldan placas de acero industrial de entre 12 y 25 mm de grosor. Estas placas cubren completamente la cabina, los costados, la parte trasera y en algunos casos hasta el techo del vehículo. Las ventanas se reemplazan con vidrio blindado de 40 mm, capaz de resistir impactos de rifles de asalto calibre 7.62.
Las llantas convencionales se sustituyen por llantas Room flat que permiten al vehículo seguir moviéndose incluso después de ser perforadas. Pero lo que convierte a estos vehículos en verdaderas amenazas militares son las modificaciones ofensivas. En la parte superior de muchos monstruos, el CJNG instala torretas giratorias donde montan ametralladoras calibre pun50 o ametralladoras ligeras M60 con capacidad de fuego de 500 disparos por minuto.
Algunos incluyen soportes laterales para lanzagranadas RPG7 que pueden dispararse desde el interior sin exponer a los sicarios. Los modelos más avanzados de comisados en Colima tenían incluso sistemas de comunicación integrados con antenas satelitales que permitían coordinación en tiempo real con otros vehículos de la flotilla.
El costo de construir un solo monstruo blindado oscila entre 800,000 y 1.2 millones de pesos dependiendo del nivel de sofisticación. Cada uno puede transportar entre 12 y 15 sicarios armados completamente protegidos mientras se desplazan hacia zonas de combate. Y su efectividad táctica es devastadora.
Durante enfrentamientos territoriales contra cárteles rivales o contra fuerzas de seguridad. Los monstruos funcionan como tanques que absorben fuego enemigo mientras los sicarios en su interior disparan desde posiciones protegidas. El CJNG no inventó esta técnica. Los primeros vehículos blindados artesanales en México fueron utilizados por los en Tamaulipas alrededor de 2010, pero el cejo ADNG perfeccionó el concepto, industrializó su producción y los desplegó en cantidades que ningún otro cártel había logrado.
Para 2025, inteligencia militar estimaba que el CJNG operaba más de 150 monstruos blindados distribuidos en Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Colima. y Colima se había convertido en el centro de fabricación y almacenamiento de esta flotilla criminal. Colima, el estado más pequeño de México, con solo 5625 km², tiene una posición geográfica que lo hace estratégicamente invaluable para el narcotráfico.
Limita con Jalisco al Norte, con Michoacán al este y tiene 160 km de costa en el Pacífico, al oeste donde opera el puerto de Manzanillo, el más importante de México para tráfico de carga internacional. Ese puerto no solo mueve mercancía legal, también es punto de entrada de precursores químicos provenientes de China, que el CJNG utiliza para fabricar metanfetamina y punto de salida de drogas hacia Estados Unidos vía marítima.
Controlar colima significa controlar rutas críticas de narcotráfico, acceso a insumos químicos y una zona de operaciones relativamente pequeña que es más fácil de dominar territorialmente que estados extensos como Michoacán o Jalisco. Por eso el CJNG invirtió tanto en consolidar su presencia militar en el estado. Para 2025, el CJNG controlaba prácticamente todos los municipios de Colima, mediante una combinación de violencia extrema, corrupción de autoridades locales y despliegue de recursos militares que superaban las capacidades de las
policías estatales y municipales. Las tasas de homicidio en Colima alcanzaron 104 asesinatos por cada 100,000 habitantes en 2024, la más alta de México, convirtiendo a este pequeño estado en el más violento del país. Los habitantes de municipios como Tecomán, Armería y Villa de Álvarez se habían acostumbrado a ver pasar con monstruos blindados del CEJ TNG por las calles en pleno día sin que ninguna autoridad los detuviera.
Los sicarios operaban con impunidad absoluta, estableciendo retenes ilegales en carreteras, extorsionando comerciantes y secuestrando a cualquiera que consideraran amenaza o competencia. Pero en septiembre de 2025 la Secretaría de Seguridad Federal decidió que Colima no podía seguir siendo territorio sin ley. El operativo del 12 de noviembre no fue improvisado, fue el resultado de 2 meses de trabajo de inteligencia coordinado entre la Sedena, la Marina, la Guardia Nacional y la Fiscalía General de la República. El 15 de septiembre, el
secretario de seguridad, Omar García Harfuch, activó el operativo Colima Seguro, un despliegue permanente de 2000 efectivos federales con la misión específica de recuperar el control territorial del Estado y desmantelar la infraestructura militar del CJNG. A diferencia de operativos previos que se enfocaban en arrestos de líderes específicos, este tenía objetivo más ambicioso, destruir la capacidad operativa del cártel, decomizando su armamento, sus vehículos, sus bodegas y sus campamentos. Durante 8 semanas,
equipos de inteligencia humana infiltrados en comunidades locales y agentes encubiertos dentro de células del CJ recopilaron información crítica. Identificaron 23 ubicaciones donde el cártel almacenaba armamento, fabricaba vehículos blindados, procesaba drogas o mantenía campamentos permanentes de sicarios.
Las ubicaciones incluían bodegas industriales abandonadas en la periferia de Manzanillo, ranchos ganaderos en Tecomán utilizados como talleres de blindaje, casas de seguridad en Villa de Álvarez funcionando como arsenales y campamentos ocultos en la zona montañosa entre Colima y Michoacán. La vigilancia aérea mediante drones equipados con cámaras de alta resolución y sensores térmicos confirmó actividad constante en estas ubicaciones, movimiento de vehículos durante la madrugada, presencia de grupos armados y, en varios casos, el desplazamiento de
los propios monstruos blindados entre distintos puntos. Pero la pieza de inteligencia más crítica llegó el 8 de noviembre, 4 días antes del operativo. Un informante infiltrado reveló que el CJNG estaba concentrando una cantidad inusualmente alta de sicarios y armamento en la comunidad de Chamila, en el municipio de Ilahuacán, justo en la frontera con Michoacán.
La razón, el cártel estaba preparando un operativo masivo para enfrentar a Cárteles Unidos en Michoacán y necesitaba consolidar recursos. El general Sandoval vio la oportunidad inmediatamente. Si el CJNG estaba concentrando recursos, un golpe coordinado en ese momento maximizaría lo decomizado y neutralizaría la capacidad del cártel de responder en múltiples ubicaciones simultáneamente.
La estrategia fue diseñada con precisión militar. 800 elementos divididos en 23 equipos de asalto golpearían las 23 ubicaciones identificadas exactamente a la 04:37 de la madrugada del 12 de noviembre. La hora fue calculada para coincidir con el momento de menor vigilancia de los sicarios cuando los turnos de guardia cambian y la tensión se relaja.
Cada equipo tendría helicópteros de apoyo en standby y unidades de respuesta rápida listas para reforzar cualquier punto que encontrara. resistencia significativa. El objetivo prioritario era Chamila, donde inteligencia estimaba la presencia de al menos 80 sicarios y la concentración más alta de monstruos blindados. Para ese punto específico se asignaron 180 elementos del gafe, con órdenes de rodear completamente el campamento antes de iniciar el asalto.
El 11 de noviembre, a las 22:00 horas, los 800 efectivos comenzaron a movilizarse hacia sus posiciones de ataque. Se desplazaron sin sirenas, sin luces, en convoyes pequeños que no levantaran sospechas. A las 036 horas del 12 de noviembre, todos los equipos reportaron estar en posición a las 0437. La orden fue transmitida simultáneamente a los 23 equipos. Iniciativo.
En 19 de las 23 ubicaciones Objetivo, el operativo se desarrolló sin mayor resistencia. Los sicarios presentes fueron sorprendidos durmiendo o con vigilancia mínima y se rindieron cuando vieron que estaban completamente superados en número y armamento. Las bodegas, talleres y arsenales fueron asegurados, el contenido documentado y los detenidos trasladados sin un solo disparo.
Pero en Chamila todo salió diferente. A las 0439, 2 minutos después de iniciado el operativo, los 180 elementos del gaf que rodeaban el campamento en la zona montañosa comenzaron su aproximación táctica. Avanzaban en formación de pinza desde tres direcciones, utilizando la oscuridad y el terreno montañoso como cobertura. El plan era llegar a 50 m del perímetro del campamento antes de anunciar su presencia mediante altavoces y dar oportunidad de rendición.
Pero a las 042, cuando los soldados estaban a 200 m del campamento, las luces de alta potencia del complejo se encendieron simultáneamente, iluminando toda la zona. Los sicarios del CJ habían detectado la aproximación, probablemente mediante sensores de movimiento o vigilancia nocturna, que las autoridades no habían anticipado.
Lo que siguió fue un estallido de fuego tan intenso que los soldados inicialmente creyeron estar bajo ataque de morteros. Pero no eran morteros, eran las ametralladoras calibre.50 montadas en los monstruos blindados que el CJNG había posicionado estratégicamente alrededor del campamento como defensa perimetral. Cinco monstruos blindados comenzaron a disparar coordinadamente desde posiciones elevadas, creando un círculo de fuego que obligó a los soldados del gafe a replegarse hacia cobertura natural en rocas y depresiones del terreno. El fuego era tan denso que
arrancar ramas de árboles, levantar polvo en nubes y hacer imposible cualquier avance. El comandante del operativo solicitó inmediatamente apoyo aéreo. A la 0451, dos helicópteros artillados Black Hawk despegaron de la base en Colima capital y llegaron a la zona de combate en menos de 12 minutos.
Desde el aire, las tripulaciones identificaron las posiciones de los cinco monstruos y comenzaron aproximación de ataque. Los sicarios respondieron girando las torretas de las ametralladoras hacia el cielo y disparando contra los helicópteros. Las ráfagas iluminaban la noche como fuegos artificiales mortales. Uno de los helicópteros recibió tres impactos en el fuselaje, pero el blindaje aguantó y la aeronave se mantuvo operativa.
Los pilotos respondieron con fuego de ametralladoras montadas en los helicópteros, concentrando disparos en las llantas de los monstruos blindados para inmovilizarlos. La táctica funcionó. En menos de 5 minutos, tres de los cinco monstruos quedaron inmóviles con las llantas destrozadas. Los sicarios abandonaron esos vehículos y corrieron hacia posiciones dentro del campamento.
Con la amenaza aérea de los monstruos neutralizada parcialmente, los soldados del gafe reiniciaron el avance, pero ahora enfrentaban fuego desde múltiples posiciones fortificadas dentro del campamento. Búnkeres improvisados con sacos de arena, trincheras excavadas en el terreno y edificaciones de concreto que funcionaban como puntos fuertes.
El enfrentamiento se convirtió en asedio. Durante las siguientes 4 horas, de la 0500 a la 09, los soldados avanzaron metro a metro utilizando tácticas de cobertura y movimiento, lanzando granadas de aturdimiento para desalojar posiciones y coordinando fuego de supresión desde los helicópteros cada vez que encontraban resistencia concentrada.
Los sicarios pelearon con determinación inusual, probablemente sabiendo que rendirse significaba décadas en prisión y que su única opción era resistir esperando refuerzos que nunca llegaron. Varios intentaron huir por la parte trasera del campamento, pero encontraron que esa ruta también estaba bloqueada por unidades militares.
A las 0830, la munición de los sicarios comenzó a agotarse. El fuego, que había sido constante durante horas, se volvió esporádico, con ráfagas aisladas en lugar de fuego sostenido. Los soldados aprovecharon para intensificar el cerco. A las 09:47, 6 horas y 10 minutos después de iniciado el enfrentamiento, los últimos 23 aún resistían en el edificio central del campamento hizaron una sábana blanca en señal de rendición.
El comandante del gaf ordenó alto al fuego. El silencio que siguió fue casi ensordecedor después de 6 horas de ruido constante de disparos, explosiones y helicópteros. Cuando los soldados ingresaron al campamento con las manos en alto y vehículos abandonados, encontraron una escena de devastación total. Esta violencia organizada revela que el CJNG no solo busca controlar plazas para vender drogas, busca establecer control territorial mediante capacidad militar que rivaliza con fuerzas estatales.
Cuando la Sedena, la Marina y la Guardia Nacional consolidaron los resultados del operativo en las 23 ubicaciones atacadas simultáneamente, las cifras revelaron el golpe más devastador que el CJNG había recibido en Colima en años. El decomiso de armamento superó cualquier operativo previo en el estado.
Las autoridades aseguraron un total de 283 armas largas de diversos calibres distribuidas en las distintas ubicaciones. El inventario incluía 167 rifles de asalto entre AR15, AK47 y FXT05 con miras telescópicas y cargadores de alta capacidad, 34 ametralladoras ligeras, M60 y M249 con capacidad de fuego sostenido, 28 rifles de precisión, Barret calibre50 utilizados como armas antivehículo, 23 lanzagranadas RPG 7 con6 proyectiles, explosivos listos para usar y 31 escopeta.
as calibre 12 de combate urbano. Todas las armas tenían números de serie limados, todas estaban en condiciones operativas y muchas mostraban uso reciente con residuos de pólvora en los cañones. Además del armamento convencional, se decomizaron 340,000 cartuchos de munición de diversos calibres almacenados en cajas militares.
Suficiente munición para sostener enfrentamientos prolongados durante semanas. También se aseguraron 89 chalecos antibalas nivel 3 y quartar, quiero capaces de resistir impactos de rifles de asalto, 124 cascos balísticos, 67 uniformes tácticos tipo militar con insignias del CJNG y equipo de comunicación, incluyendo 45 radios de largo alcance y 12 inhibidores de señal utilizados para bloquear comunicaciones policiales durante operativos.
Pero el decomiso más impactante fueron los vehículos blindados. Las autoridades aseguraron 27 monstruos en total distribuidos en las distintas ubicaciones. 18 estaban completamente operativos y listos para combate con torretas montadas y ametralladoras instaladas. Cinco estaban en proceso de fabricación en talleres clandestinos con el blindaje parcialmente soldado y pendientes de instalación de armas.
Cuatro habían sido utilizados en el enfrentamiento de Chamila y quedaron severamente dañados por fuego de helicópteros. El valor total de esta flotilla blindada fue estimado en más de 25 millones de pesos, representando una de las pérdidas materiales más significativas para el cejo TNG en un solo operativo.
En los talleres de fabricación descubiertos en las bodegas de Manzanillo y Tecomán, los investigadores encontraron infraestructura completa para producción industrial de monstruos. Estaciones de soldadura con equipos profesionales, cortadoras de plasma para cortar placas de acero, gruas hidráulicas para levantar blindaje pesado y almacenes con suficientes materiales para construir al menos 15 vehículos blindados adicionales.
Las bodegas operaban bajo fachadas de talleres mecánicos legítimos, pero en secciones traseras ocultas funcionaban las verdaderas operaciones de blindaje que empleaban entre 8 y 12 técnicos especializados por ubicación. El decomiso de drogas también fue significativo, aunque no el componente principal de este operativo. Se aseguraron 2.
8 toneladas de metanfetamina cristalizada, 340 kg de cocaína, 180 kg de fentanilo en polvo y 100 kg de marihuana distribuidos en las distintas ubicaciones. El valor en calle se calculó en aproximadamente 180 millones de pesos. El número de detenidos alcanzó 54 sicarios del CJNG capturados en las 23 ubicaciones. De ellos, 23 correspondían al enfrentamiento de Chamila.
19 más fueron arrestados en otras ubicaciones sin resistencia y 12 fueron capturados intentando huir después de que comenzó el operativo. Todos enfrentan cargos federales por delincuencia organizada, portación de armas de uso exclusivo del ejército y, en el caso específico de los involucrados en Chamila, intento de homicidio contra militares en cumplimiento de su deber.
Entre los detenidos se identificaron cuatro operadores de nivel medio del CJNG que coordinaban células en distintos municipios de Colima, incluyendo un hombre conocido como el flaco, responsable de supervisar la fabricación de vehículos blindados y adquisición de armamento. El flaco, cuyo nombre real es Ricardo Ávila Sánchez, de 34 años, llevaba 3 años operando en Colima y era buscado por autoridades de Jalisco y Michoacán por múltiples homicidios.
Las bajas del enfrentamiento de Chamila fueron sorprendentemente bajas, considerando la intensidad del combate. Tres sicarios murieron durante las 6 horas de fuego, todos por impactos de francotiradores militares en momentos en que representaban amenaza inmediata para soldados. Del lado de las fuerzas federales, siete elementos resultaron heridos por metralla y fragmentos, ninguno de gravedad, todos estabilizados en hospitales militares.
Un helicóptero recibió daños moderados, pero pudo regresar a base sin problemas. La Fiscalía General del Estado de Colima está procesando toda la evidencia de comisada para construir casos que vincularán esta infraestructura militar con crímenes específicos cometidos en el Estado durante 2024 y 2025, incluyendo 47 homicidios donde se utilizaron armas de alto calibre consistentes con las aseguradas, 23 secuestros de empresarios y ganaderos y el ataque con vehículos blindados a una base de la policía.
estatal en Villa de Álvarez en julio de 2025 que dejó cinco policías muertos. El secretario García Harfuch calificó el operativo como un punto de inflexión en la recuperación de Colima durante conferencia de prensa el 13 de noviembre, donde se exhibieron los 27 monstruos blindados de comisados formados en fila como trofeos de guerra.
Y tenía razón, el CJNG había perdido en 24 horas lo que le tomó años acumular. y su capacidad de proyectar poder militar en Colima quedó severamente comprometida. El operativo del 12 de noviembre en Colima no fue simplemente un decomiso de drogas y armas, fue el desmantelamiento de una capacidad militar que un cártel mexicano había construido para funcionar como ejército paralelo capaz de enfrentar al Estado en combate abierto.
Los 27 monstruos blindados de comisados representan algo más profundo que vehículos modificados. Representan la evolución del crimen organizado mexicano de grupos criminales tradicionales a organizaciones paramilitares con capacidad de fabricar, desplegar y operar flotas de vehículos blindados comparables a los que utilizan ejércitos regulares en zonas de conflicto.
Esto no es narcotráfico convencional, esto es insurgencia criminal que desafía el monopolio del Estado sobre el uso legítimo de la fuerza. Durante años, autoridades mexicanas se enfrentaron al crimen organizado con tácticas diseñadas para combatir grupos delictivos tradicionales, arrestos de líderes, decomisos de drogas en tránsito, desarticulación de células mediante trabajo de inteligencia.
Esas tácticas funcionaban cuando los cárteles eran organizaciones fluidas que evitaban confrontación directa con el Estado. Pero el CEJ ANG cambió las reglas del juego. No evita confrontación, la busca. No huye cuando llegan fuerzas federales, resiste con ametralladoras calibre pun50 durante 6 horas.
Esa evolución obligó al Estado mexicano a evolucionar también. El operativo Colima Seguro no fue una serie de arrestos oportunistas, fue una campaña militar coordinada diseñada específicamente para destruir infraestructura bélica del CEJO ANG usando tácticas de guerra, inteligencia satelital, asaltos simultáneos en múltiples objetivos, apoyo aéreo con helicópteros artillados y despliegue de fuerzas especiales entrenadas en combate de alta intensidad. Y funcionó.
El CJNG perdió 25 millones de pesos en vehículos blindados, destruidos o incautados. Perdió capacidad de producir más monstruos con el desmantelamiento de talleres clandestinos. Perdió 283 armas que no dispararán contra soldados, policías o civiles y perdió 54 operadores que no coordinarán más operativos.
Pero sería ingenuo pensar que el problema está resuelto. El CJNG sigue operando en 28 de los 32 estados de México. Sigue generando miles de millones de pesos anuales mediante narcotráfico, extorsión y secuestro y tiene capacidad de reclutar nuevos icarios, fabricar nuevos monstruos y recomponer su estructura operativa en cuestión de meses.
La diferencia es que ahora sabe que cuando concentra recursos en un estado, el Estado mexicano tiene capacidad de detectarlo y desmantelarlo con la contundencia que se vio en Colima. México necesita que operativos como este se repliquen en Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Guerrero y cada estado donde el crimen organizado opera con impunidad.
Necesita invertir más en inteligencia que pueda detectar talleres clandestinos antes de que produzcan flotas enteras de vehículos blindados. Necesita mantener presencia permanente de fuerzas federales en estados que han sido capturados por cárteles, no solo operativos esporádicos que duran semanas y luego se retiran dejando el vacío y necesita procesar judicialmente a los 54 detenidos de manera que las sentencias sean ejemplares y disuasorias.
No puede permitirse que estos sicarios salgan en 5 años por tecnicismos legales o corrupción judicial. Cada uno debe enfrentar décadas en prisión por los crímenes que cometieron. Detrás de esos 27 monstruos blindados de comisados, hay historias de terror que las comunidades de Colima vivieron durante años. Hay comerciantes que pagaron extorsiones viendo pasar esos tanques criminales frente a sus negocios.
Hay familias que perdieron seres queridos en ataques ejecutados. Desde esos vehículos hay policías municipales que fueron masacrados cuando esos monstruos atacaron sus bases. El 13 de noviembre, un día después del operativo, habitantes de Tecomán salieron a las calles para ver los 27 monstruos blindados alineados en exhibición pública antes de ser destruidos por la Sedena.

Una mujer de aproximadamente 60 años se acercó a uno de los vehículos, tocó las placas de acero con la mano y comenzó a llorar. Un soldado que custodiaba la exhibición le preguntó si estaba bien. Ella respondió entre lágrimas, “Mi hijo era policía municipal. Lo mataron sicarios que venían en uno de estos monstruos hace dos años.
Ver que finalmente los destruyeron me da paz.” Esa es la realidad que los números no capturan. Detrás de cada arma decomizada, cada vehículo destruido, cada sicario arrestado, hay víctimas que finalmente pueden comenzar a creer que la justicia es posible. El crimen organizado funciona mediante la percepción de invulnerabilidad.
Despliega monstruos blindados en pleno día para demostrar que es más fuerte que el estado. Enfrenta a fuerzas federales durante 6 horas para demostrar que no tiene miedo. Fabrica arsenales completos para demostrar que puede sostener guerras prolongadas. Pero el 12 de noviembre en Colima, el Estado mexicano demostró algo más fuerte, que puede detectar esos arsenales, desmantelar esas fábricas, destruir esos monstruos y capturar a esos sicarios cuando decide actuar.
con la determinación que esta amenaza requiere. Colima no está completamente libre. El CJNG sigue presente, pero ya no opera con la impunidad que tenía. Y eso para comunidades que vivieron años aterrorizadas es el comienzo de la esperanza, porque detrás de cada monstruo blindado, destruido, hay un mensaje claro.
Ningún cártel es tan fuerte como cree y ningún arsenal es invulnerable cuando el Estado decide recuperar el territorio que le pertenece. M.