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A sus 80 años, Rosendo Cantú por fin rompe el silencio sobre el amor de su vida

Ya ha entrado el nuevo milenio Ponea Francela 2001 a 2002 lo catapultó a un nivel de popularidad sin precedentes. Este ciclo de sketch humorísticos producido por Telefó que desplegara todo su repertorio actoral: imitaciones, personajes caricaturescos, monólogos, dúos explosivos. Cada semana el país entero repetía frases como a comerla o es lo que hay valor que se convirtieron en latiguillos nacionales trascendiendo la pantalla para integrarse en el habla popular.
Pero el mayor mérito de Pone a Francela no fue solo su impacto masivo, sino su cuidado por la puesta en escena, los guiones trabajados y la calidad actoral de sus participantes, lo cual elevó el humor televisivo a otro nivel. En una época de fuerte competencia y cambios en el consumo mediático, Francela consolidó su lugar como estandarte de la televisión argentina.
El salto al cine, la consagración artística. A pesar de su inmenso éxito en la televisión, Guillermo Francela siempre tuvo una ambición artística más profunda. Sabía que el cine ofrecía un terreno distinto, más exigente, con reglas narrativas y estéticas que requerían una madurez actoral diferente. Su primer acercamiento al séptimo arte fue con papeles ligados al humor ligero.
como papá se volvió loco o un argentino en Nueva York, que le permitieron seguir explorando el género de la comedia desde una nueva perspectiva. Sin embargo, fue su transición al drama lo que sorprendió al público y a la crítica. El gran punto de inflexión llegó en 2009 con El secreto de sus ojos, la aclamada película de Juan José Campanella que ganó el Óscar a mejor película extranjera.


Allí, Francela interpretó a Pablo Sandoval, un personaje entrañable, melancólico y lúcido, que demostró su capacidad para conmover más allá de la risa. La actuación fue celebrada por críticos internacionales y marcó un antes y un después en su carrera. A partir de ese momento, comenzó a ser considerado no solo un cómico talentoso, sino un actor completo capaz de navegar con naturalidad tanto el drama como la comedia, lo trágico y lo hilarante.
En los años siguientes continuó transitando el camino cinematográfico con aciertos rotundos como El clan 2015, bajo la dirección de Pablo Trapero, donde interpretó al siniestro Arquímedes Pucho en un giro oscuro que dejó al público boqui abierto. Su interpretación fue perturbadora, precisa y contenida, lo que le valió reconocimientos en festivales internacionales y consolidó su estatus de actor dramático de excelencia.
Francela en el teatro y la era del streaming, paralelamente nunca abandonó el teatro. Obras como Los productores, casados sin hijos o perfectos desconocidos lo mantuvieron en contacto directo con su público y cada función se convirtió en un evento. Su trabajo sobre las tablas ratificó su capacidad camaleónica y su carisma inigualable.
Ya en la era del streaming supo adaptarse a las nuevas dinámicas. En 2021 protagonizó el encargado, una serie de Star Plus que combinó humor negro con crítica social y que se convirtió en un éxito absoluto en toda América Latina. La serie lo mostró en una nueva faceta, la del personaje silencioso, manipulador, ambiguo y fascinante.
Una interpretación madura y desafiante que volvió a confirmar su vigencia. A lo largo de más de cuatro décadas, Francela ha logrado algo que pocos artistas consiguen. Trascender generaciones. Niños, adultos y mayores lo identifican. Su imagen remite a momentos de alegría, de ternura, pero también de reflexión y calidad interpretativa. Su carrera ha sido un ejemplo de evolución, riesgo y compromiso con el arte.
Inagotable inquietud artística y su constante búsqueda de nuevos desafíos hicieron que Francela no se conformara con el lugar privilegiado que ya había ganado. A diferencia de otras figuras que tras alcanzar el éxito masivo optan por la repetición de fórmulas conocidas, él apostó por la evolución. Su versatilidad se convirtió en su mayor fortaleza.
No temía transitar de la risa al llanto, del escenario a la pantalla grande, ni de la comedia popular a los dramas más intensos. Uno de los puntos más altos de esta nueva etapa cinematográfica fue su trabajo en el clan 2015 bajo la dirección de Pablo Trapero. En esta película basada en hechos reales, Francela interpretó a Arquímedes Pucho, un personaje siniestro y frío, muy alejado de los arquetipos cómicos a los que tenía acostumbrado al público.
Su actuación fue escalofriante y reveladora. mostró a un actor maduro capaz de habitar los rincones más oscuros del alma humana sin perder un gramo de credibilidad. La crítica lo celebró, los festivales lo aplaudieron y el público se rindió una vez más ante su capacidad camaleónica. Más allá del personaje, la evolución humana y profesional, y entre los múltiples episodios que generaron controversia, surgió una conexión inesperada con la cantante Patti Kantú.
Aunque los detalles siempre fueron vagos y rodeados de especulación, su nombre apareció en entrevistas, notas de prensa y hasta en algunas letras. ¿Fue una colaboración truncada, una amistad malinterpretada o algo más íntimo que nunca se hizo público? Nadie lo sabe con certeza. Lo único seguro es que el enigma sigue alimentando la leyenda.
Hoy, tras la revelación de su hijo, el legado de Rosendo Cantú vuelve a colocarse en el centro del debate. Fue víctima o artífice de las circunstancias que lo rodearon. Luchó por preservar una herencia cultural o por quedarse con un nombre. La respuesta quizás esté en medio de ambas posturas. Lo que nadie puede negar es que su presencia marcó a una generación entera, que su bajo sexto sigue sonando en las radios de los pueblos, que sus canciones, incluso en la era del reggaetón y el trap, siguen llenando de orgullo a los amantes del regional
mexicano. Rosendo Cantú no fue perfecto, pero fue auténtico y eso en un mundo donde las apariencias suelen imponerse ya es mucho decir. Rosendo Cantú de los campos de China, Nuevo León. Al corazón eterno de la música norteña. Su mirada se extendía más allá de los campos de maíz y las áridas llanuras que lo vieron nacer.
Rosendo Cantú, aún siendo un niño, comprendió que el mundo era mucho más grande que el horizonte que alcanzaba desde el rancho los laureles. Aquel lugar, tan cargado d

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