82 hombres cruzaron el límite de San Luis Potosí, convencidos de que nadie los esperaba. No era arrogancia sin fundamento, era el tipo de confianza que se construye después de meses de operaciones exitosas en territorios donde el CJNG había llegado, había aplicado presión y había doblegado estructuras criminales que llevaban años establecidas sin que nadie pudiera detenerlos.
La lógica era simple y había funcionado en Guanajuato, en Michoacán, en Aguascalientes. Llegas con número suficiente, con armamento suficiente, con disposición para ser más violento que cualquiera que ya esté ahí. y el territorio cambia de dueño. San Luis Potosí era el siguiente paso en la expansión del corredor que el CJNG necesitaba controlar para mantener rutas de distribución hacia el noreste del país después de los golpes que habían recibido en Tamaulipas.
era estrategia, no capricho, y era exactamente el tipo de movimiento predecible que los murciélagos llevaban semanas esperando. Los murciélagos no son un cártel en el sentido convencional de la palabra. Son algo que tomó años entender para los analistas de inteligencia que los estudian desde afuera y que probablemente nunca van a entender completamente desde adentro.
son la respuesta que San Luis Potosí desarrolló orgánicamente ante dos décadas de presión del crimen organizado. Una estructura de seguridad paralela que opera en los espacios donde el Estado no llega o donde el Estado llegó, pero fue corrompido hasta volverse parte del problema en lugar de parte de la solución.
Tienen presencia en 17 municipios del estado. conocen cada camino, cada rancho, cada punto de agua, cada paso de montaña en el territorio que consideran propio con la intimidad, que solo dan años de vivir en un lugar y la necesidad de conocerlo mejor que cualquier adversario que llegue de afuera, y habían recibido la información que necesitaban con tiempo suficiente para prepararse, no días, semanas.
Cuando los 82 sicarios del CJ comenzaron a moverse desde Jalisco hacia San Luis Potosí, cuando empezaron a concentrar vehículos y armamento en ranchos de la zona limítrofe entre los dos estados, cuando comenzaron a hacer los movimientos de preparación que cualquier operación de esa escala requiere y que son imposibles de ocultar completamente, los murciélagos ya sabían, no todo.
Nunca se sabe todo en este tipo de conflicto, pero sabían suficiente. Sabían que venían 80 y tantos. Sabían que traían armamento pesado. Sabían que el objetivo declarado era establecer control sobre tres municipios específicos del sur del estado, que son el punto de acceso a las rutas que conectan con el noreste.
Y sabían algo más que los 82 hombres que cruzaron ese límite estatal. No sabían que el ejército mexicano había reforzado su presencia en la región de manera silenciosa, sin comunicados de prensa, sin operativos visibles que alertaran a cualquier observador del CJNG que monitoreara movimientos militares. 450 efectivos distribuidos en posiciones que los murciélagos habían ayudado a seleccionar porque conocían el terreno mejor que cualquier manual militar podía enseñar.
La trampa estaba lista antes de que los 82 sicarios terminaran de desayunar esa mañana. Para entender por qué el CJTNG tomó la decisión de moverse hacia San Luis Potosí en ese momento específico, hay que entender el estado de la organización después de las semanas previas. La muerte del mencho había sido el golpe fundacional, no solo la pérdida de un líder, sino la pérdida de la arquitectura de decisiones que el Mencho había construido durante 20 años y que era el sistema nervioso central de una organización que opera en 29 estados con decenas de miles de personas. La
masacre del funeral había sido el segundo golpe, la eliminación simultánea de decenas de mandos que habían emergido como candidatos naturales a llenar el vacío. Y la emboscada en Tamaulipas había sido el tercero. 89 operativos muertos y cuatro comandantes críticos eliminados en 19 minutos, tres golpes en semanas, cada uno suficiente para quebrar organizaciones más pequeñas.
El CJNG no se quebró, pero crujió. Y cuando las organizaciones CRJN bajo presión extrema cometen el error que cometen todas las estructuras bajo estrés, priorizan la demostración de fortaleza. sobre el cálculo táctico correcto. Necesitaban una victoria. Necesitaban algo que circulara en los grupos de comunicación interna del cártel, en los territorios donde operaban, en los mercados criminales donde la reputación determina quién puede negociar y quién no.
Necesitaban demostrar que a pesar de todo lo que había pasado, el CJNG seguía siendo capaz de tomar territorio. San Luis Potosí fue seleccionado porque los mandos que habían sobrevivido a los tres golpes anteriores lo evaluaron como el objetivo más alcanzable, un estado con estructura criminal local fragmentada, con presencia de grupos más pequeños que no tenían capacidad para resistir una operación de escala con acceso geográfico razonable desde sus posiciones en Jalisco.
que no evaluaron correctamente, lo que nadie en la cadena de mando que tomó esa decisión tenía información suficiente para evaluar era la profundidad real de lo que los murciélagos habían construido en ese territorio durante los últimos dos años. Y esa evaluación incorrecta iba a costarles todo.
Los 82 sicarios que entraron a San Luis Potosí eran gente capaz. No era relleno. El CJNG no manda relleno cuando intenta tomar un territorio nuevo, porque el costo de una operación fallida en términos de reputación es más alto que el costo de esperar y mandar a los mejores que tienen disponibles. Mandaron veteranos, mandaron gente con operativos anteriores exitosos, mandaron comandantes con experiencia en exactamente este tipo de expansión territorial.
que habían ejecutado en otros estados. El comandante al frente de la columna era conocido internamente como el arquitecto, no por vocación constructora, sino por la metodología con la que establecía control territorial. Llegaba, identificaba las estructuras de poder existentes, evaluaba cuáles podía corromper y cuáles necesitaba eliminar y construía sobre lo que quedaba.
Había funcionado en cuatro estados anteriores, llevaba 15 años en el cártel y había sobrevivido a todo lo que el cártel había sobrevivido, que era más de lo que la mayoría de las personas que conocen su historia esperarían. Era exactamente el tipo de operador que una organización bajo presión manda cuando necesita que algo funcione.
El problema no era la calidad de lo que mandaron. El problema era que llegaron a un lugar que ya los estaba esperando, con gente que los conocía mejor de lo que ellos se conocían a sí mismos en ese territorio y con una trampa que llevaba semanas siendo calibrada específicamente para ellos. Hay un rancho en el municipio de Cerritos, en el noreste de San Luis Potosí, que desde afuera parece exactamente lo que es.
Una propiedad ganadera de tamaño mediano con corrales que llevan años siendo usados, con instalaciones que el tiempo ha desgastado de la manera natural en que el tiempo desgasta todo en esa región. Por adentro es otra cosa. Es el punto de coordinación que los murciélagos usan cuando necesitan reunir a sus estructuras de diferentes municipios para operaciones que requieren presencia simultánea en más de un punto del territorio.
No es cuartel, es algo más difuso y por lo tanto más difícil de atacar o de detectar. Es un lugar de reunión que puede convertirse en instalación operativa en horas y que puede regresar a ser rancho ganadero normal con la misma rapidez. Tres semanas antes de que los 82 sicarios del CJNG cruzaran el límite estatal, ese rancho había sido el escenario de una reunión que reunió a los principales mandos de los murciélagos con tres oficiales del ejército mexicano, cuya presencia en ese lug
ar nunca apareció en ningún registro oficial. La reunión duró 4 horas. Lo que
se decidió en esas 4 horas no ha sido confirmado por ninguna fuente oficial ni lo será, pero sus consecuencias son visibles en cada decisión táctica que siguió. El ejército proporcionó la tecnología que los murciélagos no tienen. Interceptación de comunicaciones, rastreo satelital, visión nocturna, capacidad de fuego aéreo.
Los murciélagos proporcionaron lo que el ejército no puede tener sin años de presencia local. conocimiento exacto del terreno, redes de información en cada municipio, capacidad de moverse en el territorio sin levantar sospechas que cualquier elemento externo inevitablemente genera. Era una colaboración que ninguno de los dos lados admitiría públicamente.
Era también la colaboración más letal que los 82 sicarios del CJNG podrían haber enfrentado. El terreno de San Luis Potosí, en la región donde los murciélagos operan con mayor densidad, es uno de esos territorios que favorecen completamente al que lo conoce sobre el que llega de afuera. No es de cierto plano.
Es una combinación de llanuras abiertas, quebradas profundas, cerros con vegetación suficiente para esconder posiciones de observación y fuego, y caminos de terracería que desde el mapa parecen rutas de acceso, pero que en realidad son corredores de control, donde quien los conoce decide cuándo deja pasar y cuándo no.
Los murciélagos llevan años moviéndose en ese terreno. Conocen cada quebrada, conocen cada cerro donde una posición elevada domina el valle de abajo. Conocen los caminos que en temporada de lluvias se vuelven intransitables y los que se mantienen independientemente de la época del año. Conocen los ranchos cuyos dueños van a cerrar la puerta y los que van a avisar.
Es el tipo de conocimiento que no se adquiere en semanas de preparación. es el tipo de conocimiento que se acumula durante años de vivir en un lugar y de necesitar ese conocimiento para sobrevivir. Cuando el arquitecto y sus 81 hombres cruzaron el límite estatal y comenzaron a avanzar hacia los municipios objetivo, iban monitoreados desde el momento en que pusieron la primera llanta en territorio potosino.
No lo sabían. Los murciélagos habían establecido una red de observación que no requería tecnología sofisticada porque no necesitaba tecnología sofisticada para ser efectiva. Gente local, personas en comunidades a lo largo de las rutas de acceso que llevaban semanas sabiendo que algo venía y que habían acordado por las razones propias y diversas que cada uno tenía, avisar cuando lo vieran pasar.
No eran espías, eran agricultores, comerciantes, personas que vivían en esa tierra y que preferían que el conflicto que se avecinaba se resolviera rápido y lejos de sus casas. Cuando la columna del CJNG pasó por el primer punto de observación, el mensaje llegó al rancho de Cerritos en menos de 10 minutos. Cuando pasó por el segundo, la confirmación llegó con detalles adicionales.
Número de vehículos, tipo de armamento visible, velocidad de desplazamiento, dirección precisa. Para cuando los 82 sicarios llegaron al punto donde los murciélagos habían decidido que ocurriría el primer contacto, el mapa completo de su movimiento había sido reconstruido con una precisión que ningún sistema de rastreo externo habría podido igualar.
Y el ejército, con sus 450 efectivos distribuidos en posiciones que los murciélagos habían seleccionado, ya estaba en su lugar. El primer contacto no fue la emboscada. El primer contacto fue algo que el CJNG no esperaba porque no encajaba con el patrón de operación que habían visto en otros estados donde habían expandido.
Fue una negociación o algo que tenía la apariencia externa de una negociación. Tres hombres de los murciélagos, sin armas visibles en un vehículo ordinario, se posicionaron en la carretera frente a la columna del CJNG, en un punto donde la carretera pasaba entre dos cerros, que desde abajo parecían vegetación común.
Desde arriba eran dos posiciones de fuego perfectas. El mensaje que transmitieron al arquitecto era simple. Este territorio no está disponible. Hay caminos de vuelta que todavía están abiertos. En las próximas horas no estarán. Era una oferta que cualquier mando con experiencia real habría evaluado con cuidado antes de rechazar. El arquitecto la rechazó sin evaluarla, no por falta de inteligencia, por el contexto en el que operaba.
Venía con la presión de una organización que necesitaba una victoria. Venía habiendo recibido instrucciones de mandos que habían perdido su posición de poder y que necesitaban demostrar que todavía la tenían. Venía con 81 hombres armados detrás y con la convicción basada en 15 años de experiencia de que los números y el armamento eran suficientes para resolver cualquier resistencia local.
mandó a los tres hombres de regreso con su propio mensaje. El CJNG no negocia territorio. El CJNG toma territorio. Los tres hombres de los murciélagos regresaron por donde habían venido sin prisa visible, y en el rancho de Cerritos, el mando que había escuchado la respuesta del arquitecto a través del comunicado que llegó en menos de 20 minutos, tomó un teléfono y marcó un número que conectó directamente con el oficial del ejército que coordinaba los 450 efectivos, una sola frase: “Están adentro, pueden cerrar lo que siguió en
las próximas horas no fue una batalla en el sentido convencional de la palabra, fue el desplegamiento de una estrategia que había sido diseñada para un escenario específico y que ese escenario específico había llegado exactamente como se había anticipado. Las 450 personas que el ejército tenía distribuidas en posiciones comenzaron a moverse hacia los puntos de cierre que habían sido identificados semanas antes.
No todos los movimientos fueron hacia los 82 sicarios. Algunos fueron para cerrar las rutas de salida que los murciélagos sabían que el CJNG intentaría usar cuando entendiera que estaba en una trampa. Otros fueron para asegurar las comunidades civiles más cercanas al área de operación, porque en ese tipo de conflicto la protección de población civil no es solo obligación moral, sino necesidad táctica.
Una comunidad atacada o tomada como reen cambia completamente la dinámica de una operación y convierte en imposible muchas de las decisiones que de otra manera son posibles. Y los murciélagos en sus posiciones, en los cerros y en los caminos de terracería y en los puntos de observación que solo ellos conocían, esperaron.
Porque los murciélagos habían aprendido hace mucho tiempo que en su terreno la paciencia es la ventaja táctica más grande que existe. Los 82 sicarios del CJNG avanzaron durante 40 minutos más sin que ocurriera nada visible. 40 minutos en los que el arquitecto probablemente comenzó a sentir algo que la experiencia en 15 años de carrera criminal no podía nombrar con precisión, pero que el cuerpo reconoce antes de que la mente lo procese.
la ausencia de lo que debería estar ahí. En los territorios donde el CJNG había expandido exitosamente, había señales que confirmaban el avance, el repliegue visible de la organización local, las comunicaciones de inteligencia que mostraban movimiento de adversarios alejándose, la sensación de vacío que precede al control.
En San Luis Potosí había silencio, no el silencio del vacío, el silencio de algo que espera. El primer disparo no vino de donde el arquitecto esperaba. En los escenarios que había analizado, en los que su experiencia le decía que podían ocurrir, el primer contacto hostil vendría de frente o vendría de los flancos. Son las dos posiciones desde donde cualquier fuerza de resistencia que está defendiendo territorio ataca a una columna que avanza por una carretera.
Vino de arriba, del cerro que llevaba 40 minutos pareciendo vegetación común a la izquierda de la carretera, desde una posición que desde abajo era invisible, pero que desde arriba dominaba completamente los 300 m de carretera. que la columna del CKNG ocupaba en ese momento no fue un disparo, fue la señal. La señal que activó simultáneamente las cinco posiciones que los murciélagos y el ejército habían establecido en los puntos exactos donde la topografía convertía esos 300 m de carretera en lo que tácticamente se llama una zona de
muerte, un espacio donde no hay cobertura, no hay escape, no hay ángulo desde donde responder fuego sin exponerse a fuego desde otro ángulo. El arquitecto era suficientemente experimentado para entender en los primeros 3es segundos lo que estaba ocurriendo. Era también suficientemente experimentado para saber que entenderlo en los primeros 3 segundos no cambiaba las opciones disponibles de manera significativa. La columna estaba dentro.
Las primeras tres camionetas del frente intentaron acelerar hacia delante, que es el primer impulso cuando la posición actual está siendo atacada. salir de la zona de fuego moviéndose hacia el frente. El problema era que el frente estaba bloqueado, no por un vehículo visible, por una formación de roca que en esa curva específica de la carretera reducía el paso a un solo carril y donde dos vehículos militares que habían estado esperando detrás de esa curva durante horas cerraron el paso en el momento exacto en que el primer disparo
sonó en el cerro. Las tres camionetas que intentaron acelerar se encontraron con el bloqueo a 60 m. Frenaron y en ese momento de pausa que el freno crea cuando los conductores evaluaban en fracciones de segundo si podían maniobrar, si podían empujar los vehículos militares que bloqueaban, si había alguna opción en esa dirección, las ametralladoras en las posiciones elevadas comenzaron a trabajar.
El blindaje artesanal de las camionetas del CJNG es efectivo contra fuego de armas ligeras y resistente contra calibres medianos. No es efectivo contra la ametralladora de punto 50 que los tres equipos en las posiciones elevadas empezaron a operar con la disciplina de entrenamiento específico para exactamente este tipo de situación.
En 90 segundos, siete vehículos de los 19 que componían la columna estaban destruidos o completamente inhabilitados. Los sicarios que lograron salir de los vehículos encontraron exactamente lo que los murciélagos habían diseñado que encontraran. Los lados de la carretera no ofrecían cobertura real. La vegetación era suficiente para ocultarse a la vista, pero no para proteger contra el fuego.
Y los equipos en los cerros tenían cámaras térmicas que hacían irrelevante si alguien podía verte o no. Lo que veían era el calor de tu cuerpo y eso no se oculta detrás de vegetación. El arquitecto tomó la decisión tácticamente correcta dado el escenario, concentrar a los hombres que todavía podían moverse en los vehículos del centro de la columna y retroceder hacia la retaguardia, que todavía no había sido atacada con la misma intensidad que el frente.
Era correcto, porque la retaguardia tenía más espacio de maniobra y porque alejarse de la zona de mayor densidad de fuego siempre es mejor que quedarse en ella. Era incorrecto porque la retaguardia también estaba cerrada. Lo estaba desde hacía 20 minutos. Desde que el equipo de los murciélagos, que había estado siguiendo la columna a distancia, había cerrado el último punto de salida cuando la señal del primer disparo llegó a todos los equipos simultáneamente.

La columna estaba completamente rodeada. Lo que siguió durante las dos horas que continuó el enfrentamiento fue brutal y fue inevitable dado el diseño de la trampa, pero no fue unilateral en el sentido en que la masacre de Tamaulipas había sido unilateral. Los 82 sicarios del secta NG eran gente capaz y respondieron con la capacidad que tenían.
respondieron con todo lo que traían y traían mucho. Los lanzagranadas, que varios de ellos portaban, obligaron a los equipos en las posiciones elevadas a ajustar su exposición, porque un lanzagranada en manos de alguien que sabe usarlo puede alcanzar posiciones que el fuego directo no puede. Dos posiciones de los murciélagos tuvieron que cambiar de ubicación en los primeros 30 minutos, precisamente por el fuego de lanzagranadas que obligó a los operadores a moverse para no quedarse en posición que el CJNG había empezado a triangular. Varios sicarios del CJNG
lograron llegar a las quebradas laterales que el mapa sugería como posibles rutas de escape y que efectivamente tenían esa apariencia desde la carretera. Los murciélagos las conocían, los habían esperado en ellas. Dos equipos de cuatro hombres, cada uno posicionados en puntos donde las quebradas se estrechaban a pasos que un hombre solo podía cruzar en fila india.
neutralizaron a los 17 sicarios que intentaron usar esas rutas en los primeros 40 minutos del enfrentamiento. Era conocimiento de terreno convertido en ventaja táctica absoluta. El helicóptero del ejército apareció a los 52 minutos del inicio del enfrentamiento. No la minigun que había terminado la resistencia en Tamaulipas.
Era un helicóptero de observación y apoyo con tirador posicionado en la puerta que proporcionaba fuego de precisión sobre posiciones específicas que el coordinador del operativo identificaba desde la visión aérea. Eso cambió la dinámica final, de la manera que los helicópteros siempre cambian la dinámica cuando aparecen en un enfrentamiento terrestre.
Cualquier posición que funcionaba contra fuego horizontal dejaba de funcionar contra fuego vertical. Los sicarios que habían establecido posiciones defensivas detrás de los vehículos destruidos, que era la cobertura más sólida disponible en la zona de combate, quedaron expuestos. Para los 110 minutos del inicio del enfrentamiento, la resistencia organizada había dejado de existir.
Lo que quedaba eran individuos en situaciones imposibles, tomando decisiones finales con las opciones que les dejaba un escenario que había sido diseñado para no dejar opciones. Algunos intentaron rendirse, levantaron las manos, dejaron caer las armas, gritaron lo que se grita en esas situaciones. Los murciélagos, a diferencia de lo que había ocurrido en Tamaulipas, detuvieron el fuego sobre quienes lo hicieron.
Fue la diferencia más importante entre los dos operativos. No porque los murciélagos sean menos letales que los gafes que ejecutaron la emboscada de Tamaulipas. son letales en su terreno, de maneras que los gafes no son, sino porque los murciélagos necesitaban algo que la estrategia de exterminio de Tamaulipas no había buscado. Necesitaban información.
Necesitaban saber qué sabían esos hombres sobre los planes del CJNG para la región, qué rutas tenían identificadas, qué estructuras habían construido o intentado construir en los estados vecinos. ¿Quiénes eran los mandos que habían sobrevivido a los golpes de las semanas anteriores y desde dónde estaban operando? Esa información valía más que 82 cuerpos en una carretera potosina.
Valía más en términos estratégicos, en términos de la guerra de largo plazo que los murciélagos estaban librando para mantener su territorio, que cualquier demostración de poder que un conteo final de bajas pudiera proporcionar. El arquitecto estaba vivo cuando el fuego cesó, herido, con dos impactos en el torso que el chaleco antibalas había detenido, pero que le habían fracturado al menos dos costillas con el impacto, incapaz de moverse con libertad, pero vivo y consciente, y entendiendo con la claridad que a veces produce el shock
posterior al combate, que la operación que había liderado había fracasado de una manera que iba mucho más allá. ya del fracaso táctico. El conteo final cuando el polvo se asentó era devastador, pero no tan absoluto como el de Tamaulipas. 54 muertos del CJNG, 28 capturados, varios con heridas que requerirían atención médica que recibirían antes de ser trasladados a instalaciones del ejército.
cero escaparon de la zona de combate y en todo el operativo cuatro bajas entre los murciélagos y dos elementos del ejército con heridas que las primeras evaluaciones describían como no mortales. Era un resultado que contado en números era una victoria aplastante. Era también algo más complicado que eso. Lo que el arquitecto dijo en las primeras horas de interrogatorio no fue resultado de tortura.
Es importante decirlo no por razones de imagen, sino por razones de precisión, porque la distinción importa para entender la calidad de la información que proporcionó y la manera en que fue utilizada después. Los murciélagos llevan años desarrollando capacidad de interrogatorio que está basada en algo que el crimen organizado mexicano rara vez reconoce, pero que los analistas que estudian estas estructuras documentan con consistencia la comprensión de que la gente habla más y mejor cuando tiene razones para hablar que cuando tiene
razones para resistir. El arquitecto tenía razones para hablar, dos costillas fracturadas, una organización que había enviado a 81 hombres a una operación que había terminado con 54 muertos y 28 capturados, y la comprensión de alguien con 15 años de experiencia criminal, de que el valor que tenía para quien lo interrogaba era exactamente proporcional a la información que podía proporcionar.
Y la información que proporcionó, verificada posteriormente por fuentes independientes e inteligencia que el ejército ya tenía de manera fragmentaria, dibujó un mapa del estado del CJNG después de las semanas de golpes que nadie en ningún organismo oficial de seguridad tenía completo. El cuadro que emergió era el de una organización que no estaba quebrada, pero que estaba funcionando en un modo de operación que sus propios mandos describían internamente como crisis de continuidad.
La muerte del mencho había creado un vacío en la cúpula que ninguno de los supervivientes tenía la combinación de autoridad histórica y capacidad operativa para llenar de manera que fuera reconocida universalmente dentro de la organización. Había tres candidatos reales, el arquitecto los nombró.
Los murciélagos ya conocían dos de los tres. El tercero era información nueva que las siguientes semanas confirmaron como precisa. Cada uno de los tres candidatos tenía base de apoyo en diferentes regiones del país y en diferentes sectores funcionales de la organización. Ninguno tenía la capacidad de imponerse sobre los otros dos sin una confrontación interna.
que todos los tres estaban tratando de evitar, porque todos los tres entendían que una guerra de sucesión en el interior del CJNG, en este momento específico de presión externa máxima, podría terminar de fragmentar lo que los golpes externos no habían logrado fragmentar. La operación hacia San Luis Potosí había sido propuesta por uno de los tres candidatos como manera de demostrar capacidad operativa frente a los otros dos.
era competencia interna disfrazada de expansión estratégica y eso explicaba algo que los analistas habían notado pero no podido confirmar, que la operación había sido diseñada con recursos que no eran suficientes para el objetivo que se declaraba, que 82 sicarios no son suficientes para tomar y mantener tres municipios contra una resistencia local sólida, más presencia militar reforzada.
eran suficientes para una demostración, no para una toma real. El candidato que había propuesto la operación la había diseñado más como ejercicio de relaciones públicas internas que como operación táctica seria. La lógica era, llegamos, mostramos presencia, el CJNG ocupa territorio en San Luis Potosí, la noticia circula.
Yo quedo como el mando que mientras los otros dos discutían yo estaba expandiendo. La ejecución había encontrado algo que el cálculo político interno del cártel no había incluido adecuadamente, que San Luis Potosí no era territorio disponible de la manera en que otros habían sido disponibles. El arquitecto lo sabía desde que los tres hombres de los murciélagos se habían posicionado en la carretera.
Lo había sentido en el silencio de los 40 minutos antes del primer disparo y lo entendió completamente cuando el cerco se cerró y se dio cuenta de que cada punto de salida que su entrenamiento le indicaba que debería existir había sido bloqueado con precisión, que solo podía venir del conocimiento íntimo del terreno.
La información sobre los tres candidatos a la sucesión del mencho fue el corazón de lo que el arquitecto proporcionó. Pero no fue lo único. Habló de las rutas de abastecimiento que el CJNG usaba para mover armamento desde la frontera hacia sus territorios del centro y del occidente del país. Rutas que habían sido modificadas después de Tamaulipas, pero que seguían pasando por puntos geográficos.
específicos que la nueva información precisó con detalles que las intercepciones de comunicaciones habían dado de manera fragmentaria. habló de los acuerdos que el CJNG tenía con elementos corruptos en tres cuerpos de seguridad estatales diferentes, acuerdos que habían sido establecidos por el Ghost antes de su muerte en Tamaulipas y que nadie había tenido la autoridad clara para cancelar o renegociar en las semanas de caos posterior.
habló de los planes que existían para recuperar posición en Aguascalientes, donde el CJNG había sufrido una de las derrotas más significativas de los meses anteriores y donde la organización tenía interés estratégico en demostrar que podía regresar y habló en lo que los interrogadores describieron después como el momento más valioso del interrogatorio de un nombre que no era de los tres candidatos a la sucesión.
un nombre que nadie había mencionado en los análisis públicos sobre el futuro del Senge. un nombre que el arquitecto pronunció, no porque le preguntaran directamente sobre esa persona, sino porque al describir las dinámicas internas de la organización en las semanas posteriores a la muerte del mencho, ese nombre aparecía repetidamente como el punto de equilibrio entre los tres candidatos en competencia.
No era candidato, era árbitro. era alguien que había construido durante años una posición de poder que no dependía de la operación directa, sino del control de la infraestructura financiera que hacía que las operaciones de todos los demás fueran posibles. Sin ese control financiero, ninguno de los tres candidatos podía sostener sus operaciones más de semanas.
Y esa persona, cuyo nombre, los murciélagos, pasaron al ejército, y el ejército pasó a la fiscalía y a la DEA en las horas siguientes, era precisamente lo que ninguno de los golpes de las semanas anteriores había alcanzado. Era el sistema nervioso económico de lo que quedaba del CJNG. Y hasta ese interrogatorio en un rancho de San Luis Potosí era invisible.
Los 28 capturados proporcionaron información de calidad variable, como siempre ocurre con capturas múltiples en un operativo de esta naturaleza. Algunos hablaron ampliamente y proporcionaron detalles verificables que enriquecieron el panorama. Algunos dieron información parcialmente correcta y parcialmente diseñada para desviar atención de personas o estructuras que querían proteger, lo cual también es útil porque los patrones de lo que alguien elige no decir dicen tanto como lo que dice.
Algunos callaron. Los que callaron fueron los que el ejército se llevó a instalaciones, que no son los centros de detención convencionales, y donde el proceso de obtención de información sigue protocolos que ningún funcionario confirmaría en conferencia de prensa, pero que existen y que han existido durante décadas en la guerra de México contra el crimen organizado.
Ese es el lado del operativo que tampoco aparecerá. en los comunicados oficiales. La versión oficial, cuando llegó después fue la que cualquier observador habría podido predecir. Operativo exitoso de fuerzas armadas en coordinación con autoridades locales. Resultado de meses de trabajo de inteligencia. Golpe significativo al intento del CJNG de expandir operaciones hacia San Luis Potosí.
Lo que no dijo la versión oficial era que los murciélagos habían sido parte central del operativo, no porque hubiera razones para ocultarlo en términos de seguridad inmediata, sino porque reconocer públicamente la colaboración entre el ejército y una organización como los murciélagos abriría preguntas sobre la naturaleza de esa organización, que ningún funcionario del gobierno estaba interesado en responder.
En ese momento son los murciélagos una fuerza de autodefensa legítima. Son un grupo paramilitar que opera fuera del marco legal. son una organización criminal que compite con el CJNG, pero que en términos de sus métodos y su estructura no es fundamentalmente diferente. La respuesta honesta es que son las tres cosas dependiendo del ángulo desde el que se mire y del momento específico de su historia que se esté analizando.
Y esa respuesta no sirve para ningún comunicado oficial. Entonces, no apareció en ninguno la noticia. llegó al candidato que había propuesto la operación hacia San Luis Potosí de la manera en que llegan las noticias de operativos fallidos dentro del CJ, fragmentada, distorsionada por el deseo de quien la transmite de no ser el portador de algo que la organización castiga con consecuencias que van mucho más allá de lo simbólico.
Primero llegó como incertidumbre comunicaciones interrumpidas con la columna, vehículos que no reportaban en los tiempos establecidos, silencio donde debería haber confirmaciones. Después llegó como posibilidad. Algo había pasado. El silencio era demasiado completo para ser falla de comunicación ordinaria. Y finalmente, horas después, llegó como certeza.
54 muertos. 28 capturados, incluyendo al arquitecto. Cero escaparon. El territorio que se había declarado disponible había resultado ser el territorio menos disponible que el CJNG había intentado tomar en años. La reacción del candidato, según fuentes que conocen la dinámica interna de la organización en ese periodo, no fue la que cualquiera habría esperado de alguien que acaba de recibir una derrota de esa magnitud.
No fue rabia, no fue negación, fue la evaluación fría de alguien que entiende que en la política interna de una organización criminal, un fracaso de esta escala puede ser fatal en el sentido más literal de la palabra si los otros dos candidatos a la sucesión deciden que es la oportunidad de eliminarlo junto con la derrota que lo señala. Lo que siguió fue movimiento.
El candidato que había propuesto la operación empezó a reubicar sus recursos, sus personas de confianza, sus activos más críticos en posiciones que lo alejaban de la exposición que la derrota creaba. Los otros dos candidatos que habían observado con la ambigüedad calculada que requiere la política interna del narco, empezaron sus propios movimientos y la organización que tres meses antes había sido la más temida de México, que había tenido un liderazgo unificado bajo el mencho, que hacía posible la coordinación entre decenas de
células en 29 estados, empezó a mostrar las primeras señales visibles de lo que los analistas llevan semanas describiendo como fragmentación acelerada. No es colapso. La palabra colapso implica derrumbe repentino y el CJNG no va a derrumbarse repentinamente. Es algo más lento y en ciertos aspectos más peligroso.
Es el proceso por el cual una organización grande y coordinada empieza a funcionar como varias organizaciones medianas y semiindependientes que comparten marca y a veces comparten recursos. pero que toman decisiones de manera cada vez más autónoma y que eventualmente, si el proceso no se revierte, empiezan a competir entre sí por los mismos territorios y las mismas rutas.
La historia del narcoomexicano ha visto ese proceso varias veces. Los setas se fragmentaron de esa manera después de la muerte de Heriberto Lascano y la captura de Miguel Treviño. Lo que emergió de esa fragmentación fueron grupos que en términos individuales eran menos poderosos que los setas originales, pero que en términos de violencia local eran más intensos, más impredecibles, más difíciles de gestionar para las comunidades que los padecían y para las autoridades que intentaban combatirlos.
Es el dilema que cualquier estrategia contra el crimen organizado enfrenta cuando lleva sus golpes a la cúpula de una organización grande, que la alternativa a una organización grande y organizada puede ser varias organizaciones pequeñas y caóticas que producen más violencia difusa, aunque menos poder concentrado.
San Luis Potosí quedó después del operativo en una posición que los analistas describen como victoria táctica consecuencias de gestión a largo plazo. El CJNG no tomó el territorio que buscaba tomar. Los murciélagos, en colaboración con el ejército, demostraron que San Luis Potosí no es territorio disponible para expansión de ninguna organización que llegue de afuera con la metodología de conquista rápida que el CJNG había aplicado en otros estados.
Eso es real y tiene valor. Pero también es real que el territorio que los murciélagos defendieron no es territorio bajo control del Estado mexicano en el sentido que ese control debería tener. Es territorio bajo control de los murciélagos y los murciélagos, por efectivos que sean combatiendo al CJNG, no son el Estado.
No tienen el mandato democrático que legitima el uso de la fuerza. No tienen los mecanismos de rendición de cuentas que se supone deben existir cuando se ejerce poder sobre una comunidad. no tienen la visión de largo plazo que distingue administración de territorio de extracción de recursos del mismo.
El Hay comunidades en San Luis Potosí que celebraron el resultado del operativo con la misma ambigüedad que las comunidades de Tamaulipas habían celebrado la masacre de la carretera. alivio de que el CJNG no logró establecerse, preocupación de que lo que se estableció en lugar del CJNG no es necesariamente menos problemático para la vida cotidiana.
Los agricultores que cerraron la puerta cuando la columna del CJNG pasó y avisaron a los murciélagos, lo hicieron por razones que tenían sentido en ese momento. Algunos lo hicieron por convicción de que los murciélagos son mejor opción que el CJNG. Algunos lo hicieron porque los murciélagos les habían dejado claro en conversaciones que nadie habría descrito oficialmente como amenazas, pero que funcionaban exactamente como amenazas, que no avisar tendría consecuencias.
Esa distinción importa para entender la naturaleza del poder que los murciélagos ejercen en ese territorio. No es poder que emerge del consentimiento genuino, aunque se nutre de apoyo real. Es poder que emerge de ser la amenaza más familiar y más predecible en un ambiente donde las amenazas no desaparecen, sino que se reemplazan.
El ejército, que fue parte central del operativo, enfrenta su propia versión de este dilema. Los 450 efectivos que se desplegaron en San Luis Potosí para ese operativo no pueden quedarse indefinidamente. El ejército mexicano tiene presencia permanente en el estado, pero no con esa densidad y esa especificidad operativa que requiere el sostenimiento del territorio después de un enfrentamiento de esta magnitud.
Cuando se vayan, el territorio quedará como quedó antes, bajo la influencia de los murciélagos, con presencia institucional del Estado que es real en las ciudades y más tenue en las zonas rurales donde ocurrió el enfrentamiento. El CJNG o lo que el CJNG sea en semanas o meses evaluará esa información. Puede concluir que San Luis Potosí sigue siendo territorio no disponible y concentrar sus recursos en otras direcciones.
Puede concluir que la derrota se debió a factores específicos que en una segunda operación diseñada con diferente metodología no estarán presentes. Puede fragmentarse de tal manera que la decisión de intentar o no intentar San Luis Potosí ya no sea una decisión organizacional. sino una serie de decisiones autónomas de grupos que comparten el nombre, pero no la coordinación.
Cualquiera de esos tres escenarios tiene implicaciones distintas para San Luis Potosí y para los murciélagos y para el ejército. Ninguno de los tres es escenario de paz. La información que el arquitecto proporcionó sobre el árbitro financiero del SECO ANG, sobre la persona invisible que controlaba la infraestructura económica de lo que quedaba de la organización, fue transmitida a la Fiscalía General de la República y a la DEA.
Las investigaciones que abrió esa información están en curso. Su resultado, si llega, llegará de maneras que probablemente no tendrán la espectacularidad táctica de una emboscada en Tamaulipas o un cerco en San Luis Potosí. Las batallas financieras contra el crimen organizado no tienen la narrativa visual de los operativos militares. Son investigaciones largas, complicadas, que dependen de cooperación internacional, de acceso a sistemas financieros, de la disposición de instituciones en múltiples países, de perseguir dinero que ha sido diseñado para ser invisible.
Pero son las batallas que importan en el largo plazo de una manera que los operativos tácticos, por espectaculares que sean, no pueden reemplazar, porque los cuerpos se reemplazan, el dinero que los genera también, pero desmantelar la infraestructura que mueve ese dinero, identificar los nodos donde la economía criminal se conecta con la economía legal, cortar esas conexiones de manera que no puedan reconstruirse en meses.
Eso es lo que distingue estrategias que producen cambio duradero, de estrategias que producen victorias que se celebran y luego se olvidan. México ha tenido muchas victorias que se celebraron y se olvidaron. La pregunta que San Luis Potosí, como Tamaulipas antes, como el funeral del Mencho antes, vuelve a plantear es si esta vez es diferente.
Si detrás de la espectacularidad táctica hay una estrategia de largo plazo que incluye la reforma de las instituciones que el crimen organizado ha corrompido durante décadas. Si la colaboración entre el ejército y estructuras como los murciélagos es el principio de algo que eventualmente consolida presencia del Estado legítimo, o si es el principio de algo que consolida nuevas formas de poder paralelo, que reemplaza al anterior sin resolver el problema de fondo.
Si la información del arquitecto va a producir una investigación que llegue al árbitro financiero invisible o va a perderse en la burocracia y la corrupción que han enterrado antes investigaciones con igual o mejor punto de partida. No hay manera de responder esas preguntas desde aquí. Lo que sí es posible es señalar que la diferencia entre San Luis Potosí y Tamaulipas no es solo de números.
En Tamaulipas 89 cuerpos y ninguna información sobre lo que esos 89 hombres sabían. En San Luis Potosí, 54 cuerpos y 28 personas vivas que saben cosas que el Estado necesita saber. Esa diferencia es pequeña si solo se cuentan muertos. Es enorme si se entiende que una guerra de esta naturaleza no se gana acumulando victorias tácticas, sino acumulando inteligencia que permita tomar decisiones estratégicas que cada batalla táctica por sí sola no puede producir.
Los murciélagos lo entendieron. Si el Estado mexicano también lo entiende, si usa lo que San Luis Potosí proporcionó de manera que trascienda el comunicado oficial y llegue a cambios reales en el panorama criminal que generó esos 82 hombres que entraron un día convencidos de que nadie los esperaba.
Eso va a determinar si esta historia se recuerda como un punto de inflexión o como otro episodio en una guerra que lleva décadas sin resolver su pregunta más fundamental. 82 sicarios del CJNG entraron a San Luis Potosí. Los murciélagos no les dieron ni un segundo y en ese segundo que no les dieron, quedaron guardadas preguntas que van a necesitar años para responderse.
si es que alguien tiene disposición de hacerlo.