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82 Sicarios del CJNG Entraron a San Luis Potosí — Los Murciélagos No Les Dieron Ni Un Segundo

82 hombres cruzaron el límite de San Luis Potosí, convencidos de que nadie los esperaba. No era arrogancia sin fundamento, era el tipo de confianza que se construye después de meses de operaciones exitosas en territorios donde el CJNG había llegado, había aplicado presión y había doblegado estructuras criminales que llevaban años establecidas sin que nadie pudiera detenerlos.
La lógica era simple y había funcionado en Guanajuato, en Michoacán, en Aguascalientes. Llegas con número suficiente, con armamento suficiente, con disposición para ser más violento que cualquiera que ya esté ahí. y el territorio cambia de dueño. San Luis Potosí era el siguiente paso en la expansión del corredor que el CJNG necesitaba controlar para mantener rutas de distribución hacia el noreste del país después de los golpes que habían recibido en Tamaulipas.
era estrategia, no capricho, y era exactamente el tipo de movimiento predecible que los murciélagos llevaban semanas esperando. Los murciélagos no son un cártel en el sentido convencional de la palabra. Son algo que tomó años entender para los analistas de inteligencia que los estudian desde afuera y que probablemente nunca van a entender completamente desde adentro.
son la respuesta que San Luis Potosí desarrolló orgánicamente ante dos décadas de presión del crimen organizado. Una estructura de seguridad paralela que opera en los espacios donde el Estado no llega o donde el Estado llegó, pero fue corrompido hasta volverse parte del problema en lugar de parte de la solución.
Tienen presencia en 17 municipios del estado. conocen cada camino, cada rancho, cada punto de agua, cada paso de montaña en el territorio que consideran propio con la intimidad, que solo dan años de vivir en un lugar y la necesidad de conocerlo mejor que cualquier adversario que llegue de afuera, y habían recibido la información que necesitaban con tiempo suficiente para prepararse, no días, semanas.
Cuando los 82 sicarios del CJ comenzaron a moverse desde Jalisco hacia San Luis Potosí, cuando empezaron a concentrar vehículos y armamento en ranchos de la zona limítrofe entre los dos estados, cuando comenzaron a hacer los movimientos de preparación que cualquier operación de esa escala requiere y que son imposibles de ocultar completamente, los murciélagos ya sabían, no todo.
Nunca se sabe todo en este tipo de conflicto, pero sabían suficiente. Sabían que venían 80 y tantos. Sabían que traían armamento pesado. Sabían que el objetivo declarado era establecer control sobre tres municipios específicos del sur del estado, que son el punto de acceso a las rutas que conectan con el noreste.
Y sabían algo más que los 82 hombres que cruzaron ese límite estatal. No sabían que el ejército mexicano había reforzado su presencia en la región de manera silenciosa, sin comunicados de prensa, sin operativos visibles que alertaran a cualquier observador del CJNG que monitoreara movimientos militares. 450 efectivos distribuidos en posiciones que los murciélagos habían ayudado a seleccionar porque conocían el terreno mejor que cualquier manual militar podía enseñar.
La trampa estaba lista antes de que los 82 sicarios terminaran de desayunar esa mañana. Para entender por qué el CJTNG tomó la decisión de moverse hacia San Luis Potosí en ese momento específico, hay que entender el estado de la organización después de las semanas previas. La muerte del mencho había sido el golpe fundacional, no solo la pérdida de un líder, sino la pérdida de la arquitectura de decisiones que el Mencho había construido durante 20 años y que era el sistema nervioso central de una organización que opera en 29 estados con decenas de miles de personas. La
masacre del funeral había sido el segundo golpe, la eliminación simultánea de decenas de mandos que habían emergido como candidatos naturales a llenar el vacío. Y la emboscada en Tamaulipas había sido el tercero. 89 operativos muertos y cuatro comandantes críticos eliminados en 19 minutos, tres golpes en semanas, cada uno suficiente para quebrar organizaciones más pequeñas.
El CJNG no se quebró, pero crujió. Y cuando las organizaciones CRJN bajo presión extrema cometen el error que cometen todas las estructuras bajo estrés, priorizan la demostración de fortaleza. sobre el cálculo táctico correcto. Necesitaban una victoria. Necesitaban algo que circulara en los grupos de comunicación interna del cártel, en los territorios donde operaban, en los mercados criminales donde la reputación determina quién puede negociar y quién no.
Necesitaban demostrar que a pesar de todo lo que había pasado, el CJNG seguía siendo capaz de tomar territorio. San Luis Potosí fue seleccionado porque los mandos que habían sobrevivido a los tres golpes anteriores lo evaluaron como el objetivo más alcanzable, un estado con estructura criminal local fragmentada, con presencia de grupos más pequeños que no tenían capacidad para resistir una operación de escala con acceso geográfico razonable desde sus posiciones en Jalisco.
que no evaluaron correctamente, lo que nadie en la cadena de mando que tomó esa decisión tenía información suficiente para evaluar era la profundidad real de lo que los murciélagos habían construido en ese territorio durante los últimos dos años. Y esa evaluación incorrecta iba a costarles todo.
Los 82 sicarios que entraron a San Luis Potosí eran gente capaz. No era relleno. El CJNG no manda relleno cuando intenta tomar un territorio nuevo, porque el costo de una operación fallida en términos de reputación es más alto que el costo de esperar y mandar a los mejores que tienen disponibles. Mandaron veteranos, mandaron gente con operativos anteriores exitosos, mandaron comandantes con experiencia en exactamente este tipo de expansión territorial.
que habían ejecutado en otros estados. El comandante al frente de la columna era conocido internamente como el arquitecto, no por vocación constructora, sino por la metodología con la que establecía control territorial. Llegaba, identificaba las estructuras de poder existentes, evaluaba cuáles podía corromper y cuáles necesitaba eliminar y construía sobre lo que quedaba.
Había funcionado en cuatro estados anteriores, llevaba 15 años en el cártel y había sobrevivido a todo lo que el cártel había sobrevivido, que era más de lo que la mayoría de las personas que conocen su historia esperarían. Era exactamente el tipo de operador que una organización bajo presión manda cuando necesita que algo funcione.
El problema no era la calidad de lo que mandaron. El problema era que llegaron a un lugar que ya los estaba esperando, con gente que los conocía mejor de lo que ellos se conocían a sí mismos en ese territorio y con una trampa que llevaba semanas siendo calibrada específicamente para ellos. Hay un rancho en el municipio de Cerritos, en el noreste de San Luis Potosí, que desde afuera parece exactamente lo que es.
Una propiedad ganadera de tamaño mediano con corrales que llevan años siendo usados, con instalaciones que el tiempo ha desgastado de la manera natural en que el tiempo desgasta todo en esa región. Por adentro es otra cosa. Es el punto de coordinación que los murciélagos usan cuando necesitan reunir a sus estructuras de diferentes municipios para operaciones que requieren presencia simultánea en más de un punto del territorio.
No es cuartel, es algo más difuso y por lo tanto más difícil de atacar o de detectar. Es un lugar de reunión que puede convertirse en instalación operativa en horas y que puede regresar a ser rancho ganadero normal con la misma rapidez. Tres semanas antes de que los 82 sicarios del CJNG cruzaran el límite estatal, ese rancho había sido el escenario de una reunión que reunió a los principales mandos de los murciélagos con tres oficiales del ejército mexicano, cuya presencia en ese lug

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