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🇲🇽🚨¡SEDENA REVIENTAN “NARCO-ZOOLÓGICO” EN JALISCO! CJNG OCULTABA ARSENAL ENTRE ANIMALES EXÓTICOS

El tigre de Bengala dormía a 3 m de un lanzagranadas. Acostado en la esquina de su jaula de acero, con la cabeza entre las patas delanteras y el ronroneo grave y profundo que emiten los felinos grandes cuando están tranquilos, el tigre tenía al otro lado de los barrotes una caja de madera con la inscripción herramientas que contenía un lanzagranadas RPG7, cuatro cohetes y 200 cartuchos de calibre 7,62.
La caja estaba a un metro de la jaula. Si el tigre hubiera extendido la pata por entre los barrotes, habría tocado el arma que puede destruir un vehículo blindado a 300 m de distancia. El soldado de la Sedena, que entró al recinto donde estaba el tigre, se quedó inmóvil durante 5 segundos. No por el lanzagranadas, por el tigre, porque encontrar armas en un operativo es rutina.
Encontrar un tigre de bengala de 230 kg mirándote con ojos amarillos a 3 m de distancia en la oscuridad de las 4 de la mañana no es rutina, es una situación para la que ningún entrenamiento militar te prepara. El tigre no era el único animal. La propiedad donde el CJNG operaba tenía un zoológico privado con más de 60 animales exóticos distribuidos en jaulas, corrales y recintos que ocupaban la mitad del terreno de 5 haáreas.
Dos tigres de bengala, tres leones africanos, un jaguar, cuatro osos negros, seis monos araña, dos guacamallas rojas, un hipopótamo juvenil de 800 kg que tenía su propio estanque de concreto, una cebra, dos canguros, un cocodrilo de río de 3 m, 12 serpientes de diferentes especies en terrarios de vidrio y una jirafa de 4 m de altura que los vecinos de las rancherías cercanas veían asomarse por encima de la barda.


perimetral y que durante 3 años asumieron que pertenecía a un empresario rico que colecciona animales. El empresario rico era el CJNG y los animales exóticos eran la cobertura para una base de operaciones donde 93 sicarios vivían, almacenaban armas y coordinaban las operaciones del cártel en una zona de Jalisco que conecta la costa del Pacífico con Guadalajara.
La zona donde se encuentra la propiedad es un corredor de tránsito de drogas que conecta los puertos de la costa de Jalisco con el área metropolitana de Guadalajara, la segunda ciudad más grande de México. La droga que llega por mar a las costas de Jalisco desde Sudamérica, se mueve por las carreteras de la Sierra hasta Guadalajara, donde se distribuye al mercado nacional y se envía al norte hacia la frontera con Estados Unidos.
La propiedad del zoológico estaba en un punto de ese corredor donde las carreteras de la sierra se cruzan con las brechas que bajan a la costa. El laboratorio de metanfetamina de la propiedad era uno de varios que el CJNY opera en la zona, pero tenía una ventaja sobre los demás, la cobertura del zoológico.
Los otros laboratorios de la sierra están escondidos en Cañadas y en barrancas, donde los drones térmicos pueden detectarlos por la firma de calor de los reactores. El laboratorio del zoológico estaba escondido detrás de 60 animales exóticos, cuya firma de calor enmascaraba la del equipo de producción. En una imagen térmica de drone, la propiedad aparecía como un mosaico de puntos de calor animal, entre los cuales el punto de calor del laboratorio se confundía con la firma térmica del estanque del hipopótamo, que emite calor por el metabolismo del animal y por la
descomposición orgánica del agua no filtrada. Los drones tardaron tres semanas en confirmar que la firma de calor junto al estanque no era solo el hipopótamo. Fue necesario un análisis espectral que distinguiera la firma química de los vapores desolventes de la firma biológica del animal. La diferencia era sutil.
Los vapores de solventes tienen una longitud de onda infrarroja ligeramente diferente de la del vapor de agua biológico que emite un hipopótamo. Esa diferencia medida en nanómetros fue lo que confirmó que detrás del hipopótamo había un laboratorio. Las comunidades cercanas a la propiedad sabían que el empresario rico tenía animales.
Veían la jirafa asomarse por encima de la barda. Escuchaban los rugidos de los leones de noche y olían la mezcla de animal y de químico que salía de la propiedad con el viento y que llegaba a las rancherías a 1 km de distancia con una intensidad que variaba según la dirección del viento. Los vecinos no denunciaron. No por complicidad, por ignorancia genuina.
Pensaban que los olores eran del zoológico, que los rugidos eran de los leones y que la actividad nocturna de camionetas entrando y saliendo era el empresario que trae alimento para sus animales. En la sierra de Jalisco, donde los ranchos ganaderos reciben camiones de alimento a todas horas, una camioneta entrando a una propiedad de noche no genera sospecha y la presencia de animales exóticos, que en otros países sería escandalosa.
En la sierra de Jalisco se acepta con la indiferencia de quien lleva décadas viendo a los narcos quieran. Camionetas, joyas, mujeres y ahora tigres. Quiero contar la historia de uno de los cuidadores del zoológico, porque su perfil revela algo sobre las personas que terminan trabajando para el narcotráfico en funciones que no involucran violencia, pero que los hacen cómplices de la estructura criminal.
Se llamaba, según los registros, Martín, 28 años. veterinario técnico egresado del CONALEP de Puerto Vallarta con especialización en fauna silvestre. Trabajó durante 2 años en un zoológico municipal de la costa de Jalisco, donde cuidaba iguanas, guacamayas y un par de cocodrilos que eran la atracción principal del parque.
Cuando el zoológico cerró por recorte presupuestal, Martín se quedó sin empleo. El CJNG lo contactó a través de un intermediario que le ofreció trabajo de cuidador en una reserva ecológica privada. Le ofrecieron 25,000 pesos al mes. Martín aceptó. Cuando llegó a la propiedad y vio los tigres, los leones y las armas, entendió dónde estaba.
Pero los 25,000 pesos y la amenaza implícita de que los que saben demasiado no se van, lo mantuvieron ahí durante 18 meses. Martín cuidaba a los animales con la dedicación que su formación le dictaba dentro de las limitaciones que el CJNG le imponía. Pedía más comida para los tigres. Le decían que no. Pedía un veterinario para el león cojo.
Le decían que después pedía un filtro para el estanque del hipopótamo. Le decían que estaba bien así. Martín hacía lo que podía con lo que le daban y lo que le daban era insuficiente para 60 animales que necesitaban cuidado profesional y que recibían cuidado precario de un técnico que no tenía ni los recursos ni la autoridad para hacer las cosas bien.
Martín fue detenido con los demás. Tiene 28 años, veterinar

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