El libro que el marino encontró en el estante de la biblioteca tenía un título que lo hizo detenerse en medio del operativo. El arte de la guerra de Son TSu, edición en español, Pasta Blanda con las páginas marcadas con postits amarillos y con párrafos subrayados con marcador fosforescente. Junto a Sunsu había otros títulos sobre la guerra de Klausevits, la guerra de guerrillas del Cheeguevara, un manual del ejército mexicano sobre tácticas de combate en zona rural que estaba clasificado como uso interno y que no
debería estar en manos de nadie que no fuera militar. Y un ejemplar de El Padrino de Mario Puso con las esquinas dobladas en los capítulos donde Michael Corleone consolida el poder de la familia. La biblioteca tenía más de 400 libros. 400 libros en estantes de madera de cedro dentro de lo que fue la biblioteca del seminario menor de San José, un edificio de piedra y cantera construido en 1934 por la diócesis de Durango para formar a los jóvenes que querían ser sacerdotes católicos.
El seminario funcionó durante 46 años, formando generaciones de curas que sirvieron en las parroquias de la sierra de Durango, del desierto de Chihuahua y de los Valles de Sinaloa. En 1980, la diócesis cerró el seminario porque las vocaciones sacerdotales se habían reducido a un goteo de dos o tres seminaristas por año que no justificaban el mantenimiento de un edificio de 3000 m² [música] con capilla, dormitorios, aulas, biblioteca, comedor, huerta y campo deportivo.
El seminario fue cerrado, bendecido una última vez por el obispo que ofició una misa de despedida en la capilla con los últimos tres seminaristas y las monjas que habían cocinado para generaciones de jóvenes aspirantes a curas, y clausurado con candados que la diócesis puso en las puertas con la esperanza de que algún día el edificio volviera a tener uso.
45 años después, los candados estaban rotos, la esperanza estaba muerta y el CJNG vivía dentro. 77 sicarios del CJNG ocupaban el seminario menor de San José. Dormían en los dormitorios de los seminaristas. Comían en el comedor donde las monjas servían caldo de res y sopa de fideo a los jóvenes que estudiaban para curas.
Almacenaban armas en las aulas donde los profesores enseñaban latín, teología y filosofía, coordinaban sus operaciones desde la biblioteca, donde generaciones de seminaristas leyeron a Santo Tomás de Aquino, a San Agustín y a los padres de la Iglesia, y donde ahora los mandos del CJNG leían a Sunzu, a Klausevit y a Guevara. Los libros de la biblioteca merecen un análisis aparte porque revelan algo sobre la cultura organizacional del CJNG que los estudios académicos sobre el cártel pasan por alto.
La biblioteca original del seminario tenía aproximadamente 3000 volúmenes de teología, filosofía, historia de la Iglesia, derecho canónico y las obras clásicas de la literatura universal que los formadores consideraban necesarias para la educación de un sacerdote. Muchos de esos volúmenes seguían en los estantes, tomos empastados en cuero con letras doradas en el lomo que llevaban 45 años acumulando polvo en una biblioteca sin lectores.
Suma teológica de Santo Tomás, las confesiones de San Agustín, la ciudad de Dios, los cuatro evangelios en latín y en español, comentarios bíblicos, encíclicas papales, el canon teológico de la formación sacerdotal católica, alineado en los estantes como soldados de una batalla que se perdió cuando los jóvenes dejaron de querer ser curas.
El CJNG no tocó los libros del seminario, los dejó ahí, pero añadió los suyos. En un estante que antes contenía comentarios al Antiguo Testamento, los mandos del CJNG colocaron su propia biblioteca, los libros de estrategia militar, los manuales de tácticas y los textos sobre liderazgo y organización que el jefe de la célula consideraba esenciales para la formación de sus mandos medios.
Los peritos de inteligencia que analizaron la biblioteca encontraron marcas de lectura en los libros que indican que no eran decoración, eran material de estudio activo. Los subrayados, los postits y las notas al margen escritas a mano en los márgenes de Sunsu demuestran que alguien estaba leyendo esos libros con la atención de un estudiante que prepara un examen, un párrafo de El arte de la guerra que dice, “Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo y en 100 batallas no serás derrotado.
” Tenía una nota al margen que decía aplicar a zona norte, mapear posiciones de GN en carreteras. GN es Guardia Nacional. Alguien estaba aplicando Sunsu al combate contra la Guardia Nacional en las carreteras de Durango. La biblioteca del CJNG también tenía libros de contabilidad y finanzas, dos manuales de Excel, un libro de contabilidad básica y un ejemplar de Padre Rico, padre pobre de Robert Kiyosaki con subrayados en los capítulos sobre inversión y flujo de efectivo.
Los mandos del CEJ estudiaban finanzas personales mientras administraban una célula del narcotráfico que mueve millones de pesos al mes. La ironía de un narcotraficante leyendo Padre rico, padre pobre en la biblioteca de un seminario católico abandonado en la sierra de Durango es tan perfecta que parece ficción.
Pero los peritos fotografiaron el libro con los subrayados y las notas al margen y está en el expediente como evidencia. Quiero hablar del seminario como edificio porque su arquitectura explica por qué el CJNG lo eligió como base. El seminario menor de San José fue diseñado por un arquitecto de Guadalajara que lo concibió como un espacio de formación integral.
Aulas para el estudio, capilla para la oración, dormitorios para el descanso, comedor para la alimentación, biblioteca para la lectura, huerta para el trabajo manual y campo deportivo para el ejercicio. El edificio tiene forma de Uredio central con jardines y una fuente que dejó de funcionar hace décadas. Los muros son de piedra de cantera de la sierra de Durango, con un grosor de 70 cm que mantiene el interior fresco en verano y templado en invierno.
Los techos son de viga de madera y teja de barro que en las secciones donde no se han caído mantienen el edificio seco y habitable. El seminario tiene 42 habitaciones individuales que eran las celdas de los seminaristas. Espacios de 3 por 2 m con una cama, un escritorio, un armario y un crucifijo en la pared. Tiene tres aulas de unos 60 m² cada una.
Tiene la capilla con capacidad para 100 personas. Tiene el comedor con cocina industrial. Tiene la biblioteca de 200 m² con los estantes de cedro y tiene un sótano que originalmente servía como bodega de alimentos y que tiene acceso por una escalera interior desde la cocina. Quiero hablar del sótano porque fue el espacio que el CJNG adaptó de la manera más sorprendente.
El sótano del seminario tiene aproximadamente 200 m² con techo abovedado de ladrillo y piso de tierra compactada. Los seminaristas lo usaban para almacenar los costales de maíz, frijol y arroz que alimentaban a los 50 o 60 jóvenes que vivían en el seminario durante el año escolar. Las monjas que cocinaban bajaban al sótano por la escalera de la cocina, cargaban lo que necesitaban para el día y subían a preparar las comidas.
El CJNG convirtió
el sótano en algo que los marinos no esperaban encontrar, un centro de archivos. El sótano contenía 23 cajas de cartón con expedientes, documentos, mapas, fotografías y registros financieros de las operaciones del CEJNG en la región de Durango, Sinaloa y Chihuahua. 23 cajas que representan el archivo administrativo de una organización criminal que documenta sus operaciones con la meticulosidad de una empresa que espera ser auditada.
Los expedientes incluían nóminas con los nombres en clave y los sueldos de más de 300 operadores distribuidos en ocho células de la región. Registros de compra de armas con fechas, cantidades, precios y los nombres de los proveedores. Mapas de rutas de transporte con las carreteras principales y secundarias codificadas por colores según su nivel de riesgo.
Verde para las rutas seguras, amarillo para las de riesgo medio, rojo para las de retenes frecuentes, fotografías de policías, militares y funcionarios clasificados con el sistema de colores que hemos visto en otros casos. Verde para los cooperantes, amarillo para los neutrales, rojo para los hostiles y algo que los peritos de inteligencia encontraron excepcional.
Informes semanales de actividad que cada célula enviaba al mando regional y que se archivaban en el sótano del seminario. Los informes tienen un formato estandarizado que incluye operaciones ejecutadas en la semana, resultados obtenidos, personal perdido, armamento utilizado, gastos incurridos y novedades, que era la sección donde cada célula reportaba cambios en el entorno operativo, nuevos retenes, nuevas patrullas.
nuevos rivales y cualquier otra información relevante para la toma de decisiones del mando regional. Informes semanales de actividad con formato estandarizado. Es gestión empresarial aplicada al narcotráfico. Es la misma lógica que una empresa transnacional usa para controlar sus sucursales. Cada sucursal reporta resultados.
El corporativo consolida la información y la dirección toma decisiones basadas en datos. El CJNG del seminario de Durango operaba con la estructura de reporte de una empresa del Fortune 500. Los peritos de inteligencia consideran que el archivo del sótano es el decomiso de documentación más importante que se ha logrado contra el CJNG. Porque los documentos no solo describen las operaciones de la célula del seminario, describen las operaciones de ocho células de la región con nombres, rutas, contactos y la estructura de mando que conecta las células con el
mando regional y el mando regional con la dirección del cártel en Jalisco. Es un organigrama completo del CJNG en el noroeste de México, escrito en papel y guardado en cajas de cartón en el sótano de un seminario católico abandonado. Quiero describir la vida cotidiana en el seminario.
Porque 77 personas viviendo en un espacio diseñado para la formación sacerdotal genera una rutina que tiene contrastes que vale la pena documentar. El día empezaba a las 5 de la mañana, no con un despertador, sino con el sonido de la campana de la capilla, que el encargado de la limpieza tocaba tres veces, como lo hacía el sacristán del seminario cuando despertaba a los seminaristas para la oración de Maitines.
El mismo sonido, la misma campana, solo que los que despertaban no iban a rezar, iban a formarse en el patio central para recibir las órdenes del día. La formación en el patio era militar. Los 77 se alineaban por escuadras de 10. El jefe de la célula pasaba revista. Los mandos medios reportaban las novedades de la noche y se asignaban las tareas del día.
¿Quién salía a operación? ¿Quién hacía guardia? ¿Quién bajaba al sótano a actualizar los archivos? ¿Quién iba a la cocina a ayudar con las comidas? ¿Y quién tenía sesión de lectura en la biblioteca? La sesión de lectura era obligatoria para los mandos medios, una hora diaria de lectura supervisada en la biblioteca, donde cada mando leía el capítulo asignado de Sunsu o de Klausevit y tomaba notas en su cuaderno.
El jefe de la célula revisaba los cuadernos semanalmente y hacía preguntas sobre los conceptos leídos. Un mando que no había leído o que no podía responder las preguntas era castigado con guardia nocturna adicional. Es un sistema de formación que reproduce la disciplina académica del seminario dentro de la estructura militar del cártel.
Lectura obligatoria, toma de notas, evaluación y consecuencias por no cumplir. La comida se servía tres veces al día en el comedor. El cocinero era un hombre de la sierra que usaba los hornos de leña de la cocina del seminario para preparar las comidas con los ingredientes que subían de los pueblos del valle.
maíz, frijol, carne de res de los ranchos ganaderos de la zona y chile que la sierra de Durango produce con una calidad que los conocedores del chile consideran superior. La comida del seminario era comida de sierra, sustanciosa, picante, hecha con leña que le da al guiso un sabor ahumado que la estufa de gas no puede replicar. Después de la comida del mediodía, los que no tenían asignación dormían la siesta en las habitaciones de los seminaristas.
Los que tenían guardia subían al techo del seminario donde los vigías con binoculares cubrían los accesos por la carretera de terracería que sube desde el valle y los que tenían sesión de lectura iban a la biblioteca donde el silencio del espacio y la presencia de 3000 libros de teología generaban una atmósfera que varios detenidos describieron como tranquila, como de iglesia.
Un lugar donde nadie gritaba y donde podías pensar. Un lugar donde podías pensar. La biblioteca del seminario como espacio de reflexión para combatientes del narcotráfico. Es la herencia del espacio. La biblioteca fue diseñada para la reflexión, para el estudio, para el silencio que la formación intelectual requiere.
Y esa herencia persiste en el espacio físico con una fuerza que trasciende el uso que le den. Aunque los lectores sean narcotraficantes en lugar de seminaristas, la biblioteca sigue imponiendo su silencio, su calma y su invitación a pensar. Los muros de cedro recuerdan para qué fueron construidos y los libros de Santo Tomás en los estantes miran a los lectores de Sunsu con la paciencia de quien lleva siglos esperando que alguien los abra.
El CJNG encontró el seminario hace aproximadamente año y medio. Rompió los candados de la diócesis. Entró, limpió los espacios que iba a usar, reparó los techos que goteaban, conectó generadores eléctricos porque el seminario no tiene conexión a la red eléctrica [música] desde que fue clausurado y distribuyó a los 77 ocupantes en los espacios con una lógica que reproduce la estructura organizacional del cártel dentro de la estructura arquitectónica del seminario.
Las 42 habitaciones de los seminaristas fueron asignadas como dormitorios, dos personas por habitación. con colchonetas en el suelo porque las camas originales de los seminaristas se pudrieron hace décadas. Los mandos ocuparon las cuatro habitaciones más grandes que eran las habitaciones de los formadores del seminario, los sacerdotes que dirigían la formación de los seminaristas.
Los formadores dormían en habitaciones de 4 por 3 m con ventana al patio. Los mandos del CJNG dormían en las mismas habitaciones con la misma ventana al mismo patio, solo que en lugar de un crucifijo en la pared tenían un mapa de Durango con las posiciones de los retenes de la Guardia Nacional marcadas con alfileres de colores.
Las tres aulas fueron convertidas en almacenes de armas, de droga y de suministros. El aula de teología contenía 106 rifles de asalto almacenados en los pupitres de madera que los seminaristas usaban para tomar notas sobre la trinidad y la gracia. El aula de filosofía contenía 71 pistolas y 38 granadas en cajas de cartón apiladas sobre la tarima donde el profesor daba cátedra.
Y el aula de latín contenía 215 kg de metanfetamina y 140 kg de cocaína en contenedores estancos alineados contra el pizarrón donde alguien 45 años atrás escribió declinaciones del latín que todavía se leían bajo la capa de polvo. Declinaciones de latín en el pizarrón y contenedores de metanfetamina en el piso.
La gramática de una lengua muerta conviviendo con la droga que mata a miles de personas vivas. El seminario contiene estas yposiciones en cada rincón. El crucifijo y el rifle, el pizarrón y la droga, la biblioteca de teología y el manual de guerrilla, la capilla y el arsenal. Cada espacio del seminario fue diseñado para formar sacerdotes y cada espacio fue usado por el CJNG para lo opuesto.
Formar combatientes. La capilla del seminario merece mención especial. Es una nave rectangular de unos 20 m de largo por 8 de ancho con altar de cantera, vitrales emplomados en las ventanas laterales que representan escenas de la vida de Cristo y un sagrario de madera tallada donde se guardaba la Eucaristía.
La capilla fue el espacio que el CJNG trató con más respeto. Como en el templo de Jalisco, donde la capilla de la Santa Muerte era intocable, la capilla del seminario fue preservada. Los mandos prohibieron almacenar armas o droga en la capilla, prohibieron fumar dentro y prohibieron usar lenguaje vulgar. Varios de los 77 detenidos declararon que entraban a la capilla a rezar.
No a la Santa Muerte, a la Virgen de Guadalupe y al Cristo del altar. Rezaban el rosario, pedían protección antes de las operaciones, prendían veladoras en el altar. Y cuando un combatiente moría en operación, sus compañeros hacían una vigilia en la capilla donde rezaban por su alma con los mismos rezos que los seminaristas usaban cuando rezaban por los muertos de sus familias hace medio siglo.
El CJNG del seminario de Durango no veneraba a la Santa Muerte, veneraba al catolicismo tradicional que la Sierra de Durango profesa desde la colonia. Es una diferencia regional que los antropólogos del narco están documentando. Mientras las células del CJNG en Jalisco y en la costa practican el culto a la Santa Muerte, las células de la sierra de Durango mantienen el catolicismo que sus abuelos les enseñaron.
Los combatientes del seminario iban a misa, no una misa formal con sacerdote, una misa improvisada donde uno de los mandos que había sido monaguillo de niño recitaba las oraciones del misal que encontró en la sacristía de la capilla y donde los combatientes respondían con los rezos que aprendieron de sus madres. Combatientes del CJNG rezando el rosario en la capilla de un seminario católico antes de salir a ejecutar operaciones de narcotráfico en la sierra de Durango.
Es la contradicción que define la religiosidad del narcotráfico mexicano. La misma boca que reza danos hoy nuestro pan de cada día es la boca que ordena la muerte de un rival. La misma mano que se persigna frente al Cristo del altar es la mano que aprieta el gatillo de un rifle de asalto. Y el mismo hombre que se arrodilla en una capilla a pedir perdón es el hombre que sale de la capilla a cometer lo que necesita que le perdonen.
Quiero hablar de cómo se descubrió la base. La pista vino de un cura. El padre Ignacio, 71 años, párroco de un pueblo de la sierra de Durango, había sido seminarista en el seminario menor de San José entre 1973 y 1977. se formó ahí, estudió ahí, aprendió a hacer cura en esos dormitorios, en esas aulas, en esa capilla.
Y 48 años después, cuando un feligrés le contó que hay gente viviendo en el seminario viejo, el padre Ignacio sintió algo que describió como una punzada en el pecho, como cuando te enteras de que alguien está maltratando a un hijo tuyo. El padre Ignacio no denunció directamente al ejército, hizo algo diferente.
fue a ver al obispo de Durango, le contó lo que su feligrez le había dicho y le pidió que la diócesis, como propietaria del inmueble, presentara una denuncia formal ante las autoridades militares. El obispo hizo la denuncia. La Marina recibió el reporte a través de los canales institucionales y tres semanas después los marinos estaban en la sierra de Durango planificando el operativo contra el seminario.
El padre Ignacio declaró después del operativo que ese seminario me formó como sacerdote. Me enseñó a rezar, a pensar, a servir y saber que lo estaban usando para lo que lo estaban usando me dolió como si profanaran una iglesia. Porque para mí el seminario es una iglesia, es el lugar donde Dios me llamó. Quiero hablar del operativo porque el asalto a un edificio de 3,000 m² con 42 habitaciones, tres aulas, una capilla, un comedor, una biblioteca y un sótano, requiere una planificación que trate cada espacio como un punto potencial de resistencia.
El operativo se ejecutó a las 3 de la mañana con 90 marinos divididos en cuatro equipos. El primer equipo entró por la puerta principal del seminario que da al patio central. El segundo entró por la puerta de la cocina que da a la huerta. El tercero entró por las ventanas del ala norte usando escaleras tácticas.
Y el cuarto bajó al sótano por una entrada exterior que los marinos identificaron durante el reconocimiento. Los 77 fueron sorprendidos en diferentes estados. 39 dormían en las habitaciones. 12 estaban en el comedor jugando cartas y bebiendo café. Ocho estaban en la biblioteca donde el mando de turno dirigía una sesión de lo que los detenidos describieron como clase de estrategia, [música] una reunión donde el jefe de la célula explicaba a los mandos medios los conceptos de zunsu aplicados a las operaciones de la semana.
Clase de estrategia a las 3 de la mañana en la biblioteca de un seminario católico abandonado. Mucho mandos del CJNG sentados en los sillones de lectura que los seminaristas usaban para leer a Santo Tomás, escuchando a su jefe explicar los principios de la guerra de Suntsu, mientras afuera 90 marinos rodeaban el edificio y adentro los libros de teología y los libros de guerrilla [música] compartían estante con la indiferencia de los objetos que no eligen a sus lectores.
Cuando los marinos entraron por la puerta principal, los del comedor fueron los primeros en ser detenidos. Estaban sentados con las cartas en la mano y el café en la mesa, cuando las linternas de los marinos los iluminaron con el grito de marina que rebotó en las bóvedas del comedor con un eco que los detenidos describieron como la [música] voz de Dios, pero enojado.
Los de las habitaciones fueron despertados puerta por puerta. Los marinos abrían cada puerta de las 42 habitaciones, iluminaban el interior y sometían a los dos ocupantes que en la mayoría de los casos estaban dormidos en sus colchonetas con los rifles al lado. La escena se repetía 42 veces con variaciones mínimas.
La puerta se abre, la linterna entra, la voz dice, “Marina, al suelo.” Y dos personas se tiran al piso de una celda de seminarista con las manos en la cabeza debajo de un crucifijo. Los ocho de la biblioteca fueron los últimos en ser detenidos. Cuando escucharon el ruido del operativo en el comedor y en las habitaciones, tuvieron 30 segundos para reaccionar.
Tres intentaron tomar los rifles que estaban recargados contra los estantes de cedro. Los marinos que entraron por la puerta de la biblioteca los sometieron antes de que alcanzaran las armas. Los otros cinco se rindieron con las manos sobre los libros que estaban leyendo. Uno tenía la mano sobre Klausewitz, otro sobre el manual del ejército y el jefe de la célula tenía la mano sobre el arte de la guerra de Sunsu abierto en el capítulo sobre emboscadas.
Suntsu abierto en el capítulo sobre emboscadas mientras la marina ejecutaba una emboscada contra él. La ironía no necesita comentario. 77 detenidos, cero disparos, 106 rifles, 35 kg de droga y una biblioteca con 400 libros que los peritos de inteligencia están analizando porque los subrayados, las notas al margen y los postits contienen información sobre la doctrina militar del CJNG que ningún interrogatorio ha revelado con tanta claridad.
Quiero hablar de lo que los archivos del sótano significan para la investigación contra el CJNG, porque su valor de inteligencia supera con creces el valor del decomiso de armas y droga. Los documentos del sótano del seminario contienen información sobre más de 300 operadores del CJ en la región noroeste de México. Nombres en clave que la inteligencia militar puede cruzar con las bases de datos de personas buscadas, sueldos que revelan la estructura financiera de las células.
Rutas de transporte que las fuerzas de seguridad pueden vigilar, contactos de proveedores de armas que pueden ser rastreados y fotografías de funcionarios y policías clasificados como cooperantes que las unidades de asuntos internos de las corporaciones policiales pueden investigar.
Los investigadores estiman que la información del sótano del seminario va a generar al menos 20 órdenes de aprensión adicionales contra personas que no estaban en el seminario, pero que aparecen en los archivos como parte de la red. es el efecto dominó de un archivo bien llevado. Cada documento lleva a otro nombre, cada nombre lleva a otra dirección, cada dirección lleva a otro operativo.
Las 23 cajas de cartón del sótano de un seminario católico en la sierra de Durango pueden desmantelar una red que tardó años en construirse. La ironía es que el CJNG se derrumbó por su propia disciplina administrativa. Si no hubieran documentado sus operaciones, si no hubieran archivado sus nóminas, si no hubieran guardado los informes semanales de actividad, la captura de los 77 del seminario habría sido un golpe importante, pero contenido.
Con los archivos, el golpe se multiplica. Cada documento es una pista. Cada pista es un hilo que la inteligencia militar puede jalar. Y cada hilo lleva a un nudo que cuando se desata revela más hilos. El jefe de la célula que estableció el sistema de archivos en el sótano aplicó la misma lógica que aplicó a la biblioteca. Documentar, ordenar, sistematizar.
leyó en algún libro de gestión empresarial que las organizaciones exitosas son las que documentan sus procesos y documentó los procesos de su célula con la rigurosidad de un gerente que quiere que su empresa funcione eficientemente, solo que la eficiencia con la que documentó sus operaciones es la misma eficiencia con la que la inteligencia militar va a usar esos documentos para desmantelar su organización.
La lección para el CJNG es que la burocracia mata en ambas direcciones. La falta de documentación impide la eficiencia operativa, pero el exceso de documentación proporciona evidencia al enemigo. El jefe del seminario encontró el punto óptimo para su organización, pero no para su libertad. Quiero hablar de los 77 detenidos.
De los 77, 48 eran combatientes, 12 eran logística, ocho eran los mandos que estudiaban estrategia en la biblioteca, cinco eran comunicaciones y vigilancia y cuatro eran personal de apoyo, el cocinero, dos personas de mantenimiento y el hombre que limpiaba la capilla y que prendía las veladoras del altar todas las mañanas a las 6, como lo habría hecho un sacristán.

El jefe de la célula tenía 41 años, originario de un pueblo de la sierra de Durango, hijo de un campesino que sembraba frijol y de una madre que hacía quesos de rancho que vendía en el mercado del pueblo. El jefe no terminó la preparatoria, entró al CJNG a los 23 años como combatiente raso. subió por la escalera del cártel durante 18 años hasta llegar a jefe de célula por una combinación de brutalidad, lealtad y algo que sus subordinados describieron como inteligencia natural.
La capacidad de entender situaciones complejas, de anticipar las decisiones del enemigo y de adaptar las tácticas a las circunstancias con una flexibilidad que los manuales militares llaman pensamiento operacional. El jefe de la célula era autodidacta, no tenía formación militar formal. Todo lo que sabía sobre tácticas, sobre estrategia, sobre organización, lo aprendió leyendo, leyendo a Sun Tsu, a Klausevitz, a Hevara y el manual del ejército mexicano que alguien le consiguió.
y leyendo novelas de ficción criminal, el padrino Scarface y novelas de narcotráfico de autores mexicanos que leía para entender cómo otros pensaban sobre lo que él hacía. La biblioteca era su proyecto personal. Cuando el CJNG ocupó el seminario, el jefe de la célula encontró la biblioteca con sus 3000 volúmenes de teología y decidió añadir los suyos.
Compró estrategia en una librería de Durango capital, los subió a la sierra. Los colocó en los estantes junto a Santo Tomás y San Agustín y estableció sesiones de lectura obligatoria para sus mandos medios. Cada semana un capítulo de Suntsu que se leía individualmente y se discutía en grupo. Sesiones de lectura obligatoria en una biblioteca de un seminario católico.
Un jefe de célula del narcotráfico que obliga a sus mandos a leer el arte de la guerra y a discutirlo en grupo como si fuera un club de lectura. Es absurdo, es perturbador y es revelador porque demuestra que el CJNG no es solo una organización de violencia bruta. Tiene aspiraciones intelectuales, tiene mandos que leen, que estudian, que intentan entender la guerra, que pelean con los mismos textos que los generales de los ejércitos convencionales estudian.
Los peritos de inteligencia encontraron en la biblioteca algo que consideran más valioso que los rifles y la droga. Los cuadernos de notas de los mandos medios, cuadernos escolares de rayas donde los ocho mandos que asistían a las sesiones de lectura anotaban los conceptos discutidos y sus aplicaciones prácticas.
Un cuaderno tiene una página titulada Sunsu. Capítulo 3. Aplicaciones donde el mando escribió. Uno, no atacar donde el enemigo es fuerte. Evitar retenes de GN en carretera federal. Usar brechas. Dos, atacar donde es débil. Los pueblos sin policía. Las carreteras de noche. Es doctrina militar de hace 2500 años aplicada al narcotráfico del siglo XXI por un hombre que probablemente no terminó la secundaria, pero que lee con la atención de un oficial de academia militar.
Quiero hablar de Durango como territorio porque la sierra donde está el seminario es parte del triángulo dorado del narcotráfico mexicano, Durango, Sinaloa y Chihuahua, el triángulo dorado, la zona donde nació el narcotráfico mexicano hace más de medio siglo con la siembra de Amapola y marihuana en las laderas de la Sierra Madre Occidental.
La sierra de Durango fue durante décadas territorio exclusivo del cártel de Sinaloa, pero el CJNG ha ido penetrando desde el sur, subiendo desde Jalisco y Nayarit, disputando las plazas que el cártel de Sinaloa controla y estableciendo bases en puntos estratégicos de la sierra, donde puede proyectar fuerza hacia los territorios disputados.
El seminario está en un punto de la sierra de Durango que controla el acceso a varios pueblos productores de Amapola y marihuana. Quiero contar la historia de uno de los combatientes jóvenes porque su trayectoria conecta la pobreza de la sierra con la biblioteca del seminario de una manera que me parece reveladora. Se llamaba, según los registros Elías, 22 años, de un rancho de la sierra de Durango, donde su familia vive de la ganadería de subsistencia.
15 vacas flacas que dan leche suficiente para hacer quesos que su madre vende en el mercado del pueblo a 40 pesos el kilo. Elías terminó la telesecundaria. La preparatoria más cercana está en la cabecera municipal a 4 horas de camino a caballo. No fue. Elías entró al CJNG a los 19 años. Lo asignaron al seminario como combatiente raso.
Durante los primeros meses dormía en su celda de seminarista, hacía guardia en el techo y salía a operación cuando se lo ordenaban. Pero algo cambió cuando el jefe de la célula empezó las sesiones de lectura obligatoria en la biblioteca. Elías se enganchó. Elías no había leído un libro completo en su vida. La telesecundaria de su pueblo tenía una biblioteca de 40 libros, la mitad de los cuales eran libros de texto de matemáticas.
En el seminario, rodeado de miles de libros, Elías empezó a leer primero El arte de la guerra porque era obligatorio. Después, por curiosidad, tomó un libro del estante de los seminaristas, no uno de teología, uno de historia de México que encontró en una sección del estante que decía historia. Lo leyó en dos semanas, después leyó otro y otro.
Los mandos le asignaron funciones en la biblioteca, mantener el orden de los estantes, llevar el inventario de los libros del CJNG y preparar los materiales para las sesiones de lectura. Elías pasaba horas en la biblioteca leyendo lo que encontraba. No solo los libros de estrategia, leía los libros de historia, las novelas y hasta intentó leer a Santo Tomás, aunque no entendió nada.
Elías fue detenido en la biblioteca a las 3 de la mañana. tenía en las manos un libro de historia de la Revolución Mexicana que estaba leyendo por segunda vez. Tiene 22 años, de un rancho de la sierra de Durango. Un joven que descubrió la lectura dentro de un cártel del narcotráfico y que leyó su primer libro completo en la biblioteca de un seminario católico ocupado por sicarios.
Los psicólogos militares que entrevistaron a Elías encontraron algo que les pareció significativo. Era el detenido con el nivel de vocabulario más alto del grupo, más alto que varios mandos, más alto que los que habían ido a la preparatoria. 3 años de lectura en la biblioteca del seminario le dieron a un joven de la sierra que no pasó de la secundaria un vocabulario y una capacidad de expresión que la educación formal no le había dado.
La lectura lo formó, pero lo formó dentro de una organización criminal. Las herramientas intelectuales que Elías adquirió en la biblioteca del seminario las adquirió mientras era combatiente del CJNG. La misma biblioteca que formó sacerdotes durante 46 años formó a un joven de la sierra durante 3 años, solo que el sacerdote salía de la biblioteca a celebrar misa y Elías salía de la biblioteca a operaciones de narcotráfico.
Quiero hablar del padre Ignacio con más detalle porque su papel en la denuncia tiene una dimensión personal que me parece necesaria. El padre Ignacio entró al seminario menor de San José en 1973 a los 19 años. Pasó 4 años formándose para el sacerdocio en ese edificio. Dormía en la celda número 14 del ala norte. Estudiaba en el aula de teología.
Rezaba en la capilla todas las mañanas a las 6 y pasaba las tardes en la biblioteca leyendo a Santo Tomás con la dedicación de un joven que encontró su vocación y que no quería perderla. 48 años después, cuando se enteró de que el CJNG ocupaba el seminario, el padre Ignacio lloró. Lloró en su casa parroquial sin que nadie lo viera.
Lloró como se llora cuando te enteras de que profanaron la tumba de tu padre o de que quemaron la casa donde creciste. Porque para el padre Ignacio el seminario no era un edificio. Era el lugar donde se convirtió en quién es, donde aprendió a rezar, a pensar, a leer, a servir, donde Dios lo llamó.
El padre Ignacio no dudó en denunciar. fue al obispo al día siguiente, le dijo que el seminario estaba ocupado, le pidió que actuara y el obispo actuó no por valentía personal, por presión del padre Ignacio, que le dijo con la franqueza de un cura de sierra que lleva 44 años predicando en pueblos donde los narcos asisten a misa los domingos.
Monseñor, ese seminario es de la iglesia y la iglesia no puede permitir que lo usen para lo que lo están usando. Si usted no denuncia, denuncio yo. Y si yo denuncio solo, me matan. Pero si la diócesis denuncia, nos protege la institución. La diócesis denunció. La Marina actuó y el padre Ignacio ofició la misa de reconsagración de la capilla tres semanas después del operativo, con las lágrimas que ya no escondía y con la voz que se le quebraba en cada oración que recitaba en el mismo espacio donde las había aprendido hace medio siglo. Desde
el seminario, los combatientes del CEJNG coordinaban la recolección de goma de opio en las parcelas de la sierra, la protección de los laboratorios de metanfetamina que operan en las cañadas y la escolta de los cargamentos que bajan de la sierra hacia las carreteras del valle. La célula del seminario era una fuerza expedicionaria del CJNG en territorio enemigo.
77 combatientes instalados en la Sierra del Triángulo Dorado como una cuña que el CJNG mete en el territorio del cártel de Sinaloa para disputar el control de las parcelas, los laboratorios y las rutas de transporte que durante décadas fueron monopolio de los sinaloenses. A ti que llegaste hasta aquí, la imagen que te dejo es la de la biblioteca a las 3 de la mañana.
Ocho hombres sentados en los sillones de lectura de una biblioteca de un seminario católico abandonado en la sierra de Durango. Rodeados de 3,000 libros de teología y de 400 libros de estrategia militar con zunsu abierto sobre las piernas, con cuadernos de notas donde anotan no atacar donde el enemigo es fuerte, con la luz de un generador parpadeando en los estantes de cedro, donde el arte de la guerra comparte espacio con la suma teológica.
y con 90 marinos acercándose en la oscuridad al edificio donde ellos estudian la guerra sin saber que la guerra ya llegó a su puerta, Sun Tzu escribió, “Toda guerra se basa en el engaño.” Los marinos engañaron a los del seminario acercándose en silencio y los del seminario se engañaron a sí mismos creyendo que leer sobre la guerra los preparaba para ella.
Porque hay una diferencia entre leer sobre emboscadas en un libro y vivir una emboscada a las 3 de la mañana, cuando la puerta de la biblioteca se abre y las linternas de la marina te iluminan con las manos sobre Klausevits. La guerra de los libros terminó cuando la guerra de verdad entró por la puerta. Dale like, suscríbete, activa la campanita.
El seminario menor de San José fue devuelto a la diócesis de Durango. El obispo envió a un equipo de sacerdotes y de voluntarios a limpiar el edificio. Los rifles fueron sacados de las aulas. La droga fue sacada del aula de latín. Los mapas con alfileres fueron retirados de las habitaciones y la capilla fue reconsagrada en una misa donde el padre Ignacio, el cura de 71 años que se formó en ese seminario hace medio siglo, ofició la ceremonia con los ojos húmedos y la voz quebrada de un hombre que regresa a la casa de su juventud y la
encuentra profanada, pero todavía en pie. La biblioteca sigue ahí. Los 3,000 libros de teología siguen en los estantes de Cedro. Los 400 libros del CJNG fueron decomizados como evidencia y el estante donde Suntsu compartía espacio con Santo Tomás tiene un hueco que los sacerdotes no han llenado porque no saben con qué llenarlo.
El hueco que dejaron los libros de guerra en una biblioteca de formación sacerdotal no se llena con otro libro, se llena con la pregunta de cómo llegamos a un país donde un narcotraficante lee a Klausevitz en la biblioteca de un seminario y donde un cura llora al ver el estante vacío. Nos vemos mañana, cuídate.
Y si algún día entras a una biblioteca antigua y ves en los estantes libros de teología junto a libros de estrategia militar, no asumas que alguien se confundió de sección. Puede ser que alguien decidió que ambos tipos de conocimiento le servían y que la frontera entre la fe y la guerra, entre la oración y la bala, entre Santo Tomás y Sunsu, es más delgada de lo que quisiéramos creer.
Tan delgada como un estante de cedro en una biblioteca de un seminario abandonado en la sierra de Durango. [música] La suma teológica de Santo Tomás de Aquino sigue en el estante izquierdo de la biblioteca. Lleva 70 años ahí. El hueco donde estuvo el arte de la guerra de Sunsu está en el estante derecho. Lleva tres semanas vacío y entre ambos estantes, en el espacio de aire que separa a Santo Tomás de Suntsu, cabe toda la distancia que México recorrió entre la formación de sacerdotes y la formación de combatientes.
Cabe la pregunta de cómo un país que construyó seminarios para formar personas que sirven terminó necesitando operativos militares para sacar de esos mismos seminarios a personas que destruyen? Y cabe la respuesta que nadie quiere dar. Porque entre el seminario que se cerró y el seminario que se ocupó, pasaron 45 años de abandono, 45 años en los que la diócesis puso candados y se fue.
45 años en los que el edificio esperó y 45 años en los que alguien inevitablemente rompió los candados y entró. El abandono es una invitación. Siempre lo ha sido, siempre lo será. Y mientras México siga abandonando lo que construye, los estantes de Cedro van a seguir llenándose con libros que los constructores originales nunca imaginaron.
Dale like por el padre Ignacio, que lloró al enterarse y que denunció al día siguiente. Suscríbete por Elías, el joven de la Sierra, que descubrió la lectura dentro de un cártel. Activa la campanita por los marinos que entraron a la biblioteca a las 3 de la mañana y que encontraron a ocho hombres leyendo a Zun Tsu en los sillones donde los seminaristas leían a Santo Tomás.
Y nos vemos mañana. Yeah.