Posted in

🇲🇽🚨¡GAFES REVIENTAN “NARCO-ACUEDUCTO” EN OAXACA! CJNG MOVÍA DROGA POR TUBERÍAS ANTIGUAS: 84 SICARIOS

La tubería dejó de llevar agua hace 60 años. Desde entonces llevó aire, telarañas, nidos de rata y el eco de las gotas que se filtran por las juntas oxidadas de un acueducto de hierro fundido que los ingenieros del porfiriato tendieron por la sierra de Oaxaca en 1896 para llevar agua desde un manantial en las montañas hasta una zona agrícola del Valle donde los ascendados cultivaban caña de azúcar y café 60 años sin agua.
La tubería de hierro fundido de 40 cm de diámetro yace enterrada a 1 metro bajo la superficie de la sierra, siguiendo el perfil del terreno durante 18 km desde el manantial hasta el valle, cruzando barrancas sobre puentes de mampostería que los albañiles porfirianos construyeron piedra por piedra, atravesando cerros por túneles de roca revestidos de ladrillo y bajando por las laderas con la pendiente calculada que los ingenieros del siglo XIX diseñaron para que el agua corriera por gravedad sin necesidad de bombas. El acueducto
fue abandonado cuando el sistema de riego moderno llegó al valle en los años 60 con tuberías de PVCe, bombas eléctricas y la promesa del progreso que hizo obsoleto al hierro fundido del porfiriato. Las válvulas de control del acueducto se cerraron, las bocas de inspección se taparon concreto y la tubería se quedó ahí enterrada, conectando el manantial con el valle a través de 18 km de sierra que nadie recorre y que nadie vigila.
El CJNG la convirtió en un ducto de transporte de droga. No metafóricamente, literalmente. El CJNG limpió la tubería, retiró los nidos de rata y los sedimentos acumulados durante 60 años, amplió las bocas de inspección para que cupieran paquetes e instaló un sistema de cable y poleas dentro de la tubería que arrastra los cargamentos a lo largo de los 18 km de ducto, desde un punto de carga en la sierra hasta un punto de descarga en el valle.


droga moviéndose dentro de una tubería de hierro fundido del siglo XIX por gravedad y por cable, sin tocar un solo camino, sin cruzar un solo retén, sin que nadie en la superficie vea nada, porque la tubería está enterrada a 1 metro bajo tierra. Y los únicos puntos visibles son las bocas de inspección que el CJNG camufló con vegetación y con tapas de concreto que parecen las originales del porfiriato.
Quiero detenerme en el sistema de cable y poleas porque su diseño revela una ingenio mecánico que los peritos de la Sedena documentaron con asombro profesional. El cable de acero tiene 8 mm de diámetro y recorre los 18 km del interior de la tubería, pasando por poleas de guía cada 200 m que lo mantienen centrado dentro del tubo y que evitan que el roce contra las paredes lo desgaste.
Las poleas están ancladas al interior de la tubería con soportes de acero inoxidable que el CJNG fabricó a medida en un taller de herrería de la costa. El motor que tira del cable está en el punto de carga de la sierra. Es un motor eléctrico de cinco caballos de fuerza conectado a una caja reductora que convierte las revoluciones del motor en la velocidad lenta y constante de 1 km/h que el cable necesita para arrastrar los paquetes sin atorarlos en las curvas de la tubería.
La potencia del motor fue calculada para arrastrar una carga máxima de 300 kg, que es el peso de 30 paquetes de 10 kg cada uno, a lo largo de 18 km de tubería con la fricción del cable contra las poleas y de los paquetes contra las paredes del tubo. El problema principal del sistema era las curvas.
La tubería del acueducto no es recta. Sigue el perfil del terreno con curvas horizontales donde cambia de dirección y curvas verticales donde sube y baja con la pendiente. En cada curva, los paquetes cilíndricos tendían a atascarse contra la pared interior del tubo. El CJNG resolvió el problema engrasando los paquetes con vaselina industrial.
Cada cilindro de droga salía del punto de carga cubierto con una capa de vaselina que reducía la fricción y que permitía que los paquetes pasaran por las curvas con la suavidad de una bala por el cañón de un rifle. El segundo problema era el monitoreo, 18 km de tubería enterrada sin visibilidad del interior.
Si un paquete se atoraba en una curva, el motor seguía tirando del cable y los paquetes de atrás se amontonaban contra el atascado, generando una presión que podía romper el cable o dañar la tubería. El CJNG instaló sensores de tensión en el cable cada kilómetro que transmitían por radio la tensión del cable al centro de control del campamento de la sierra.
Si la tensión aumentaba por encima de un umbral, el operador detenía el motor, invertía la dirección del cable para retroceder los paquetes y enviaba un equipo a la boca de inspección más cercana al punto del atasco para desbloquear manualmente el paquete atorado. Es un sistema de monitoreo remoto de una tubería de transporte que funciona con la misma lógica que los sistemas de monitoreo de los oleoductos de Pemex, sensores de presión, umbrales de alerta y protocolos de respuesta ante bloqueos.
El CJNG aplicó tecnología de monitoreo industrial al transporte de droga por una tubería del siglo XIX. Es la fusión del porfiriato con el narcotráfico del siglo XXI que define cada caso que hemos cubierto. Infraestructura vieja con tecnología nueva al servicio del crimen. Quiero hablar de lo que este caso implica para la infraestructura abandonada de Oaxaca y de México.
Oaxaca tiene cientos de kilómetros de tuberías, acueductos y canales de riego abandonados que datan del porfiriato y de las primeras décadas del siglo XX. Infraestructura hidráulica que fue construida para llevar agua a haciendas, a pueblos y a zonas agrícolas y que fue abandonada cuando los sistemas modernos la reemplazaron.
Tuberías de hierro fundido enterradas en la sierra, canales de mampostería que cruzan valles, acueductos de arcos de piedra que salvan barrancas. Todo enterrado, todo olvidado, todo disponible. Si el CJNG puede usar una tubería de 40 cm de diámetro para mover 5 toneladas de

Read More