La tubería dejó de llevar agua hace 60 años. Desde entonces llevó aire, telarañas, nidos de rata y el eco de las gotas que se filtran por las juntas oxidadas de un acueducto de hierro fundido que los ingenieros del porfiriato tendieron por la sierra de Oaxaca en 1896 para llevar agua desde un manantial en las montañas hasta una zona agrícola del Valle donde los ascendados cultivaban caña de azúcar y café 60 años sin agua.
La tubería de hierro fundido de 40 cm de diámetro yace enterrada a 1 metro bajo la superficie de la sierra, siguiendo el perfil del terreno durante 18 km desde el manantial hasta el valle, cruzando barrancas sobre puentes de mampostería que los albañiles porfirianos construyeron piedra por piedra, atravesando cerros por túneles de roca revestidos de ladrillo y bajando por las laderas con la pendiente calculada que los ingenieros del siglo XIX diseñaron para que el agua corriera por gravedad sin necesidad de bombas. El acueducto
fue abandonado cuando el sistema de riego moderno llegó al valle en los años 60 con tuberías de PVCe, bombas eléctricas y la promesa del progreso que hizo obsoleto al hierro fundido del porfiriato. Las válvulas de control del acueducto se cerraron, las bocas de inspección se taparon concreto y la tubería se quedó ahí enterrada, conectando el manantial con el valle a través de 18 km de sierra que nadie recorre y que nadie vigila.
El CJNG la convirtió en un ducto de transporte de droga. No metafóricamente, literalmente. El CJNG limpió la tubería, retiró los nidos de rata y los sedimentos acumulados durante 60 años, amplió las bocas de inspección para que cupieran paquetes e instaló un sistema de cable y poleas dentro de la tubería que arrastra los cargamentos a lo largo de los 18 km de ducto, desde un punto de carga en la sierra hasta un punto de descarga en el valle.
droga por semana durante meses, puede usar cualquier otra tubería abandonada del país.
México tiene miles de kilómetros de infraestructura hidráulica del siglo XIX y principios del X que está enterrada y olvidada. Nadie la vigila, nadie la inspecciona y nadie sabe si alguien la está usando para algo que no es agua. 84 personas estaban vinculadas a la operación. No vivían dentro de la tubería. Eso habría sido imposible en un ducto de 40 cm de diámetro.
Vivían en dos campamentos en los extremos del acueducto. 43 en el campamento de la sierra junto al punto de carga y 41 en el campamento del valle junto al punto de descarga. Los dos campamentos conectados por 18 km de tubería porriana que transportaba los cargamentos con la misma eficiencia con la que transportó agua durante 70 años.
Oaxaca, el estado de las 1 caras. Oaxaca es montaña, es selva, es costa, es desierto, es la huelaguetsza, el mezcal, el mole negro y los tapetes de Teotitlán. Pero también es el estado con el mayor porcentaje de población indígena de México, con los índices de marginación más altos y con una geografía tan accidentada que comunidades que están a 30 km en línea recta pueden estar a 8 horas de camino por las carreteras de la sierra.
La sierra de Oaxaca, donde se encuentra el acueducto, es una de las zonas más inaccesibles del estado. Montañas de 2,500 a 3,000 m de altitud, cubiertas de bosque de niebla, donde las nubes se meten entre los árboles y donde la visibilidad puede reducirse a 10 m durante horas. Caminos de terracería que se deshacen con cada temporada de lluvias.
pueblos zapotecos y mixes que se comunican entre sí por senderos de mula que no aparecen en Google Maps y una presencia del estado que se reduce a una clínica rural, una escuela multigrado y la visita ocasional de un funcionario que sube en helicóptero porque las carreteras no llegan. El CJNG usa la sierra de Oaxaca como ruta de tránsito.
La droga que entra por la costa oaxaqueña desde Centroamérica sube por la sierra hacia los valles centrales de Oaxaca y de ahí hacia Puebla y la Ciudad de México. La sierra es el corredor, 15 horas de camino por terracería que para las fuerzas de seguridad son intransitables durante la mitad del año, pero que para el CJNG, que usa mulas, caballos y ahora tuberías del siglo XIX, son operables los 12 meses.
Quiero hablar de la tubería con detalle porque su ingeniería porfiriana es lo que hace posible el transporte de droga y lo que hace de este caso algo único. La tubería de hierro fundido fue fabricada en una fundición de Birmingham, Inglaterra, en 1894. Los segmentos de tubo de 3 m de largo cada uno fueron transportados en barco desde Liverpool hasta el puerto de Salina Cruz en el ismo de Tehuantepec, subidos en tren hasta la estación más cercana al valle y de ahí cargados en carretas de bueyes hasta el punto de instalación en la sierra. 6,000
segmentos de tubo de hierro fundido, 18 km. Cargados en carretas de bueyes por caminos de la sierra de Oaxaca en 1896. El hierro fundido de Birmingham es un material que resiste los siglos. Los segmentos de la tubería del acueducto están intactos después de 129 años enterrados en la sierra. El hierro se oxidó superficialmente, pero no se perforó.
La capa de óxido que se forma en la superficie del hierro fundido protege el material de debajo como una armadura natural. Los ingenieros porfirianos sabían que el hierro fundido dura más que cualquier otro material disponible en el siglo XIX y eligieron bien. La tubería está en condiciones de seguir transportando lo que le pongan dentro durante otros 100 años.
Lo que le pusieron dentro fue droga. El sistema de transporte que el CJNG instaló dentro de la tubería funciona con el mismo principio que los sistemas de transporte por cable que se usan en las minas. Un cable de acero que corre a lo largo del interior de la tubería con ganchos cada 5 m donde se enganchan los paquetes de droga envueltos en plástico y comprimidos en cilindros de 35 cm de diámetro para que pasen por el interior del tubo de 40 cm con 5 cm de holgado.
El cable sale del punto de carga en la sierra, entra a la tubería por una boca de inspección ampliada, recorre los 18 km del ducto y sale por otra boca de inspección en el punto de descarga del valle. En el punto de carga, un motor eléctrico alimentado por un generador tira del cable y lo hace avanzar a una velocidad de aproximadamente un km porh.
Los paquetes enganchados al cable viajan dentro de la tubería como vagones de un tren en miniatura que se mueve por el interior de un ducto enterrado a 1 m bajo la superficie de la sierra de Oaxaca. Un cargamento de 30 paquetes enganchados al cable tarda 18 horas en recorrer los 18 km de tubería. Sale del punto de carga en la sierra a las 6 de la tarde y llega al punto de descarga en el valle a las 12 del día siguiente.
18 horas de tránsito invisible. El cargamento viaja a 1 metro bajo tierra dentro de una tubería de hierro fundido de 129 años, sin que nadie en la superficie vea, escuche o detecte nada. Cada paquete cilíndrico contenía entre 8 y 10 kg de droga, 30 paquetes por cargamento entre 24300 kg por envío.
Los registros decomizados en los campamentos indican que el sistema movía entre dos y tres cargamentos por semana. Eso suma entre 500 y 900 kg de droga por semana. Al mes entre 2 y 3.6 toneladas. Al año entre 24 y 43 toneladas. Toneladas. Decenas de toneladas de droga moviéndose por una tubería del siglo XIX enterrada en la sierra de Oaxaca.
Es el volumen de transporte más grande que hemos cubierto en toda la serie de casos. Y todo pasaba a un metro bajo los pies de cualquiera que caminara por la sierra, sin que nadie supiera que debajo del suelo había paquetes de cocaína y metanfetamina, viajando a 1 km porh enganchados a un cable de acero dentro de un tubo de hierro fundido fabricado en Birmingham en 1894.
Quiero hablar de los dos campamentos. El campamento de la sierra estaba junto al manantial donde empieza el acueducto. Es una zona de bosque de niebla a 2,800 m de altitud, donde la temperatura baja a 5 ºC en las noches de invierno y donde la humedad del bosque mantiene todo permanentemente mojado.
los árboles, el suelo, la ropa, las armas y el ánimo de las 43 personas que vivían ahí en estructuras de madera y lona cubiertas por la neblina que se mete entre los árboles como un fantasma que no se va. El campamento del sierra era el punto de carga. La droga llegaba en mulas desde la costa, se empaquetaba en los cilindros de 35 cm, se enganchaba al cable y se introducía en la boca de inspección del acueducto.
15 personas se dedicaban exclusivamente al empaque y la carga. Cortaban los bloques de droga, los comprimían en moldes cilíndricos con prensas hidráulicas manuales, los envolvían en plástico impermeable, les ponían un gancho de acero y los enganchaban al cable que el motor tiraba hacia el interior de la tubería. El campamento del Valle estaba en una propiedad rural de 20 haáreas con una casa de blog, un corral de ganado y una bodega agrícola donde supuestamente se almacenaba maíz.
La boca de inspección del extremo del acueducto estaba dentro de la bodega, oculta bajo una losa de concreto que se levantaba con un mecanismo hidráulico. Los paquetes que llegaban por la tubería después de 18 horas de tránsito eran desenganchados del cable, sacados por la boca de inspección y almacenados en la bodega hasta que camionetas los recogían de noche para llevarlos a los puntos de distribución en el valle de Oaxaca, en Puebla y en la Ciudad de México.
La propiedad del valle funcionaba como un rancho ganadero legítimo. Tenía 30 cabezas de ganado ebu que pastaban en los potreros. Tenía un vaquero que las cuidaba. Tenía una camioneta con el letrero de una empresa ganadera ficticia. Desde la carretera, la propiedad parecía un rancho como cualquier otro del valle, ganado, pasto, bodega y un camino de terracería que subía a la casa.
Quiero hablar de cómo se descubrió la operación. Un ingeniero hidráulico jubilado que vive en un pueblo del valle caminaba por la sierra con un grupo de excursionistas cuando se detuvo frente a un puente de mampostería que el acueducto cruza sobre una barranca. El ingeniero de 73 años reconoció la estructura como parte del acueducto porfiriano que estudió en la universidad 35 años antes como ejemplo de ingeniería hidráulica del siglo XIX.
se acercó al puente para examinarlo y notó que una boca de inspección de la tubería, que debería estar tapada con concreto como todas las demás, estaba destapada y tenía marcas de uso reciente: arañazos en el borde del hierro, restos de grasa en la tapa y un cable de acero que se veía dentro del tubo cuando asomaba la cabeza por la boca.
El ingeniero sabía que esa tubería llevaba 60 años sin agua. Sabía que nadie tenía razón para abrir una boca de inspección de un acueducto abandonado y sabía que un cable de acero dentro de una tubería de hierro fundido, que no transporta nada desde los años 60 significaba que alguien la estaba usando para transportar algo que no era agua. El ingeniero volvió a su pueblo, habló con las autoridades municipales y la información subió hasta la Sena, que envió un equipo de reconocimiento a la sierra.
El reconocimiento duró 2s semanas. Los soldados caminaron los 18 km del trazado del acueducto, identificando las bocas de inspección, los campamentos en los extremos y los puntos donde el cable y las poleas eran visibles a través de las bocas abiertas. Confirmaron que la tubería transportaba cargamentos. Identificaron los dos campamentos.
Contaron las personas con drones térmicos y planificaron un operativo simultáneo en los dos extremos del acueducto. El operativo se ejecutó a las 4 de la mañana. 120 soldados divididos en dos grupos de 60 atacaron los dos campamentos al mismo tiempo para impedir que uno alertara al otro. Quiero hablar del operativo en el campamento de la sierra con más detalle, porque la operación nocturna a 2,800 m de altitud en Bosque de niebla tiene condiciones que hacen que cualquier otro operativo parezca sencillo.
Los 60 soldados que subieron al campamento de la Sierra empezaron su marcha a las 10 de la noche desde un punto de la carretera federal a 100 m de altitud. Subieron 1000 m de desnivel en 6 horas por senderos de montaña que en noviembre están cubiertos de hojarasca mojada que convierte cada paso en una negociación con la gravedad.
La neblina los envolvió a partir de los 2,200 m. Una neblina densa, fría, que se mete entre la ropa y que reduce la visibilidad con las gafas de visión nocturna a menos de 20 m. Los soldados subían en fila india por el sendero. Cada uno cargaba 30 kg de equipo. A 2800 m de altitud, el aire tiene un 25% menos de oxígeno que a nivel del mar.
Los soldados que no estaban aclimatados respiraban con dificultad después de la primera hora de marcha. Tres tuvieron que detenerse a vomitar por el efecto combinado del esfuerzo físico, la altitud y los nervios de saber que al final de la subida había 43 personas armadas en un campamento al que iban a entrar sin dar aviso.
A las 3:30 de la mañana llegaron al perímetro del campamento. La neblina era tan densa que los soldados del frente no veían a los soldados de atrás a más de 5 m. Se posicionaron por tacto y por radio, comunicándose en susurros que la neblina absorbía como algodón. Y a las 4 en punto, la orden llegó por el auricular. Ahora, el asalto en la neblina fue caótico.
Los soldados entraron al campamento sin poder ver más allá de 3 m. Los combatientes del CJNG dispararon hacia los sonidos sin ver a quién disparaban. Las linternas de los soldados cortaban la neblina en conos de luz blanca que iluminaban parches de realidad rodeados de blanco puro. Un tronco de árbol, una estructura de madera, la cara de un combatiente que aparecía y desaparecía en la niebla como una aparición.
El enfrentamiento de 4 minutos se peleó a ciegas. Los soldados avanzaron hacia los disparos guiándose por el sonido. Los combatientes dispararon hacia las linternas y en la confusión de la neblina, donde nadie veía con claridad lo que tenía enfrente, un combatiente fue alcanzado por un disparo que le entró por el pecho cuando salió corriendo de una estructura y se encontró de frente con un soldado a 2 m de distancia.
Los dos se vieron al mismo tiempo. El soldado disparó primero. Los 42 restantes se rindieron cuando los soldados tomaron el control del campamento y las linternas iluminaron a los detenidos sentados en el suelo de tierra mojada del bosque de niebla, con la neblina envolviéndolos como una cobija blanca y fría. Las comunicaciones entre los campamentos se cortaron con inhibidores de frecuencia activados un minuto antes del asalto.
En el campamento de la sierra, los soldados subieron durante 6 horas de noche por senderos de montaña con equipo de combate a 2800 m de altitud, donde el frío y la neblina reducían la visibilidad a 30 m. Llegaron al campamento a las 3:30 de la mañana, se posicionaron en el perímetro y a las 4 en punto entraron desde cuatro direcciones. Las 43 personas del campamento fueron sorprendidas dormidas.
Siete combatientes que hacían guardia abrieron fuego desde las estructuras de madera. Los soldados respondieron. El enfrentamiento duró 4 minutos. Un combatiente murió. Dos soldados resultaron heridos. Los 42 restantes se rindieron. En el campamento del valle, los soldados rodearon la propiedad rural en silencio.

Cortaron la cerca perimetral. Entraron por la puerta de la bodega y por la puerta de la casa simultáneamente. Las 41 personas fueron detenidas sin resistencia significativa. Dos combatientes intentaron correr hacia los potreros, pero fueron interceptados por los soldados que cubrían el perímetro. 84 detenidos. Un muerto, 144 rifles de asalto de comizados entre los dos campamentos, 79 pistolas, 51 granadas y dentro de la tubería y en las bodegas de los campamentos un total de 4.8 toneladas de droga, 3.
2 toneladas de cocaína y 1.6 toneladas de metanfetamina, casi 5 toneladas. es el decomiso más grande de droga en un solo operativo en Oaxaca en los últimos 10 años. 5 toneladas que viajaban por una tubería de hierro fundido del siglo XIX, fabricada en Birmingham y tendida por ingenieros porfirianos hace 129 años. 5 toneladas que pasaban a un metro bajo los pies de los excursionistas que caminan por la sierra, de los campesinos que trabajan sus parcelas y de las comunidades indígenas que viven en los pueblos por donde pasa el acueducto, sin
saber que debajo del suelo hay un ducto de droga que mueve más tonelaje que muchos puertos marítimos. Quiero hablar de las comunidades que el acueducto cruza porque los 18 km de tubería pasan por debajo de seis pueblos zapotecos y mixes cuyos habitantes caminan todos los días sobre un ducto de transporte de droga sin saberlo.
Las comunidades de la sierra de Oaxaca que el acueducto atraviesa son pueblos de entre 100 y 500 personas que viven de la agricultura de subsistencia, del café de sombra y de la recolección de hongos silvestres que venden en los mercados de Oaxaca capital. Son pueblos donde se habla zpoteco o mixe, además de español, donde las decisiones comunitarias se toman en asamblea, donde los cargos públicos se cumplen por servicio y sin sueldo, y donde la relación con la tierra es más que económica, es espiritual, cultural e identitaria.
La tubería del acueducto pasa literalmente por debajo de las calles de estos pueblos. Los ingenieros porfirianos trazaron la ruta del acueducto por donde el terreno lo permitía y en varios tramos la ruta pasa por donde hoy están las calles principales de pueblos que crecieron alrededor del acueducto porque el acueducto traía agua y donde hay agua hay vida.
Los habitantes de estos pueblos caminaban sobre la tubería todos los días. Iban al mercado caminando sobre droga. Llevaban a sus hijos a la escuela caminando sobre droga. celebraban sus fiestas patronales bailando sobre droga y el CJNG movía cargamentos debajo de sus pies con la tranquilidad de quien sabe que una tubería enterrada a un metro de profundidad es invisible para cualquiera que camine sobre ella.
Cuando los habitantes de los pueblos se enteraron del operativo, la reacción fue una mezcla de incredulidad y de rabia. Un anciano zapoteco de 81 años que vive en uno de los pueblos por donde pasa la tubería dijo, “Mis abuelos ayudaron a tender esa tubería. Fueron los que cargaron los tubos desde la estación del tren hasta la sierra en sus espaldas.
Y ahora resulta que por esa misma tubería pasaba droga debajo de mi casa. Mis abuelos cargaron los tubos para que hubiera agua y estos vinieron a ensuciar lo que mis abuelos cargaron. Mis abuelos cargaron los tubos.” La frase conecta el trabajo manual de los indígenas del porfiriato, que construyeron el acueducto con sus cuerpos con la profanación de ese mismo acueducto por el CJNG.
Un siglo después, los abuelos cargaron los tubos de hierro fundido de Birmingham en sus espaldas por los caminos de la sierra para que su comunidad tuviera agua. Los nietos caminan sobre esos tubos sin saber que adentro hay cocaína. Quiero hablar de la ruta de entrada de la droga desde la costa, porque la conexión entre la costa de Oaxaca y el punto de carga en la sierra revela la cadena logística completa.
La cocaína que entraba al acueducto llegaba desde la costa del Pacífico de Oaxaca. Lanchas rápidas provenientes de Centroamérica desembarcaban los cargamentos en playas remotas de la costa grande de Oaxaca, en puntos donde no hay vigilancia y donde los pescadores locales funcionan como receptores del cargamento a cambio de pagos que quintuplican lo que ganan pescando.
Desde la costa, la droga subía a la sierra en mulas, recuas de cinco a ocho mulas cargadas con 100 kg cada una que subían por los senderos de la sierra durante 3 días hasta llegar al campamento del manantial. El viaje de la costa al punto de carga del acueducto tomaba 72 horas. 72 horas de camino por montaña en mulas que cargaban la misma droga que después viajaba 18 horas dentro de la tubería y que después viajaba 4 horas en camioneta desde el valle hasta los mercados del centro del país. Sí.
La cadena completa de la lancha en la costa a la mula en la sierra, de la mula a la tubería, de la tubería a la camioneta, de la camioneta al mercado. Cuatro eslabones de transporte, 94 horas de tránsito desde la costa oaqueña hasta la ciudad de México. Y el eslabón más innovador, el de la tubería, es el que elimina el riesgo humano durante 18 de esas 94 horas.
La droga viaja sola dentro del tubo, enganchada al cable, sin que nadie la toque ni la vea. Los arrieros que subían la droga desde la costa eran hombres de la sierra que conocían los senderos con una intimidad que generaciones de caminata les habían dado. Tres de los 84 detenidos eran arrieros, hombres de 50 y tantos años con mulas que habían sido arrieros toda su vida transportando café, maíz y leña por los mismos senderos que ahora transportaban cocaína.
Quiero contar la historia de uno de los arrieros. Se llamaba, según los registros, Don Ausencio, 57 años, arriero desde los 14. Tenía cuatro mulas que heredó de su padre y que usa para bajar café de su parcela de 2 heáreas al punto de acopio del valle. El café de sombra de la sierra de Oaxaca se vende a buenos precios en el mercado de especialidad, entre 60 y 80 pesos el kilo en cereza.
Pero las 2 hectáreas de Donusencio producen 300 kg por temporada, entre 18 y 24,000 pesos al año. Con eso no alcanza. El CJNG le ofreció 5000 pesos por viaje por subir carga desde la costa hasta el campamento de la Sierra. 3 días de camino por viaje, dos viajes al mes, 10,000 pesos mensuales adicionales a lo que gana con el café. Don Ausencio aceptó.
Cargó sus mulas con paquetes que sabía que eran droga y subió los mismos senderos que subía con café, solo que en lugar de bajar maíz y café, bajaba al café y subía cocaína. Don Ausencio fue detenido en el campamento de la Sierra. Tiene 57 años, arriero, de la sierra de Oaxaca, con cuatro mulas que ahora cuida su esposa mientras él enfrenta cargos de transporte de narcóticos.
Quiero hablar de los 84 detenidos. De los 84, 46 eran combatientes distribuidos entre los dos campamentos. 15 eran los operadores del sistema de cable, los que empacaban la droga en el campamento de la sierra, los que operaban el motor que tiraba del cable y los que desenganchaban los paquetes en el campamento del valle.
12 eran logística de transporte, los arrieros que subían la droga desde la costa en mulas y los chóeres que la bajaban del valle en camionetas. Seis eran comunicaciones y cinco eran mandos. El jefe de la operación era un hombre de 43 años, originario de Juchitán en el ismo de Tehuantepec, con experiencia previa en el transporte de mercancías por el ismo.
Conocía las rutas de la sierra de Oaxaca, conocía los pueblos, conocía a las personas que en cada pueblo podían ser compradas con dinero o intimidad con amenazas. Y fue él quien tuvo la idea de usar el acueducto porfiriano como ducto de transporte cuando un lugareño le mencionó que hay una tubería vieja enterrada que va de la sierra al valle.
La idea del jefe fue simple. Si la tubería conecta dos puntos separados por 18 km de sierra intransitable, ¿por qué no usarla para transportar lo que transportaba antes? Solo que en lugar de agua. La simplicidad de la idea es su genialidad, porque el acueducto resuelve el problema logístico más grande del narcotráfico en la sierra de Oaxaca.
¿Cómo mover toneladas de droga desde un punto remoto de la sierra hasta el valle sin usar caminos donde el ejército puede montar retenes? La tubería elimina los caminos, elimina las mulas, elimina los chóeres, elimina todo el eslabón humano del transporte, que es el eslabón más vulnerable porque los humanos hablan, se equivocan, son detenidos y delatan.
La droga viaja sola dentro del tubo, enganchada a un cable, a 1 km porh, a 1 metro bajo tierra, sin que nadie la toque durante 18 horas. Es el transporte más seguro y más invisible que el narcotráfico ha inventado en México. A ti que llegaste hasta aquí, la imagen que te dejo es la del ingeniero jubilado, un hombre de 73 años caminando por la sierra de Oaxaca con un grupo de excursionistas, con su bastón de senderismo, con su gorra de tela, con los binoculares de observar pájaros colgados del cuello. Un hombre que
estudió ingeniería hidráulica hace 35 años y que todavía recuerda las clases donde le enseñaron el acueducto porfiriano de la sierra de Oaxaca como ejemplo de diseño por gravedad. Un hombre que ve un puente de mampostería sobre una barranca y que se detiene a examinarlo no por sospecha, sino por curiosidad profesional, por amor a su oficio, por la costumbre de un ingeniero que cuando ve una obra de ingeniería quiere tocarla, medirla, entender cómo funciona y al examinar la boca de inspección ve el cable, ve la
grasa, ve las marcas de uso y entiende que alguien está usando la tubería del siglo XIX para transportar algo que no es agua. agua. Porque un ingeniero hidráulico sabe lo que debe haber dentro de una tubería y lo que no debe haber. Y un cable de acero con grasa dentro de un acueducto de hierro fundido abandonado hace 60 años no debe estar ahí.
El ingeniero habló y 84 personas fueron detenidas y 5 toneladas de droga fueron decomizadas y un acueducto de 18 km fue recuperado del narcotráfico. Porque un hombre de 73 años se detuvo frente a un puente viejo por curiosidad. profesional y vio algo que los demás no habrían visto porque los demás no son ingenieros hidráulicos que estudiaron ese acueducto en la universidad hace 35 años.
Dale like, suscríbete, activa la campanita. La tubería de hierro fundido de Birmingham sigue enterrada en la sierra de Oaxaca. Los gafes retiraron el cable y las poleas, sellaron las bocas de inspección con concreto nuevo y la tubería volvió a estar como estuvo durante 60 años, vacía, oscura y silenciosa a un metro bajo el suelo de la sierra, donde los árboles del bosque de niebla crecen, sin saber que sus raíces abrazan un tubo de hierro que viajó en barco desde Liverpool en 1894 y que 129 años después sigue intacto.
esperando a que alguien le dé un uso. Nos vemos mañana. Cuídate. Y si algún día caminas por la sierra de Oaxaca y ves un puente de mampostería viejo cruzando una barranca con un tubo de hierro oxidado encima, detente, míralo, porque ese tubo tiene 129 años y ha transportado agua, aire, ratas y droga. Y lo que transporte mañana depende de quién lo encuentre primero.
Si lo encuentra un ingeniero jubilado con curiosidad, se salva. Si lo encuentra un narcotraficante con necesidad de transportar toneladas de droga sin tocar un camino, se pierde. En México, la frontera entre salvar y perder la infraestructura del país es siempre la misma. ¿Quién llega primero? ¿El ingeniero o el narco? ¿El pincel o el martillo? ¿El presupuesto del INA o el dinero del CJNG? Y hasta ahora el narco llega primero casi siempre porque el narco no tiene problemas de presupuesto, ni de burocracia ni de recortes. El
narco tiene dinero, necesidad y la voluntad de usar lo que encuentre para lo que necesite. Y mientras el Estado mexicano siga llegando después, las tuberías del siglo XIX van a seguir transportando lo que el siglo XXI les meta dentro. Hay algo más que quiero decir. La tubería de hierro fundido que los ingenieros porfirianos tendieron por la sierra de Oaxaca en 1896 fue diseñada para durar siglos y está cumpliendo su promesa.
129 años después de ser tendida, la tubería está intacta. El hierro de Birmingham resiste, las juntas aguantan y el interior del tubo limpiado por el CJNG de los sedimentos de 60 años está en condiciones de transportar lo que le pongan dentro durante otros 100 años. Los ingenieros del porfiriato diseñaron infraestructura que dura más que los países que la construyen.
Tendieron tubería para llevar agua a haciendas que la revolución destruyó. Construyeron puentes para carreteras que la modernidad abandonó. excavaron túneles para trenes que ya no circulan y cada pieza de esa infraestructura construida con la soberbia de un régimen que creía que iba a durar para siempre sigue ahí disponible, funcional, esperando a que alguien le dé un uso.
Don Augusto construyó la Hacienda de Hidalgo con pasadizos secretos que el CJNG usó 140 años después. Los frailes agustinos construyeron el acueducto de Michoacán, que el CJNG habitó 300 años después. Los ingenieros porfirianos tendieron la tubería de Oaxaca que el CJNG usó 129 años después. El patrón es claro. La infraestructura del pasado al servicio del crimen del presente y el hilo que conecta cada caso es el mismo.
El estado que construye, el estado que abandona y el crimen que ocupa lo que el estado dejó. La tubería de Birmingham sigue enterrada en la sierra de Oaxaca, sellada ahora con concreto, pero el hierro sigue ahí y va a seguir ahí 100 años más esperando, como ha esperado desde 1896, a que alguien le dé un uso, sea agua, sea droga, sea nada.
La tubería no juzga, solo transporta lo que le meten dentro. Y lo que le metan dentro depende de quién tenga la llave de la boca de inspección y la voluntad de usarla. M.