El arqueólogo que descubrió la pirámide en 2018 dijo que era uno de los hallazgos más importantes de la arqueología maya del siglo XXI. Una pirámide de 30 m de altura oculta bajo la selva de Campeche durante 100 años fis cubierta por capas de vegetación tan densas que desde el aire parecía un cerro natural más entre los cientos de cerros que salpican la selva baja del sur de la península de Yucatán.
Solo el Lidar, la tecnología láser que penetra la canopia de los árboles y mapea el suelo debajo, reveló que el cerro tenía bordes demasiado rectos para ser natural, que tenía escalinatas, que tenía plataformas, que era una pirámide malla del periodo clásico tardío que nadie había pisado desde que la selva la devoró hace más de un milenio.
El arqueólogo publicó su hallazgo. Solicitó fondos a Lina para la exploración. Los fondos fueron aprobados en 2019 y después vino la pandemia. Los fondos se reasignaron, la exploración se pospuso y la pirámide se quedó ahí en la selva de Campeche, su ubicación publicada en una revista científica que cualquiera con acceso a internet podía consultar esperando a que alguien tuviera el dinero y la voluntad de explorarla.
El CJ la encontró antes que el INA. Leyeron la publicación y enviaron un equipo a la cel a la selva de Campeche que llegó a la pirámide. Desbrozó la vegetación de la entrada principal. Entró a las cámaras interiores que los mayas sellaron hace 10000 años y convirtió el interior de una pirámide prehispánica en un almacén de drogas, un depósito de armas y una base de operaciones para 78 sicarios que vivían en la selva alrededor de la pirámide y que usaban las cámaras interiores como bóvedas de seguridad que ninguna fuerza
de seguridad iba a buscar porque nadie esperaba encontrar narcotráfico dentro de un monumento arqueológico que ni siquiera había sido explorado oficialmente. 78 sicarios del CJNG usando una pirámide maya como almacén en Campeche, donde los mayas construyeron ciudades que rivalizaban con Roma y que la selva se tragó cuando los mayas las abandonaron hace 1000 años.
En el mismo suelo donde los sacerdotes mayas realizaban ceremonias al sol y a la lluvia, donde los guerreros mayas marchaban con sus penachos de plumas de quetzal y donde los escribas mayas tallaban glifos en piedra caliza que todavía se pueden leer si sabes cómo. El CJNG profanó una pirámide maya y esa frase que en cualquier otro contexto sonaría a la trama de una película de Indiana Jones y ocurrió en la selva de Campeche en el sureste de México en el año 2025.
Campeche, el estado más desconocido de México para la mayoría de los mexicanos. El estado con la menor densidad de población de la península de Yucatán. El estado donde la selva cubre el 80% del territorio y donde debajo de esa selva hay más pirámides, más ciudades, más vestigios mayas de los que la arqueología ha podido documentar en 150 años de exploración.
por un pasillos descendente desde la entrada principal en la base de la pirámide son las más grandes. Dos salas de aproximadamente 6 por 4 m con techos de arco falso de 3 m de altura. Las cámaras del nivel medio son más pequeñas, dos salas de 4 por 3 m.
Y las cámaras del nivel superior cerca de la cima son las más pequeñas y las mejor preservadas. Salas de 3 por 2 m con paredes cubiertas de estuco pintado con escenas ceremoniales que los arqueólogos todavía no han estudiado porque CJEG las ocupó antes de que Lina llegara. Las cámaras estaban selladas. Los mayas sellaron las entradas de las cámaras con bloques de piedra caliza y con una mezcla de estuco y cal que endureció con los SIGS hasta formar una barrera casi tan sólida como la piedra misma.
Los sellos permanecieron intactos durante 100 años. Ningún saqueador, ningún explorador, ningún animal entró a las cámaras desde que los mayas la cerraron. El CJNG rompió los sellos con martillos, con cinceles, la misma brutalidad con la que se rompe una pared de concreto cuando lo que hay detrás importa más que lo que se destruye al romperla.
Los sellos de estuco y cal que los mayas prepararon con una técnica que los ingenieros de materiales modernos todavía estudian fueron rotos martillazos por sicarios del CJNGG que necesitaban espacio para guardar cocaína y rifle. Quiero describir lo que los soldados encontraron dentro de las cámaras, porque el contraste entre el contenido maya y el contenido del CJNG es lo que define este caso.
Las dos cámaras del nivel inferior fueron vaciadas de su contenido original por el CJNG. Los saqueadores del cártel sacaron lo que encontraron dentro. vasijas de cerámica, figurillas de jade, restos óseos de los enterramientos reales y los objetos rituales que los mayas depositaron como ofrendas hace 100 años. Los peritos del INA que entraron después del operativo encontraron las cámaras vacías de contenido maya y llenas de contenido del CJ en 280 kg de cocaína empaquetados en bolsas negras apiladas contra las paredes de piedra caliza
donde alguna vez estuvieron vasijas de los reyes mayas. Las dos cámaras del nivel medio contenían armas, 111 rifles de asalto, 60 y pistolas, 42 granadas y 171,000 cartuchos almacenados en cajas de madera y de plástico que los sicarios bajaron por los pasillos trechos de la pirámide, cargándolas a mano, porque los pasillos mayas diseñados para el paso de sacerdotes y no de cajas de municiones, tienen un ancho de apenas 70 cm.
70 cm. Los pasillos de las pirámides mayas tienen 70 cm de ancho porque los mallas del periodo clásico tenían una estatura promedio de 155 y una complexión delgada que les permitía moverse por espacios que para una persona moderna resultan claustrofóbicos. Los sicarios del CJNG, muchos de ellos de 170 o más, tenían que caminar de lado por los pasillos cargando cajas de rifles que apenas pasaban por la abertura.
Los peritos encontraron marcas de arrastre en las paredes de los pasillos, donde las cajas rasparon el estuco mientras las bajaban. Rayaduras en la superficie de muros que llevaban 100 años intactos. Las dos cámaras del nivel superior eran las que los arqueólogos más querían estudiar. Las paredes de esas cámaras estaban cubiertas con murales de estuco pintado que representan escenas de la vida ceremonial maya, procesiones de sacerdotes con tocados de plumas, guerreros con escudos de piel de jaguar y una esé central que parece representar una ceremonia de ascenso al trono de
una, un gobernante maya, rodeado de cortesanos y de deidades. Los murales son, según la evaluación preliminar de los arqueólogos que los vieron brevemente durante el operativo, de una calidad excepcional comparable con los murales de Bonan Pack. Los murales de Bonan Pack son considerados la obra maestra de la pintura maya, descubiertos en 1946 en las selvas de Chiapas, revolucionaron la comprensión de la cultura maya al mostrar escenas de guerra, de sacrificio y de vida cortesana con un realismo y un detalle que nadie esperaba de una
civilización que los europeos habían considerado primitiva. Si los murales de EC Balam Sur son comparables con los de Bonampac, estamos frente a uno de los hallazgos más importantes de la arqueología mesoamericana del siglo. El CJNG usó las cámaras del nivel superior para almacenar 140 kg de metanfetamina. Los paquetes estaban apilados contra las paredes pintadas.
Varios olpaquetes estaban recargados directamente sobre los murales y en al menos puntos los sicarios clavaron ganchos metálicos en las paredes para colgar equipo, perforando la superficie de los murales con agujeros de 5 mm que atravesaron la capa de estuco y penetraron la piedra caliza debajo. Ganchos clavados en murales mayas de 100 años que podrían ser comparables con Bonan Packac.
Es la frase que resume este caso y es la frase que hizo que el director de Lina, cuando se enteró de los daños, emitiera un comunicado donde calificó la ocupación de la pirámide como un crimen contra el patrimonio cultural de la humanidad. Objetos mayas que el CJNG sacó de las cámaras inferiores fueron enconszos parcialmente en el campamento que el cártel mantenía alrededor la pirámide. Vasijas de cerámica rotas.
fragmentos de figurillas de jade, restos óseos humanos dispersos entre la basura del campamento, los restos de un rey maya o de un sacerdote de alto rango que fue enterrado con honores hace 100 años y cuyo descanso fue perturbado por personas que buscaban espacio para guardar cocaína. Los peritos de Lina recuperaron los objetos que pudieron, pero muchos se perdieron.
rotos, dispersos o simplemente tirados en la selva, donde la vegetación los cubrirá en semana. Los huesos del enterramiento real fueron recolectados y enviados al laboratorio de antropología física de INA para su análisis. Los arqueólogos esperan determinar la identidad del gobernante enterrado mediante el estudio de los huesos, los dientes y los isótopos que revelan la dieta y el origen geográfico de la persona.
Un gobernante maya hace 100 años cuya tumba fue profanada por el CJG para guardar cocaína. Huesos fueron sacados de la cámara donde sus súbditos lo depositaron con reverencia y tirados en un campamento de sicarios entre latas de frijol y colillas de cigarro. La profanación de tumbas no es nueva en la arqueología.
Los saqueadores han profanado tumbas mayas durante siglos, pero los saqueadores al menos valoraban los objetos, los robaban para venderlos. El CJNG no valoró nada, sacó los objetos porque estorbaban y los tiró como basura. Quiero hablar del campamento alrededor de la pirámide porque los 70 y ocho sicarios no vivían dentro de la pirámide sino en la selva circundante.
La pirámide está en una zona de la selva de Campeche que no tiene acceso por carretera. Se llega por un camino de terracería de 60 km desde la carretera federal más cercana que atraviesa ejidos. ranchos ganaderos y tramos de selva, donde el camino se cierra con la vegetación cada temporada de lluvias y hay que reabrirlo con machete.
Las últimas 2 horas del camino son a pie o en mula por la selva densa, donde los árboles de cava, cedro, chicoapote forman una canopia cerrada que bloquea el sol y que mantiene el suelo en una penumbra húmeda permanente. El CJNG estableció su campamento en un claro natural al pie de la pirámide. 15 estructuras de madera y palapa, dormitorios, cocina, letrina, almacén de suministros y un puesto de comunicaciones con antena satelital que proporcionaba la única conexión con el mundo exterior.
Los 78 vivían en el campamento. Solo entraban a las cámaras de la pirámide para depositar o retirar los cargamentos almacenados. La vida en el campamento era la vida de la selva. Calor húmedo constante de 35 gr. con humedad del 90%. Mosquitos que transmiten dengue y chicunguña, serpientes [ __ ] que se esconden en la ojarasca y cuya mordedura puede matar en horas sin tratamiento médico y jaguares [música] que los vigías nocturnos veían pasar como sombras entre los árboles iluminados por la luna.
Dos de los detenidos tenían cicatricises de mordedura de Nauyaca. El médico del campamento, un paramédico de 30 y un años contratado por el CJNG, los atendió con antiveneno que traía de Campeche en un hielera portátil. El antiveneno para Nauyaca tiene que mantenerse refrigerado. El campamento no tenía refrigerador porque los generadores no podían uno el calor fusior de la selva sin consumir cantidades prohibitivas de gasolina.
que el paramédico mantenía el antiveneno en una hielera con hielo que se derretía en 6 horas y que había que reemplazar con hielo nuevo que traían de la carretera federal en un viaje de ida y vuelta de 10 horas. Un campamento del CCC en Sacaselva de Campeche, donde mantener vivo a un combatiente mordido por una serpiente depende de una hielera con hielo que derrite en 6 horas.
Es la precariedad de la vida en la selva aplicada a una organización que mueve miles de millones de pesos al año. El CJNG puede comprar un rifle Barret de $25,000, pero no puede mantener una hielera fría en la selva tropical. Quiero hablar de la logística de suministros, porque alimentar a 78 personas en medio de la selva es un desafío que el CJEGG resolvió con una cadena de transporte que involucra a las comunidades ejidales cercanas.
Los ejidos de la selva de Campeche son comunidades agrarias que viven de la madera, la apicultura, el chicle y la agricultura de subsistencia. El CJNG reclutó transportistas de tres ejidos cercanos para que subieran suministros al campamento tres veces por semana en camionetas pickup con doble tracción. Los suministros se pasaban a mulas en un punto donde el camino se cerraba con la vegetación a 2 horas a pie de la pirámide.
Transportistas cobraban entre 5 y 8000 pesos por viaje. Para un ejidatario que gana 3000 pesos al mes con la apicultura, el dinero era una fortuna y nadie preguntaba para quién era el mandado. El agua era el suministro más crítico. 60 garrafones de 20 L por semana, 100 L, 16 L por persona para beber, cocinar y lavarse a 35. Los combatientes complementaban con agua de lluvia recolectada en lonas y almacenada en tambos.
En temporada de secas, la escasez generaba tensiones que los mandos resolvían con racionamiento estricto. Quiero hablar de la relación entre el CJNG y los ejidos, porque la penetración del narcotráfico en las comunidades esjidales de la selva tiene implicaciones profundas. Los ejidatarios saben dónde están las pirámides, saben dónde están los caminos.

¿Saben cómo moverse por la selva sin GPS? CJNG paga por esa información. ¿Dónde hay cámaras interiores en los sitios arqueológicos? Donde hay caminos transitables en temporada de lluvias donde el ejército no patrulla. La información vale dinero y los ejidatarios la venden con la misma naturalidad con la que venden la miel. Tres de los 78 detenidos eran ejidatarios que funcionaban como guías del CZNG en la selva.
hombres que conocían cada sendero y cada arroyo y que ahora enfrentan cargos donde delincuencia organizada por haber mostrado el camino a una pirámide y que sus abuelos conosocían desde antes de que los arqueólogos la descubrieran con Lidar. Controlaba porque su posición en la selva la convierte en un nodo estratégico del tráfico Guatemala.
México, que el CJNG almacenaba en las cámaras de la pirámide venía de Guatemala, cruzaba la frontera por puntos remotos de la selva, donde no hay vigilancia, no hay bardas, no hay nada más que árboles y la línea imaginaria del tratado de límites de 1882. Los cargamentos entraban a México cargados a lomo de mula por senderos que los contrabandistas han usado durante décadas para pasar madera, animales y personas de un país al otro.
La pirámide estaba a tr días de caminata desde la frontera guatemalteca. Los cargamentos llegaban al campamento, se descargaban de las mulas, se bajaban por los pasillos estrechos de la pirámide se almacenaban en las cámaras ceremoniales donde los mayas enterraron a sus gobernantes. Cada cámara podía almacenar entre 70 y 100 kg de droga.
Las seis cámaras juntas podían almacenar hasta 600 kg. Los peritos decomizaron 420 kg, lo que indica que las cámaras estaban al 70% de su capacidad al momento del pustol perativo. La droga almacenada en la pirámide salía por la misma ruta de terracería hacia la carretera federal, donde se cargaba en camionetas que la transportaban hacia Mérida, Cancún y los puntos de embarque en la costa del Golfo de México, donde lanchas rápidas la llevaban hacia Estados Unidos por la ruta del Caribe, la pirámide como nodo logístico en una
cadena de tráfico internacional que va desde los cocales de Colombia hasta las calles de Miami. Un monumento maya de 100 años de antigüedad sirviendo como estación de paso para la droga que alimenta la epidemia de consumo más grande es del hemisferio occidental. Es un uso del patrimonio culturor que al ningún organismo internacional contempló cuando la UNESCO estableció sus venciones de protección del patrimonio.
Quiero hablar de cómo se descubrió la base. La pista vino del propio arqueólogo que descubrió la pirámide. Cuando Elina finalmente consiguió presupuesto para iniciar la exploración en 2024, el arqueólogo organizó una expedición preliminar a la pirámide para evaluar su estado de conservación antes de solicitar los permisos de excavación.
El arqueólogo y su equipo de tres estudiantes caminaron durante dos días por la Síelva hasta llegar al sitio. Lo que encontraron no era lo que esperaban. La vegetación de la entrada principal de la pirámide había sido cortada. El sello de estuco de la cámara inferior estaba roto y en el suelo frente a la entrada había colillas de cigarro, envolturas de comida y huellas de botas que no eran de arqueólogos.
El arqueólogo no entró a la pirámide, tomó fotografías, registró lo que vio, regresó a Campeche y, en lugar de reportar a Lina, reportó directamente al ejército. Porque el arqueólogo que ha trabajado en la selva de Campeche durante 20 años sabe que cuando encuentras indicios de ocupación humana reciente en un sitio arqueológico remoto de la selva y la ocupación no es de excursionistas ni de investigadores, es de personas que necesitan la selva para esconder lo que no quieren que se vea. El ejército envió un dron de
reconocimiento que sobrevoló la pirámide y que captó imágenes térmicas del campamento. 15 estructuras, personas moviéndose, vehículos en un claro y una antena que sobresalía de la canopia. Las imágenes confirmaron que la pirámide tenía ocupante y el ejército planificó un operativo que requirió resolver el mismo problema logístico que el CJNG había resuelto meses antes.
¿Cómo llegar a un punto en medio de la selva de Campeche donde no hay carreteras, no hay caminos y la canopia de la selva impide el aterrizaje de helicópteros? La solución del ejército fue diferente a la del CJNG. El CJNG llegó a pie, el ejército llegó por aire. Dos helicópteros Black Hawk transportaron a 80 soldados que descendieron por cuerdas rápidas hasta un claro natural, kilómetro de la pirámide.
Los soldados caminaron el kilómetro a través de la selva en 40 minutos y rodearon el campamento antes del amanecer. El operativo se ejecutó a las 5 de la mañana. Los soldados entraron al campamento desde cuatro direcciones. 78 ocupantes estaban enlisis diferentes estados. Algunos dormían en las barracas, otros desayunaban en la cocina y dos estaban dentro de la pirámide en las cámaras del nivel inferior retirando un cargamento de cocaína que iba a salir ese hacia la carretera federal.
La resistencia duró 3 minutos. Tres combatientes del CJNG que hacían guardia en el perímetro del campamento dispararon contra los soldados que avanzaban entre los árboles. Los soldados respondieron, los tres guardias fueron sometidos y el resto al verse rodeados en un campamento en medio de la selva, sin ruta de escape y sin vehículos, porque las camionetas estaban en un punto de la seterracería a 2 horas de caminata, se rindieron.
Los dos que estaban dentro de la pirámide fueron detenidos cuando intentaron salir por la entrada principal y encontraron soldados apuntándoles desde claro. Salieron de la oscuridad de las cámaras mayas a la luz del amanecer de la selva, con las manos en alto y con los ojos entrecerrando contra el sol que no habían visto en las horas.
Quiero describir el momento en que los soldados entraron a la pirámide, porque la escena tiene una carga simbólica que los que estuvieron ahí todavía procesan. Después de asegurar el campamento y detener a los 76 del exterior, un equipo de ocho soldados se acercó a la entrada de la pirámide.
La entrada es una abertura de 2 m de alto por 70 cm de ancho en la base de la pirámide, parcialmente cubierta por raíces de higuera. que enmarcan la abertura como los dedos de una mano gigante agarrando la piedra. Los restos del sello educuto que el CJNG rompió estaban dispersos en el suelo frente a la entrada. Fragmentos blancos de cal y arena que los mayas prepararon con una receta exacta que los arqueólogos todavía no han podido replicar exactamente.
Los soldados entraron en fila india por el pasillo de 70 cm. Avanzaron agachados con linternas tácticas por un corredor descendente de piedra caliza que baja en una pendiente suave hacia las cámaras del nivel inferior. Las paredes del corredor tienen restos de estuco pintado, fragmentos de glifos mallas que los arqueólogos van a tener que documentar antes de que la humedad del aire exterior que ahora entra por el sello roto, los destruya.
El soldado que iba al frente describió la experiencia de entrar a la pirámide como caminar hacia atrás en el tiempo. Dijo, “El aire adentro era diferente, más frío, más viejo. Olía a piedra y a algo dulce, como incienso quemado hace 1 años que todavía flota en el aire. Y las paredes tenían dibujos, caras, animales, cosas escritas que no entiendo.
Y yo iba caminando entre eso con un rifle en las manos buscando narcotraficantes. Es la cosa más rara que me ha pasado en 15 años de servicio. Las cámaras del nivel inferior estaban llenas de paquetes negros de cocaína apilados contra las paredes de piedra labrada. y las luces que el CJNG instaló, unas tiras de LED con batería que pegaron a las paredes que en cinta adhesiva sobre la superficie de estuco iluminaban el espacio con una luz fría y azulada que le daba a la cámara maya el aspecto de una escena de ciencia ficción. Piedra
antigua iluminada con tecnología moderna, ofrendas prehispánicas reemplazadas por ofrendas del narcotráfico. Cos aseguraron las seis cámaras en 40 minutos. El proceso fue lento porque los pasillos solo permiten el paso de una persona a la vez y porque los soldados tenían instrucción de no tocar las paredes para minimizar el daño a los murales y el estuco que los arqueólogos iban a necesitar documentar.
Un soldado de 23 años que fue de los últimos en entrar a las cámaras del nivel superior, las de los murales, declaró después, yo nunca había entrado a una pirámide, nunca había visto pintura maya de verdad. Y cuando vi los murales, los colores y las figuras y los animales, sentí vergüenza. Vergüenza de estar ahí con un rifle pisando donde pisaron los mayas hace 1000 años.
Ah, vergüenza de que los que llegaron antes que nosotros usaron este lugar para guardar droga y vergüenza de que yo, que soy mexicano, no sabía que esto existía hasta que un narcotraficante lo encontró primero. Vergüenza de que un narcotraficante encontró la pirámide antes que un arqueólogo. vergüenza de que el CJNG leyó a publicación científica y actuó antes que Elina.
Vergüenza de que el dinero del narcotráfico llegó a la selva de Campeche antes que el presupuesto de la cultura. Es la vergüenza que debería sentir todo México cuando lee este caso, porque lo que le pasó a EG Balamsur no le pasó porque el CJNG sea particularmente malvado, le pasó porque LINA es particularmente pobre, porque los fondos para la arqueología se recortan en cada presupuesto, que una pirámide maya descubierta en 2018 tiene que esperar 6 años para ser explorada por falta de dinero.
Y en esos 6 años, TNG que no tiene problemas de presupuesto, llega primero: 78 detenidos, cero muertos, 111 rifle, 420 kg de droga distribuidos en las seis cámaras de la pirámide y un sitio arqueológico que los arqueólogos de Lina tardaron 6 años en poder visitar y que el Sej profanó en 6 meses. Quiero hablar de los 78 detenidos.
De los 78, 45 eran combatientes, 18 eran logística, los arrieros que transportaban los cargamentos por la terracería, los que manejaban las camionetas en los tramos transitables y los que cargaban las cajas de droga y armas por los pasillos de 70 cm de la pirámide. Ocho eran personal de apoyo, cocineros, el paramédico y los que mantenían el campamento.
Cuatro eran comunicaciones y tres eran mandos. El jefe de la célula era un hombre de 37 años, originario de Tabasco, con un perfil que sorprendió a los investigadores. Cottía estudios universitarios en biología. Estudió 2 años de la carrera de biología en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco antes de abandonaros. Su conocimiento de la selva tropical, de la fauna, de la flora y de la geografía de la región fue lo que el CG valoró cuando lo designó para dirigir la operación de la pirámide.
El biólogo frustrado convertido en jefe de célula del narcotráfico en la selva de Campeche, que empezó estudiando las selva para entenderla y que terminó usándola para esconder droga. Quiero contar la historia de uno de los combatientes jóvenes porque su camino a la pirámide refleja como el CJEGG recluta en los pueblos del sureste.
se llamaba, según los registros Kevin, de un pueblo del municipio de Calacmul, el municipio más grande y menos poblado de Campeche, donde las selvas cubre el 95% del territorio y donde las comunidades viven en un aislamiento que los habitantes de las ciudades no pueden imaginar. Kevin terminó la telesecundaria en su pueblo.
La preporia más cercana estaba en XPIL, a 4 horas en camión. Su familia no tenía dinero para mandarlo. Se quedó en el pueblo ayudando a su padre en la milpa y cortando chicle en temporada. La resina del árbol de chicoapote que se recolecta haciendo cortes en la corteza con un machete especial y que se vende a intermediarios que las llevan a las fábricas de chicle en Mérida.
El chicle paga entre 80 y 100 pesos el kilo. Un chiclero bueno saca entre 3 y 5 kg por día. Kevin ganaba entre 240 y 500 pesos diarios durante los 3 meses de temporada de chicle. La milpa y los trabajos ocasionales. El CJNG llegó a su pueblo buscando guías y cargadores. Kevin sabía moverse por la selva, sabía cargar peso por los senderos, sabía dónde pisar y dónde no pisar en un terreno donde las serpientes nauyacas se confunden con las ramas caídas y donde un paso en falso puede significar una mordedura mortal.
Le ofrecieron 20,000 pesos al mes, más de lo que ganaba en un año de chicle. Kevin fue asignado como cargador. Su trabajo era bajar las cajas de droga y de armas por los pasillos de 70 cm de la pirámide y almacenarlas en las cámaras. cargaba las cajas en la espalda con un mecapal, la cinta de cuero que los pueblos mesoamericanos usan desdea miles de años para cargar peso apoyándolo en la frente.
El mismo mecapal que sus abuelos usaban para cargar maíz de la milpa Kevin lo usaba para cargar cocaína dentro de una pirámide maya. Kevin fue detenido en el campamento a las 5 de la mañana. Dormía en una hamaca entre dos árboles de chico zapote. Tiene 19 años, del municipio de Calacmul. Del municipio que lleva el nombre de una de las ciudades mayas más poderosas de la historia.
Una ciudad que en su apogeo rivalizó Contical por la hegemonía del mundo maya y el descendiente de los mayas que construyeron Calacmul carga cocaína dentro de las pirámides que sus antepasados levantaron. Quiero hablar tiene un sentido del humor, porque las implicaciones para el cultural de México y de la humanidad son las más graves de todos los casos que hemos cubierto.
La pirámide de Egbalam Sur es un sitio que nunca fue explorado científicamente. Lo que el CJ Shin encontró dentro de las cámaras, las vasijas, las figurillas, los restos socios, los objetos rituales, todo eso era información arqueológica virgen que podría haber revelado datos sobre la sociedad, la política, la religión y la vida cotidiana de una ciudad mayá del periodo clásico tardío, que todavía no tiene nombre porque nadie la ha excavado.
Esa información se perdió. Los objetos que el CGNG sacó de las cámaras y tiró en el campamento perdieron su contexto arqueológico, la posición en que estaban, la relación con los otros objetos, la capa de tierra donde se encontraban. Todo eso es información que los arqueólogos necesitan para interpretar los hallazgos y que se destruye irreversiblemente cuando los objetos son removidos sin documentación.
Una ceja de cerámica en su posición original dentro de una cámara maya dice 100 veces más que la misma vasija rota en un basurero de campamento. Los murales de las cámaras superiores sufrieron daños que los restauradores de Lina están evaluando. Los ganchos metálicos perforaron la superficie del estuco en seis puntos.
Los paquetes de metanfetamina que estuvieron recargados contra las paredes dejaron marcas de presión en la superficie pintada y la humedad que los cargamentos generaban al estar empaquetados en plástico contra las paredes creó condensación que dañó los pigmentos en las zonas de contacto. Los respiradores estiman que los murales son recuperables en un 80%.
Las perforaciones de los ganchos pueden rellenarse, las marcas de presión pueden estabilizarse y los pigmentos dañados por la condensación pueden tratarse con técnicas de restauración que detienen el deterioro aunque no lo revierten. Pero el 20% restante, las secciones donde el daño es irreversible, se perdió para siempre.
Pintura maya de 100 años de antigüedad que sobrevivió terremotos, huracanes y 12 siglos de selva tropical destruida por paquetes metanfetamina recargados contra la pared. Quiero hablar de lo que este caso implica para los otros 5900 sitios arqueológicos no explorados de Campeche. Si el CJNG pudo encontrar Ebalam Sur leyendo una publicación científica puede encontrar cualquier otro sitio.
Las publicaciones arqueológicas incluyen coordenadas geográficas precisas de los sitios descubiertos. Es un requisito del rigor científico. Para que otros investigadores puedan verificar los hallazgos, las coordenadas deben ser públicas. Pero lo que es transparencia científica para un arqueólogo es un mapa del tesoro para un narcotraficante que busca cámaras selladas donde guardar droga.
Los arqueólogos de Campeche están debatiendo si deseen seguir publicando las coordenadas de esos sitios que descubren. Algunos argumentan que la transparencia es esencial para la ciencia y que autocensurársese por miedo al narcotráfico es rendirse. Otros argumentan que publicar las coordenadas de una pirámide con cámaras selladas cuando Elina no tiene presupuesto para explorarla en años es entregarle el sitio al crimen organizado en bandeja de plata.
Es un debate que no debería existir, que la solución obvia es que Elina tenga el presupuesto para explorar los sitios que se descubren antes de que alguien más los encuentre. Pero el presupuesto de Lina para arqueología en Campeche es de una fracción de lo que costaría explorar los miles de sitios que el Lidar ha revelado en los últimos años.
Y mientras la brecha entre los sitios descubiertos y los sitios explorados sea grande, el espacio para que el CJNG llene esa brecha crece. El arqueólogo que descubrió EC Balam Sur y que reportó al ejército cuando encontró la pirámide profanada ha dicho públicamente que este caso es una llamada de atención para todo el mundo de la arqueología mesoamericana.
publicamos coordenadas pensando que solo las leen otros arqueólogos y resulta que las lee el CJNG. ¿Y qué? Si no cambiamos la manera en que protegemos los sitios no explorados, vamos a seguir llegando después de que el narco llegó primero. Llegando después. Es la frase que resume la relación entre el Estado mexicano y el narcotráfico.
En cada caso que hemos cubierto, el INA llega después de que el CJNGGje profanó la pirámide. La Sedena llega después de que el CJNG ocupó el convento, los restauradores después de que los murales fueron dañados, siempre después, siempre tarde y siempre con la expresión de quien abre una puerta esperando encontrar lo que dejó y encuentra lo que alguien más puso ahí mientras no estaba.
Los huesos del enterramiento real que el CJNG sacó de la cámara inferior están siendo analizados. Los antropólogos físicos del INA determinaron que pertenecen a un individuo masculino de entre 40 y 50 años de edad al momento de la muerte, con deformación cranial intencional del tipo tabular oblicua que era característica de la élite maya.
incrustaciones de jade en los dientes frontales que eran un marcador de estatus social alto. Era un gobernante o un sacerdote de alto rango, alguien cuyo entierro fue preparado con cuidado y con reverencia por personas que lo consideraban sagrado, y sus huesos fueron tirados entre latas de atún y colillas de cigarro en el campamento de un cártel de narcotráfico.
A ti que llegaste hasta aquí, la imagen que te dejo es la de las dos temporalidades que se cruzan en las cámaras de la pirámide. 1200 años. Esa es la distancia entre el sacerdote Maya, que selló la cámara con estuco y Cal después de depositar al gobernante muerto con sus ofrendas y el sicario del CJNG, que rompió el sello a martillazos para meter paquetes de cocaína.
100 años de oscuridad y de silencios dentro de una pirámide que la selva cubrió y que el tiempo preservó con la paciencia de las cosas que la naturaleza protege de los humanos. Y después un martillo rompiendo el sello y la luz de una linterna entrando a una cámara que llevaba 100 años sin ver luz y los ojos de un sicario viendo lo que ningún ser humano había visto en más de un milenio.
Las paredes pintadas, las vasijas en su lugar, los huesos del gobernante en su posición de entierro, las ofrendas de jade y de será y el aire que olía a polvo mineral y a los siglos acumulados de una civilización que construyó pirámides que duran más que los imperios que vinieron. El sicario vio todo eso y sacó las vasijas para hacer espacio y sacó los huesos para hacer espacio y metió la cocaína y recargó los paquetes contra los murales y clavó ganchos en la pintura de 100 años.
Porque lo que necesitaba no era historia ni arte, ni los restos de un rey. Lo que necesitaba era espacio, espacio seco, oscuro y sellado donde guardar la droga que iba a salir por la terracería hacia la carretera federal. Y de ahí hacia los mercados del norte, la pirámide maya como bodega, las cámaras ceremoniales como estantes, los murales como paredes de almacén y los huesos de un gobernante como basura que estorba.
Dale like, suscríbete, activa la campanita. El INA envió un equipo de arqueólogos y restauradores a ECBALSUR la semana siguiente al operativo. Es la que profesionales de la arqueología entran a las cámaras de la pirámide. Lo que encontraron los emocionó y los destrozó al mismo tiempo. Murales extraordinarios con daños evitables, cámaras funerarias vaciadas de su contenido y la evidencia de que una de las pirámides más importantes del periodo clásico Tardío Maya fue profanada.
Antes de ser estudiada, los arqueólogos están trabajando. Van a documentar cada centímetro de las cámaras. Van a restaurar los murales. Van a analizar los huesos. Van a catalogar los fragmensos de cerámica y de jade que recuperaron del campamento y van a publicar sus hallazgos para que el mundo sepa lo que había dentro de esa pirámide antes de que el CJNG entrara y lo que quedó después de que el CHOF NG saliera.
Nos vemos mañana. Y si algún día estás en la selva de Campeche y ves un cerro que tiene bordes demasiado rectos para ser natural, que tiene escalinatas cubiertas de raíces, que tiene mascarones de estuco asomándose entre los elechos de tente. Fíralo. Debajo de la vegetación puede haber una pirámide y dentro de la pirámide puede haber cámaras que llevan 1200 años sellad esperando a que alguien las abraencia que merecen.
No con un martillo, no para hacer espacio para cocaína, sino con un pincel, una brocha, con la paciencia de un arqueólogo que sabe que lo que hay adentro tardó 100 años en esperar y que merece que la apertura tarde lo que tenga que tardar para hacerse bien. Los mayas sellaron esas cámaras con cuidado, con ritual, la certeza de que lo que depositaban adentro iba a estar protegido por la piedra y por el estuco y por los siglos.
Y durante 100 años tuvieron razón. La piedra protegió, el estuco selló y los siglos pasaron sin que nadie perturbara el sueño del gobernante ni el silencio de los murales, hasta que un martillo rompió el sello y lo que estaba protegido dejó de estarlo. Y lo que llevaba 100 años esperando fue visto por los ojos equivocados que solo buscaban espacio.
Los ojos correctos llegaron después. Los arqueólogos de Lina con sus pinceles y sus brochas y su reverencia y sus lágrimas al ver los murales dañados y los huesos del gobernante en bolsas de evidencia forense en su lugar de en su cámara funeraria. Los ojos correctos siempre llegan, solo que a veces llegan tarde.
Y en el espacio entre el martillo y el pincel, entre la profanación y la restauración, se pierde lo que 100 años de selva, de lluvia, de raíces y de silencio no pudieron destruir, pero que un grupo de hombres con necesidad de espacio destruyó en una tarde. El gobernante Maya, que fue enterrado en la cámara inferior de EC Balamsur hace 12 años, fue depositado ahí.
personas que lo reverenciaban, que prepararon su cuerpo con pigmentos y con jade, que colocaron a su alrededor las vasijas con comida y bebida que necesitaría en el viaje al Cibalbá, el inframundo maya, quearon la cámara con estuco preparado con unas recetas que garantizaba 1000 años de protección y que se fueron sabiendo que lo que dejaron adentro iba a estar a salvo.
100 años después, un hombre con un martillo rompió la promesa que el sello representaba y los huesos del gobernante, que dormían en la posición exacta en que sus súbditos los colocaron com fueron sacados de su tumba y tirados en un campamento entre latas de atún porque alguien necesitaba el spaw para guardar cocaína.
Los mayas creían que los muertos viajan al Cibalbac y que el viaje requiere las ofrendas que se depositan en la tumba. Sin las ofrendas, el muerto no puede completar el viaje. Queda atrapado entre los mundos, perdido. Solo si los mayas tenían razón, el gobernante de Ebalamsur lleva unos meses atrapado entre mundos porque sus ofrendas están en bolsas de evidencia del Sina y su tumba está llena de cocaína y nadie le ha pedido perdón.