El minero que detonó la carga de Cinamita a las 6 de la mañana del miércoles no sabía que estaba abriendo una pared que la empresa minera no había autorizado. Llevaba 8 años trabajando en la mina de cobre. 8años, bajando a 400 m bajo la superficie de la sierra sonorense, perforando roca con barrenos neumáticos, colocando cargas de explosivo en los agujeros, detonando y paleando el escombro hacia las vagonetas que subían el mineral a la superficie.
8 años de polvo de cobre en los pulmones, de oscuridad a las 6 de la mañana y de un sueldo de 16,000es mensuales que en Sonora es un sueldo digno para un hombre que no terminó la secundaria. Pero esa mañana, cuando la dinamita detonó y el polvo se asentó, y el minero enfocó su lámpara de casco hacia la pared que acababa de volar, no vio roca de cobre al otro lado.
Vio una puerta de acero, una puerta de acero empotrada en la roca a 400 m de profundidad dentro de una mina de cobre activa en la sierra de Sonora. Una puerta con marco de acero soldado a la roca, con bisagras industriales, con una cerradura de combinación. y con un sello de caucho alrededor del marco que indicaba que lo que había detrás de la puerta estaba presurizado o impermeabilizado.
El minero dejó la pala en el suelo, se quitó el casco, se rascó la cabeza y subió a la superficie a decirle al ingeniero de turno que detrás de la pared del nivel cuatro había una puerta que no aparecía en ningún plano de la mina. ingeniero, bajó, vio la puerta, subió, llamó al director de operaciones de la empresa minera.
El director bajó, vio la puerta, subió y en lugar de llamar a la policía llamó a un número de teléfono que le habían dado para emergencias cuando aceptó el puesto de director de operaciones hace 3 años. El número que marcó era el del coordinador regional del CJ en la Sierra de Sonora, que la mina de cobre donde el minero detonó la carga de dinamita esa mañana no era solo una mina de cobre, era una mina de cobre que el CJNG había infiltrado desde hacía 4 años usando la infraestructura minera como cobertura para una operación que incluía un búnker
subterráneo, un almacén de drogas, un laboratorio de procesamiento de fentanailo, y una red de vigilancia donde los propios mineros, sin saber todos lo que hacían, funcionaban como halcones del cártel. El director de operaciones llamó al GNG porque el director de operaciones trabajaba para el GNG
Había sido colocado en ese puesto por el cártel hace 3 años con documentos falsos y un currículum fabricado que lo acreditaba como ingeniero de minas egresado de la Universidad de Sonora. era un operador del CJNG con experiencia en logística que fue designado para controlar la mina desde adentro, garantizar que la operación del búnker no fuera descubierta y administrar la red de halcones que el cártel mantenía entre los trabajadores de la mina.
La llamada del director no llegó a su destino. El número que marcó estaba intervenido por la inteligencia militar desde hacía 6 semanas. El ejército llevaba mes y medio escuchando las comunicaciones del coordinador regional del CJNG. Y cuando el director de la mina llamó para reportar que un barrenador abrió una pared que no debía y que hay que moverlo de abajo antes de que alguien hable, los analistas de inteligencia entendieron dos cosas, que dentro de la mina había algo que el CJNG quería esconder y que la mina de cobre que llevaba 4 años
operando bajo supervisión del cártel estaba a punto de ser expuesta. El ejército actuó en 48 horas. 140 soldados rodearon la mina, bloquearon los tres accesos, detuvieron al director de operaciones cuando salía de su oficina a las 7 de la mañana y bajaron a 400 m de profundidad por el pozo principal de la mina con equipo de combate subterráneo, lámparas tácticas y la certeza de que lo que iban a encontrar detrás de la puerta de acero justificaba el operativo más profundo, literalmente, que el ejército mexicano ha ejecutado contra el
narcotráfico. Lo que encontraron detrás de la puerta era un mundo, un búnker excavado en la roca a partir de una beta agotada de la mina que la empresa dejó de explotar hace una década. El CJ tomó esa beta agotada, la amplió, la reforzó con concreto y acero, la impermeabilizó, la conectó con el sistema eléctrico y de ventilación de la mina y la convirtió en una instalación subterránea de 10000 m².
a 400 m bajo las superficies de la Sierra de Sonora, 1,00 m² a 400 m de profundidad dentro de una mina de cobre que funciona con normalidad, que tiene permisos, que paga impuestos, que emplea a 340 trabajadores y que desde la superficie parece exactamente lo que dice ser, una operación minera legal que extrae cobre de la Sierra de Sonora para venderlo a fundiciones nacionales e internacionales.
La mina como cobertura, la empresa minera como fachada y 340 trabajadores como escudos humanos involuntarios pacabajan todos los días a 400 m de profundidad, sin saber que al otro lado de las paredes de roca, que perforaban con sus barrenos, había un búnker del CJ con un laboratorio de fentanilo que producía la droga más letal del hemisferio occidental.
No todos los 340 eran involuntarios. 23 de los 340 trabajadores de la mina fueron identificados como halcones del cejo 23 mineros que además de picar roca y palear escombro cumplían funciones de vigilancia para el cártel reportaban los movimientos de vehículos oficiales en los caminos de acceso a la mina es monitoreaban las visitas de inspectores de la Secretaría de Economía y de la ProfOFEPA y alertaban al director de operaciones Si algún trabajador se hacía preguntas sobre zonas de la mina donde no debía entrar. Los halcones cobraban
un sobresueldo de 8,000 pesos mensuales adicionales a su salario de minero. 8000 pesos por abrir los ojos y reportar lo que veían. La mayoría no sabía exactamente qué había detrás de la puerta de acero del nivel cuatro. Sabían que era algo del patrón y que su trabajo era asegurarse de que nadie se acercara a esa zona sin autorización.
Algunos lo intuían, otros preferían no intuir y los 8,000 pesos adicionales al mes compraban el silencio con la misma eficiencia con la que la mina compraba el cobre. Quiero hablar de la mina antes de bajar al búnker porque entender la operación minera es entender cómo el CJNG infiltra las industrias legales de México.
La mina de cobre se llama, según los registros, Mina Santa Rosalía. Espera desde hace 22 años en un yacimiento de cobre porfidítico que es típico de la geología de la sierra de Sonora. Sonora es el estado minero por excelencia de México. Produce el 80% del cobre del país, además de oro, plata, molivdeno y grafito.
La minería es la segunda industria más importante de Sonora después de la agricultura. Hay cientos de minas operando en la sierra sonorense, desde operaciones gigantescas de empresas transnacionales hasta minas medianas como Santa Rosalía, que emplean a unos cientos de trabajadores y que producen miles de toneladas de mineral año.
Santa Rosalía es una mina subterránea. El yacimiento de cobre está a profundidad, así que la extracción se hace mediante galerías y pozos que descienden hasta los niveles donde la concentración de mineral justifica la excavación. La mina tiene seis niveles numerados del uno al seis que descienden desde los 100 m hasta los 500 m de profundidad.
Cada nivel tiene galerías de extracción que se ramifican desde el pozo principal, como las ramas de un árbol invertido. Los mineros trabajan en los frentes de cada galería, perforando la roca, detonando y extrayendo el mineral que sube por el pozo en vagonetas hasta la superficie donde se procesa en una planta concentradora. La mina emplea a 340 trabajadores en tres turnos de 8 horas.
El turno de la mañana baja a las 6, el turno de la tarde baja a las 2, el turno de la noche baja a las 10. Cada turno tiene entre 100 y 120 trabajadores que se distribuyen en los seis niveles de la mina. Es una operación que mueve personas, equipo y mineral las 24 horas del día. Una operación con camiones entrando y saliendo, con explosiones programadas tres veces al día, con generadores eléctricos rugiendo, con ventiladores industriales bombeando aire a 500 m de profundidad.
El ruido y el movimiento constante de una mina activa son la cobertura perfecta para cualquier actividad que quieras esconder debajo. CJ lo entendió hace 4 años. Proó el 25% de las acciones de la empresa minera a través de una cadena de empresas fantasmas registradas en Hermosillo y en la Ciudad de México. Tocó al director de operaciones y empezó a construir el búnker en el nivel cuatro en una beta agotada que la mina había dejado de explotar y que en los planos oficiales aparecía como zona inactiva [música] acceso clausurado.
La zona estaba clausurada con un muro de concreto que el CJNeg rompió, excavó detrás y volvió a sellar con la puerta de acero que el minero descubrió cuando su carga de dinamita abrió una pared que se suponía que nadie iba a tocar. Quiero detenerme en cómo el CJCG compró la participación en la empresa minera porque el proceso refela la sofisticación financiera del cártel.
La mina Santa Rosalía per necesía a una empresa llamada Minerales del Norte SA de Seubo, fundada en 2002 por un grupo de inversionistas honorenses legítimos que obtuvieron la concesión minera de la Secretaría de Economía. Durante 18 años, Minerales del Norte operó la mina sin problemas. producía cobre, pagaba impuestos, cumplía con las regulaciones ambientales, empleaba a 340 trabajadores.
Hace 4 años la empresa afrentó una crisis financiera. El precio internacional del cobre cayó. Los costos de extracción subieron porque las betas superficiales se agotaron y la minería tuvo que profundizar a niveles más costosos. La empresa necesitaba una inyección de capital de 100 millones de pesos para comprar equipo nuevo y para abrir los niveles 5 y se que prometían betas más ricas. Bancos no prestaron.
Los inversionistas originales no tenían más dinero y cuando la empresa estaba a punto de clausurar operaciones y despedir a 340 trabajadores, apareció un inversionista misterioso. Una empresa llamada Grupo Desarrollo Sierra SA. SA DSE registr Hermosillo con un capital social de 2,000ones de pesos y un único socio que los investigadores identificaron después como un prestanombres del CJNG.
Grupo Desarrollo Sierra ofreció los 100 millones de pesos a cambio del 25 de las acciones y del derecho a designar al director de operaciones. Personas originales aceptaron. No tenían nativa eras a cerrar la mina. Y cerrar la mina significaba dejar sin empleos a 340 familias en una sierra donde no hay otra fuente de empleo.
Los 100 millones de pesos eran dinero del narcotráfico lavado a través de tres niveles de empresas fantasma. Los invesicieras rastrearon el origen del dinero de Grupo Desarrollo Sierra a una empresa en Guadalajara, de la empresa en Guadalajara a una cuenta en Panamá, de Panamá a una red de transferencias que se originaba en cuentas vinculadas al CJ en Jalisco.

100 millones de pesos de narcotráfico invertidos en una mina de cobre legítima. lavado de dinero de libro de texto y nadie lo detectó porque la transacción pasó por un nota se inscribió en el registro público y los reguladores financieros de México no tienen la capacidad ni los recursos para verificar el origen del capital de cada inversión que se hace en el país.
El director de operaciones que el CJNG colocó se llamaba, según sus documentos falsos, ingeniero Carlos Mendoza Vega. Tenía un título de ingeniería de minas de la Universidad de Sonora que era falso. La universidad no tiene registro de ningún egresado con ese nombre. tenía un currículum con experiencia en tres minas de Chihuahua y Durango que era fabricado.
Las minas existían, pero ninguna lo tenía en sus registros de personal y tenía una presencia profesional convincente. Hablaba con la terminología técnica de la minería, vestía como ingeniero de minas y se comportaba con la autoridad tranquila de alguien que sabe lo que hace. Los inversionistas originales de Minerales del Norte no verificaron sus credenciales, lo aceptaron como parte del paquete de inversión de Grupo Desarrollos Sierra.
Y durante 3 años, el falso ingeniero Mendoza administró la mina con una competencia que los propios inversionistas reconocieron. La producción subió, los costos bajaron y la mina pasó de estar al borde del cierre a ser rentable otra vez. Lo que no sabían es que la rentabilidad incluía los ingresos del laboratorio de fentanilo, que operaba a 400 m debajo de la oficina, donde el director firmaba las nóminas las cada quincena.
El búnker se extiende a lo largo de la beta agotada como un gusano dentro de la roca. La beta original tenía unos 2 m de ancho y se extendía en línea recta durante aproximadamente 100 m. El CJNG amplió la beta a 4 m de ancho y 3 de alto. Reforzó las paredes y el techo con marcos de acero y concreto proyectado del tipo que se usa en las minas para evitar derrumbes y dividió el espacio en secciones funcionales separadas por puertas interiores.
La primera sección de unos 200 m² era el laboratorio de fentanilo. ¿Qué quiero detenerme aquí? Porque el fentanilo es el dato que convierte este caso de un narcobúnker más en algo que tiene implicaciones de seguridad nacional para México y para Estados Unidos. El fentanilo es un opioide sintético 50 veces más potente que la heroína. Dos.
2 mg de fentanilo, una cantidad que cabe en la punta de un lápiz, pueden matar a una persona adulta. Estados Unidos está viviendo una epidemia de sobredosis de fentanilo que mata a más de 70,000 personas al año. La mayor parte del fentanilo que llega a Estados Unidos se produce en México con precursores químicos importados de China y la mayor parte de ese fentanilo lo produce el CJNG.
El laboratorio del búnker de la mina producía fentanilo a 400 m de profundidad dentro de una mina de cobre activa con la ventilación de la mina extrayendo los vapores químicos y mezclándolos con el polvo de cobre y el aire viciado que sale por los ductos de ventilación de la superficie. Los trabajadores de la mina que respiraban el aire que subía de los niveles inferiores estaban respirando, sin saberlo, trazas de los químicos que se usan para sintetizar fentanilo, ácido acético, cloruro de propio anilina, químicos que en concentraciones
bajas causan irritación de las vías respiratorias y dolores de cabeza. Varios mineros habían reportado dolores de cabeza frecuentes y tos persistente al servicio médico de la mina. El médico de la empresa, que también trabajaba para el CJNG, les recetaba absetam y los mandaba de vuelta al trabajo. El laboratorio tenía capacidad para producir entre 5 y 10 kg de fentaniloso por semana.
5 kg de fentanila contienen aproximadamente 2,illones y medio de dosis letales, 10 kg, 5 millones. El laboratorio del búnker de Santa Rosalía producía la semana suficiente fentanilo para matar a la población entera de una ciudad del tamaño de Monterrey y lo producía a 400 m bajo tierra. Invisible para los satélites, invisible para los drones, invisible para cualquier forma de vigilancia que no implique bajar al fondo de una mina de cobre y romper una pared que no aparece en los planos.
La segunda sección del búnker de unos 300 m² era almacén de producto terminado y de precursores químicos. Los peritos encontraron 47 kg de fentanilo en polvo listo para distribución almacenado en contenedores herméticos dentro de una cámara con control de temperatura. 230 kg de precursores químicos en bidones etiquetados con nombres falsos que los químicos del laboratorio usaban para las síntesis.
y 140 kg de metanfetamina cristalina que se producía un proceso para Cerelo usando parte de la misma infraestructura del laboratorio de fentanilo. La tercera sección era zona habitacional para el personal del búnker. 20 personas vivían ahí abajo de manera permanente, 10 químicos y técnicos de laboratorio que operaban la producción de fentanilo en turnos de 12 horas.
seis guardias de seguridad que controlaban el acceso al búnker y cuatro personas de logística que gestionaban el transporte de precursores hacia abajo y de producto terminado hacia arriba. Las 20 personas que vivían en el búnker no subían a la superficie, bajaban por el pozo de la mina mezclados con los mineros del turno de la noche. Se desviaban en el nivel cuatro hacia la puerta de acero y desaparecían dentro del búnker durante semanas.
dormían y trabajaban a 400 m bajo la superficie. Sus habitaciones tenían literas de metal, un baño con agua que se bombeaba desde el sistema de achique de la mina y una cocina con estufa eléctrica que se alimentaba del sistema eléctrico de la propia mina. El CJNG no instaló su propio sistema eléctrico ni su propio sistema de ventilación.
Usó los de la mina. Se conectó a los cables de la mina como un parásito. Se conecta a las arterias de su huésped. La electricidad que alimentaba el laboratorio de fentanilo venía de los mismos generadores que alimentaban los barrenos neumáticos de los mineros. El aire que ventilaba el búnker venía de los mismos ventiladores que bombeaban aire fresco a las galerías, donde los trabajadores picaban cobre.
Y el agua que usaban los 20 ocupantes del búnker venía de las mismas bombas de achique extraían el agua subterránea de los niveles inferiores de la mina. La mina alimentaba al parásito que vivía dentro de ella. 340 trabajadores bajando a picar cobre para que la mina funcionara, para que los generadores generaran, para que los ventiladores ventilaran, para que las bombas bombearan.
Y esa infraestructura mantenida con el trabajo de 340 personas alimentaba en secreto a un laboratorio de fentanilo que producía la droga más letal del hemisferio. Quiero hablar de los halcones con más detalle porque el sistema de vigilancia que el CJNG montó dentro de la mina tiene una sofisticación que va más allá de poner ojos en los caminos.
Los 23 halcones estaban distribuidos estratégicamente en los tres turnos de trabajo y en los seis niveles de la mina. Cada turno tenía siete u ocho halcones. Cada nivel de la mina tenía al menos un halcón asignado. La distribución garantizaba que en cualquier momento del día, en cualquier nivel de la mina, hubiera al menos una persona del CJNG vigilando.
Los halcones se comunicaban con el director de operaciones mediante un sistema de señales que parecían parte de las operaciones normales de la mina. Un halcón que detectaba algo sospechoso llamaba por radio al centro de control de la mina y reportaba una anomalía en el nivel 3 o un problema con la ventilación del nivel cinco.
Frases que para cualquiera que escuchara la frecuencia de radio de la mina sonaban a reportes rutinarios de operación. Pero para el director de operaciones cada frase tenía un significado codificado. Anomalía en el nivel tres significaba alguien está haciendo preguntas. Problema. La ventilación desnivel cinco significaba hay un vehículo oficial en el camino de acceso.
El director recibía el código, evaluaba la amenaza y activaba el protocolo correspondiente. Si la amenaza era baja, como un inspector de rutina, el protocolo era normalidad. Asegurar Rase de que la puerta de acero del nivel 4 estuviera cerrada y que el turno del búnker permaneciera en silencio hasta que el inspector se fuera. Clar.
Si la amenaza era alta como una patrulla militar, el protocolo era contingencia. Los químicos del laboratorio detenían la producción, sellaban los contenedores de producto y precursores y activaban un sistema de ventilación de emergencia que purgaba los olores químicos del búnker. en menos de una hora canalizándolos hacia una galería abandonada del nivel 5 cco donde se diluían con el aire de la mina.
El sistema [música] funcionó durante 4 años, 4 años sin que ningún inspector, ningún auditor, ningún visitante detectara nada anormal en la mina Santa Rosalía. 4 años de producción continua de fentanilo a 400 m de profuncionalidad dentro una mina que recibía inspecciones de la Secretaría de Economía cada 6 meses y que siempre las pasaba porque el director de operaciones sabía cuándo venían los inspectores gracias a los halcones que los detectaban desde que sus vehículos aparecían en el camino de acceso, porque los niveles de la mina que los
inspectores visitaban estaban si siempre impecables, mientras el nivel de CL clausuarro permanecía clausurado que decía zona inactiva. Zona riesgo de derrumbe. E riesgo de derrumbe. El letrero que protegía la puerta de acero detrás de la cual se producía fentanilo. Un letrero que ningún inspector cuestionó, porque en las minas hay zonas clausuradas por riesgo de derrumbe todo el tiempo y un inspector de la Secretaría de Economía no tiene autoridad ni razón para exigir que se abra una zona clausurada por seguridad.
Quiero hablar del operativo. Porque la detención de personas a 400 m de profundidad dentro de una mina activa presenta desafíos que hacen que los operativos en túneles y sótanos parezcan sencillos. Los 140 soldados se dividieron en tres grupos, 70 formaron el perímetro en la superficie. rodearon las instalaciones de la mina, bloquearon los tres accesos y detuvieron a todo el personal que estaba en la superficie, incluyendo al director de operaciones, que intentó destruir su teléfono celular antes de ser esposado. 40 bajaron por el
pozo principal de la mina en la jaula del ascensor que los mineros usan para descender a los niveles de trabajo. Cuatro viajes del ascensor. 10 soldados por viaje. 4 minutos de descenso por viaje. 16 minutos para bajar 40 soldados a 400 m de profundidad en una jaula de metal que se balancea en el pozo oscuro con el chirrido del cable de acero como única compañía.
Los soldados que bajaron al nivel cuatro encontraron la puerta de acero que el minero había descubierto y encontraron otra puerta, la puerta original que el CJC en sí usaba para acceder al búnker en una galería lateral del nivel cuatro que estaba marcada en los planos de la mina como ya exploratoria clausurada. Esa puerta estaba cerrada con la cerradura de combinación.
Los serrajeros del ejército la cortaron con disco de diamante en 15 minutos. Detrás de la puerta encontraron un pasillo iluminado con luces fluorescentes que olía a químicos. El olor que los peritos identificaron como ácido acético y anilina. Los olores del laboratorio de fentanilo. Los soldados se pusieron máscaras de protección respiratoria y avanzaron por el pasillo con armas cortas y linternas.
Las 20 personas del búnker fueron sorprendidas. Los 10 químicos estaban en el laboratorio en medio de un ciclo de producción. Los reactores de vidrio estaban en funcionamiento, las campanas de extracción estaban encendidas y tres de los químicos tenían guantes y mascarillas y estaban manipulando sustancias que un derrame podía convertir en una nube tóxica mortal.
Los soldados entraron al laboratorio gritando instrucciones y los químicos levantaron las manos sin moverse de sus estaciones porque sabían que un movimón tiento brusco cerca de los reactores podía causar un accidente que los mataría a ellos antes que a los soldados. Los seis guardias de seguridad se rindieron sin resistencia a 400 m de profundidad dentro de un búnker con unas solas salidas que el ejército controlaba. Resistir es suicidio.
No hay a dónde ir, no hay a dónde correr. Estás a 400 m bajo la superficie de la tierra dentro de una roca que lleva millones de años ahí y que va a seguir ahí millones de años más. La roca no se mueve y tú tampoco. 31 soldados adicionales bajaron a los otros niveles de la mina para identificar y detener a los halcones.
Usaron la lista que la inteligencia militar había compilado durante las seis semanas. de intervención telefónica, nombres, turnos, niveles de trabajo, fuer por nivel, turno por turno, identificando a los 23 halcones entre los 340 trabajadores. Cada halcón fue sacado de su frente de trabajo o esposado y subido a la ISI, a la superficie en la jaula del ascensor.
Los otros 317 trabajadores de la mina fueron evacuados y entrevistados. 180 declararon que no sabían nada. 73 dijeron que sospechaban algo, pero que nunca preguntaron. y 64 dijeron que habían notado cosas raras, los dolores de cabeza frecuentes, el olor químico que a veces subía de los niveles inferiores, las zonas clausuradas que nadie explicaba y los compañeros de trabajo que desaparecían durante el turno y reaparecían horas después sin explicar dónde habían estado.
44 personas fueron detenidas en total. el director de OP, los 20 ocupantes del búnker y los 23 halcones, 44 personas dentro de una operación que involucraba a 340 trabajadores, de los cuales la mayoría no tenía idea de lo que pasaba a 400 m debajo de sus pies. Quiero hablar de cómo el CJNG reclutó a los 23 álcones entre los mineros, porque el proceso de reclutamiento tiene una mecánica que revela la vulnerabilidad.
de las comunidades mineras de Sonora. Los 23 halcones fueron reclutados en un periodo de 2 años de manera gradual, uno por uno por un operador del CJNG que trabajaba como jefe de turno en la mina y que identificaba a los candidatos con un criterio preciso. Trabajadores con deudas, con problemas familiares o con ambiciones que su sueldo de minero no podía satisfacer.
El operador invitaba al candidato a tomar una cerveza después del turno. hablaban, escuchaba los problemas del minero. La esposa enferma que necesita una operación, el hijo que quiere estudiar en Hermosillo, pero no hay dinero para la renta, la camioneta que se descompuso y que necesita reparación. Y después de escuchar, el operador hacía la oferta.
Hay una manera de ganar un extra, 8000 al mes. Solo tienes que avisar algo raro en la mina o en los caminos, nada más. 8,000 pes al mes por abrir los ojos y reportar. Para un minero que gana 16,000 8,000 asionales es un aumento desde el 50%. Esos 8,000 se paga la operación de la esposa en abonos, se paga la renta del hijo en Hermosillo, se arregla la camioneta cho 1000.
Resuelve lo que los 16,000 no alcanzan a resolver y el costo de ganarlos parece mínimo. Solo mirar y reportar, solo ser ojos, solo ser lo que en el argot del narcotráfico mexicano se llama un halcón. Pero el halcón que empieza mirando estremeciendo más, primero reportas vehículos oficiales en el camino, después cubres la entrada del nivel cuatro cuando los químicos bajan.
Después cargas una caja que te dicen que es equipo, pero que pesa como químicos. Y para cuando quieres alquirte, ya estás adentro. Ya sabes demasiado. Y los que saben demasiados no se van, se quedan. Que la alternativa a quedarse es lo que le pasas a los que hablan. De los 23 halcones detenidos, 17 declararon que querían dejarlo, pero que ya no podían, que empezaron por el dinero y se quedaron por el miedo, que los 8,000 pes del primer mes se convirtieron en una cadena que los amarraba a la mina con más fuerza que el contrato laboral.
Quiero contar la historia de uno de los halcones porque ilustra la trampa con una claridad que duele. Se llamaba, según los registros, Ramón, 41 años, minero desde los 23, dos hijos. Su esposa trabaja en una tortillería en el pueblo. Ramón fue reclutado hace 3 años cuando necesitaba dinero para una cirugía de rodilla de su padre que costaba 80,000 pes y que el seguro de la mina no cubría porque era una condición preexistente.
El operador le ofreció los 8,000 mensuales. Ramón aceptó. pagó la cirugía de su padre en 10 meses [música] y cuando quiso dejar de reportar, el operador le dijo, “Ya sabes cómo funciona esto. No se sale así nada más.” Ramón siguió reportando durante dos años más, ganando 8,000 mensuales que ya no necesitaba, pero que seguía cobrando, porque dejar de cobrar era dejar de ser útil y dejar de ser útil era volverse un riesgo.
Ramón fue detenido en el nivel 3 de la mina a las 7 de la mañana cuando los soldados lo identificaron por su nombre en la lista de la inteligencia militar. Tiene 41 años. va a enfrentar cargos de delincuencia organizada por su papel como halcón. Su esposa se enteró cuando un vecino la llamó para decirle que el ejército había rodeado la mina y que Ramón no había subido.
La cirugía de rodilla de su padre costó 80,000 pes. Los cargos de delincuencia organizada le van a costar años de prisión. La proporción entre el beneficio y la consecuencia es grotesca y sin embargo es la proporción que el narcotráfico ofrece en cada caso, en cada pueblo, en cada sierra de México. Un beneficio pequeño a cambio de una consecuencia es enorme y miles de personas aceptan el trato porque en el momento de aceptar el beneficio resuelve un problema urgente y la consecuencias parece lejana.
Y si quiero hablar de los químicos del laboratorio porque su perfil profesional revela algo perturbador sobre el mercado laboral en México. De los 10 químicos detenidos, siete tenían título universitario en química, ingeniería química o farmacología. Siete profesionales formados en universidades públicas de México que terminaron sintetizando fentanilo en un búnker dentro de una mina de cobre a 400 m de profundidad.
El jefe del laboratorio era una mujer de 36 años, química farmacéutica egresada de la Universidad de Guadalajara con una maestría en síntesis orgánica de la misma universidad. Trabajó durante 4 años en un laboratorio farmacéutico legítimo en Guadalajara, donde participó en el desarrollo de genéricos.
Cuando la empresa cerró su división de investigación y la despidió, buscó trabajo durante 8 meses sin encontrarlo. El Sejan le ofreció 200,000 pesos mensuales por dirigir un laboratorio de síntesis. Aceptó. Sabía para qué la estaban contratando. Lo sabía desde el primer día. Y eso acepte porque 200,000 pesos al mes con 0 pesos al mes hacen un cálculo que la ética pierde cuando llevas 8 meses sin pagar la renta.
La química farmacéutica dirigiendo un laboratorio de fentanilo dentro de una mina de cobre. una mujer que estudió durante 9 años en universidades públicas para aprender a crear medicamentos que salvan vidas y que ahora usaba exactamente la misma formación para crear una droga que mata 70,000 personas al año en Estados Unidos.
La misma química, la misma técnica, la misma precisión, solo que aplicada al producto opuesto, la muerte en lugar de la cura. Los otros seis químicos con título tenían historias similares: desempleo, ofertas y un descenso gradual desde la legitimidad profesional hasta un búnker a 400 m bajo la sierra de Sonora.

Todos jóvenes, todos formados en universidades públicas, todos con el conocimiento técnico que el CGNG necesita y que el mercado laboral mexicano no sabe absorber. Los tres químicos sin título eran técnicos que aprendieron el oficio dentro del CJNG, cocineros de metanfetamina que ascendieron al fentanilo cuando el cártel los capacitó con los protocolos de síntesis que los químicos titulados desarrollaron.
Es una estructura de transferencia de conocimiento que funciona como una empresa. Los profesionales diseñan los procesos, los técnicos los ejecutan y el producto final sale con la consistencia de calidad que el mercado exige. Quiero hablar de lo que los peritos encontraron dentro del laboratorio. El laboratorio de fentanilo del búnker de Santa Rosalía estaba equicapado con instrumental que cualquier laboratorio farmacéutico legítimo envidiaría.
Reactores de vidrio de borosilicato con agitadores magnéticos y control de temperatura digital. Rota vapores para la purificación de solventes. Campanas de extracción con filtros de carbón activado. Balanzas analíticas con precisión de milésima de gramo. Espectrofotómetros para verificar la pureeza del producto.
Cromatógrafo de gases que la química jefa usaba para controlar la calidad de cada lote de fentanilo con la misma rigurosidad con la que controlaba la calidad de los genéricos en su trabajo anterior. El equipo de laboratorio tenía un valor estimado de más de 15 millones de pesos, equipo importado de China, de Alemania y de Estados Unidos, a través de empresas fantasma que se hacían pasar por distribuidores de equipo científico para universidades.
Cada pieza de equipo entró a México con factura legal, con permiso de importación y con un destino declarado que decías Universidad de Sonoras o Instituto Tecnológico de Hermosillo. El equipo nunca llegó a ninguna universidad. Ozo de la mina Santa Rosalía en piezas que los técnicos ensamblaron a 400 m de profundidad.
Los peritos decomizaron el laboratorio pesa por pie. Só tomó 3 días. Los residuos de fentanilo que y sus laboratorio son tóxicos por contacto y por inhalación. Los peritos trabajaron con trajes de protección química completa, guantes dobles y respiradores autónomos. Cada pieza de equipo fue lavada con solventes de descontamenación antes de ser embalada y subida a la superficie en la jaula del ascensor.
Quiero hablar de la escala de producción de fentanilo que este caso representa porque los números ponen en perspectiva lo que México enfrenta. El laboratorio de Santa Rosalía produciría entre 5 y 10 kg de fentanilo por semana. La producción acumulada se estima en entre 1000 y 2000 kg de fentanilo. Cada kilo contiene 500,000 dosis letales.
Eso significa que el laboratorio de la mina de cobre de Sonora produjo en 4 años suficiente fentancilo para matar a entre 500 millones y 1000 millones de personas. Sí. producido a 400 m bajo tierra por 10 personas con títulos universitarios en una mina de cobre de la sierra de Sonora.
Los investigadores creen que Santa Rosalía era uno de al menos 15 laboratorios de fentanilo que el CJNG opera en México. Si cada laboratorio produce cantidades similares, la producción total del CJG supera los 100 kg de fentanilo por semana. 100 kg que se procesan en pastillas, se empaquetan, se transportan a la frontera norte y cruzan a Estados Unidos, donde se venden en las calles de Los Ángelesis, Phoenix, Chicago, Nueva York y decenas de ciudades donde la epidemia de fentanilo mata a 200 personas diarias.
El fentanilo que el laboratorio de Santa Rosalía produjo durante 4 años está en las calles de Estados Unidos ahora mismo en forma de pastillas azules que parecen oxicodona, pero que contienen fentanilo, en forma de polvo que se mezcla con heroína para potenciar su efecto, en forma de muerte que entra por la nariz, por la boca o por una avena y que detiene la respiración de un ser humano en menos de 3 minutos.
Tresion con 40 mineros picando cobre para que la mina funcionara, 10 químicos sintetizando fentanilo a 400 m de profundidad y en las calles de ciudades que ninguno de los 340 ha visitado jamás. Personas muriendo con el producto que se fabricó debajo de sus pies. Es la cadena de muerte más larga y más invisible que el narcotráfico ha construido.
De la sierra de Sonora a las calles de Chicago. De una mina se cobre a una sobredosis en un departamento de Brooklyn, 4,000 km de distancia y en medio una puerta de acero a 400 m de profundidad que un minero con una carga de dinamita rompió una mañana de miércoles sin saber que estaba destapando un pedazo del infierno.
El ascensor de la mina diseñado para subir trabajadores y mineral de cobre subió durante 3 días guantes contaminados con fentanilo, reactores con residuos de síntesis química y las herramientas de un laboratorio que producía la muerte en polvo a la escala de millones de dosis por semana.
A ti que llegaste hasta aquí, la imagen que te dejo es la del minero, un hombre con casco lámpara y un barreno neumático que lleva 8 años bajando a 400 m de profundidad a picar roca por 16,000 pes al mes. que una mañana detona una carga de dinamita como lo ha hecho miles de veces y que cuando el polvo se asienta 100 ve una puerta de acero donde debería haber roca, una puerta que no debería estar ahí, una puerta que nadie le dijo que existía, una puerta detrás de la cual 10 personas con títulos universitarios producían la droga que está matando a un continente.
El minero hizo lo que haría cualquier trabajador que encuentra algo inesperado en su lugar de trabajo. Subió y le dijo a su jefe. Que su jefe fuera un operador del CJNG es algo que el minero no podía saber. Que la mina donde trabajaba desde hacía 8 años fuera la fachada de un laboratorio de fentanilo es algo que el minero no podía imaginar y que su carga de dinamita, la misma carga que detonaba tres veces al día como parte de su rutina, fuera la que destapó el secreto más oscuro de la sierra de Sonora.
Eso es algo que el minero va a recordar el resto de su vida. Da like, suscríbete, activa la campanita. Flamina Santa Rosalía fue clausurada por las autoridades mientras se completa la investigación. 340 trabajadores se quedaron sin empleo de un día para otro. 317 de ellos no hicieron nada malo. Bajaron a picar cobre, hicieron su trabajo y subieron.
Ahora están en sus casas en los pueblos de la sierra de Sonora, preguntándose cuándo van a poder volver a trabajar y si la mina va a volver a abrir. La mina probablemente va a reabrir. El yacimiento de cobre sigue ahí, la infraestructura sigue funcionando y Sonora necesita la producción de cobre y los empleos que la mina genera.
Pero antes, los investigadores tienen que determinar quiénes son los dueños reales de la empresa minera, cuántas de las acciones pertenecen a empresas fantasma del CJNG y cuánto del cobre que la mina vendió durante 4 años fue dinero legítimo y cuánto fue lavado de activo. Mientras tanto, 317 familias esperan y el minero que detonó la carga de dinamita y encontró la puerta de acero sigue en su casa en la Sierra de Sonora.
sin trabajo, sin sueldo, con la certeza de que durante 8 años bajó a 400 m de profundidad a trabajar al lado de un laboratorio de fentanilo sin saberlo, que durante 8 años respiró el aire que subía de ese laboratorio, que los dolores de cabeza que tenía cuánto eran por el polvo de cobre, sino por los vapores de ácido acético y anilina que se filtraban desde el búnker a las galerías de la mina.
Militares que examinaron a los 340 trabajadores de la mina después del operativo encontraron que el 42% tenía síntomas consistentes con exposición crónica a vapores químicos, irritación de vías respiratorias, dolores de cabeza frecuentes, mareos y en 11 casos signos de daño hepático incipiente que los toxicólogos atribuyeron a la inhalación prolongaza de trazas de solventes orgánicos que se usab Estaban en el laboratorio Fentanilo, 11 personas con daño hepático por respirar los vapores de un laboratorio de drogas que operaba al otro lado de
una pared de roca. 11 vieron que la droga se producía a metros de donde trabajaban y que ahora tienen un hígado dañado, porque el sistema de ventilación de la mina no distingue entre el aire limpio de una galería de cobre y el aire contaminado de un laboratorio de fentanilo. La empresa minera o lo que que la investigación determine la estructura real de propiedad va a enfrentar demandas de los trabajadores por exposición a sustancias tóxicas en el lugar de trabajo.
Es una ironía amarga. Los trabajadores van a demandar a la empresa que los empleó por los daños que les causó el laboratorio de drogas que operaba dentro de la mina sin que ellos lo supieran. va a argumentar que el laboratorio era una operación clandestina de la que no tenía conocimiento oficial. Los trabajadores van a argumentar que el director de operaciones de la empresa era operador del CJNG.
Y los abogados van a cobrar lo que cobran los abogados, mientras los mineros con daño hepático expresan sentados en la sala de espera del juzgado. La contaminación no se limitó a los trabajadores. Encontraron residuos químicos del laboratorio de Fentanilo en el sistema de drenaje de la mina. El agua que las bombas de achique extraían de los niveles inferiores y que se vertía en una presa de jales en la superficie contenía trazas de ácido acetico, anilina y otros solventes que los químicos del laboratorio desechaban por
el sistema de drenaje de la lamina pensando que se diluirían con el agua de achique y que nadie los detectaría. El depósito donde se se almacanzan los residuos del proceso de concentración de cobre está a 500 m de un arroyo que baja por la sierra hasta un pueblo donde 300 familias [música] usan el agua del arroyo para regar sus cultivos y para dar de beber a su ganado.
Los análisis de agua que ProfEPa realizó en el arroyo encontraron trazas de solventes orgánicos en concentraciones bajas pero detectables. Los habitantes del pueblo llevan 4 años regando sus milpas y dando de beber a sus vacas con agua que contiene residuos del laboratorio de pentanilo de la mina Santa Rosalía. Nadie del pueblo se ha enfermado gravemente.
Las concentraciones son demasiado bajas para causar daño agudo. Pero la exposición crónica a solfes orgánicos, incluso en concentraciones bajas, genera riesgos de salud a largo plazo que los epidemiólogos están evaluando. Es otra víctima invisible del narcotráfico. un pueblo de la sierra de Sonora que durante 4 años bebió agua contaminada con los residuos de un laboratorio de fentanilo que operaba dentro de una mina de cobre a 3 km de distancia, 8 años respirando fentanilo sin saberlo.
Es la imagen que me persigue de este caso. Hombre que hace su trabajo honestamente, que baja al fondo de la tierra a picar roca para ganarse la vida y que respira veneno. Porque al otro lado de la pared, alguien con un título universitario mezcla químicos para producir la muerte. Y la próxima vez que veas una mina en operación en la Sierra de Sonora con sus camiones y sus y sus torres y su polvo y su ruido, recuerda que debajo de esa operación puede haber otra y que la puerta que separa el cobre del fentanilo puede ser una pared de roca, que un
minero va a volar un día con una carga de dinamita sin saber lo que hay detrás. que en México la frontera entre la industria legal y la industria criminal es una puerta de acero a 400 m de profundidad y a veces ni siquiera eso. A veces la frontera es un letrero que dice zona inactiva, riesgo de derrumbe que nadie cuestiona.
A veces es un director de operaciones con un título falso que nadie verifica. A veces es 8,000 pes al mes que convierten a un minero honesto en un halcón del narcotráfico. Y a veces es una carga de dinamita que un hombre detona a las 6 de la mañana como lo ha hecho miles de veces antes, sin saber que esta vez va a romper la pared que separa su mundo del infierno que había al otro lado.
La puerta de acero del nivel cuatro de la mina Santa Rosalía fue cortada por los serrajeros del ejército y retirada como evidencia. El hueco que quedó en la roca está ahora sellado con un muro de concreto nuevo que La Sedena construyó para clausurar definitivamente el acceso al búnker detrás del muro. El búnker vacío sigue ahí. Sigue ahí.
10000 m² de galerarías reforzadas con concreto y acero a 400 m de profundidad que nadie va a volver a usar. Las luces fluorescentes se apagaron, los reactores de vidrio fueron decomizados. Las literas fueron retiradas y el aire del búnker que durante 4 años olió a ácido acético y a anilina, ahora huele a lo que huele la roca cuando nadie la perturba.
A mineral, a humedad y al silencio 400 m de tierra sobre tu cabeza. Quiero hablar de lo que este caso significa para la industria minera de Sonora antes de cerrar. Sonora tiene más de 300 minas activas, grandes, medianas y pequeñas. Minas de cobre, de oro, de plata, de molibdeno, de grafito, cada una con su pozo, sus galerías, sus niveles de profundidad y sus zonas clausuradas, cada una con cientos de trabajadores que bajan las entrañas de la tierra y que confían en que la empresa para la que trabajan es legítima y que el aire que
respiran no los está envenenando. Si el CJNG puede comprar acciones de una empresa minera con dinero lavado a través de empresas fantasma, colocar un director de operaciones infiltrado y operar un laboratorio de fentanilo a 400 m de profundidad dentro de una mina activa durante 4 años sin ser detectado. Puede hacerlo en cualquier mina del estado y no solo en minas.
Puede hacerlo en fábricas, en plantas de procesamiento, en almacenes industriales, en cualquier operación que tenga infraestructura subterránea, movimiento constante de personas y materiales y el tipo de ruido y actividad que enmascara lo que ocurre debajo. La infiltración del CJNG en la industria legal de México ha dejado de ser anecdótica, sistemática.
Compran acciones de empresas, colocan directores, usan la infraestructura legítima como cobertura y operan dentro de la economía legal con la misma eficiencia con la que operan fuera de ella. La mina de cobre es solo el ejemplo más extremo, pero el patrón se repite en empacadoras de fruta, en ranchos ganaderos, en empresas de transporte, en constructoras, en cualquier negocio que genere el tipo de actividad que pueden cubrir operaciones criminales.
La respuesta institucional a este patrón requiere algo que México no tiene. Una capacidad de auditoría que vaya más allá de los estados financieros y que verifique la operación real de las empresas [música] en las que el crimen organizado invierte. No basta con revisar quién es el dueño de las acciones. Hay que bajar al nivel cuatro de la mina y ver qué hay detrás de la pared clausurada.
Hay que entrar a la bodega de la empacadora y verificar que lo que empaca es piña y no cocaína. Hay que revisar las zonas cláusuras, los sótanos cerrados, las galerías abandonadas, que ahí en los espacios que nadie revisa es donde el CJEG opera con la tranquilidad de quien sabe que nadie va a mirar. El minero miró, no porque quisiera, porque su carga de dinamita rompió la pared equivocada, pero miró y lo que vio detrás de la pared cambió todo.
Las paredes que el narcotráfico construye para esconder lo que hace los y solo funcionan mientras nadie las rompe. Y en México alguien siempre la rompe. A veces un pescador con una vara, a veces una mujer con una cubeta vacía, a veces un topil con un machete. y a veces un minero con una carga de dinamita. Dale like por los 317 trabajadores que bajaban a picar cobre sin saber lo que había al otro lado de la pared.
Suscríbete por el minero que encontró la puerta de acero y que ahora tiene la certeza de que respiró fentanilo durante 8 años. Activa la campanita por la química farmacéutica que estudió 9 años para salvar vidas y que terminó produciendo la muerte a 400 m de profundidad. Y nos vemos mañana porque mañana hay otro caso, otra industria, otra pared que alguien va a romper para encontrar lo que el CJNG escondió detrás. Otro letrero de zona clausurada.
otro minero, otro pescador, otro campesino que ve algo que no cuadra y que tiene el valor o la costumbre de decirlo. Porque mientras haya personas que miren y que hablen, las paredes del CJNG se van a seguir rompiendo. Una carga de dinamita a la vez. Yeah.