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El trágico azar de Facundo Cabral: El asiento vacío que lo salvó del avión y el destino que lo condenó a morir por error

La historia de la música latinoamericana está plagada de luces y sombras, pero pocas biografías resultan tan desgarradoras, místicas y contradictorias como la de Facundo Cabral . El hombre que con su barba blanca, sus gafas oscuras y su guitarra al hombro predicó la paz, el desapego material y el amor divino durante más de cinco décadas , ocultaba detrás de su eterna sonrisa un abismo de dolor que pocos lograron vislumbrar. La suya no fue una existencia convencional; fue un constante desafío al destino, marcado por tragedias sistemáticas que parecían ensañarse con su humanidad, hasta culminar en un amanecer sangriento y absurdo en una avenida de Guatemala .

Para entender la dimensión del mito, es necesario retroceder al 25 de mayo de 1979 . Aquel día, el vuelo 191 de American Airlines despegaba desde el aeropuerto de Chicago con destino a Los Ángeles . A bordo se encontraba Bárbara, una joven estadounidense de dieciocho años que se había convertido en el gran amor y refugio del cantautor argentino, llevando en sus brazos a su pequeña hija de apenas un año de edad . El asiento contiguo al de ellas permanecía vacío . Estaba reservado para Facundo, pero un retraso involuntario en una conexión aérea en la ciudad de Boston le impidió abordar a tiempo . A través de una breve llamada telefónica, Cabral pronunció cuatro palabras que se transformarían en su mayor condena: “Andá mi amor, yo voy más tarde” .

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