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Sasha Sokol: El Hombre Que La Destruyó… Y México Calló Durante Décadas

Sasha Sokol: El Hombre Que La Destruyó… Y México Calló Durante Décadas –

A los 14 años, un hombre de 39 la metió en su cama. Era su productor, el que controlaba su carrera, el que debía protegerla, el que decidía si su sueño vivía o moría. Casi 4 años duró aquello, casi 4 años de secretos, casi 4 años que le costaron todo, 38 años tardó en poder decirlo y cuando finalmente habló tuvo que inventar una palabra porque en el diccionario no existía la que necesitaba para describir lo que le quitaron.

 El corrector ortográfico le marcaba error, pero ella sabía que esa palabra era la única que servía. ¿Qué le hicieron a Sasha Socol para que tardara casi cuatro décadas en poder nombrarlo? Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian todo. Primero, las palabras exactas que él le dijo para hacerla creer que ella tenía la culpa.

 Palabras que ella repitió en su cabeza durante casi cuatro décadas. Palabras que la mantuvieron en silencio mientras él daba entrevistas contando su versión. Segundo, la palabra que no existe, la que tuvo que inventar y lo que significó perder a la primera persona que la había querido como hija. Tercero, lo que pasó en su cuerpo cuando todo se derrumbó, los 5 años que casi la destruyen y el momento en que tocó fondo.

 Y cuarto, la entrevista que lo cambió todo. Lo que él dijo después de 38 años y lo que ella hizo 9 horas después de escucharlo. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes necesitas entender quién era Sasha Socol antes de que todo esto empezara, porque si no la conoces primero, la caída no va a doler como tiene que doler. Y esta historia tiene que doler porque es verdad.

 Sasha nació el 17 de junio de 1970 en la ciudad  de México. En una familia que parecía perfecta, su padre biológico se fue cuando ella era muy pequeña, pero su madre se casó con un hombre que decidió criarla como suya. Fernando Díz Barroso, ejecutivo de Televisa, hombre de poder, pero sobre todo el único padre que Sasha conoció, le dio sus apellidos, la protegió, la miró como un padre mira a su hija, no porque tuviera que hacerlo, sino porque quiso.

 Y eso va a importar mucho. Porque lo que duele más que perder a alguien que te tocó por obligación es perder a alguien que te eligió por amor. Ese hombre la iba a soltar. Pero todavía faltaban unos años para eso. Sasha creció sintiéndose amada con hermanos, con una casa, con todo lo que una niña necesita para sentirse segura.  Segura.

 Esa palabra va a doler mucho en unos minutos. Era una niña normal que soñaba con cantar. Y a los 11 años ese sueño se hizo realidad de una forma que nadie imaginaba. La seleccionaron para Timbiriche. Si no eres de México, quizá no entiendas lo que eso significaba, pero déjame explicártelo. Timbiriche no era un grupo más.

 Era el grupo, el más grande en la historia de Latinoamérica. Seis niños que llenaban estadios de 20,000 personas, que vendían millones de  discos que aparecían en cada revista, cada programa, cada cartel. Piensa en los Beatles, pero niños. Y en español, Paulina Rubio estaba ahí, Penny Barra estaba ahí, Mariana Garza, Diego Shoning, Alix Bauer y Sasha.

 Ninguno llegaba a la secundaria y ya eran millonarios, el producto perfecto de Televisa, niños que podían moldear como quisieran. Pero había algo que esos niños no sabían, algo que sus padres no sabían, algo que nadie quería ver. Había un hombre observando, esperando, eligiendo. Y ese hombre ya había elegido a Sasha, Luis de Llano Macedo.

 Ese nombre tiene peso en México. No porque fuera famoso ante el público, sino porque era famoso entre los que hacían a los famosos. productor, ejecutivo de Televisa, hermano de la productora Julisa, el hombre que decidía qué programa existía y cuál no, qué artista subía y cuál desaparecía, qué carrera despegaba y cuál se hundía antes de empezar.

  En Televisa, en esa época, el poder funcionaba como una monarquía y Luis de Llano era parte de la nobleza. Intocable, respetado, temido. Ese era el hombre que producía timbiriche, el que controlaba la carrera de seis niños, el que pasaba horas con ellos en ensayos, grabaciones, giras, el que decidía todo sobre sus vidas profesionales.

 Y ese fue el hombre que miró a una niña de 14 años y decidió que la quería para él. Él tenía 39, ella tenía 14, 25 años de diferencia, la misma edad que la madre de Sasha, pero no la vio como una hija. El grooming no empieza con violencia, empieza con atención. Eres especial, eres diferente a las demás.

 Yo veo algo en ti que nadie más ve. Esas son las frases que usan. No son amenazas, son halagos, no son golpes, son caricias, no es miedo, es confusión disfrazada de amor. Y una niña de 14 años no tiene las herramientas para distinguir.  No cuando el que la halaga es el hombre que controla su sueño. No cuando rechazarlo podría significar perder todo lo que ha construido.

 No cuando todos a su alrededor lo admiran y lo respetan. Pero lo que él le dijo fue peor que cualquier lago. Fue algo que ella cargaría durante 38 años. Y aquí viene lo primero que te prometí, las palabras exactas. Años después, cuando Sasha finalmente pudo hablar, le hizo una entrevista al periódico El País y contó algo que se quedó grabado en todos los que lo leyeron.

 dijo que había normalizado esa relación, que durante años creyó que era normal,  que el nivel de manipulación había sido tan profundo que no podía ver la realidad. Estar con él me hacía sentir una niña especial, vista, porque el personaje al que todos a mi alrededor admiraban, aplaudían y respetaban, en lugar de irse con una mujer despampanante, me había mirado a mí, una niña especial.

 Eso era lo que él le había hecho creer. Piensa en eso.  Una niña de 14 años sintiéndose especial porque un hombre de 39 la eligió a ella en lugar de ver la aberración que eso era, en lugar de entender que ningún adulto debería elegir a una niña, pero él se lo había vendido como un privilegio y  ella lo había comprado porque tenía 14 años.

 Porque él era su productor, porque todos lo admiraban, porque no tenía con qué comparar. Pero eso no fue lo peor. Lo peor fueron las palabras que usó cuando ella empezó a cuestionar. Las palabras que usó para ponerle la culpa a ella. Yo no tuve la culpa, no pude evitarlo. Eres una niña tan seductora que no pude hacer nada.

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