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Pelé: Lo Que Nadie Se Atrevió A Contar

Pelé: Lo Que Nadie Se Atrevió A Contar

La verdad salió a la luz tres copas del mundo, 1283 goles, el rey del fútbol y un hombre muriendo solo en un hospital de Sao Paulo con 11 hijos de siete mujeres diferentes, 82 años, cientos de millones ganados y una familia destruida. Lo que nadie te contó es que Pelé no fue solo el mejor jugador de la historia, fue el primer esclavo millonario del fútbol moderno.

Su nombre era Edson Arantes Donacimento. Pelee para el mundo entero. Y lo que le hicieron durante 60 años define todo lo que está mal con este deporte. En los próximos 70 minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te dijeron. Primera, cómo el gobierno brasileño lo convirtió en propiedad nacional, una ley, un decreto, documentos que prueban que no podía decidir sobre su propia vida.

 Segunda, la hija que negó 30 años, los documentos judiciales, las pruebas de ADN, el momento donde eligió su imagen por encima de su propia sangre. Tercera, el acuerdo secreto con la dictadura militar brasileña, lo que hizo a cambio de dinero y protección. ¿Por qué nunca habló cuando mataban a sus compatriotas? Y la cuarta, ¿por qué mintió sobre los 1000 goles, los números reales? La verdad que la FIFA escondió durante 50 años.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante, la respuesta a por qué el hombre más grande del fútbol necesitaba mentir para ser amado. 23 de octubre de 1940. Tres corazones, Minas Jerais, Brasil. Un pueblo donde no había electricidad, donde el agua se sacaba del pozo, donde la pobreza no era una condición, era la única realidad.

Allí nació Edson  Arantes Donimento. Su padre, doniño, había sido futbolista. Jugaba en equipos de tercera división. Ganaba lo mismo que nada. Una lesión en la rodilla terminó su carrera antes de que empezara de verdad. Dondiño nunca lo superó. Se pasaba las noches borracho, llorando, diciéndole a su hijo de 5 años, “Yo pude ser grande, yo pude ser alguien.

 Y el niño lo miraba y no decía nada. La madre de Pelé se llamaba Celeste. Trabajaba limpiando casas de familias ricas. 12 14 horas al día. Volvía con las manos agrietadas, los pies hinchados,  la espalda rota. Pelé tenía 6 años cuando empezó a lustrar zapatos en la plaza del pueblo. 10 centavos  por cada par.

 Trabajaba hasta que oscurecía. llevaba el dinero a casa. Su madre lloraba. No quiero que trabajes, quiero que estudies. Mamá, si no trabajo, no comemos. Tenía 6 años. Grábate eso. Un niño de 6 años siendo el sostén de su familia. Eso no se olvida nunca. Eso marca para siempre. La familia se mudó a Baurú, San Paulo, cuando Pelé tenía 8 años, buscando algo mejor. No encontraron  nada.

Vivían en una favela llamada Ruben Sarruda. Casas de madera podrida, calles sin asfaltar, ratas del tamaño de gatos. Pelé seguía lustrando zapatos, pero ahora también robaba. Sí, robaba. Comida del mercado, frutas, pan, lo que pudiera meter en los bolsillos sin que lo vieran. Si me atrapaban, mi madre me pegaba, confesó años después.

Pero si no llevaba comida, mis hermanos pasaban hambre. Prefería los golpes. A los 9 años, Pelé formó un equipo de fútbol con otros niños de la favela. No tenían balón, usaban calcetines rellenos de papel, no tenían zapatos, jugaban descalzos. Le pusieron al equipo 7 de setembro, el 7 de septiembre.

 Fecha de la independencia de Brasil. El niño que lustraba zapatos y robaba comida ya entendía algo. El fútbol era la única forma de salir de ahí. No era un juego, era supervivencia. A los 11 años, un entrenador local llamado Waldemar  de Brito lo vio jugar. Valdemar había sido internacional con Brasil, conocía el fútbol, conocía el talento.

“Este niño va a ser el mejor jugador del mundo,” le dijo a Donño. “Déjame llevarlo a Santos.” Santos, el equipo grande, a 400 km de Baurú. Dondiño no quería. Es muy chico, tiene 11 años. No puede irse solo. Celeste, su madre, tampoco quería. Es mi hijo, es un niño, pero peleé quería.

 Si me quedo aquí, voy a terminar como papá. O peor, lo dejaron ir. 11 años solo en una ciudad que no conocía, durmiendo en una pensión con otros jugadores que le doblaban la edad. La primera noche lloró, la segunda también,  la tercera dejó de llorar. Aprendí algo esa semana, dijo años  después. O te haces fuerte o te destruyen, no hay término medio.

 Tenía 11 años. En Santos, Pelé no jugaba con niños de su edad, jugaba con adultos, hombres de 20,  25 años, más grandes, más fuertes, más violentos. Lo pateaban, lo insultaban. Vuelve a la favela,  negro de  Brasil en los años 50. El racismo no se escondía, se decía, se gritaba,  se normalizaba.

Pelea aprendió a callarse, a bajar la cabeza, a no responder.  Si respondía, me echaban, confesó. Y si me echaban, volvía a lustrar zapatos. Preferí callarme. Ese silencio, ese miedo, esa necesidad de ser aceptado, va a definir el resto de su vida. A los 15 años, Pelé debutó en el primer equipo de Santos, 1956.

Un partido contra un equipo menor. Entró en el segundo tiempo. Primer toque, un control perfecto con el pecho.  Segundo toque, un regate que dejó a dos defensores en el  suelo. Tercer toque, un gol que hizo explotar el estadio. Cuatro goles en ese partido. Cuatro. Los periodistas enloquecieron.

¿Quién es ese niño? ¿De dónde salió? Al año siguiente,  con 16 años, Pelé ya era el goleador del Campeonato Paulista. 36  goles en 29 partidos. Los equipos europeos empezaron a llamar Real  Madrid, Barcelona, Juventus, ofertas millonarias para la época. Santos quería venderlo. Ganarían una fortuna.

Pero entonces pasó  algo que cambió todo. El gobierno brasileño intervino. Esta es la primera revelación que te  prometí al principio. Cómo el gobierno brasileño convirtió a Pelé en propiedad nacional. 1961. Pelé tenía 20 años. Era el mejor jugador de Brasil, probablemente el mejor del mundo.

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