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La Madre Teresa pregunta a Mujica: “¿Qué es el amor verdadero?” — su respuesta emociona al planeta

La Madre Teresa pregunta a Mujica: “¿Qué es el amor verdadero?” — su respuesta emociona al planeta

¿Puede el poder del amor verdadero transformar el mundo? En un momento donde el materialismo parece dominarlo todo. José Mujica, el expresidente más humilde del planeta, recibe una pregunta que cambiaría millones de vidas. Cuando una representante del legado de la Madre Teresa llega a su modesta chakra en Uruguay para preguntarle sobre el amor verdadero, nadie imaginó el impacto que tendría.

 Antes de continuar, suscríbete a nuestro canal y cuéntanos desde qué país nos ves. Lo que Mujica respondió no solo conmovió a quienes lo escucharon en ese momento, sino que desencadenó un movimiento global que está sembrando semillas de esperanza en los corazones más diversos. Acompáñame y descubre la historia completa.

 El sol se ponía sobre Montevideo, tiñiendo el cielo de tonos anaranjados que se reflejaban en las aguas del río de la plata. José Mujica, conocido cariñosamente como Pepe, estaba sentado en el porche de su humilde chakra en Rincón del Cerro. A sus 85 años, el expresidente de Uruguay mantenía la misma sencillez que lo había caracterizado durante toda su vida.

Vestía una camisa de franela desgastada, pantalones holgados y sus inseparables alpargatas. A su lado, Manuela Carmena, su perra de 13 años, dormitaba plácidamente mientras él regaba unas plantas de tomate que cultivaba en latas recicladas. La chakra de Mujica era un reflejo de su filosofía de vida, una casa modesta, un viejo Volkswagen escarabajo azul de 1987 estacionado fuera y hectáreas de tierra donde cultivaba flores y verduras.

 No había lujos, no había ostentación, solo lo necesario para vivir con dignidad. Lucía Topolanski, su esposa y compañera de vida, salió al porche con una bandeja que contenía dos mates humeantes. Se sentó junto a él en silencio, contemplando el atardecer. Después de tantos años juntos, a veces las palabras sobraban.

 “Tenemos visita mañana, ¿te acordás?”, le dijo Lucía después de un rato. Pepe asintió mientras acariciaba a Manuela. Sí, la monja, la que viene de la India. No cualquier monja, Pepe, es una representante del legado de la madre Teresa de Calcuta. La fundación Teresa de Calcuta está haciendo un documental sobre diferentes perspectivas del amor en el mundo.

 Dicen que quieren tu visión. Mujica soltó una risa suave. ¿Y qué puedo saber yo del amor que no sepan ellos? Andan por el mundo ayudando a los más pobres entre los pobres. Lucía le dio un sorbo a su mate y se lo pasó a él. Tal vez porque pocos han vivido el amor a la humanidad como tú. Desde la política, desde la sencillez, no muchos expresidentes donan el 90% de su sueldo a los pobres o viven como nosotros.

 El viento sopló suavemente, trayendo consigo el olor a tierra mojada. La noche anterior había llovido y la chakra desprendía ese aroma especial que tanto le gustaba a Pepe. ¿Sabes qué me preocupa, Lucía? Que me pongan en un pedestal. Yo no soy ningún santo, solo un viejo que ha vivido mucho y que ha aprendido que con poco se puede ser feliz. Lucía sonrió.

 Conocía bien a su esposo, su humildad genuina, su rechazo a cualquier tipo de adulación. Lo había acompañado durante sus años como guerrillero Tupamaro durante sus 13 años de prisión, la mayoría en condiciones inhumanas, durante su transformación en político, senador, ministro y, finalmente, presidente. Y en todo ese tiempo Pepe nunca había cambiado su esencia.

 Solo sé vos mismo como siempre”, le dijo mientras le apretaba la mano con cariño. A la mañana siguiente, la chakra recibió a una comitiva de tres personas. La hermana María Fernanda, una monja uruguaya que servía como enlace local para la Fundación Teresa de Calcuta, Amara Kaur, una india de unos 40 años que dirigía la fundación y Mateo Rodríguez, un joven documentalista uruguayo encargado de grabar el encuentro.

 Pepe los recibió con la calidez que lo caracterizaba. Les ofreció un recorrido por su chakra, mostrándoles con orgullo sus cultivos de flores, una de sus pasiones menos conocidas. “Las flores son pura alegría”, les explicaba mientras caminaban entre hileras de caléndulas, margaritas y crisantemos. No te alimentan el cuerpo, pero te alimentan el alma.

 Y eso también es importante, ¿no? La hermana María Fernanda sonreía con dulzura mientras Amara observaba todo con una mezcla de admiración y curiosidad. No todos los días se veía a un expresidente de un país cultivando sus propias flores y verduras, viviendo en una casa que muchos considerarían humilde, incluso para un ciudadano común, y menos para alguien que había ocupado el cargo más alto de una nación.

 Después del recorrido se sentaron bajo un viejo ombú que proporcionaba una sombra generosa. Lucía trajo mate y algunas galletas caseras. Mateo preparó discretamente su cámara tratando de no interrumpir la naturalidad del momento. “Señor Mujica, comenzó Amara con un español teñido de acento indio. Como sabrá, estamos realizando un documental sobre las diferentes perspectivas del amor en el mundo.

 La Madre Teresa dedicó su vida a servir a los más pobres por amor. Usted ha seguido un camino diferente, pero de alguna manera también ha puesto el amor en el centro de su vida política. ¿Podría compartir con nosotros qué significa para usted el amor verdadero? Mujica tomó un sorbo de mate y miró al horizonte.

 El sol estaba alto y el cielo de Montevideo se presentaba de un azul intenso sin nubes. Se tomó un momento para pensar como solía hacer antes de responder preguntas importantes. Mirá, comenzó con su tono pausado y esa voz gastada por los años y el tabaco. El amor no es algo que yo pueda definir con palabras bonitas.

 Nunca fui bueno para eso, pero te puedo contar lo que he aprendido viviendo. Hizo una pausa y miró a Amara directamente a los ojos. Para mí, el amor verdadero empieza por uno mismo, pero no como egoísmo, sino como aceptación. Aceptar lo que somos con nuestras virtudes y defectos. Yo aprendí eso en la cárcel. ¿Sabes? Cuando te quitan todo hasta la dignidad, te das cuenta de que lo único que te queda es lo que llevas adentro. Amara asintió.

 La historia de Mujica como prisionero político durante la dictadura militar uruguaya era bien conocida. Había pasado casi 13 años en prisión, a menudo en condiciones inhumanas, incluidos dos años en el fondo de un pozo. En esos años de soledad, continuó Pepe, aprendí que el odio enferma al que odia, no al odiado.

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