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HUGO SÁNCHEZ: Confesó Lo Que Le Hicieron TELEVISA y AZCÁRRAGA “El TIGRE“

HUGO SÁNCHEZ: Confesó Lo Que Le Hicieron TELEVISA y AZCÁRRAGA “El TIGRE“

Dos imperios, uno hecho de antenas, cámaras y contratos que se firman en oficinas con vista a Chapultepec. El otro hecho de Goles imposibles, chilenas en el Bernabéu y una sonrisa que conquistó Madrid. México, años 90. Cuando Televisa no era solo una empresa, era el país entero. Y Emilio Azcárraga Milmo, el tigre no era solo un empresario.

Era el hombre que decidía qué veías, qué creías, quién ganaba y quién perdía. Dueño de América, dueño de Televisa, dueño del fútbol mexicano, dueño de la narrativa. El tigre controlaba todo, los estadios, las transmisiones, los contratos de los jugadores, las decisiones de la federación.

 [carraspeo] Si querías jugar fútbol en México y que tu madre te viera por televisión, tenías que pasar por él. Y entonces apareció Hugo Sánchez. El pentapichichi, leyenda del Real Madrid, el mejor delantero del mundo a finales de los 80, un mexicano que había triunfado donde nadie más lo había logrado. Pero Hugo cometió un error, un error imperdonable para el sistema mexicano.

Creyó que era más grande que Televisa. Esta historia no es sobre fútbol, es sobre poder, sobre ego, sobre dos hombres que no sabían perder, sobre cómo el mejor jugador mexicano de la historia fue castigado por atreverse a tener voz propia. En los próximos 50 minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron.

Primera, el intento de Hugo Sánchez por crear el primer sindicato de jugadores en México. ¿Cómo desafió directamente a Azcárraga y a todo el sistema del pacto de caballeros? Los nombres, las reuniones secretas, las amenazas, los jugadores que lo apoyaron y luego lo abandonaron. Segunda, el mundial de Estados Unidos, 1994.

La teoría del veto. ¿Por qué Hugo no jugó contra Bulgaria? ¿Qué pasó realmente detrás de esa decisión? Las presiones que el técnico Miguel Mejía Varón recibió desde arriba. Los testimonios que confirman que no fue solo una sirode decisión técnica. Tercera, la llegada de Hugo al América en 1992. El fichaje más caro de la historia del fútbol mexicano.

Cómo Azcárraga lo usó como símbolo de poder y cómo Hugo se negó a ser solo una imagen. Los conflictos internos, las discusiones, el momento exacto donde la relación se rompió. Cuarta, el castigo mediático que duró décadas. como Televisa construyó un silencio sistemático alrededor de Hugo, cómo borraron su legado de documentales, programas, transmisiones, los datos que prueban que fue intencional y cómo Hugo 30 años después sigue peleando contra esa sombra.

 Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes necesitas entender algo, algo sobre quién era Emilio Azcárraga Milmo. 1930 nace Emilio Azcárraga Milmo en la Ciudad de México. Hijo de Emilio Azcárraga, Vida Urreta, fundador de Televisa. Desde niño, Azcárraga Milmo supo que heredaría un imperio y supo que tendría que hacerlo más grande.

 [música] Su padre le enseñó tres cosas. Primera, el contenido es poder. Quien controla lo que la gente ve, controla lo que la gente piensa. Segunda, el deporte es el mejor contenido [música] porque une a todos, ricos y pobres. Izquierda y derecha, todos ven fútbol. Tercera, nunca permitas que alguien tenga más poder que tú en tu propio negocio.

Azcárraga. Milmo aprendió bien, demasiado bien. En 1972, cuando tenía 42 años, compró el club América. No porque le gustara el fútbol, porque entendió que controlar un equipo [música] grande significaba controlar parte de la narrativa del deporte en México. 5 años después compró los derechos de transmisión de casi todos los equipos de primera división.

Televisa se convirtió en el dueño invisible del fútbol mexicano. No necesito ser dueño de todos los equipos, decía Azcárraga en reuniones privadas, según testimonios documentados en el libro Televisa El quinto poder del periodista Raúl Trejo del Arbre. Con controlar las transmisiones controlo todo. Y tenía razón.

Los equipos dependían del dinero de las transmisiones. Televisa pagaba los derechos. Si Televisa decidía no transmitir tus partidos, tu equipo moría. Así que los dueños de los equipos hacían lo que Televisa decía, los horarios que Televisa quería, los calendarios que Televisa aprobaba, las reglas que Televisa imponía y el pacto de caballeros.

El pacto de caballeros era simple. Los jugadores no podían negociar directamente con otros equipos. Si querías a un jugador, tenías que negociar con su club actual. Y el club actual podía negarse sin dar explicaciones. El jugador no tenía voz, no tenía opción, era propiedad. Así funciona el negocio, decía Azcárraga.

Los jugadores son empleados. Los empleados no toman decisiones. Este sistema funcionó durante décadas. Los jugadores mexicanos ganaban poco comparado con Europa. No tenían contratos protegidos, no tenían representación legal fuerte, pero nadie se quejaba públicamente porque quejarse significaba quedarse sin trabajo.

 Hasta que llegó Hugo Sánchez, 1958. Nace Hugo Sánchez Márquez en la Ciudad de México. Su padre era futbolista amateur. Su madre Balvina era ama de casa, familia clase media, no pobre, no rica. Hugo era diferente desde niño, no solo por el talento, por la personalidad. Hugo siempre creyó que era especial, dijo su hermano mayor, Francisco, en una entrevista para el documental Hugo Sánchez.

 Goles y Gloria, transmitido por ESPN en 2008. No de manera arrogante, simplemente lo sabía y trabajaba para demostrarlo. A los 17 años, Hugo entró a las fueras inferiores del Pumas de la UNAM. No porque fuera el mejor, porque era el más obsesionado. Entrenaba doble, se quedaba después de los entrenamientos practicando tiros. estudiaba a los delanteros europeos en videos que conseguía en cualquier lugar.

Hugo veía fútbol europeo y decía, “Yo puedo hacer eso”, recordó su primer entrenador en Pumas, Miguel Mejía Varón. Sí, el mismo que años después sería técnico de la selección [música] en declaraciones documentadas por el periódico Record en 1995. Y lo decía en serio, no era presunción, era convicción. En 1977, a los 19 años, Hugo debutó en primera división, cuatro goles en su primera temporada, 11 en la segunda, 26 en la tercera, campeón de goleo, figura del equipo, ídolo de la afición universitaria.

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