ERIK MORALES: su humillante KO… El oscuro FINAL que HUNDIÓ a la leyenda
del Olimpo al abismo. Cuatro títulos mundiales en cuatro divisiones distintas. El primer mexicano en la historia del boxeo profesional en lograrlo. Nadie antes que él, nadie de su país. 52 victorias, 36 knockouts, 15 campeones mundiales derrotados a lo largo de 19 años de carrera. Nombrado dos veces protagonista de la pelea del año por la revista The Ring.
El número 6 libra por libra en el mundo entero en el año 2005. Inducido al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en 2018 junto a los más grandes que el deporte ha producido. Si te vas antes del final, te [música] pierdes lo más importante. Como el boxeador más duro de su generación, el que en 20 años de carrera y 61 combates profesionales jamás le dio la espalda a nadie en el ring.
Aprendió de la manera más brutal que hay golpes que no vienen con guantes. Y luego esto noqueado brutalmente en cuatro asaltos por un peleador que le doblaba en juventud. Positivo por una sustancia prohibida antes de su última pelea y las autoridades deportivas lo sabían con 24 horas de anticipación y dejaron que subiera al ring de todas formas.
Su propio hijo, muerto de un paro cardíaco a [música] los 23 años, solo en su casa, después de ir [música] al oxo por un café y una imagen que México no pudo borrar jamás. Eric, el terrible Morales, el peleador más duro que Tijuana produjo en toda su historia, [música] sentado en las cuerdas de un ring de Las Vegas, sacudiendo la cabeza, diciéndole que no al árbitro, diciéndole que no al boxeo, diciéndole que no a todo lo que había sido durante 20 años de su vida.
Lo que nadie te contó es que la caída del terrible no fue un instante, eh, no fue un escándalo de una sola noche, ni una decisión equivocada que lo destruyo de golpe. Fue un proceso. Fue una máquina construida pieza a pieza desde los 5 años, [música] alimentada de sacrificio y de golpes dados y recibidos, que se fue desarmando derrota a derrota, año a año, durante un periodo que nadie supo leer bien cuando estaba pasando.
Y cuando por fin se detuvo, lo hizo de la manera que ningún fanático [música] mundo esperaba de él, mirando a su padre desde la lona y decidiendo que ya era suficiente. Su nombre es Eric Isaac Morales Elvira. Nació el 1 de septiembre de 1976 en la zona norte de Tijuana, Baja California, México. Y lo que construyo y lo que perdió cambio para siempre la manera en que México entiende a sus heroes del deporte.
En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron sobre [música] el primera que había detrás de Clen Buterol que apareció en su organismo justo [música] antes de la última pelea de su carrera. El resultado que la Comisión Atlética del Estado de Nueva York conoce con 24 horas de anticipación y que no fue suficiente para detener el combate.
Segunda, la noche exacta del 18 de noviembre de 2006, el momento preciso dentro del tercer asalto de la tercera pelea contra Manny Pacquiao, en el que el mito del terribles se quebró en directo ante millones de personas alrededor del mundo. Tercera. Lo que Morales confesó [música] años después sobre lo que pasó por su cabeza en esos segundos sentado en las cuerdas mirando hacia un costado del ring.
Una confesión que lo cambia todo, que reencuadra todo lo que pensabas que sabías sobre esa noche. Cuarta, la tragedia que llegó mucho después del boxeo. El 1 de diciembre de 2021, su hijo mayor, José Fernando Morales Anaya murió de un paro cardíaco a los 23 años después de ir al Oxo por un café. Y lo que Morales con al mundo sobre esa pérdida.
Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes necesitas saber de dónde venía. Porque todo esto empezó en una calle de la zona norte de Tijuana, en una ciudad que tiene frontera con Estados Unidos a 2 km y una brecha económica que se mide en generaciones. Y si no sabes de dónde viene un hombre, no puedes entender por qué hace lo que hace cuando la vida le aprieta. Grábate. Esto es importante.
[música] Tijuana en los años 80 no era una ciudad donde los sueños llegaban solos. Era una ciudad de frontera donde el trabajo era concreto, físico y donde las familias que tenían algo lo habían conseguido con las manos. La zona norte. Entonces, el barrio donde creció Eric Morales era un sector urbano de clase trabajadora, calles entre talleres mecánicos, pequeños negocios, vecindades con patios [música] compartidos y televisores que transmitían la lucha libre los domingos.
No era el peor lugar de México, pero tampoco era el lugar donde alguien se despertara un martes por la mañana pensando que un día iba a pelear en el MGM Grand Garden Arina de Las Vegas ante 14,000 personas [música] con un cinturón mundial en la cintura. La zona norte tenía algo específico que la diferenciaba de otros barrios trabajadores del país.
La frontera estaba a a 2 km visible, presente, como un recordatorio diario de que el mundo de las oportunidades existía, pero que para la mayoría de las familias de ese barrio estaba siempre del otro lado. Ese contexto geográfico genera un tipo de mentalidad en los hijos de esas familias. Una mentalidad donde la velocidad de los sueños depende de lo rápido que seas capaz de moverte.
[música] Y en el México de los años 80, para un chico de la zona norte de Tijuana, moverse rápido significaba tener algo con que hacerlo. José Morales, el padre de Eric, [música] también había boxeado. No llegó lejos en el deporte, pero conoce el idioma del ring desde adentro. Sabia lo que se siente [música] cuando un chap conecta bien y lo que se siente cuando uno no llega a tiempo y la mano del rival ya está en tu cara.
sabia la diferencia entre un golpe que duele y un golpe que te cambia el equilibrio. Cuando Eric tenía 5 años, su padre le puso los guantes por primera vez. 5 años. Mientras otros ninos de la zona norte todavía deletreaban su nombre en la primaria, Eric Morales ya aprendía a cubrirse, a moverse, a tirar un jub con el brazo izquierdo y a girar el cuerpo para poner peso detrás del golpe.
Su padre no lo entrenaba para que fuera campeón del mundo necesariamente. Lo entrenaba para que tuviera algo suyo, para que tuviera disciplina, para que en una ciudad donde los caminos fáciles raramente terminan bien, el chico tuviera una razón para madrugar y trabajar duro. Y lo que encontró fue que el chico tenía algo que no se enseña con ningún manual, el instinto de pelear.
Grábate este detalle también. José Morales entró al boxing de su hijo desde los 5 años y siguió en su esquina durante toda la carrera profesional. 20 años de carrera, su padre en cada esquina. Ese detalle es central en esta historia. Más adelante vas a entender exactamente por qué. Le los primeros años de entrenamiento fueron en el gimnasio universitario de Tijuana.
El gimnasio no era un lugar lujoso, era un espacio funcional donde el olor a sudor y a cuero de guante formaba parte del ambiente. Pero para el chico de la zona norte era el mejor lugar del mundo porque era donde él progresaba, donde cada semana era mejor que el anterior, donde las horas invertidas aparecían en el ring en forma de velocidad, [música] de timing, de la capacidad de leer lo que el rival iba a hacer una fracción de segundo antes de que lo hiciera.
Escucha esto. Durante su carrera Mateur, Eric Morales peleó 114 veces, ganó 108, perdió solamente seis. En esas 114 peleas conquisto 11 títulos nacionales [música] en México. Eso no es solo talento, eso es una manera de vivir, eso es entrenarse a los 5c, a los 10, a los 15 años, cuando la mayoría de los chicos [música] de tu barrio no tienen un plan de entrenamiento.
Eso es pararse en el ring una y otra vez sin importar el resultado de la última pelea. Es lo que un registro de 108 victorias en 114 combates amateurs significa cuando lo ves en contexto. Para cuando Morales cumplió 15 años, su nombre era conocido en todos los gimnasios de Tijuana y de Baja California, no como promesa, como una realidad presente que cualquier entrenador con ojo podía ver sin necesitar que nadie se la señalara.
La familia no tenía dinero sobrante. El boxeo amateur en México de los años 80 y 90 no daba nada económicamente. Los viajes [música] a los torneos fuera de Tijuana se hacían con lo que había. El equipamiento era el que se conseguía [música] y la comida del deportista que necesita proteínas y recuperación es cara y la familia la buscaba.
Y aún así, durante años la familia Morales organizó su vida alrededor del entrenamiento y las competencias de Eric. Los sacrificios que eso implica raramente aparecen en las estadísticas del deporte, pero son la base de cualquier carrera que llega al nivel que llegó la del terrible. El gimnasio, los madrurones, los torneos fuera de Baja California, los gastos de viaje que la familia absorbía porque creían que el chico tenía algo especial.
Eso no se fabrica, eso se construye durante años sin garantía de resultado. En los torneos juveniles, Morales mostraba algo que los entrenadores notaban desde la primera pelea. No le [música] gustaba moverse hacia atrás. En el boxeo, saber cuando retroceder es una habilidad técnica crucial. [música] Los grandes peleadores saben cuán su avanzar y cuando ceder terreno para reubicarse.
Morales a los 15 años ya prefería el terreno adelante, ya prefería el intercambio al movimiento de retroceso. Eso es un instinto que puede transformarse en una virtud o en [música] un problema dependiendo del rival que tengas enfrente. En los niveles amateurs de México en esa época era una virtud que le ganaba peleas. Más adelante en la carrera profesional, esa misma característica se convirtió en algo más complejo.
Lo que no aparece en los registros oficiales del boxeo amater mexicano de esa época es el sacrificio semanal que implicaba ese camino. [música] Morales entrenaba dos veces al día cuando se acercaban los torneos importantes por la mañana antes de ir a la escuela y por la tarde después. El tipo de rutina que deja poco espacio para otras cosas, pero que construye algo que el talento solo no puede construir.

[música] El hábito de la preparación, la mentalidad de que cada día de trabajo importa porque los días se acumulan y el acumulo se ve en el ring. Los torneos nacionales en México en esa época eran competencias serias con peleadores de todas las regiones del país. Ganar 11 títulos nacionales [música] en peso supergallo no era un paseo.
Significaba vencer repetidamente a los mejores de cada estado, de cada region, de cada academia de boxeo del país. Significaba subirse al ring sabiendo que el chico de enfrente también había sacrificado 2 años de su vida para estar ahí y ganar de todas formas. Eso es lo que el registro amateur de Morales representa.
No una colección de victorias faciles, sino 11 veces en que el mejor de su división en México fue el de Tijuana. Para cuando Morales cumplió 16 años, José Morales ya no era solo el padre entrenador del chico prometedor del barrio, era el padre de alguien que los promotores profesionales estaban siguiendo de cerca.
Esa transición de la Mateo respetado [música] al prospecto profesional codiciado cambia la naturaleza del entrenamiento y cambia la naturaleza de la presión. En el boxeo amatur compites por medallas y por reconocimiento. En el profesional compites por dinero y por la siguiente oportunidad. El primer contrato con Top [música] Rank de Bob Adam no fue un papel cualquiera.
Fue el comienzo de una carrera en la que las peleas iban a ser transmitidas por television, pues en [música] la que cada performance sería evaluada por los promotores, por los medios y por los fanáticos del deporte. Y Morales tenía 16 años cuando firmó ese primer contrato. Las peleas del periodo de 1993 a 1997 [música] no fueron solo victorias en el registro, fueron una educación acelerada en lo que es el boxeo profesional versus el amator.
En el amateur, los rounds son cortos y los guantes son más grandes. En el profesional los rounds son más largos, los guantes son más pequeños y el objetivo no es acumular puntos, sino imponer la voluntad. Morales adapto. Aprende y adapto más rápido de lo que la mayoría de los prospectos de su edad lo hacen. Cada pelea de 1993 a 1997. Fue un capítulo de esa educación.
Cada knockout fue una elección confirmada. Y cuando en septiembre de 1997 subió al ring cinturón del CMB frente a Zaragoza, eso no era el mismo chico que había debutado 4 años antes frente a Orejel. Era un peleador formado con 26 victorias profesionales encima y con una claridad sobre lo que podía hacer dentro del ring que muy pocos boxeadores tienen a los 21 años.
La primera vez que el nombre de Eric Morales apareció en los contratos de un promotor profesional fue gracias a Bob Arum, uno de los hombres más poderosos que ha existido en la historia del boxeo mundial. Harum había promovido a Muhamad Ali, a Sugar Rey Leonard, a Óscar de la olla, a George Forman.
No era alguien que apostara por desconocido, sino una razón sólida detrás de la decisión. Y lo que vio en ese chico de Tijuana no era solo velocidad o potencia o agresividad técnica, era actitud. Era esa disposición específica de meterse al intercambio cuando cualquier otro boxeador con sentido de la autoconservación se habría movido hacia los costados.
Era la voluntad de aceptar que te van a golpear para poder golpear tú. Era la mentalidad de que el ring es un lugar donde el que no tiene miedo de recibir tiene ventaja sobre el que sí. Más adelante, en entrevistas a lo largo de su carrera, el propio Morales diría, “Conmigo empezó Bovarum a promover a mexicanos.
Fui el que abrí las puertas para los compatriotas.” [música] Y hay registros que respaldan esa afirmación. Antes de Morales, Arum no apostaba sistemáticamente por peleadores mexicanos nacidos en México con la misma convicción con la que lo haría a partir de los 90. Para un promotor que manejaba los mejores combates del mundo, up apostar por un adolescente de la zona norte de Tijuana era un riesgo calculado y el cálculo salió perfecto.
El 29 de marzo de 1993, con 16 años cumplidos y la firma de un contrato profesional como única garantia de futuro, Eric Morales hizo su debut profesional. [música] Su rival se llamaba José Luis Orejel. El combate duró dos asaltos, knockout. [música] Primera pelea profesional, primera victoria y lo más importante, la primera noche en [música] la que el chico de la zona norte subió a un ring con un contrato firmado y bajo con algo que probar. Piensa en eso un momento.
16 años, debut profesional. En la edad en que la mayoría de los jóvenes todavía están pensando en que van a estudiar o en el fin de semana que viene, Morales ya tenía una carrera con salario y con consecuencias físicas reales. [música] Ella cargaba el peso de una actividad donde una mala noche no es un mal resultado en un examen, es un knockout frente al público.
Es el cuerpo respondiendo a lo que el adversario le pide. Entre 1993 y 1997, Morales fue implacable en el registro. ganó 26 combates consecutivos, 20 de ellos por nouto, detención técnica, cero derrotas, cero empates. Cada subida al ring, termino con la [música] mano en alto. Derroto a excampenes mundiales como Héctor Acero Sánchez y Kenny Mitchell, peleadores con registros sólidos y con experiencia en combates importantes.
[música] Para Morales serán el siguiente escalón y lo sube a uno por uno sin dudar. Escucha esto. En ese periodo de 1993 a 1997, Morales pasó de ganar sus primeros pesos como boxeador profesional a ser el prospecto más caliente del boxeo mexicano [música] en su division. Firmó con Top Rank, la promotora de Bob Arum y empezó a aparecer en carteleras importantes, primero como apoyo y después como atracción principal.
El ritmo de peleas era alto entre cuatro y seis combates [música] por año, lo que en el boxeo profesional es intenso y deja desgaste acumulado que no siempre aparece en los estudios médicos, pero que el cuerpo guarda. Cada pelea dejaba experiencia y cada pelea dejaba también el costo físico acumulado que más adelante todos los peleadores pagan sin excepción con años de carrera encima.
El primer gran momento llegó el 6 de septiembre de 1997 en el Country Coliseum del Paso, Texas. Eric Morales, 21 años, 26 victorias sin derrota, tuvo su primera oportunidad mundial. Su rival era Daniel Zaragoza, campeón del CMB en peso supergallo. Zaragoza tenía 39 años. Era un veterano que había ganado, perdido y recuperado títulos mundiales.
Había defendido su cinturón con éxito desde 1995. Era el tipo de rival que los prospectos jóvenes buscan porque el mérito de vencerlo es real e indiscutible, pero que cuando te toca en el ring, en los primeros asaltos te enseña de golpe que el deporte tiene niveles que el entrenamiento más duro no siempre prepara. Grábate ese detalle.
Zaragoza tenía 39 años. Había peleado más veces de las que Morales había vivido años. Era exactamente el tipo de hombre que prueba si un joven tiene lo que hace [música] falta. Cuando las cosas se ponen difíciles en el ring, no en el gimnasio. Porque en el gimnasio se entrena, en el ring se descubre quién eres.
El combate fue parejo durante los primeros 10 [música] asaltos. Zaragoza no regaló nada. Peleo con la inteligencia de un hombre con su experiencia, dosificando el esfuerzo, buscando los momentos. [música] J no regalando round innecesariamente. Pero en el asalto 11, Morales conectó la combinación que buscaba y el árbitro detuvo la pelea. Eric Isaac Morales.
Elvira, 21 años, hijo de José Morales. Era campeón mundial del CMB en Peso Supergo. El primero de cuatro títulos en cuatro divisiones distintas. Grábate ese número, el primero de cuatro. Después de ese primer cinturón, las defensas llegaron una tras otra con una consistencia que consolidaba el dominio de Morales en su division.
El 13 de febrero de 1999 noqueó [música] a Ángel Chacón en dos asaltos en el Thomas and Max Center de Las Vegas. El 8 de mayo del mismo año derrotó a Juan Carlos Ramírez [música] en nueve asaltos, también en Las Vegas. El 31 de julio, noqueo al filipino Reina ante Jamili en la plaza de toros de Tijuana, en su propia ciudad ante su gente.
El 31 de octubre venció por decision unánime al irlandés Wayne McClock, excampeón mundial en el Joe Luis Arena de Detroit, Michigan. Ocho defensas exitosas del título supergallo. Con 23 años, Eric el terrible Morales era el mejor peleador del planeta en su division. No había nadie en las 122 libras [música] que pudiera discutirle ese lugar.
Y entonces llegó el hombre que lo cambiaría todo, Marco Antonio Barrera. Para entender lo que fue Barrera para Morales, tienes que entender lo que esa rivalidad representaba en el contexto del boxeo mexicano. No era solo deportiva, era generacional. Era la pregunta que todo Mexico quería responder después de que Julio César Chávez comenzara su declive, quien era el nuevo símbolo del boxeo mexicano de élite.
Dos estilos completamente distintos. Barrera con su defensa cerebral, su boxeo inteligente y frío es su capacidad de administrar una pelea desde la [música] distancia, su rostro impenetrable bajo presión, morales con su explosividad, su volumen de golpeo devastador, su disposición total al intercambio, su incapacidad física y psicológica de dar un paso atrás, aunque la situación lo pidiera.
Cuando esos dos estilos y esos dos caracteres se encontraron en el mismo ring, el resultado fue algo que el boxeo no olvidó. El 19 de febrero del año 2000, en el Mandalei Bay Resort Casino de Las Vegas, Morales y Barreras se encontraron por primera vez los dos invictos, los dos campeones, los dos con 23 y 26 años, respectivamente en la plenitud física y técnica de su carrera.
Net, los meses previos al combate habían estado cargados de declaraciones agresivas y conferencias de prensa que más de una vez estuvieron a punto de terminar a golpes sin ábitro ni cuerdas. La Animadversion entre los dos era real, no actuada para las camaras. La pelea fue lo que los que la vieron dijeron que fue. 12 asaltos de guerra.
No hubo un round sin intercambio. No hubo un momento donde los dos peleadores buscaran los puntos seguros y administraran ventajas. La sangre apareció antes del quinto asalto y ninguno de los dos la trató como senal de nada. El público del Mandalay B se puso de pie cuando sonó la campana final porque acabo de ver algo que no se veía todos los días en el boxeo mundial.
La revista The Ring la nombro pelea del año 2000. La Asociación de Escritores de [música] Boxeo de América hizo lo mismo. Morales gano por decisión dividida, tarjetas de 115 a 112, 114 a 113 y 113 a 114 y se quedó con el título OMB, además del CMB. La pelea fue tan pareja que muchos de los presentes creyeron que Barrera había ganado, pero el terrible salió con los dos cinturones y con la certeza comprobada en 12 asaltos de fuego de que nadie en su división podía tocarlo. Esa fue la cima.
Esa fue la noche en que México tuvo lo que buscaba, un sucesor real del boxeo mexicano de élite. Lo que pocos cuentan sobre esa rivalidad es la dimensión personal. Antes de la primera pelea, Morales y Barreras se habían mentado la madre en conferencias de prensa con una animad version que no era show. Según lo que ambos dirían años después, en ese periodo se odiaban o algo muy parecido a eso. Esa tensión real.
Sería esa hostilidad genuina entre dos hombres que se respetaban profundamente como peleadores, pero que en el ring querían destruirse, es parte de lo que hizo que los tres combates fueran lo que fueron. No era solo técnica, era personal. Y el público lo sentía en cada asalto, en cada intercambio, en cada momento donde ninguno de los dos se deía terreno.
Escucha esto. Entre 2000 y 2005, el nombre de Morales apareció en las listas libra por libra de la revista de Ring de manera constante. Número nueve en el año 2000, número 10 en 2001, número 7 en 2002, número 8 en 2003 y en 2004 y número 6 en 2005. Cinco años consecutivos dentro del top 10 mundial. [música] Eso se llama consistencia de elite.
En el boxeo, donde el peso, la edad y el dano acumulado trabajan contra ti todos los días, eso es notable. Tú piensa en lo que significa ganar cuatro títulos mundiales en cuatro divisiones distintas. No es solo una estadística que se lee bien en un perfil. Significa adaptar el cuerpo, la estrategia y el juego de pies a categorías de peso completamente diferentes a lo largo de años.
El moral es que ganó el supergallo a los 122 libras en 1997. No podía aparecer a las 140 libras del superligero una década después sin que algo cambiara en el cuerpo y en la manera de pelear. Las adaptaciones tienen un costo. Cada movimiento de Division deja algo y Morales lo pago como pagan todos los que intentan ese camino con cada libra extra que el cuerpo tuvo que aceptar y con cada round que llegó un poco más lento a medida que pasaban los años.
Aquí viene lo primero que te prometí. En 2002 llegó la revancha con Barrera. El 22 de julio de 2002 se le en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas. Los dos volvieron a encontrarse. Esta vez Barrera llegó con un plan ajustado a lo que Morales hacía. Había estudiado los 12 asaltos de la primera pelea con la meticulosidad de alguien que sabe que perder dos veces ante el mismo rival en el mismo peso es un problema difícil de superar dentro del propio boxeo.
Llego con respuestas tácticamente preparadas para la explosividad del terrible. El combate fue otra guerra, pero al final las tarjetas dijeron decision unánime para Barrera. Morales perdió el título CMB en pluma. Primera derrota importante de su carrera. El primer momento en que el registro dejó de ser perfecto contra el rival que más importaba.
Piensa en eso un momento. 25 años. Primera derrota significativa ante quien más importaba. y a no perder ante el único rival que te pones realmente a prueba, es una grieta que no siempre se cierra bien. Algunos peleadores salen de esa grieta más fuertes y más sabios. Otros la cargan el resto de la carrera sin terminar de cerrarla del todo.
Morales no se esconde. No pidió peleas fáciles para reconstruir el registro sin riesgos. El 27 de noviembre de 2004, los dos se encontraron por tercera vez. MGM Grant, Las Vegas. De nuevo, la tercera guerra de la trilogia. Barrera gano por decisión mayoritaria. Tarjetas de 115 a 113, 115 a 114 y 114 a 114. La última haciendo empate.
Morales perdió por segunda vez ante el mismo rival. Esta tercera pelea también fue nombrada pelea del año 2004 por The Ring. Dos combates de la trilogia Barrera Morales. Dos peleas del año, los dos con el mismo protagonista perdiendo. Eh, lo que pocos también mencionan cuando hablan de esa trilogia es el impacto físico real de esas tres guerras.
Morales y Barreras se pelearon durante 4 años y 36 asaltos al máximo de la intensidad que el boxeo puede pedir. 36 asaltos entre dos peleadores con esa capacidad de dano mutuo. Cada uno de esos asaltos dejó algo en el cuerpo de los dos. El dano acumulado en el boxeo no se ve en una resonancia magnética al día siguiente. Se ve tres, cu 5 años después, cuando los reflejos tardan una fracción de segundo más de lo que tardaban antes, cuando la quijada no aguanta lo que aguantaba, cuando el cuerpo avisa que la cuenta llegó y que no hay prórroga. Eso
es lo que esas tres guerras le dejaron a morales. Y eso es parte de lo que explica lo que vino después. En noviembre de 2004, después del tercer combate, Se Morales estaba en un momento difícil. Dos derrotas importantes seguidas ante el mismo rival, el cuerpo acusando el desgaste de años peleando al límite.
Y entonces tomo la decisión que muchos calificaron de locura. En lugar de pedir rivales más accesibles o tomarse un descanso largo y honesto, pidió pelear con Manny Pacquiao. Grábate, esto es importante. Manny Pacquiao en 2005 no era solo una estrella del boxeo, era lo más peligroso que el deporte podía ofrecer en ese momento.
Un peleador en el pico de sus condiciones físicas y técnicas con velocidad y poder de knockout combinados de una manera que muy pocos habían tenido en la historia del boxeo moderno. Para ese momento, Pacquiao ya había noqueado a Marco Antonio Barrera, el hombre que acababa de vencer a Morales en dos ocasiones en el asalto 11 de noviembre de 2003.
Había protagonizado un combate de empate con Juan Manuel Márquez, donde los tres primeros asaltos fueron una demostración de su velocidad y su poder destructivos. Era el número uno libra por libra del mundo para casi todos los analistas que seguían el boxeo de cerca. Y Morales, con dos derrotas recientes en el registro, le pedía la pelea.
El 19 de marzo de 2005, en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas, [música] con más de 14,000 personas en el estadio, Eric Morales se convirtió en el primer mexicano nacido en México en vencer a Manny Pacquiao. La pelea fue unánime 115 a 113 115 a 113 115 a 113. Los tres jueces para el terrible. Fue su mejor actuación técnica en toda la carrera.
profesional. Paquiao vino con toda su velocidad y su poder, y Morales tuvo respuesta para cada cosa que el filipino intento durante 12 asaltos. Contragolpeo con precisión. Muere boxeo a distancia cuando lo necesito. Aguanto los momentos difíciles sin quebrarse. Y luego en el asalto 12 con la pelea ganada y sin ninguna necesidad lógica de arriesgar absolutamente nada, Morales cambió su guardia a posición zurda y se puso al intercambio puro con Pquiao en el último round.
Cuando el periodista de HB o Larry Merchant le pregunto por qué lo había hecho. Morales respondió, “¿Lo disfrutaste?” Para eso lo hice. Grábate esa frase. En pocas palabras, dice todo lo que Eric Morales era como peleador. No peleaba solo para ganar. Peleaba para que la gente que estaba mirando saliera con algo que recordar.
peleaba para que la gente que había comprado la entrada o encendido la televisión obtuviera algo que no había visto antes. Esa actitud, ese concepto del boxeo como espectáculo, además de competencia, no es lo que hizo que los fanáticos del deporte lo siguieran con esa intensidad durante tantos años. Hay un aspecto de la victoria sobre Paquiao en marzo de 2005 que los números solos no capturan.
Morales llegaba a esa pelea siendo el claro perdedor para los apostadores. Las casas de apuestas de Las Vegas tenían a Pacquiao como favorito sustancial. Los analistas del deporte habían escrito que Morales estaba en el declive de su carrera y que Pacquiao era demasiado rápido, demasiado poderoso y demasiado joven para que el terrible pudiera competir.
El contexto era el de alguien que iba a perder por la lógica de los números. Lo que Morales hizo fue rechazar esa lógica con 12 asaltos de trabajo. No habló antes de la pelea, no hizo declaraciones. Se preparó y ejecutó el plan que su equipo había construido para neutralizar la velocidad de Pacquiao. Cada vez que Pacquiao intentaba abrir, Morales cerraba la distancia o contragolpeaba antes de que el filipino pudiera conectar limpio.
Era trabajo técnico, no inspiration. era la aplicación práctica de 20 años de aprender a leer lo que el rival va a hacer antes de que lo haga. [música] El periodista Harold Leatherman de HB o que había visto miles de peleas en su carrera puntó la pelea 116 a 112 para Morales al final de los 12 asaltos. Cuatro puntos de ventaja.
No fue una pelea cerrada según su evaluación. Morales había dominado de manera consistente, aunque no espectacular, [música] haciendo exactamente lo que necesitaba hacer en cada round. Eso es lo que los grandes hacen cuando las cosas importan. No improvisan, ejecutan. Y luego con la pelea ganada, con las tarjetas a su favor, con el último round siendo un formality para cualquier peleador con instinto de supervivencia, Morales cambió su guardia y se fue al intercambio con Pacquiao porque para el terrible, la victoria no era suficiente
si no había dado espectáculo. Eso dice todo sobre qué tipo de peleador era y sobre qué tipo de relación tenía con el deporte. La revista The Ring lo ubicó en el número 6 libra por libra del mundo en 2005. Después de la victoria ante Pacquiao, su nombre era el más brillante del boxeo mexicano.
Cuatro títulos en cuatro divisiones. El primero de su país en lograrlo. Era una leyenda en vida, pero lo peor aún no había llegado. Escucha esto con atención. En ese periodo entre 2004 y 2006, [música] algo cambió en Morales que va más allá de los resultados, los que lo conocían de cerca, que los que entrenaban con él, los que estaban en la esquina, empezaron a ver algo que no se veía en los primeros años de carrera.
El cuerpo tardaba más en recuperarse después de los sparrings intensos. Los golpes que antes absorbía sin que se notara demasiado, ahora dejaban marcas que duraban más días. La velocidad de manos, que había sido una de sus herramientas más efectivas en los primeros años de carrera, ya no era la misma. No había desaparecido, pero había disminuido lo suficiente para que los rivales del máximo nivel pudieran encontrar ángulos que antes no encontraban.
Eso es lo que el boxeo le hace a un cuerpo cuando se le exige demasiado durante demasiado tiempo. Y la carrera de Morales había sido exigente desde los 5 años, no desde los 16 del debut profesional. desde los cinco. Eso es una cantidad de desgaste acumulado que ningún médico deportivo puede medir con precisión, pero que el cuerpo contabiliza de todas formas.
Piensa en ese detalle específico un momento. La mayoría de los deportistas profesionales empiezan a entrenar en serio entre los 12 y los 15 años. Morales, empezo a los cinco. Esos son 7 o 10 años adicionales de trabajo físico intenso antes de que la carrera profesional siquiera comenzara. Siete o 10 años en los que el cuerpo de un niño y de un adolescente absorbió golpes, corrió kilómetros, hizo ejercicios de resistencia y construyó la musculatura que necesitaba para competir.
[música] Esos sáos no aparecen en el registro profesional de victorias y Derrotas, pero aparecen con toda su acumulación en la manera en que el cuerpo responde a los 30 años versus a los 20. Grábate este dato. Cuando Morales peleó su primera pelea profesional a los 16 años, ya tenía 11 años de entrenamiento encima.
Cuando ganó su primer título mundial a los 21 tenía 16 años de trabajo acumulado. Cuando peleó su última pelea a los 36 tenía 31 años de boxeo en el cuerpo. 31 años desde los 5 hasta los 36. Eso explica cosas que los resultados de las peleas no explican solos. El 10 de [música] septiembre de 2005, 6 meses después de la victoria ante Pacquiao, Morales se movió a la división de peso ligero para enfrentarse a Sair Rahim.
Perdió por decisión unánime 118 a 110, 116 a 112, 115 a 112. Rahim lo frustró 12 asaltos con movimiento lateral constante y lo mecio con un golpe en el quinto round que lo hizo tambalear. Eh, una derrota que mostró algo que nadie quería ver en el terrible, que el motor empezaba a dar señales de problemas. cuando se le pedía competir dos divisiones por encima de su mejor peso natural.
El Morales de las 122 libras del Supergallo, que había sido dominante en esa división durante años, era una cosa. El Morales, a las 135 libras del ligero, dos categorías más arriba, era otra diferente. 4 meses después llegó la revancha con Pacquiao. El 21 de enero de 2006 en Las Vegas los dos se encontraron por segunda vez.
Esta vez Pacquiao dominó el combate con una autoridad que la primera pelea no había mostrado. Morales Peleo busco las respuestas que había encontrado en la primera pelea. Pero Pacquiao había crecido como peleador entre los dos encuentros y el Morales de enero de 2006 no era el mismo físicamente que el de marzo de 2005.
El cuerpo acusaba el desgaste acumulado de años de peleas duras en el décimo asalto, con Morales muy lastimado y acumulando un castigo físico considerable, Paquiau lo tiró dos veces en los últimos segundos del round y el árbitro detuvo la pelea. TK o en 10 asaltos. Primera derrota por knockout de la carrera del terrible.
Según sus propias palabras pronunciadas años después, en el podcast Un Round Más, en esa segunda pelea Pqueiao lo estaba putando, que en algún punto del combate ya sabía que no tenía nada que hacer, que la diferencia no admitía discusión. Nadie imaginaba lo que estaba por pasar, porque Morales no se bajó.
Morales pidió la tercera pelea y aquí es donde llegamos a la segunda revelación que te prometí. Necesito que prestes mucha atención a lo que viene en ese periodo, e entre septiembre de 2005 y noviembre de 2006, Morales acumuló tres derrotas en 14 meses. Rahim en septiembre de 2005, Pacquiao segunda pelea en enero de 2006 y la tercera pelea con Pacquiao en noviembre de 2006, tres derrotas en 14 meses.
ese ritmo de caída acelerada en un peleador que había sido tan consistente en el top 10 mundial durante 5 años consecutivos no era una coincidencia. Era la acumulación de todo lo que el cuerpo guardaba desde los 5 años con los guantes puestos. Era el cuerpo presentando la factura de 20 años de trabajo intenso en el nivel más alto del deporte.
El 18 de noviembre de 2006, [música] Las Vegas. Tercer combate de la trilogia Morales Paquiao. Sin cinturón en juego esta vez el es solo orgullo y la necesidad de un peleador de ese carácter de cerrar su historia con el rival más difícil de su segunda etapa de la única manera que sabe. En el ring con los guantes puestos frente al mundo, Morales llegaba a ese tercer combate habiendo perdido cuatro de las últimas siete peleas de su carrera.
Llegaba también con algo que no se puede fabricar con ningún contrato ni replicar con ningún entrenamiento. La certeza de que la primera vez había podido, de que había ganado cuando nadie esperaba que ganara. Desde el primer asalto, algo fue diferente a las dos peleas anteriores. Algo que el propio Morales reconocería después en sus propias palabras.
Un golpe al oido en los primeros compases del combate. Lo desequilibro. lo desorientó de una manera que el cuerpo no pudo corregir completamente durante el resto de la pelea. Desde ese momento, el dominio de Pacquiao fue absoluto y fue creciendo a salto a asalto. En el tercer asalto Pacquiao encontró el ángulo y conectó la combinación quemando a Morales a la lona por primera vez en el combate.
No fue un golpe menor, fue el tipo de combinación que le recuerda a cualquier peleador que tiene encima a uno de los mejores que existen en el mundo en ese momento. Morales se levantó, el árbitro reanudo la pelea. Pacquiao volvió a atacar con una presión que no daba espacio para recuperarse, ni respirar, ni resetear y lo mando a la lona de nuevo por segunda vez en el mismo asalto.
Morales se levantó por segunda vez, el árbitro dio la cuenta y entonces Paquiao conectó la tercera vez. un jab seguido de un cross de derecha que llegó cuando al reloj le restaban aproximadamente 15 segundos del asalto. La el golpe lanzó a morales hacia las cuerdas [música] y quedo ahí sentado entre las sogas, con el cuerpo apoyado en la cuerda inferior, con los ojos abiertos, con la conciencia presente.
Y entonces hizo lo que nadie esperaba de él. Miro hacia un costado, hizo un gesto con la cabeza, sacudió la cabeza de lado a lado, despacio y no se levantó. Esta es la tercera revelación que te prometí. Esa imagen viajó por todo el mundo en segundos. Un ring de Las Vegas, el árbitro contando, el público del estadio en pie. Los comentaristas con la voz entrecortada por la sorpresa y el terrible sentado en las cuerdas negando [música] con la cabeza.

Para los que no seguían el boxeo, la imagen parecía una rendición cobarde de un hombre que había dado todo y no quería recibir más. Para los fanáticos del boxeo mexicano que lo habían seguido durante años, Abo la imagen dolió de una manera que pocas cosas en el deporte nacional moderno habían dolido. Era la quiebra del mito. Era el fin de algo que México había construido durante años y que creía irrompible.
Pero para Eric Morales, según confeso, el mismo años después en el podcast Un round más, la historia era completamente diferente. Caí la tercera vez y me quedé pensando. Volteé a ver a mi papa y estaba muy ansioso, desesperado. De repente estaba pensando en mis hijos, en mi esposa, en toda la familia y volteé a verlo. Lo vi tan ansioso que dije, “No vale la pena.
Este güey me va a terminar de pitear y me va a lastimar.” Escucha eso otra vez. El peleador más indomable de su generación, el tipo que en toda su carrera jamás había dado un paso atrás voluntariamente. Estaba sentado en las cuerdas con el árbitro contando los segundos y en lugar de pensar en el combate estaba pensando en su padre, [música] en sus hijos, en su esposa, en la familia que lo esperaba fuera de ese ring.
No fue una rendición, fue una elección consciente. Fue el momento en que el guerrero del ring decidió que había algo más importante que el orgullo del guerrero del ring. Grábate [música] esto. José Morales estaba en esa esquina, el padre que le había puesto los guantes a los 5 años, que había viajado a todos los torneos amateurs, que había [música] estado en todas las esquinas de la carrera profesional, estaba ahí esa noche en Las Vegas [música] y su hijo lo vio ansioso, desesperado, asustado y tomó la decisión. Años después, Morales diría
con calma que había tomado la decisión correcta, que levantarse para que Paquiao lo terminara de castigar delante de su padre con 15 segundos en el reloj y el resultado de la pelea ya decidido matemáticamente, no tenía ningún sentido, que el resultado no cambiaría si se levantaba, que el dano adicional que habría recibido en esos 15 segundos si podía haber cambiado otras cosas que importaban más.
El árbitro detuvo la pelea. Knockout en el asalto [música] tres. Pacquiao ganaba 2 a 1 la trilogia y el aura del terrible quedó en el suelo del MGM Grande de Las Vegas esa noche para siempre. Pero esa misma noche, en esa misma esquina del ring, un hombre eligió a su familia sobre su ego. Y [música] eso, aunque el mundo tardara años en entenderlo, vale más que cualquier cinturón.
Ahora Morales tenía cuatro derrotas en las últimas cinco peleas. El desgaste era evidente. En 2007, por primera vez en su vida, ese retiro del boxeo. Tenía 30 años. No era viejo en términos absolutos, pero su cuerpo y su historial reciente necesitaban un descanso que el ego de Guerrero tardaba en conceder. Se fue 3 años. Estuvo con su familia.
Descansó de verdad por primera vez en décadas. Y como hacen casi todos los grandes peleadores que se retiran cuando sienten que les queda algo, empiezo a sentir el llamado del ring de regreso. El boxeo es la única profesión del mundo donde la adicción a practicarla puede disfrazarse de vocación indefinidamente, donde la identidad del peleador y la necesidad de pelear se fusionan de una manera que hace imposible separar lo que quieres hacer de lo que necesitas hacer.
En 2010 volvió y durante un tiempo el regreso pareció razonable y no una de esas decisiones que los grandes peleadores toman cuando el ego no acepta la realidad que el cuerpo ya conoce. El 9 de abril de 2011, en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas, Morales enfrento al argentino Marcos Maidana, en lo que los expertos calificaron como una pelea donde el mexicano tenía pocas chances reales de salir airoso.
Maidana era joven, tenía poder de knockout devastador documentado en su historial y los números no favorecían a Morales en casi ningún análisis realizados antes del combate. Pero el terrible sorprendió. El primer asalto fue brutal. Maidana lo abrió encima del ojo derecho con un percate en los primeros compases del combate.
Parecía que la noche iba a ser corta para el Tijuanense, pero Morales aguantó. Eddie se reorganizó y fue ganando la pelea salto a asalto con la experiencia de quien ha estado en demasiadas guerras para dejarse llevar por el pánico de un mal primer round. Gano por Dechicio en un anime. Su mejor actuación desde la primera victoria [música] ante Pacquiao en 2005.
La gente habló del regreso real del terrible. Los analistas revisaron sus pronosticos. Lo que nadie consideró en ese momento de celebración del regreso era que ese tipo de victorias, las que se obtienen a base de aguantar cuando el cuerpo tiene años de desgaste encima, también tienen un costo que no se ve el día de la pelea.
Se ve después. Siempre se ve después. [música] El 24 de marzo de 2012 en Houston, Texas, Morales enfrentó a Dani García por el título superligero del CMB. García tenía 23 [música] años, Morales 35. Eh, García venía de vencer a dos excampeones mundiales con victorias convincentes. Pero antes de hablar de lo que pasó dentro del ring, hay un dato que debes saber.
Morales llegó al pesaje más de 2 libras por encima del límite de las 140 libras de la división Superligero. Eso significaba que aunque ganara la pelea, no podía coronarse campeón. Solo García podía ganar el cinturón. Cuando un peleador ya no puede dar el límite de la división donde compite, el cuerpo está enviando una seenal que el cerebro debería leer.
Morales perdió esa primera pelea ante García por decisión unánime. Y entonces llegó la revancha y con ella la cuarta revelación que te prometí, la más oscura. Esta es la cuarta revelación que te prometí. El 20 de octubre de 2012 en el Barkley Center de Nueva York, Eric Morales subió al ring por última vez como boxeador profesional.
Dani García era ya campeón unificado del CMB y la AMB en peso superligero. Tenía 24 años, estaba en el pico de su carrera, Morales tenía 36. La revancha era vista por casi todos los analistas del deporte como un error sin fundamento técnico ni físico que lo justificara. Pero lo que nadie sabía esa noche en el Barkley Center era que 12 días antes de esa pelea, el 3 de octubre de 2012, la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, la usada había realizado un control antidopaje aleatorio a Eric Morales.
El resultado, positivo por Clen Buterol. El 10 de octubre de 2012, 7 días antes del combate, un segundo control también dio positivo por la misma sustancia. El clembuterol es un agente que en contextos médicos tiene usos como broncodilatador, pero que en el deporte de alto rendimiento estrictamente prohibido por sus efectos sobre la composición corporal.
Reduce grasa corporal y se cree que favorece el desarrollo de masa muscular y la potencia explosiva. El argumento que Morales y su equipo utilizaron más adelante fue que la sustancia podía haber llegado a su organismo a través de carne contaminada. Un argumento que México y Latinoamérica tiene precedentes documentados. El clembutol se usa ilegalmente en la ganaderia de la región para acelerar el crecimiento del ganado.
En ese mismo periodo, varios futbolistas de la selección mexicana habían dado positivo por Clen Buterol en controles previos al Mundial Sub-17 de 2011. La FIFA lo sexoneró al concluir que la contaminación en la carne de res en México era una causa probable y documentada. Esto no resuelve el caso de Morales en blanco o negro, lo pone en contexto.
La problemica de la contaminación involuntaria por Clembol en México es real y está documentada por organizaciones deportivas internacionales. [música] La Comisión Atlética del Estado de Nueva York, la NYSAC, fue notificada de los resultados positivos con 24 horas de anticipación al combate. [música] sabia conoce a los resultados y tomó la decisión de dejar que la pelea se realizara porque el proceso legal sobre el caso no había concluido en tiempo y forma. Piensa en eso un momento.
Un peleador de 36 años con dos controles positivos en los 10 días previos con el físico que ya no podía dar el límite de su propia division. Con un regreso del retiro encima, subió al ring en Nueva York ante uno de los mejores peleadores del [música] momento y la comisión que debería haberlo protegido lo dejó pelear.
El combate duro cuatro [música] asaltos. En el tercer asalto, Morales fue a la esquina equivocada cuando terminó el round. Estaba desorientado. En la esquina el médico le hizo preguntas de orientación estándar. [música] La respuesta de Morales captura el estado de un hombre que acaba de recibir demasiado. [música] Espérate, cabrón.
¿Y qué quieres saber? Y cuando le preguntaron en qué asalto había caído, no supo responder. No podía. En el cuarto asalto, Dani García conectó el gancho de izquierda definitivo que lanzó a Morales por entre las cuerdas. La descripción de Fox Sports de ese momento fue directa. [música] García está tocando la guardia de Morales con la mano izquierda, literalmente diciéndole a Morales dónde va a ir el próximo golpe.
[música] Después de cuatro toques, Morales decide que es momento de ponerse agresivo. Mala decisión. García dispara un gancho de izquierda que lanza morales a través de las cuerdas. Puedes verlo en sus ojos. No se va a levantar. El Barkley Center de Nueva York en octubre de 2012 era uno de los recintos más nuevos del deporte estadounidense.
Había abierto sus puertas pocas semanas antes. La pelea Morales García fue de las primeras grandes carteleras de boxeo en ese estadio. El público neyorquino tenía mucho de fanáticos del boxeo puertorriqueño y cubano y Dani García, de Philadelphia, pero con familia puertorriqueña, tenía un apoyo considerable en la arena.
Morales subió al ring con el ruido en su contra, con el registro en su contra, con el físico en su contra, con el clembuterol en su organismo, según las pruebas de la usada que las autoridades conocian. Y peleo igual porque para el terrible no había otra manera de hacer las cosas. No había versión del mismo que subiera al ring para administrar o para sobrevivir.
Subía a pelear. Siempre había subido a pelear. Lo que diferenciaba este combate de sus peleas anteriores era que el cuerpo ya no podía seguir el ritmo que la cabeza de Guerrero le pedía. En el primer asalto García le conectó golpes que en anos anteriores Morales habría esquivado o contrado.
En el segundo, el dano acumulado sobre la cara del terrible era visible para cualquiera que lo viera en television y aún así siguió hacia adelante porque no sabía hacer otra cosa. La desorientación que mostró al terminar el tercer asalto yendo a la esquina equivocada no es un detalle menor en el boxeo profesional. Es ir a la esquina equivocada después de un round es una señenal de que el cerebro no está procesando bien la información espacial.
Es una seenal de conmoción o de dano neurológico reciente. El médico lo evaluó y la pelea continuó de todas formas. En el cuarto asalto, cuando García conectó el gancho de izquierda final, Morales no callo como alguien que pierde el equilibrio, Callo como alguien que ya no tenía nada más que dar. El cuerpo que había aguantado a Barrera, a Pacquiao, a todos los rivales de 20 años de carrera.
había llegado al final de lo que podía dar y el ring del Barkley Center fue el lugar donde eso quedó claro para siempre. 5 días después de la pelea, el 25 de octubre de 2012, la NISAC confirmó públicamente los resultados positivos de los controles de dopaje de Morales. El resultado de la pelea fue oficialmente declarado sin resultado, lo que en términos prácticos significaba que el knockout de Dani García seguía siendo knockout, pero que Morales no llevaría la derrota en su registro oficial.
Una decisión administrativa que no cambió nada de lo que había pasado en el ring esa noche. Morales, miro el suelo y no se levantó. Esa fue la última noche de Eric, el terrible Morales, en un ring de boxeo profesional. 20 de octubre de 2012, 36 [música] años. Cuarto asalto. Knockout de Dani García con clembuterol positivo en el organismo que las autoridades conocian desde 10 días antes.
[música] Y al costado del ring, su esposa Ana María, que antes de esa pelea le había dicho, “Si no dejas el boxeo, nos vamos a divorciar.” Y él le había respondido, “Pues nos divorciamos, pero voy a seguir.” Siguió. Y el boxeo lo recibió de la manera que siempre recibe a los que llegan tarde. En su esquina después del knockout, Morales estaba cabizajo con los codos sobre las rodillas bebiendo sin interco.
Y luego, según quienes estaban ahí, dijo que veía su vida en imágenes, en ráfagas, los momentos de cuando fue un campeón, el que sabía morirse en la raya, el que no daba un paso atrás. [música] En marzo de 2013, todavía con el caso del Clenbuterol en proceso, Morales habló de hacer al menos una pelea más, una despedida [música] en Tijuana ante su gente.
En 2014 anuncio su retiro definitivo porque su esposa estaba embarazada. Voy a ser papa de nuevo y no quiero despegarme de mi familia. El peleador que no se rendía se rindió ante la familia. Esta vez fue definitivo. Eh, después del ring encontró otro lugar en el boxeo. Se convirtió en analista y comentarista para Fox Deportes con una credibilidad que pocos pueden tener.
La de alguien que no habla del deporte desde un estudio, sino desde el recuerdo físico de lo que es estar en el ring frente a Barrera o frente a Pqueiao con todo lo que existe en juego. Ese tipo de voz tiene un peso que ninguna credencial puede dar. El 10 de junio de 2018 fue inducido al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en Canastota, Nueva York, junto a los más grandes que el deporte ha producido en toda su historia.
El 1 de septiembre de ese mismo año, su cumpleaños número 42, asumió como diputado federal representando a Baja California en la Cámara de Diputados de México. El peleador del ring convertido en legislador del hijo de la zona norte representando a su gente en el congreso de su país. En 2016 ESPN lo ubicó en el número 18 de los mejores peleadores libra por libra de los últimos 25 años.
La misma publicación lo pone en el número 49 de los 50 mejores boxeadores de todos los tiempos en términos históricos. Esos números no se borran, son permanentes, son lo que son. En 2014, cuando confirmó su retiro definitivo, el boxeo mexicano estaba en transición. Canelo Álvarez ya era el nuevo símbolo de lo que México podía hacer con los guantes.
La era de Morales de Barrera de Julio César Chávez quedaba en el pasado y Morales lo acepto con la honestidad de alguien que construyo lo que construyo y no necesitaba fingir que el tiempo no pasaba. Siento que mi carrera fue bonita”, dijo cuando anuncio el retiro. Tuvimos de todo, grandes peleas, algunas noches difíciles, pero si de algo me puedo enorgullecer es que ganando o perdiendo la gente siempre disfrutaba mis peleas.
Pocas personas pueden decir eso al final de 20 años de trabajo en el deporte más exigente del mundo. Esta es la cuarta revelación que te prometí. El 1 de diciembre de 2021, José Fernando Morales Anaya tenía 23 años y era el hijo mayor de Eric Morales. Era miércoles por la tarde. [música] Según lo que el propio Morales con semanas después en el programa Un Round Más, Fernando habló con su madre por teléfono alrededor de las 3 o las 4 de la tarde.
[música] Después, bajo de su habitación la vio en persona y le dijo, “Voy al Oxo, voy por un café. ¿Quieres algo?” La madre le pidió papel de baño y algunas cosas más. [música] Fernando fue al oxo, regresó a su casa, subió a su cuarto y no volvió a bajar. E José Fernando Morales Anaya murió de un paro cardíaco [música] solo en su cuarto a los 23 años después de ir al Oxo por un café.
Cuando Morales habló de su hijo públicamente semanas después de la muerte, lo describió con estas palabras: “Como la vida tiene que seguir, estoy tranquilo porque creo que mi hijo era un buen chamaco. Se los juro. Me he puesto a pensar estos días si algo malo pudiera haber hecho o dicho, cosas negativas. Y la verdad no encontré ni una.
Era un chamaco muy alegre. Y revelo algo que duele de una manera específica cuando conoces el resto de [música] la historia. Fernando quería ser boxeador. Morales lo había mandado Aguascalientes a trabajar con entrenadores cubanos. Después lo envió a hacer Bayan aprender boxeo en serio. Después lo trajo a Tijuana y al final padre e hijo habían decidido juntos que Fernando no iba a pelear.
que iba a estudiar, que había otro camino además de los guantes. Grabate eso. El hombre que llegó al boxeo a los 5 años porque su padre creía que las manos podían ser una manera de abrirse paso en la zona norte de Tijuana. Ese mismo hombre le dijo a su propio hijo que no quería eso para él. El ciclo que quiso cortar la historia que decidió no repetir.
No quería que fuera boxeador, quería que estudiara, dijo Morales. Al final lo convenci y luego lo perdió de un paro cardíaco solo en su cuarto después de ir al Oxo. El hombre que pasó 20 años aprendiendo a protegerse en el ring, que entrenó el cuerpo para aguantar lo que nadie aguanta, que construye una carrera entera sobre la resistencia física, recibió el golpe ante el que no existe defensa posible.
Sin aviso, sin árbitro, sin campana. Morales también tuvo que posponer una pelea de exhibición que tenía programada con Orlando Siri salido porque su hijo había muerto. Todavía tenía proyectos, todavía pensaba en subirse a un ring y la vida lo detuvo de la manera más definitiva. ¿Cómo llegó hasta ahí? La historia de Eric Morales no es la de un deportista que cayó por los errores clásicos.
No fue el escándalo de drogas que destruyó la carrera antes de tiempo. No fue la ruina económica, ni el crimen, ni la adicción. La historia del terrible es más específica. Es la historia de alguien que fue tan grande que su cuerpo no encontró la manera de rendirse antes de que el daño acumulado pasara la factura completa, que cargó el positivo de Clemberol en los últimos días de una carrera brillante, etc, con argumentos que pueden ser legítimos o no, pero que nadie puede resolver con certeza absoluta, [música] que vio como el
deporte que le dio todo se lo cobró de maneras que no tienen nada que ver con lo que pasa dentro de las cuerdas. El ciclo de los grandes del boxeo tiene una lógica que se repite con una consistencia que asusta. Sube el muchacho con hambre, con nada que perder. Gana los títulos, se convierte en símbolo y entonces comienza la segunda parte.
El cuerpo envejece más rápido de lo que el ego acepta. Las derrotas llegan. Y el campeón que solo sabe hacer una cosa en la vida y que ha dedicado todo a esa cosa desde los 5 años, vuelve al ring una vez más y otra y otra. Eric Morales se retiró la primera vez en 2007. [música] Su registro era 48 victorias, siete derrotas.
Si se hubiera quedado ahí, el debate sobre su legado tendría un marco diferente, pero volvió y ese regreso terminó con el positivo de Clen Buterol y con el knockout de Dani García a los 36 años. Termino con la imagen de un hombre que no sabe en qué asalto callo, porque el golpe lo dejo sin referencias, el boxeo lo elevo, [música] el boxeo lo defino como persona y como símbolo, y el boxeo también presento la cuenta.
La cuenta llego de a poco, derrota, derrota, hasta la noche del Barkley Center. Y cuando el boxeo terminó de cobrar dentro del ring, la vida siguió cobrando fuera de él. Pero hay que decir esto con claridad. [música] Eric, el terrible Morales, hizo todo lo que un peleador puede hacer dentro de las cuerdas.
Cuatro títulos mundiales en cuatro divisiones distintas. El primero de su país en lograrlo. 52 victorias, 36 knockouts, 15 campeones mundiales derrotados, dos peleas del año. Eh, Salón de la Fama Internacional, número 49 de los 50 mejores boxeadores de todos los tiempos. Según SPN, esos números no se borran, son permanentes [música] y fuera del ring también construyo una vida.
Analista, entrenador, diputado federal, padre de familia. La imagen de El terrible sentado en las cuerdas en noviembre de 2006 sacudiendo la cabeza no es la imagen de un cobarde, es la imagen de un hombre que en el momento más difícil de su vida eligió a su familia sobre su ego. [música] Miro a su padre y dijo que no, eso no te lo contaron así.
Esa es la historia del terrible. El boxeo que aprendió en la zona norte, el boxeo de su padre, el boxeo de los torneos nacionales y del debut a los 16 [música] años. era parte de su identidad de una manera que va más allá del deporte. Era quien era. Bosque [música] era la razón por la que Tijuana lo conocía y la razón por la que Mexico lo adoptaba como símbolo.
Sin el boxeo, Eric Morales era otro chico de la zona norte con una historia sin terminar. Con el boxeo fue él terrible y eso con todo lo que costó fue suficiente para estar en el salón de la fama. El deporte construye ídolos, los levanta encima de todos, los pone bajo reflectores, los convierte en símbolo de lo que una ciudad puede ser cuando alguien de los suyos sale a pelear contra el mundo y gana.
Y luego el tiempo pasa, los cuerpos envejecen, los rivales son cada año más jóvenes y el ídolo empieza a mostrar la humanidad que siempre tuvo debajo del mito. Y el público, que lo amo tanto durante tanto tiempo, a veces no sabe cómo procesarlo. [música] A veces necesita que el ídolo sea perfecto siempre, porque ver lo humano le recuerda algo que no quiere ver en sí mismo.
Eric Morales calló en Las Vegas el 18 de noviembre de 2006 y eligió no levantarse. Callo en Nueva York el 20 de octubre de 2012 y no pudo levantarse [música] y el 1 de diciembre de 2021 recibió el golpe más duro de su vida, el que no tiene defensa posible. La muerte de su hijo de 23 años después de ir al Oxo por un café.
Ningún entrenamiento prepara a un hombre [música] para eso. Ningún cinturón lo protege. Ningún knockout dado recibido durante 20 años de carrera le da a uno las herramientas para ese momento específico. El boxeo enseña a levantarse de [música] la lona. La vida a veces te da golpes de los que no se regresa igual.
Lo que Morales fue dentro del ring esta en [música] los libros de historia del boxeo, en el salón de la fama de Canastota, en las tarjetas archivadas de Las Vegas. Sirveen la memoria de los 14,000 fanáticos [música] del Mandalay Bay que estuvieron ahí cuando él y Barrera se destruyeron mutuamente en 12 asaltos en febrero del año 2000.
Eso no se borra, eso es permanente. Lo que fue fuera del ring es más difícil de ver, pero igual de real. Un hombre que aprendió a golpear a los 5 años y eligió que su hijo no aprendiera lo mismo. Un esposo que oyó a su mujer decirle que se iban a divorciar si seguía peleando y respondió que entonces que se divorciaran, pero que siguió.
Un hombre que en el tercer asalto de la tercera guerra con Pacquiao miró a su padre desde la lona y decidió que no iba a hacerlo sufrir más esos 15 segundos. Eso es lo que nadie te contó. Si la historia del terrible te enseñeno algo que no sabas, si ahora entiendes que detrás del guerrero siempre hubo un hijo, un padre, un hombre que eligió a su familia en el momento más difícil, dale like a este video y suscríbete al [música] canal.
No por mí, por el terrible, para que su historia completa, no solo la del guerrero que nunca se rendía, llegue a más personas que necesitan entender el precio real de la gloria para que la próxima vez que alguien diga que Morales se rindió esa noche contra Paquiao, alguien más pueda decir, “No, eligio. Yeah.