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El Himno Que Nino Bravo Le Regaló a América… Desde El Más Allá

El Himno Que Nino Bravo Le Regaló a América… Desde El Más Allá

Latinoamérica le había dado todo a Nino Bravo, fama, adoración,  una segunda patria. Y él quiso devolver el favor grabando una canción muy especial, un himno, un agradecimiento, pero murió antes de poder entregárselo. Y cuando esa canción salió al mundo, América entera lloró. Esta es la historia de un regalo póstumo, de una canción que Nino Bravo nunca cantó en vivo, de un himno que conquistó América desde el más allá.

Para entender esta historia, primero necesitas entender lo que Latinoamérica significaba para Nino Bravo, porque no era solo un mercado, no era solo un público, era su segunda casa. Septiembre de 1971. Nino Bravo sube a un avión rumbo a Buenos Aires. Es su primera gran gira por Latinoamérica y lo que descubre allá cambia todo.

 En Argentina los teatros se llenan. Las radios no dejan de tocar sus canciones. Miles de personas lo esperan en el aeropuerto. No es famoso, es un ídolo. En Chile pasa lo mismo. En Colombia igual. Perú, Venezuela, México, cada país lo recibe como si fuera suyo. ¿Y sabes qué fue lo que más le impactó? que la gente se sabía sus canciones de memoria, que lloraban cuando cantaba un beso y una flor, que gritaban cada palabra de libre, que lo amaban con una intensidad que España todavía no le había dado.

 En España, Nino Bravo era un cantante exitoso, pero en Latinoamérica Nino Bravo era familia. México lo adoptó de una manera especial. Ahí descubrió que sus canciones no solo se escuchaban en la radio, se cantaban en bodas, en cumpleaños, en reuniones familiares. En cada momento importante de la vida, los mexicanos habían convertido sus baladas en banda sonora de sus vidas.

 En Argentina actúa en Canal 9 junto al legendario cantante de tangos argentino Ledesma. Dos voces, dos mundos, un solo escenario. El público argentino quedó fascinado con ese valenciano de voz imposible que cantaba con el corazón en la mano. Y Nino lo entendió. Entendió que Latinoamérica no solo lo había hecho famoso, lo había hecho inmortal.

Cuando volvió a España a finales de 1971, Nino Bravo ya no era el mismo. Hablaba de México con nostalgia, de Argentina con admiración, de toda Latinoamérica con gratitud. En cada entrevista encontraba la manera de mencionar el cariño que había recibido al otro lado del Atlántico. Me dieron todo, decía.

 Me recibieron en sus hogares, me hicieron sentir que pertenecía ahí. ¿Cómo no voy a amarlos? Y en 1972, mientras preparaba su cuarto álbum, Nino empezó a pensar en algo, en cómo devolverles el favor, en cómo agradecerles. Necesitaba una canción, no cualquier canción, una canción que dijera lo que sentía, una canción que fuera un abrazo a distancia.

Un gracias eterno. Y entonces llegaron Armenteros y Herrero. ¿Te suenan esos nombres? José Luis Armenteros y Pablo Herrero, el mismo equipo que había escrito libre, el mismo dúo que había creado un beso y una flor, los mejores compositores de España y los únicos en los que Nino confiaba para algo tan importante.

En 1968, estos dos hombres habían dejado el grupo Los Relámpagos para dedicarse a componer. fundaron una productora llamada Mecenas y se convirtieron en el equipo de composición más importante de España. Casi 800 canciones registradas. Éxitos para Fórmula 5: Rocío Jurado, Francisco, Jarcha.

 Pero para Nino Bravo guardaban algo especial. Armenteros y herreros sabían lo que Nino quería. una canción para Latinoamérica, un homenaje, un agradecimiento, un himno y escribieron América, América. Pero espera, porque antes de grabar esa canción, Nino Bravo vivió algo más, algo que hizo que esa canción fuera aún más necesaria.

Noviembre de 1972. Nino representa a España en el festival de Río de Janeiro con la canción Mi tierra y le roban el triunfo. Empata en primer lugar con el representante estadounidense, pero el jurado hace trampa y Nino queda segundo injustamente. Vuelve a España furioso, decepcionado, pero Latinoamérica lo consuela.

 Las radios brasileñas dicen que él era el verdadero ganador. Los periódicos argentinos lo defienden. México lo llama el campeón sin corona. Y Nino entiende algo más profundo, que el verdadero premio no son los trofeos, es el amor de la gente. Finales de 1972. Nino Bravo está preparando su quinto álbum y en ese álbum va a estar América.

América. La canción que lleva meses esperando grabar, el regalo que quiere entregarle a Latinoamérica. Pero hay un problema logístico. Para que la canción suene como debe, necesita una orquestación especial, coros amplios, arreglos complejos, una producción de primer nivel y toman una decisión que cambia todo.

 Van a grabar la orquestación en Londres. ¿Por qué Londres? Porque ahí estaban los mejores estudios de Europa, los mejores músicos de sesión. Y porque Nino quería que esa canción sonara épica a la altura del continente al que la dedicaba. Principios de 1973, Nino viaja a Londres, entra al estudio y graban la base orquestal de varias canciones del nuevo álbum, entre ellas América. América.

 Y aquí viene un detalle que casi nadie conoce, un secreto escondido en la canción. Si escuchas América, América con atención, notarás algo en los coros, un acento, un acento inglés. Los coristas eran británicos y aunque cantaban en español, su acento se nota. Es sutil, pero está ahí como una firma, como una prueba de que esa canción se grabó lejos de casa.

Y hay una ironía hermosa en eso. Una canción sobre América grabada en Inglaterra, cantada por un español para el pueblo latinoamericano. Esa canción ya era internacional antes de salir al mercado. Después de grabar la orquestación en Londres, Nino vuelve a Madrid y ahí graba su voz semanas antes del 16 de abril, semanas antes del accidente, semanas antes de que todo terminara.

Canta América, América, con una pasión diferente, porque no está cantando sobre un lugar, está cantando sobre personas, sobre rostros, sobre abrazos que recibió, sobre el cariño que lo cambió. América, América, un nuevo continente. América, América, el lugar que Dios creó para que todos vivan junto al amor y la paz.

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