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El Caso que Aterrorizó a Perú:Niña de 10 años Desapareció dentro de un barco lleno—Pasajero revela.

El Caso que Aterrorizó a Perú:Niña de 10 años Desapareció dentro de un barco lleno—Pasajero revela.

El caso que aterrorizó al Perú, la desaparición en el Pacífico soñador. La noche del 23 de marzo de 2014 sería recordada como una de las más inquietantes en la historia marítima peruana. El transatlántico pacífico soñador, una embarcación de lujo con capacidad para 800 personas, navegaba majestuosamente por las aguas del océano Pacífico, bordeando la costa de Lima, rumbo a Trujillo.

 Era la tercera noche de un crucero de 7 días que prometía ser inolvidable para las familias que habían pagado generosamente por aquella experiencia. Las luces brillaban con intensidad en todos los conveses. La música en vivo resonaba en el salón principal y el aroma de la cena gourmet todavía flotaba en el aire. Nadie podría haber imaginado que en pocas horas aquel ambiente festivo se transformaría en una pesadilla colectiva.

 Y antes, si eres una persona de buen corazón y te gusta hacer el bien, ayúdanos a alcanzar nuestra meta de 7,000 suscriptores. Suscríbete al canal y dinos en los comentarios de qué ciudad o país nos estás viendo. Yara Mendoza tenía 9 años recién cumplidos. Era una niña de cabello negro azabache, ojos grandes y expresivos y una energía contagiosa que hacía sonreír a cualquiera que se cruzara en su camino.

 Sus padres, Roberto y Lucía Mendoza, habían ahorrado durante dos años para poder permitirse aquel viaje familiar. Era un regalo especial, una celebración por el ascenso laboral de Roberto y una oportunidad para crear recuerdos que durarían toda la vida. Yara había pasado los primeros días del crucero maravillada con todo, la piscina en la cubierta superior, los espectáculos nocturnos, la sala de juegos para niños y especialmente los largos pasillos que parecían laberintos interminables esperando ser explorados.

Aquella noche de gala, mientras los adultos se vestían con sus mejores trajes para la cena del capitán, Yara lucía un vestido blanco con detalles en azul marino que su madre había comprado específicamente para la ocasión. La familia cenó en el restaurante principal del sexto con BES, compartiendo mesa con otras dos familias que también viajaban con niños.

 La conversación fue animada, las risas abundantes y Yara participó con entusiasmo contando anécdotas de su escuela y preguntando constantemente sobre cómo funcionaba el barco. A las 9:15 de la noche, después de un postre elaborado que dejó a todos satisfechos, la familia decidió dar un paseo por la cubierta antes de retirarse a su cabina.

El conbés superior estaba lleno de pasajeros disfrutando del aire nocturno. Las olas se veían oscuras, pero tranquilas, y las estrellas comenzaban a aparecer en el cielo despejado. Yara corría delante de sus padres emocionada, señalando las luces de la costa que se veían a lo lejos. En un momento dado, cuando pasaban frente al teatro donde se preparaba un espectáculo de magia para las 10 de la noche, Yara se detuvo fascinada al ver los carteles promocionales.

 Le rogó a sus padres que la dejaran entrar a ver cómo montaban el escenario. Roberto y Lucía intercambiaron miradas. Estaban cansados después de la larga cena y la cabina los llamaba, pero la ilusión en los ojos de su hija era difícil de resistir. Lucía acompañó a Yara al interior del teatro mientras Roberto iba al bar cercano a pedir dos cafés para llevar.

 El teatro estaba semivacío con técnicos ajustando luces y sonido para el show de la noche. Y ahora se sentó en una de las butacas delanteras, sus piernas colgando sin tocar el suelo, observando cada movimiento de los trabajadores con absoluta concentración. Lucía se sentó a su lado revisando su teléfono celular, respondiendo algunos mensajes de familiares que preguntaban cómo iba el viaje.

 Pasaron aproximadamente 15 minutos. Cuando Lucía se dio cuenta de que necesitaba usar el baño, miró a Yara, quien parecía hipnotizada por el montaje del escenario, y le dijo que volvería en un momento. El baño estaba justo al lado del teatro, literalmente a 20 pasos de distancia. Lucía salió, caminó por el pasillo corto, entró al baño de señoras y regresó en menos de 5 minutos.

Cuando volvió al teatro, la butaca donde había dejado a Yara estaba vacía. El primer pensamiento de Lucía fue que su hija había ido a buscarla o tal vez había salido a buscar a su padre. Caminó rápidamente hacia el pasillo, mirando a ambos lados, esperando ver la figura pequeña con el vestido blanco y azul.

 No había nadie. Salió a la cubierta y buscó con la mirada entre los grupos de pasajeros que todavía paseaban. Nada. El corazón comenzó a latirle más rápido. Caminó hacia el bar donde había dejado a Roberto, quien la vio acercarse con expresión preocupada, cargando dos tazas de café que ya se estaban enfriando.

 La pregunta de Roberto fue directa. ¿Dónde está Yara? La respuesta de Lucía salió entrecortada con un tono que ya delataba pánico. No lo sé. La dejé en el teatro por 5 minutos y cuando volví ya no estaba. Ambos corrieron de regreso al teatro, entrando abruptamente y haciendo que los técnicos los miraran sorprendidos.

Preguntaron si habían visto a una niña de 9 años con vestido blanco. Uno de los técnicos asintió recordándola perfectamente, pero dijo que la había visto salir del teatro hacía unos minutos caminando sola hacia el pasillo. No le había parecido extraño porque había asumido que iba al encuentro de sus padres.

 Roberto y Lucía se separaron para buscarla. Cada uno tomó una dirección diferente, gritando su nombre entre la música ambiente y el ruido de las conversaciones. Preguntaron a todos los pasajeros con los que se cruzaban. Algunos recordaban haber visto a una niña que coincidía con la descripción, pero nadie podía precisar exactamente hacia dónde había ido o en qué momento exacto la habían visto.

 Los minutos pasaban con una lentitud agónica, 10 minutos, 15, 20. Después de media hora de búsqueda infructuosa, Roberto tomó la decisión que cambiaría todo. Se dirigió a la recepción del barco y reportó la desaparición de su hija. El protocolo de seguridad del pacífico soñador se activó inmediatamente. El oficial de seguridad de turno, un hombre de unos 40 años llamado Héctor Bravo, tomó los datos de Yara con profesionalismo, pero también con una expresión que no logró ocultar su preocupación.

 En un barco, especialmente en Alta Mar, la desaparición de un menor era la pesadilla de cualquier tripulación. Se alertó al capitán, quien ordenó un código interno que todo el personal reconoció. Búsqueda prioritaria de menor desaparecido. Los camareros, cocineros, personal de limpieza, todos fueron instruidos para detener sus actividades regulares y enfocarse en encontrar a la niña del vestido blanco y azul.

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