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De la Espriella SEÑALA a la Fiscal Camargo por OMISIÓN y Estalla la Polémica

De la Espriella SEÑALA a la Fiscal Camargo por OMISIÓN y Estalla la Polémica

Última hora, el reconocido abogado Abelardo de la Espriella apareció y lanzó una neusación directa y demoledora contra la fiscal general Luz Adriana Camargo, asegurando que la fiscalía ignoró alertas claras y verificables que habrían podido evitar el asesinato de Miguel Uribe Turbei, uno de los líderes políticos más influyentes del país.

 una denuncia que no solo reabre la herida de un crimen que sacudió a Colombia, sino que además pone en jaque a todo el aparato judicial, ya que de la espriella afirma tener documentos y testigos que probarían una negligencia grave y deliberada, insistiendo con una frase que eló la sala. Camargo sabía del plan y no hizo nada, lo que abre una pregunta inquietante.

 ¿Estamos frente a una simple omisión, a un encubrimiento o a algo mucho más grave? Y de ahí surge otra duda aún más incómoda, porque la fiscalía habría ignorado amenazas contra figuras de la oposición. ¿Y qué sabía realmente el gobierno de Gustavo Petro sobre todo esto? Porque mientras el país seguía polarizado por fallos judiciales recientes y las tensiones políticas en la casa de Nariño, el lunes por la tarde de la espriella se presentó ante los medios con un sobre sellado y aseguró haber entregado al Congreso un informe de más de 70 páginas. que demostraría

que la fiscalía recibió advertencias formales sobre un atentado contra Miguel Uribe Turbay y decidió no actuar. documentos que, según él, provienen de funcionarios internos cansados del silencio, filtraciones que describen correos internos, reportes de inteligencia y hasta una reunión donde se habló de un riesgo alto contra líderes opositores, entre ellos no solo Uribe Turbay, sino también María Fernanda Cabal y Paloma Valencia, figuras del uribismo que ya habían denunciado persecución política.

 Y por eso el abogado fue más allá y acusó a Camargo de omisiones dolosas e inacción deliberada, afirmando que la fiscalía tenía interceptaciones telefónicas y un informe de inteligencia que alertaba sobre un plan en ejecución supuestamente coordinado desde el sur del país con vínculos a estructuras criminales ligadas al narcotráfico.

 Un golpe directo a una institución ya cuestionada por su falta de resultados en casos sensibles. Más aún cuando meses atrás, Camargo había sido criticada por archivar denuncias contra personas cercanas al gobierno Petro, reforzando la percepción de una doble moral, rapidez contra opositores y lentitud cuando el oficialismo aparece en escena, lo que provocó un impacto inmediato en redes sociales con el hashtag Camargo debres responder y llevó a congresistas a exigir sesiones extraordinarias, mientras incluso periodistas afines al

gobierno admitían que si las pruebas son reales podría abrirse un proceso disciplinario o penal contra la fiscal general. Pero lo que realmente encendió las alarmas fue la promesa de de la espriella de revelar en los próximos días los nombres de quienes habrían ordenado silenciar las advertencias. nombres que, según fuentes cercanas, incluirían altos mandos policiales y asesores de seguridad del gobierno, convirtiendo el caso en un escándalo histórico, frente a lo cual la fiscalía respondió con un comunicado frío y

escueto, rechazando categóricamente las afirmaciones, sin explicar ni desmentir las pruebas. Un silencio que para muchos confirmó más de lo que negó. Mientras en Bogotá el ambiente se volvía denso, las cámaras rodeaban la sede del ente acusador. En el Congreso se hablaba de comisiones especiales de investigación y otros advertían que el caso podría usarse políticamente para golpear al gobierno, aunque lo cierto es que el país volvía a enfrentar la sombra del encubrimiento, una palabra que en Colombia siempre significa mucho más que

un simple error y por eso las horas posteriores fueron un verdadero terremoto político, ya que ningún funcionario del gobierno Petro salió a respaldar públicamente a Camargo. ni un mensaje desde la presidencia, ni una declaración del Ministerio de Justicia, un silencio tan calculado que muchos interpretaron como distancia o incluso complicidad, mientras fuentes internas señalaban que Camargo habría ordenado revisar de urgencia las comunicaciones filtradas, reconociendo que los correos existían, pero alegando

que fueron sacados de contexto. Una explicación que, lejos de apagar el fuego, avivó la sospecha de manipulación. dividiendo la narrativa entre quienes defendían a la fiscal como víctima de una estrategia política y quienes denunciaban que lo ocurrido con Miguel Uribe Turbay no fue un hecho aislado, sino el reflejo de una institucionalidad capturada por intereses políticos.

 Más aún cuando la relación entre Camargo y Petro nunca fue del todo transparente, ya que ella llegó al cargo con el respaldo de sectores progresistas y la recomendación de Daniel Rojas. cercano al círculo presidencial y desde entonces su gestión ha sido señalada por priorizar casos contra la oposición y minimizar los que rozan al gobierno.

 Grieta que de la espriella aprovechó para insinuar que la omisión no fue negligencia sino alineación política. rematando con una frase que ya recorre titulares. Cuando la justicia se arrodilla ante el poder, los muertos son los únicos que no mienten. Una bomba mediática que llevó a periodistas de todos los sectores a revisar informes de seguridad previos al atentado, encontrando algo escalofriante.

 Varias alertas de la Policía Nacional sobre posibles ataques selectivos a figuras opositoras que nunca recibieron respuesta oficial de la Fiscalía, incluida una con sello del Comando de Inteligencia del Ejército, fechada tres semanas antes del atentado. Y ahí es donde la historia deja de ser una denuncia má y se convierte en una pregunta que incomoda a todo un país.

¿Quién tomó la decisión de mirar hacia otro lado? ¿Y por qué nunca se asignó protección inmediata a quienes estaban claramente amenazados? Esas preguntas comenzaron a multiplicarse como una reacción encadena, pero las respuestas, como tantas veces en Colombia, se perdieron en la niebla espesa de la burocracia.

 Y mientras eso ocurría, ante la opinión pública, la imagen de Camargo empezó a resquebrajarse aceleradamente, porque lo que hasta hace poco era presentado como un símbolo de independencia judicial pasó en cuestión de días a convertirse en la fiscal del silencio y en medio de ese derrumbe reputacional, el nombre de Gustavo Petro empezó a aparecer una y otra vez, no porque existiera una acusación directa en su contra, sino porque en este país Toda omisión que termina protegiendo al poder siempre acaba señalando al poder mismo. Y por primera vez desde el inicio

de su mandato, el presidente se vio arrastrado a un escándalo donde su silencio pesaba más que cualquier discurso, mientras desde el Congreso se filtraba que la oposición ya trabajaba en una moción para exigir una investigación formal sobre el papel de la fiscalía y su relación con el ejecutivo.

 Pero justo cuando parecía que el escándalo comenzaba a estabilizarse, una nueva filtración volvió a sacudirlo todo, porque un periodista del portal Verdad Abierta publicó fragmentos de una conversación interna entre funcionarios de la fiscalía que según la fuente confirmarían que Camargo fue advertida de manera directa sobre el riesgo contra Miguel Uribe y que aún así decidió no actuar por una recomendación política y la captura de pantalla mostraba un intercambio de correos donde un asesor advertía con claridad que los informes de inteligencia recomendaban elevar de

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