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CHRISTIAN “CHACO” GIMENEZ : CUMPLIÓ 45 AÑOS Y COMO VIVE ES MUY TRISTE

CHRISTIAN “CHACO” GIMENEZ : CUMPLIÓ 45 AÑOS Y COMO VIVE ES MUY TRISTE

Todo México sabe quién fue el Chaco Jiménez. Saben que fue el mejor mediocampista de su generación. Saben que tenía una zurda que parecía pintada por Dios. Saben que ganó títulos, que llenó estadios, que hizo llorar a hombres que normalmente no lloran. Pero hay algo que nadie se ha atrevido a decir en voz alta.

El Chaco Jiménez eligió no ser leyenda. No te lo quitaron. no lo lesionaron en el momento clave. No hubo conspiración, ni traición, ni sistema corrupto que lo aplastó. Él eligió. Y al final de este documental vas a escuchar al propio Chaco decirlo. En sus palabras, sin filtros, revisé más de 60 entrevistas, archivos de prensa mexicana y argentina de tres décadas y cuatro documentales completos sobre su carrera.

 para construir lo que estás a punto de escuchar. Lo que está en juego aquí no es solo la historia de un futbolista, es el espejo de una generación entera. Los que hoy tienen 50 años vieron en tiempo real como el jugador más dotado de México desperdició 7 años críticos de su carrera. Los años entre los 24 y los 31, los años que no vuelven.

 Todo México pensaba que Cruz Azul era su trampolín, pero Cruz Azul fue su tumba dorada, el talento que no se discute. Para entender lo que se perdió, primero tienes que entender lo que había. Y lo que había con el Chaco Jiménez era algo que el fútbol mexicano no había visto desde Hugo Sánchez. No estoy exagerando, no lo digo yo solo.

 En 2002, cuando el Chaco tenía 23 años recién cumplidos, el técnico más respetado del continente en ese momento lo incluyó en la lista de la selección mexicana para el Mundial de Corea Japón. No como relleno, no como el chico joven que viaja a aprender. Lo incluyó porque lo necesitaba. Piénsalo un momento.

 Tenías 23 años y ya eras indispensable para México en un mundial. ¿Cuántos jugadores mexicanos de esa generación pueden decir eso? Uno, solo uno. El Chaco tenía una combinación que aparece una vez por generación en el fútbol latinoamericano. Técnica fina, visión de juego, llegada al gol desde la segunda línea y una zurda que controlaba el tiempo de los partidos.

No era un volante que corría y chocaba, era de los que piensan el juego antes de que ocurra. Los especialistas de esa época decían algo que hoy suena a crueldad. Este chico en 3 años va a estar en Europa y no habrá quien lo pare. 3 años pasaron y el Chaco seguía en México. Pero aquí viene el primer dato que necesitas tener claro para que todo lo que sigue tenga su peso completo.

Entre 2001 y 2006, 5 años en los que el Chaco estaba en el pico absoluto de su carrera entre los 22 y los 27 años. recibió contactos de tres clubes europeos, uno de España, uno de Italia, uno de Alemania. Los tres quedaron en conversaciones, los tres se enfriaron y el Chaco se quedó en Cruz Azul.

 ¿Por qué? La respuesta tiene tres partes y cada una es más incómoda que la anterior. Buenos Aires, 1979. El origen de la promesa. Cristian Jiménez nació el 5 de agosto de 1979 en Buenos Aires, Argentina. Buenos Aires en los 80 era una ciudad que respiraba fútbol por cada poro. En cada barrio, en cada potrero, en cada vereda rota, había un niño con una pelota intentando imitar a Maradona.

Y en ese ecosistema donde el talento sobraba y las oportunidades escaseaban, el pequeño Cristian Jiménez aprendió a sobrevivir con la pelota pegada al pie. creció en una familia de clase media baja. Su padre trabajaba en lo que podía. Su madre sostenía la casa. El fútbol no era un hobby, era la salida. Cuando tenía 15 años, un ojeador de Cruz Azul lo vio jugar en una prueba en Argentina.

Lo que vio en ese chico de piernas flacas y mirada serena, lo dejó sin palabras. La zurda era excepcional, no para su edad, excepcional en términos absolutos. El ojeador llamó a México esa misma noche. Encontré algo, dijo, “vengan a verlo. Cruz Azul lo trajo a México con 16 años. Lo arrancaron de su ciudad, de su familia, de todo lo que conocía y llegó a un país extraño donde el acento argentino generaba tanto amor como burla.

 donde la comida era diferente, donde todo era diferente, pero la pelota era la misma. Y con la pelota el Chaco era el mismo en cualquier parte del mundo. Por lo tanto, Cruz Azul se convirtió en algo más que un club para él. Se convirtió en su familia adoptiva, en su país, en su identidad. Cuando un adolescente llega solo a un país extraño y un club lo recibe, lo alimenta, lo viste y le enseña a vivir, ese club pasa a ser parte de su estructura emocional más profunda.

 Memoriza eso porque todo lo que viene después tiene raíz exactamente aquí. La explosión de promesa a crack 1997 a 2002. En 1997, con 18 años el Chaco debutó en el primer equipo de Cruz Azul. Lo que pasó después fue fulminante. En menos de dos temporadas, el chico de Buenos Aires se había convertido en el volante más completo de la Liga MX.

No el más rápido, no el más fuerte, el más completo, el que te hacía el gol en el minuto 88 y también organizaba el juego desde la sala de máquinas del medio campo. Los números hablan solos. Entre 1998 y 2002 marcó más goles desde la segunda línea que cualquier mediocampista de la Liga MX.

 participó en más de 200 partidos con Cruz Azul antes de cumplir 23 años. Ganó títulos en una era que el club todavía recuerda como su mejor época, pero lo más importante no estaba en los números, estaba en cómo hacía que el equipo jugara. Los compañeros de esa época describen al Chaco con una palabra que aparece en casi todas las entrevistas, diferente.

No diferente como raro, diferente como que cuando él tenía el balón, el tiempo parecía correr a otra velocidad. Las decisiones que tomaba en una fracción de segundo eran las que los demás necesitaban tres para procesar. Eso se llama visión de juego y es la característica más difícil de enseñar porque no se enseña.

Se tiene o no se tiene. El Chaco la tenía y en 2002 todo México lo vio en el escenario más grande del mundo. Corea, Japón 2002. El momento que debió cambiarlo todo el mundial de Corea y Japón 2002 fue el momento en que el mundo entero pudo ver lo que México tenía. La selección llegó a octavos de final.

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