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Perdí debate contra Católico y me llevó verdad | Mi conversión de Presbiteriano al Catolicismo

 me dijo, “A ver, ¿qué opinas?” Fui un domingo por la mañana. El culto era completamente diferente a las misas católicas que recordaba de niño. No había imágenes, no había estatuas, solo una cruz vacía al frente, bancas sencillas y un énfasis total en la predicación de la palabra. El pastor predicó durante 50 minutos sobre Romanos capítulo 8, sobre el amor de Dios, sobre la seguridad de la salvación por fe en Cristo.

 Y algo dentro de mí respondió. Empecé a asistir regularmente, a estudiar la Biblia con Raúl, a aprender las doctrinas reformadas, las cinco solas, la soberanía de Dios, la predestinación, la depravación total del hombre. Todo tenía lógica, todo parecía bíblicamente sólido, todo me daba la estructura intelectual que mi mente de ingeniero necesitaba.

 Me bauticé como adulto en marzo de 2008 por inmersión, porque el bautismo de bebés que había recibido en la Iglesia Católica no contaba según la doctrina presbiteriana y me entregué completamente a mi nueva fe. Durante los siguientes años me convertí en uno de los miembros más activos de la iglesia. Asistía a todos los cultos, domingos por la mañana y por la noche, miércoles de oración, viernes de estudio bíblico.

 Me volví maestro de escuela dominical. Enseñaba a jóvenes de 18 a 25 años. Preparaba clases detalladas sobre teología sistemática, sobre apologética, sobre defensa de la fe reformada. También lideraba un grupo de estudio bíblico en mi casa los jueves por la noche. Éramos como 15 personas. Estudiábamos libros completos de la Biblia, versículo por versículo, usando comentarios de teólogos reformados, John Macarthur, RC Sproll, John Piper.

 Me casé con una hermana de la iglesia, Patricia, en 2010. Ella era maestra de primaria y también muy activa en el ministerio de mujeres. Tuvimos dos hijos, Mateo en 2012 y Sara en 2014. Los criamos en la fe reformada, memorizando versículos, asistiendo a la iglesia cada domingo, aprendiendo el catecismo menor de Westminster. Yo era feliz.

 Sentía que finalmente había encontrado la verdad, que había salido de la idolatría católica y había entrado a la verdadera fe bíblica. Y me convertí en un apologista activo. Debatía con católicos en redes sociales. Escribía artículos refutando doctrinas católicas. La veneración de María, la transubstancia, el purgatorio, la confesión auricular, la autoridad papal.

 Usaba la Biblia para demostrar que todas estas doctrinas eran invenciones humanas sin fundamento escritural. Estaba convencido de que tenía razón, de que la reforma había restaurado el cristianismo bíblico después de siglos de corrupción católica. En enero de 2023 llegó un nuevo compañero a mi departamento en la empresa.

 Se llamaba Jorge, ingeniero mecánico, 35 años, católico. Desde el primer día tuvimos química profesional, trabajábamos bien juntos, nos caíamos bien, pero también desde el primer día empezamos a tener conversaciones sobre fe. Yo mencionaba algo sobre mi iglesia, él mencionaba algo sobre su parroquia y empezaban debates amistosos durante las comidas.

 Al principio eran conversaciones superficiales, pero fueron profundizándose. Un día de marzo de 2023, durante el almuerzo en la cafetería de la empresa, yo estaba leyendo mi Biblia. Jorge se sentó frente a mí. ¿Qué lees?, me preguntó. Primera de Timoteo, le respondí, estoy preparando una clase para el grupo de jóvenes.

 Ah, qué bien, dijo con genuino interés. ¿Qué versículo? Capítulo 2, versículo 5. Le dije, porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Este versículo demuestra que no necesitamos intermediarios humanos como los católicos enseñan. Solo Cristo. Jorge sonrió no con burla, sino con algo parecido a la diversión.

 Carlos, ese versículo no dice lo que tú crees que dice. [música] Me molesté un poco. ¿Cómo que no? Está claro. Un solo mediador. Cristo. No María, no los santos, no los sacerdotes. [música] Pero Carlos, dijo Jorge con calma. Si ese versículo prohíbe cualquier mediación humana, entonces tú no deberías orar por otros.

 No deberías pedirle a nadie que ore por ti y no deberías predicar el evangelio a nadie porque todo eso sería mediación. Me quedé callado. No tenía respuesta inmediata. [música] Jorge continuó. El versículo habla de mediación salvífica. Solo Cristo nos salva. Eso los católicos lo creemos. Pero la intercepción de los santos es diferente.

 Es pedir a nuestros hermanos en el cielo que oren por nosotros, igual que tú le pides a Patricia que ore por ti. No es lo mismo, respondí. Los santos están muertos. Muertos, preguntó Jorge. Lucas 20:38 dice que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Si los santos están con Cristo, están más vivos que nosotros. Esa conversación me inquietó porque Jorge no argumentaba como los católicos con los que yo debatía en internet.

 Él conocía la Biblia y usaba argumentos que yo no había considerado. Durante las semanas siguientes, nuestros debates continuaron. Yo atacaba la Eucaristía. Jorge defendía Juan 6 como literal, no simbólico. Yo atacaba la confesión. Jorge citaba Santiago 5:16 y Juan 20:23. Yo atacaba el purgatorio.

 Jorge citaba Primera de Corintios 3:15 y segunda de Macabeos 12:46. Momento. Lo interrumpí. Segunda de Macabeos no es Biblia, es apócrifo. Apócrifo Jorge levantó una ceja. ¿Quién decidió que era apócrifo? Lutero. Respondí con confianza. Durante la reforma eliminó los libros que no estaban en el canon hebreo. Exacto.

 Dijo Jorge. Lutero. En 1500 15 años después de Cristo. Lutero tuvo autoridad para eliminar libros que la Iglesia había usado durante 15 años. Me quedé sin palabras. Jorge continuó. Carlos, los apóstoles usaban la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento que incluía los deuterocanónicos. Jesús citó de la Septoaginta, la Iglesia primitiva la usó.

 ¿Con qué autoridad Lutero decidió eliminar libros? Él siguió el canon judío de Hamnia. Respondí repitiendo lo que me habían enseñado. El concilio de Hamnia es un mito dijo Jorge. Los eruditos modernos lo han desacreditado. Nunca hubo tal concilio. Y aún si hubiera existido, ¿por qué los cristianos seguiríamos decisiones de rabinos que rechazaron a Cristo? Estas conversaciones empezaron a molestarme porque Jorge tenía respuestas sólidas y yo estaba acostumbrado a ganar debates con católicos.

 En mayo de 2023, Jorge me hizo la pregunta que cambió todo. Estábamos en la cafetería. Yo había estado explicando sola escritura, que la Biblia es nuestra única autoridad final en asuntos de fe. Jorge escuchó pacientemente, luego preguntó, “Carlos, si la Biblia es tu única autoridad, ¿cómo ves cuáles libros pertenecen a la Biblia?” “¿Qué?”, pregunté confundido.

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