CHELÍS CRUZ: su LOCURA más OSCURA… el sucio SOBORNO que lo Sacó del Fútbol
De gloria eterna a sombra olvidada. Hubo un momento exacto y concreto en el que el nombre de José Luis Sánchez Solá sacudía el fútbol mexicano como un terremoto, un momento en el que su sola aparición en la banda de una cancha encendía miles de personas que gritaban su nombre, en el que los jugadores pedían, exigían que siguiera, en el que un gobernador del estado más poderoso políticamente de Puebla ponía su nombre y su dinero detrás de él.
Un momento en el que todo México hablaba del Cheliz. Un momento en el que los medios deportivos más importantes del país lo buscaban para opinar de todo, en el que su presencia en cualquier cancha era noticia. Un momento en el que representaba algo que el fútbol mexicano rara vez tiene. Un técnico del pueblo sin apellidos de élite, sin padrinos de los grandes, que hacía milagros donde nadie más los hacía.
Y luego hay otro momento, uno más reciente, uno que nadie te ha contado del todo y que es mucho más revelador que todos los títulos que ganó, que todos los equipos que dirigió. El momento en el que El Cheliz, el mismo hombre que sacó al Puebla de la división de ascenso y lo llevó a semifinales de la Liga MX por primera vez en 15 años, en [música] el que un equipo sin presupuesto eliminó en cuartos de final al gigante Monterrey, en el que toda una ciudad lo idolatraba como a nadie más en el mundo del fútbol poblano. Ese mismo
Chelis le pidió trabajo a su propio hijo. [música] un cargo importante, no una posición de honor, un trabajo como auxiliar técnico en un equipo de sexta división en España, una categoría amateur, un equipo [música] sin nombre reconocido. Fútbol de barrio en el fondo del escalafón del deporte español y su hijo lo mandó al Así sin más, sin titubear, le dijo que no, que no lo aceptaba como auxiliar en su propio equipo.
Grábate ese dato, no lo vayas a olvidar. Vamos a volver a él porque eso es lo que le pasa a un hombre que llegó a la cima del fútbol mexicano escalando por el lado más difícil, sin dinero de por medio, sin contactos en las cúpulas del poder futbolístico, sin el respaldo de los grupos que mueven los hilos en los clubes grandes y que luego se fue destruyendo a sí mismo con las mismas manos callosas y apasionadas con las que construyó todo.
de golpe, no en una sola noche de tragedia, [música] sino poco a poco, decisión por decisión, berrinche por berrinche, portazo portazo, impulsividad sobre impulsividad, hasta que ya no quedaron puertas abiertas. De su nombre completo es José Luis Juan [música] Sánchez Sola. Nació el 31 de enero de 1959 en Puebla de Zaragoza, México, la capital del estado de Puebla, una ciudad de tradición de mole y talavera, de universidades y de un fútbol apasionado, pero históricamente condenado a vivir en la sombra de los clubes del centro del
país. Y lo que le pasó en el mundo del fútbol es una historia que te van a hacer entender por qué el talento solo nunca alcanza cuando no viene acompañado de madurez. ¿Por qué el carisma sin control se vuelve veneno que intoxica todo lo que toca? ¿Y por qué hay hombres que son perfectamente capaces de quemar con sus propias manos de manera sistemática y casi inconsciente? La única [música] cosa que los hacía grandes en el mundo en los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nadie te ha contado de manera completa y
honesta. Pon con todos los detalles, sin omisiones convenientes y sin los adornos que a veces se le ponen a las historias de [música] los personajes queridos. Primera, la red de corrupción que el propio Cheliz describió en televisión nacional en octubre de 2019, que envolvió al fútbol mexicano durante sus años activos en los banquillos y que él mismo confesó había llegado hasta su puerta mientras dirigía el Puebla en forma de promotores y periodistas que llegaban con dinero y nombres de jugadores como si fueran el mismo
paquete. Segunda, los dos escándalos en una sola temporada que protagonizó en Las Vegas en 2018, incluyendo una suspensión de siete partidos por poner el dedo en el pecho de un árbitro [música] y otra de ocho partidos por poner la mano encima de un aficionado que lo insultó. se todo eso mientras en algún momento de esa misma temporada lo fotografiaron fumando cigarrillos en las gradas después de que lo expulsaran del terreno de juego.
Tercera, la acusación de un exjador que en 2025 lo señaló directamente como responsable de haberle destruido la carrera y el amor por el fútbol con promesas que jamás cumplió y que terminó retirándose del deporte a los 24 años de edad. [música] Cuarta, la escena más cruda de todas. El momento en el que el Cheliz admitió en televisión con sus propias palabras que ya no tenía lugar real en el fútbol moderno, que los métodos actuales lo habían rebasado y que su propio hijo le cerró la puerta en la cara cuando fue a pedirle trabajo como auxiliar en la
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sexta división española. [música] Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas revelaciones para que no te la pierdas. Eh, si te vas antes del final, te pierdes lo más importante de todo. ¿Por qué un hombre que pudo haberlo tenido todo en el fútbol mexicano terminó pidiendo trabajo de auxiliar en la sexta división española y recibiendo un no rotundo como respuesta de alguien que llevaba su mismo apellido? Pero antes de llegar ahí, necesitas [música] saber desde dónde empezó todo, porque el ascenso del Cheliz no fue un accidente
de la vida ni una casualidad del destino. Fue construido desde abajo, desde muy abajo, con una determinación que muy pocos técnicos en la historia reciente del fútbol mexicano han tenido. Y entender ese ascenso hace que la caída sea todavía más difícil de mirar y todavía más difícil de explicar con una sola razón. Puebla de Zaragoza, México.
Una ciudad de interior volcánico, de montañas enormes rodeándola de una historia que mezcla lo prehispánico con lo colonial en cada esquina. Una ciudad donde el fútbol es pasión de siempre, pero donde la gloria futbolística siempre pareció llegar con décadas de retraso. El club Puebla, [música] conocido popularmente como la franja por los colores azul y blanco de su camiseta, era en 2006 un equipo del ascenso MX.
[música] No era un equipo de Liga MX, era de segunda. Era un club que había conocido mejores tiempos en otras décadas, que había tenido momentos de competitividad real en el máximo circuito mexicano, pero que en los primeros años del siglo XXI apenas sobrevivía en los márgenes del fútbol profesional del país. [música] Sus aficionados recordaban glorias que ya se sentían tan lejanas que a veces parecían leyendas inventadas.

Y el club no daba señales de que eso fuera a cambiar en el corto plazo. El José Luis Sánchez Sola no era ningún nombre consagrado cuando llegó al Puebla en 2006. Era un entrenador formado en la Escuela Nacional de Directores Técnicos, la endit de la Federación Mexicana de Fútbol y pertenecía a la primera generación de esa institución, lo que le daba una formación seria y académicamente sólida, pero que en el mundo del fútbol mexicano de esa época no abría ninguna puerta de manera automática.
El fútbol en México era [música] y en muchos aspectos sigue siendo un mundo de compadrazgos arraigados, de nombres familiares que se pasan de generación en generación, de linajes técnicos donde lo importante a veces no es lo que sabes ni lo que puedes hacer en la cancha, sino a quién conoces y qué debes. Un mundo donde los técnicos extranjeros llegaban con mayor facilidad que los nacionales, porque la cultura de la colonia intelectual todavía operaba en los rincones del poder deportivo.
El Cheliz llegó a Puebla siendo casi un desconocido para el gran público. No venía de haber dirigido equipos grandes. No traía en el currículum campeonatos de Liga MX que le dieran peso específico. No llegaba recomendado por algún directivo poderoso de la Ciudad de México. Lo que traía era una metodología propia desarrollada en años de trabajo en categorías menores, una intensidad en el trabajo cotidiano que resultaba contagiosa para los grupos que dirigía y algo que muy pocos entrenadores en cualquier nivel del fútbol mundial saben hacer de manera
genuina. Hablar con sus jugadores de una forma en la que ellos realmente lo escuchan. de una forma en la que se sienten vistos y valorados como individuos, no solo como piezas de un sistema táctico. Grábate esto porque es fundamental para entender todo lo que viene después. El primer ingrediente del cheliz no era táctica ni sistema de juego, ni preparación física actualizada, era el trato humano, era la capacidad extraordinaria de hacer que un jugador de segunda división que llevaba meses sin creer en sí mismo se sintiera
como si estuviera a punto de jugar en el estadio más grande del mundo. para generar identidad colectiva en un grupo donde antes de su llegada muchos de los integrantes ya habían bajado los brazos y firmado mentalmente con su propia mediocridad. La situación en Puebla en 2006 era seria.
El equipo estaba en el ascenso MX, que en ese momento era lo que hoy conocemos como la liga de expansión, si el segundo nivel del fútbol organizado mexicano. Y no estaban simplemente en esa categoría con tranquilidad y buenos resultados. Había riesgo real de seguir bajando, de perderse todavía más, de volverse irrelevantes para el mapa del fútbol nacional.
El proyecto que se le planteó al Cheliz cuando llegó no era el de construir un equipo campeón ni el de soñar con títulos, era el de detener la sangría, era el de poner freno a una caída que parecía no tener piso visible. Lo que hizo Cheliz con ese Puebla entre 2006 y 2007 fue en términos futbolísticos extraordinario por las circunstancias en las que ocurrió.
No solo detuvo el descenso, no solo estabilizó al equipo en la categoría, en el torneo de clausura 2007 llevó al Puebla al título del ascenso MX y consiguió el boleto de vuelta la primera división de México, la Liga MX, en menos de un año con un plantel sin grandes figuras reconocidas, con un presupuesto que no se comparaba ni de lejos con los equipos punteros de esa categoría, sin nombres que brillaran, sin jugad adores que generaran expectativas previas solo con trabajo, con identidad, con esa capacidad del Cheliz para transformar a un grupo de
individuos en un equipo que creía en algo. Escucha esto con cuidado. El Puebla llevaba más de 15 años sin llegar a la liguilla de la Liga MX. 15 años. Más de una generación completa de aficionados que crecieron sin ver a su equipo en la fase final del torneo más importante del fútbol mexicano. 15 años en los que los camoteros habían sido en el mejor de los casos, un equipo de tabla media sin aspiraciones reales y en los peores un club peleando por sobrevivir en la categoría.
Y este hombre, este técnico que llegaba sin pedigrí de élite, sin nombre conocido en los grandes medios, sin los contactos que abren puertas en la Liga MX, lo estaba haciendo posible. Los jugadores lo adoraban. No es una exageración ni un adorno narrativo. Cuando en 2008, después de una racha de resultados negativos que acumuló cuatro empates, tres derrotas y solo una victoria, la directiva del club Puebla decidió cesarlo por primera vez.
Los propios jugadores del plantel tomaron la iniciativa de salir públicamente a pedir su regreso y la directiva se dio ante esa presión. No es algo que suceda con frecuencia en el fútbol profesional de ningún país. Un plantel que presiona colectivamente para que vuelva su técnico es una señal de algo muy específico y muy profundo que Chelis había construido con esa gente.
Algo que iba más allá del sistema de juego o de los resultados puntuales. El gobierno del estado de Puebla, encabezado entonces por Mario Marín [música] Torres, también lo respaldaba de manera visible y pública. Grábate ese nombre. [música] Mario Marín Torres. un gobernador que se convirtió en protagonista de uno de los escándalos más vergonzosos de la política mexicana moderna, [música] el llamado Gover precioso, quien fue condenado y encarcelado años después por violaciones graves a los derechos humanos. Un hombre que tenía intereses
directos en el club Puebla y que, según el propio Cheliz reconoció en una entrevista años después, era quien pagaba la nómina del equipo cuando los directivos [música] del club se lavaban las manos quincena tras quincena. El Chelis lo describió con una claridad desconcertante. Llamaba a un directivo y le decía que no había dinero para pagar a los jugadores.
Llamaba al otro directivo y lo mismo, la misma historia. Y entonces recurría al gobernador Marín Torres para que los jugadores cobraran lo que merecían por su trabajo. Piensa en eso un momento. El entrenador más popular de un equipo de Liga MX, el ídolo de una afición entera, teniendo que depender del dinero de un político para que sus propios jugadores recibieran su salario.
Eso ya te dice algo muy específico sobre el ambiente en el que el Cheliz operaba durante sus años de gloria. Un ambiente donde las reglas del negocio eran difusas cuando convenía que lo fueran, donde los límites entre el deporte al negocio y la política eran borrosos por conveniencia de todos los involucrados y donde sobrevivir como técnico requería navegar en aguas que no siempre eran transparentes.
Pero en ese momento, en 2008 y 2009, nadie en las gradas miraba todo eso con desconfianza. Lo que el público veía era un milagro deportivo en tiempo real. El Clausura 2009 fue sin ninguna duda, el momento más alto de toda la carrera del Cheliz como director técnico. El Puebla terminó en quinto lugar de la tabla general del torneo, una posición que le daba acceso directo a la liguilla.
Y en los cuartos de final, el equipo del Chelí se enfrentó al Monterrey, no a un equipo de tabla media, al Monterrey. Un club grande, con historia, con presupuesto infinitamente superior al del Puebla, con jugadores que valían cada uno más que todo el plantel camotero junto y el equipo del Cheliz lo eliminó, lo sacó de la liguilla.
En semifinales es el Puebla se topó con el Club Universidad Nacional, los Pumas y esa eliminación fue de las que duelen físicamente porque estuviste tan cerca del todo. El defensa central paraguayo Darío Verón metió un cabezazo en el momento justo que fue la diferencia. [música] El empate global le dio el paso a los Pumas por su mejor posición en la tabla general, pero el recuerdo que quedó grabado en la memoria colectiva del fútbol mexicano fue el de un equipo sin recursos que llegó más lejos de lo que nadie esperaba, el de un técnico que
había transformado al Puebla en algo que su afición no recordaba desde hacía décadas enteras. Eso fue el pico, el punto más alto, el Olimpo del Cheliz. Y [música] como ocurren tantas historias de ascenso y caída, ese pico fue también el momento desde el cual todo comenzaría a declinar, no en forma de cataclismo y sino en forma de erosión.
Una erosión que el propio Chelis aceleraría con sus propias decisiones. El Apertura 2010 trajo el segundo CSE. En la tercera fecha del torneo, el Puebla cayó 4 a1 ante la UNAM en un resultado que fue aplastante y que habló de un equipo desintonizado, de un grupo que no estaba al nivel que se le exigía. La directiva tomó la decisión de cesar al Cheliz por segunda vez y esta [música] vez ya no hubo regreso inmediato al mismo club.
Esta vez el ciclo en Puebla había terminado por un buen rato. Aquí viene lo primero que te prometí. En noviembre de 2010, José Luis Sánchez Solá fue presentado como técnico de estudiantes Tecos, un equipo que entonces militaba en la primera división mexicana y en sus declaraciones de ese día de presentación e algo que pasó casi desapercibido entre las notas deportivas de la jornada, pero que revela mucho sobre cómo operaba el mundo que lo rodeaba.
El Cheliz admitió que había recibido ofertas previas de otros equipos durante el periodo en que estuvo sin trabajo. Mencionó específicamente el club Atlas, [música] el Irapuato y los Tiburones Rojos de Veracruz. lo dijo con una naturalidad casi desarmante, como quien habla de transacciones completamente normales del negocio futbolístico.
Y en eso estaba el problema, ese mundo de ofertas y contraofertas [música] constantes, de llamadas entre técnicos y promotores y directivos a todas horas, de negociaciones que mezclaban lo deportivo con lo económico de maneras que no siempre eran transparentes. [música] Era el ecosistema natural en el que el Cheliz existía y respiraba.
Y era un ecosistema que se, como él mismo revelaría de manera mucho más explícita años después tenía un lado muy oscuro que pocos se atrevían a mencionar en público. Porque el fútbol mexicano [música] no es solo fútbol, nunca lo ha sido del todo. Es un negocio de transferencias de jugadores donde los futbolistas son mercancía que se compra barata y se vende cara, donde los representantes y promotores mueven millones de pesos en comisiones por cada movimiento, donde los entrenadores tienen un poder real de decisión sobre quién entra al plantel y
quién no, y donde ese poder de decisión se convierte inevitablemente en un punto de presión para todos los que quieren colocar a sus jugadores en equipos de primer nivel. El técnico que dice sí a un jugador que le recomiendan no siempre lo hace solo porque ese jugador sea el mejor disponible para su sistema.
A veces hay otras razones y el fútbol mexicano lo sabe, lo ha sabido siempre y durante mucho tiempo eligió mirar hacia otro lado. El Cheliz lo sabía, lo vivía, [música] lo veía en su entorno todos los días. Y en octubre de 2019, cuando ya era comentarista en televisión nacional y el fútbol mexicano estaba sacudido por un escándalo de corrupción protagonizado por el técnico uruguayo Gustavo Matosas y el promotor Fernando [música] Pavón, un audio filtrado que los mostraba negociando abiertamente un supuesto soborno relacionado con el fichaje de un
jugador llamado Matías Britos. El Chelist decidió soltar una bomba en el programa versus de Tudn estudio esperaba. Escucha esto con atención porque aquí está el núcleo de todo. En esa entrevista transmitida en vivo por Tudn, el Cheliz declaró abiertamente que eh durante el tiempo que dirigió al Puebla en sus distintos periodos, múltiples promotores y múltiples periodistas se acercaron a él para ofrecerle jugadores y dinero a cambio de que los acomodara en el plantel. No uno, no dos.
Sus palabras textuales fueron, “Este semestre me hablaron en promotores y periodistas para ofrecerme jugadores y ofrecerme dinero. Claro que sí.” Y no dijo nombres, no señaló a nadie específico. No puso cara a los que le ofrecieron esos tratos, pero fue más lejos aún. dijo que en su estimación aproximadamente el 70% de los técnicos en el fútbol mexicano estaban involucrados en esa maquinaria de compra y venta de jugadores con comisiones por debajo de la mesa, el 70%.
Si esa estimación tiene algún fundamento real, si ese número se acerca en algo a la realidad, l estamos hablando de una corrupción que no es la excepción en el sistema, sino la regla que opera en silencio. Una pandemia, como la llamó otro periodista que escribió sobre el mismo tema en esa época.
Y el Cheliz también habló de algo más que revelaba cómo funcionaba el negocio desde adentro. contó que en alguna ocasión la propia directiva del Puebla le informó que ciertos jugadores que habían llegado al plantel eran, en sus propias palabras, [música] un negocio. Los habían adquirido a bajo precio.
La idea era darles minutos para que subieran su cotización en el mercado y luego vender los más caros. Los jugadores como inversión financiera de corto plazo, no [música] como recursos deportivos orientados a mejorar el rendimiento del equipo. Pero aquí hay que ser honesto y [música] cuidadoso con lo que se afirma y lo que no se puede afirmar.
El Cheliz contó todo esto para denunciar el sistema corrompido que lo rodeaba, para señalar con el dedo una realidad que el fútbol mexicano siempre prefirió esconder bajo la alfombra. En ningún momento de esa entrevista ni en ninguna otra declaración pública admitió haber aceptado esos sobornos. En ningún momento dijo haber cobrado comisiones por colocar jugadores.
De hecho, explicó cuál era su método para intentar no quedar atrapado en esa red. Nunca pedía nombres de jugadores específicos cuando necesitaba reforzar a su equipo, sino solo posiciones que el equipo necesitaba cubrir, de manera que nadie pudiera después reclamarle un favor a cambio de un nombre que él supuestamente había pedido, lo que quedó flotando en el ambiente sin respuesta posible, era la pregunta que nadie podía resolver públicamente en un sistema donde el 70% de los técnicos participaban en esa maquinaria de dinero y jugadores como si
[música] fuera parte normal del trabajo, donde los promotores llegaban con efectivo y nombres en el mismo paquete, donde las propias directivas movían jugadores como inversiones sin decírselo completamente a sus técnicos. ¿Cuánto tiempo puede resistir alguien mantenerse completamente al margen de ese sistema? ¿Y cómo se distingue desde afuera quién está dentro y quién no? Piensa en eso.
Es una pregunta [música] sin respuesta fácil. En diciembre de 2012, José Luis Sánchez Solá fue nombrado técnico de Chivas USA, el equipo que el empresario mexicano Jorge Vergara tenía en la Major League Soccer de Estados Unidos. La MLS, una liga con reglas distintas. Quedó con un contexto cultural completamente diferente al del fútbol mexicano, con aficionados de otra tradición y medios que miraban el juego de otra manera.
La oferta llegó a través de Marcelo Michel Leaño y Chelis la aceptó después de considerar las posibilidades. El plan inicial, según lo que él mismo describió con lujo de detalle, años después en una columna para SPN sonaba ambicioso en papel. Vergara quería captar a la enorme comunidad mexicoamericana que vivía en California y el sur de Estados Unidos.
quería traer jugadores del equipo Chivas de México que no encontraban lugar en el plantel principal y quería construir algo sólido que tuviera sentido deportivo y comercial al mismo tiempo. Chelis recordó que en la reunión donde se cerró el trato en un departamento de la calle Rubén Darío en la Ciudad de México, Vergara habló durante mucho tiempo y con un entusiasmo genuino que resultaba contagioso.
Fue casi la única vez que Chelly habló en esa reunión cuando Vergara le preguntó directamente si aceptaba. y él dijo que sí. La realidad fue muy diferente al plan. Los jugadores franquicia del equipo tenían contratos que los convertían en intocables financieramente, ya que sacarlos [música] habría costado más de lo que podían pagar.
Los jugadores que supuestamente vendrían de México en préstamo no llegaron porque los contratos de esos futbolistas los hacían jugadores franquicia en la M LS también. Algo que nadie le explicó a Vergara cuando debía haberlo hecho. Chelis recibió seis jugadores de segunda división que estaban muy por debajo del nivel de la MLS [música] y sin el respaldo real que le habían prometido con un plantel que no podía competir, los resultados se hundieron desde el principio.
mayo de 2013, después de 12 partidos con solo tres victorias, siete derrotas y dos empates con 11 puntos y ocupando la última posición de la Conferencia Oeste, la directiva de Chivas Susa, lo despidió. Su primera experiencia en el fútbol de Estados Unidos había durado 5 meses [música] y dejaba una estadística que no había forma de presentar de manera favorable.
13 goles a favor y 24 en contra. un equipo que recibía el doble de lo que anotaba. El Clausura 2014 fue el siguiente capítulo. El Club Deportivo Veracruz lo contrató para salvar al equipo del descenso en lugar del técnico Juan Antonio Luna. Estuvo 11 fechas, 11 partidos y al final anunció su salida a través de su cuenta de Twitter.
Ten esa plataforma que tanto usaba para comunicar sus pensamientos más impulsivos en tiempo real. No fue una conferencia de prensa, no fue una comunicación institucional, fue un tweet como si dirigir y dejar de dirigir a un equipo de Liga MX fueran decisiones del mismo peso que opinar sobre el partido de la noche anterior.
El verano de 2014 fue el episodio televisivo [música] que nadie que lo vio pudo olvidar. Durante el Mundial de fútbol de Brasil, el Cheliz fue invitado como analista al programa fútbol picante de SPN, una plataforma enorme con millones de televidentes en toda América Latina. Un sueldo generoso, un chóer asignado, hotel de lujo, vuelos en primera clase, todo lo que un técnico recién salido de una experiencia fallida en Veracruz podría querer y necesitar. Duró 4 días.
[música] Al cuarto día de trabajo, después de una discusión que se fue calentando al aire con el conductor José Ramón Fernández sobre si el Cheliz le tenía envidia al técnico de la selección mexicana Miguel Herrera por su destacado papel en el Mundial de Brasil, el Cheliz se paró de su silla frente a las cámaras, miró a los presentes y dijo que se iba.
De poblano [música] a poblano le digo que me faltó al respeto muy fuerte y mi familia está muy angustiada [música] y esto no es para angustiar a mi familia. Y se fue en vivo con el programa todavía al aire, con Fernández mirándolo sin saber qué decir, con los demás panelistas en silencio. Años después, el Chelly admitiría haberlo hecho por estúpido.
Sus palabras [música] exactas, por estúpido. Contó que el productor del programa bajó al estudio inmediatamente a regañarlo, a decirle que eso no se hace, senó que si tenía algo que decirle, “Espera a que termine el programa y lo hablamos.” y que entre el arreglo que se ofreció estaba una disculpa pública de José Ramón Fernández hacia él.
El Cheliz dijo que sí, que aceptaba, pero que no podía volver al día siguiente al programa en vivo porque ya había anunciado que se iba y no podía dar marcha atrás frente a las cámaras. Regresó a México con escalas en Colombia, Ecuador, Venezuela y Panamá. No me pagó, declaró años después. Trabajé 4 días. 5 meses después de ese episodio tuvieron un reencuentro televisivo y llegaron a un acuerdo para que el Cheliz volviera a ESPN en otro formato.
Pero lo que había quedado claro era algo sobre la personalidad de este hombre que ya no era posible ignorar. Su incapacidad para manejar el conflicto sin hacerlo estallar públicamente. Eh, su tendencia a tomar decisiones irreversibles en el pico del calor emocional, sin pausa, sin reflexión, sin calcular las consecuencias y su resistencia absoluta a cualquier figura de autoridad que lo cuestionara en público.
Eso no es solo un mal momento puntual, eso es un patrón de conducta que se repite en distintos contextos a lo largo de años. Es la misma impulsividad que ya había generado choques con directivos en Puebla, la misma incapacidad para contener la reacción cuando algo lo molestaba. Y era una señal muy clara de lo que vendría después, del patrón que definiría el resto de su vida profesional.
Aquí viene la segunda revelación que te prometí y esta es la más documentada, la que tiene fechas, suspensiones oficiales, comunicados de prensa y fotografías. Noviembre de 2017. Ex. José Luis Sánchez Solá es anunciado como el primer técnico de la historia de Las Vegas Lights FC, un nuevo equipo de la United Soccer League, la segunda división del fútbol de Estados Unidos.
La apuesta del propietario Brett Lashbrook era clara y calculada. contratar una figura carismática y conocida en el mercado hispano, alguien que generara identidad, ruido mediático y conexión con la Comunidad Latinoamericana de Las Vegas, que es enorme. La ciudad acababa de recibir al equipo de hockey de la NHL, los Golden Knights, que se convirtieron en sensación nacional en su primera temporada.
El deporte profesional estaba viviendo un momento de expansión en Las Vegas y el Cheliz con su personalidad inapelable, con su energía, con su carácter irrepetible e inmediatamente reconocible, parecía la apesta perfecta para ese momento en esa ciudad. En marzo de 2018, antes de que comenzara la temporada, Chelis fue promovido a director técnico, un cargo más amplio, mientras su hijo Isidro Sánchez asumía como head coach, el entrenador principal en la banda.
Fue una estructura inusual, pero que en teoría aprovechaba lo mejor de cada uno. La figura pública del padre y la dirección técnica del día a día del hijo. La temporada de 2018 empezó con el mejor de los ambientes posibles. El Cheliz era el rostro indiscutible del equipo. Salía al campo antes de los partidos con una energía que contagiaba.
Tomaba el micrófono y hablaba con los aficionados. Les prometía espectáculo. Les hacía sentir que estaban viendo algo especial. Generaba un ambiente festivo que Las Vegas recibía con entusiasmo y que los medios locales cubrían con curiosidad genuina. Los fanáticos lo querían. El de la prensa lo buscaba. Parecía que esta aventura americana iba a ser diferente a la primera, pero entonces llegó el 5 de mayo de 2018 en un partido en casa de Las Vegas Lights contra el San Antonio FC que terminó en derrota 3 a 1 para el equipo local. El
Cheliz protagonizó un incidente con un árbitro durante el juego. Las versiones sobre exactamente qué pasó varían en el detalle de los que observaron el momento. Pero lo que está documentado de manera oficial es que la United Soccer League determinó que hubo lo que describieron como contacto breve con un oficial y procedió a suspenderlo por siete partidos.
La liga lo catalogó como abuso de árbitro. El propio equipo salió a dar su versión en un comunicado. [música] Múltiples testigos del incidente, incluyendo dos oficiales de seguridad asignados a los árbitros ese día, y no vieron al Cheliz hacer un gesto con el dedo que terminó en contacto breve con el pecho del árbitro. El Cheliz explicó públicamente que su intención era señalar algo, que no pretendía tocar al árbitro, que el contacto fue involuntario, pero también admitió algo que no podía negar.
Mi dedo sí hizo contacto una vez con el árbitro, [música] por lo que quiero disculparme muchas veces, pero mi acción y mi única intención era apuntarle. Sin intención y con un dedo no puedes lastimar a nadie. Cometí un error al tocar al árbitro. No volverá a pasar. Siete partidos de suspensión, casi dos meses sin poder estar en la banda dirigiendo desde las gradas.
Pero eso no fue todo, porque si hubiera sido todo, la historia sería un episodio más de los muchos que poblaban la carrera del Chelis y que la gente termina perdonando. El 15 de junio de 2018, sigo y apenas seis semanas después de la primera suspensión, la liga anunció una segunda sanción, esta vez de ocho partidos.
La razón fue un incidente que ocurrió después de una derrota aplastante 4 a0 en Phoenix ante el Phoenix Rising FC. Según el comunicado oficial del equipo, un aficionado del equipo visitante gritó una grosería en dirección al Cheliz y el técnico respondió de manera que el club definió como inapropiada al colocar su mano sobre ese individuo mientras le preguntaba que repitiera lo que había dicho.
En lenguaje directo puso la mano encima a un aficionado que lo insultó después de un partido. No lo golpeó, no lo lastimó, pero lo tocó físicamente en una situación de confrontación verbal. Y eso en el contexto del fútbol profesional en Estados Unidos es suficiente para recibir una sanción severa. Grábate esto porque es el dato más revelador de esa temporada.
En un solo año, el Chelis recibió suspensiones que sumaban 15 partidos. Una temporada regular en la US tiene aproximadamente 34 partidos. Es decir, que el Cheliz pasó casi la mitad de la temporada suspendido y en algún punto de ese mismo periodo, después de ser expulsado del terreno de juego en un partido, fue fotografiado, sentado en las gradas del propio estadio del equipo, fumando un cigarrillo tranquilamente.
La imagen circuló en medios locales de Las Vegas, un técnico sancionado fumando en las gradas. fue el tipo de escena que en México quizás hubiera generado una carcajada generalizada y se recordara como una anécdota pintoresca. En la cultura deportiva profesional de Estados Unidos generó incomodidad real el 18 [música] de septiembre de 2018, con seis partidos todavía por jugar en la temporada y el equipo en la posición 15 de la clasificación con 27 puntos.
En 28 partidos jugados, siete victorias, 15 empates y seis derrotas, Chelis anunció su renuncia. Después de una derrota 2 a 1 contra el Portland Timbers 2, salió a decir lo que sentía sin filtros. Ya no quiero estar acá. [música] Y así terminó su segunda aventura en el fútbol de Estados Unidos seis semanas antes de que terminara la temporada.
El propietario Brett Lashbrook publicó un comunicado institucional que era correcto en las formas, pero que decía mucho entre líneas. El equipo guardó silencio [música] y los medios locales de Las Vegas fueron bastante más directos en sus valoraciones. [música] Una columna en el Las Vegas Review Journal fue tajante en el título.
Chelis renunció a sus jugadores, Emma a sus fans. El columnista lo comparó con la famosa escena en la NFL de ese mismo año cuando el jugador Bonai Davis se retiró del partido [música] al descanso a mitad del juego. Lo que vino después reveló mucho sobre cómo habían quedado los puentes con Las Vegas. En febrero de 2019, cuando los medios deportivos mexicanos anunciaron que el Chelís volvía al Puebla por cuarta vez en su carrera, el club Las Vegas Lights publicó en sus redes sociales en inglés una respuesta que no necesitaba traducción. [música]
Cuarta vez, a nosotros nos bastó una para aprender. En Las Vegas no quedaron amigos y así era el ciclo constante del Cheliz. Llegaba con energía y promesas, generaba entusiasmo real. Conectaba con la gente de una manera que pocos [música] podían y luego algo explotaba. Un berrinche, un conflicto que no supo manejar.
tuvo un incidente en la cancha o fuera de ella, una salida impulsiva por redes sociales, una renuncia en vivo en televisión nacional, una mano en el pecho de alguien que no debía tocar y comenzaba de nuevo en otro lugar con otra oportunidad que terminaría de la misma manera, cuatro veces en el Puebla, dos experiencias en Estados Unidos, Correcaminos, Tecos, venados de Mérida, Veracruz, una lista de equipos y de salid que en conjunto describían a un hombre que nunca terminaba de quedarse en ningún lado, que nunca encontraba el equilibrio entre su intensidad y las exigencias de
la estabilidad que cualquier proyecto de largo plazo necesita. El Clausura 2019 fue el cuarto y último regreso al Puebla. Llegó en febrero de ese año para reemplazar a Enrique Mesa, que había conseguido solo una victoria [música] en los primeros cinco juegos del torneo. La directiva lo llamó de nuevo porque sabía lo que El Cheliz generaba en la afición, porque su nombre todavía tenía valor simbólico en la ciudad, porque el romanticismo de 2009 nunca terminó de morir del todo en la memoria colectiva de los camoteros. E llegó con su estilo
de siempre. dijo una de las frases que mejor definen su visión de la vida y del oficio que eligió. Describió la profesión de entrenador como un barril de estiercol en el que uno está atrapado adentro y tiene que respirar, aunque cada bocanada de aire venga mezclada con estiercol, pero donde a veces aparecen cerezas que hacen que todo valga la pena. Cerezas entre el estiercol.
Una imagen perfectamente honesta sobre cómo vivía el trabajo el Chelis, pero las cerezas no llegaron esa vez. En agosto de 2019, después de la apertura, el Chelis fue cesado del Puebla nuevamente T convirtiéndose en el primer técnico cesado de ese torneo apenas a cinco jornadas del inicio. Había llegado en la séptima jornada del Clausura y llegó a la quinta de la apertura.
En total, en esa cuarta etapa, la cuenta era simple y cruel al mismo tiempo. Esa misma semana, en una entrevista en doble radio, el Cheliz dijo algo que sonaba a punto final y que en parte lo era. Dejaba el fútbol sin llanto, sin drama exagerado, sin recriminaciones. Sí, dejó el fútbol. Tampoco voy a llorar. Algo haré. La cancha ya no.
No pienso cambiar yo. Solo por cobrar un sueldo, pues no. y luego agregó algo que merece quedarse en el registro. No me arrepiento de nada. Solo te das cuenta de que las cosas ya no son como antes. Hoy en día se desvirtúa la verdad. Se desvirtúa la verdad. Esa frase cargaba mucho peso, demasiado como para dejarlo pasar.

¿Qué verdad se desvirtúa la suya? La del sistema, la de ambos al mismo tiempo? Aquí llega la tercera revelación que te prometí. En mayo de 2025, en el podcast del reportero conducido por el periodista Josgar Gutiérrez, habló un joven exfutbolista llamado Santiago Fernández. Un nombre que quizás no te dice mucho si no sigues el fútbol mexicano de manera muy cercana, pero lo que dijo ese día lanzó una acusación directa y específica contra el Chelis, que este nunca terminó de responder de manera satisfactoria.
Santiago Fernández tenía 24 años cuando se retiró del fútbol profesional. 24. una edad en la que la mayoría de los jugadores están apenas en la mitad de su carrera, en el punto en el que empiezan a sentir que las cosas [música] comienzan a tener sentido y que el trabajo de años empieza a dar frutos. Y según su propio testimonio público en ese podcast, lo que lo llevó a ese retiro tan prematuro fue en parte lo que vivió bajo la dirección del Cheliz en el Club Puebla.
Fernández contó que llegó al club Puebla, específicamente porque el Cheliz le prometió que tendría minutos, que sería tenido en cuenta dentro del plantel, que la idea era darle la oportunidad de desarrollarse y crecer como jugador en primera división y que lo que ocurrió en la realidad fue exactamente lo contrario de todo eso.
No solo jugó al final del proceso, según su relato, ni siquiera entrenaba con el equipo. Lo habían marginado completamente, dejándolo en una especie de limbo donde no existía para el primer equipo ni tenía camino claro hacia [música] ningún lado. Y ese proceso lo lea experiencia de sentirse invisible y traicionado por alguien que le había prometido lo contrario, fue destruyendo gradualmente su amor por el fútbol hasta que ya no quedó nada que justificara seguir.
El Cheliz fue factor clave para que perdiera el gusto por el fútbol, lo que lo llevó a ponerle fin a su carrera a los 24 años de edad. fueron sus palabras en el podcast. El Cheliz respondió desde sus redes sociales de la manera más escueta [música] posible. Citó un tweet que hablaba del tema y escribió que era una pena. dos palabras, sin más detalle, sin explicaciones, sin ningún intento de dar su versión de los hechos de manera completa, sin ofrecer ninguna disculpa, una pena y punto.
Eso también dice algo muy específico sobre el Cheliz, sobre su capacidad o sobre su falta de ella, pero para mirar hacia atrás con honestidad y reconocer los daños que sus decisiones causaron en otras personas, porque ese patrón de prometer y no cumplir, de traer jugadores con expectativas claras y luego no cumplirlas, no era un incidente aislado que se pueda atribuir a las circunstancias del momento.
era parte de un método de trabajo que incluía relaciones humanas muy intensas en la superficie, pero que a veces respondía más a las necesidades del técnico que a las del jugador. El propio Mauricio Romero, un exjador que estuvo en el Puebla durante el periodo del Cheliz, contó en una entrevista pública en 2025 que él llegó a ese club no porque el Cheliz lo hubiera pedido, sino traído por otro directivo, Emilio Maurer, y que después del ascenso de 2007, EA tuvo un conflicto con el Cheliz relacionado directamente con dinero.
Necesitaba que el técnico interviniera para que le dieran un cheque que le correspondía y el Cheliz se negó a hacerlo. Un conflicto que no terminó ahí ni se resolvió con el tiempo. Años después, en un partido de Mérida contra Zacatepec, [música] cuando el Chelís dirigía a los venados de Mérida, ambos estuvieron a punto de llegar a los golpes en el túnel.
[música] Según el relato de Romero, el Cheliz se le fue encima cuando se cruzaron y tuvieron que separarlos. No son hechos aislados, no son coincidencias desafortunadas ni malentendidos sin importancia. Son patrones que se repiten a lo largo de años y con personas distintas. Conflictos que no se resuelven, rencores que duran décadas, promesas que se hacen y no se cumplen, jugadores que quedan marcados por las decisiones de un técnico que los trajo con expectativas que luego no honró.
Y ahora llega la cuarta revelación, la más [música] cruda, la más difícil de escuchar para cualquiera que respete lo que el Cheliz construyó en sus mejores momentos. En mayo de 2022, el Cheliz fue entrevistado por TUDN y admitió [música] algo que requiere honestidad y valentía para decirlo en voz alta y que pocos entrenadores se atreven a reconocer públicamente porque implica reconocer una obsolescencia que duele.
habló de como el fútbol moderno lo había rebasado en aspectos cruciales, como los métodos tecnológicos actuales, el análisis de datos de rendimiento, el GPS para medir intensidades de entrenamiento, las herramientas de preparación física y análisis táctico que hoy son estándar en cualquier liga medianamente seria, tú ya no eran su área, que en eso no podía competir con la nueva generación de técnicos y que su único fuerte real era el trato humano y luego Luego contó la historia que resume mejor que cualquier otra cosa el estado en el que se
encontraba su vida profesional. Buscando trabajo con ganas de seguir ligado al fútbol de alguna manera, aunque fuera en el rol más pequeño posible, fue a buscar a su hijo Isidro. El mismo Isidro Sánchez Masip, que había sido su asistente técnico en el Puebla, el mismo que había asumido como head coach cuando él fue promovido a Technical Director en Las Vegas.
El mismo que después de que Chelis renunciara al equipo americano continuó la temporada como entrenador principal. Su propio hijo que en ese momento dirigía un equipo de sexta división en España. No en la Liga española, no en segunda, no en tercera ni en cuarta. Sexta división. Fútbol de aficionados en el escalafón más bajo que existe dentro del fútbol organizado.
El Cheliz fue hasta allá y le pidió trabajo. No el cargo de director técnico, no el de responsable de la plantilla. Le pidió ser su auxiliar, el número dos de su propio hijo en la sexta división española y su hijo lo mandó al Así lo describió el Cheliz con sus propias palabras en televisión sin que nadie lo obligara a decirlo.
Me fui con Isidro, que es mi hijo, que dirige un equipo en la sexta división en España. Pedí chance y me mandó al No me aceptó de su [música] auxiliar. Y luego agregó algo que es posiblemente la frase más honesta y más desgarrada de toda su trayectoria pública. Y entonces ahí te das cuenta que desnudo te ves al espejo y ves que tu infancia se aleja. Piensa en eso.
El hombre que sacó al Puebla del ascenso y lo llevó a semifinales de Liga MX eliminando al Monterrey, el que dos veces fue técnico en el fútbol de Estados Unidos, el que dirigió en cuatro equipos distintos de Liga MX, el que fue rostro de uno de los programas deportivos más vistos en América Latina, el que estuvo en el Mundial de Brasil como analista de televisión nacional.
Ese hombre fue a pedirle trabajo de auxiliar técnico a su hijo en una liga de aficionados en España y su hijo le dijo, “No, no es una metáfora, no es una imagen inventada para hacer más dramático el relato.” Es lo que el propio Cheliz contó con sus propias palabras frente a una cámara de televisión.
¿Cómo se llega hasta ahí? ¿Qué camino lleva de las semifinales de 2009 a ese momento? La respuesta no tiene una sola causa, tiene muchas. Si todas se entrelazan de maneras que son difíciles de separar completamente. Pero hay un hilo que corre a través de toda la historia del cheliz y que conecta cada uno de esos momentos. La incapacidad crónica para gestionar el conflicto sin que escale hasta el punto en que ya no hay salida sin quemar algo.
La impulsividad que tomaba decisiones irreversibles en el peor momento posible. La resistencia a adaptarse a lo que el fútbol moderno exigía y la acumulación equipo tras equipo de personas que quedaban con cuentas pendientes. El fútbol mexicano tiene memoria, no siempre la expresa públicamente y a veces elige el silencio estratégico sobre la declaración directa, pero tiene memoria y el Cheliz fue construyendo en esa memoria una reputación que era genuinamente contradictoria, brillante para motivar grupos, era extraordinario para conectar
con la afición, capaz de sacar resultados que nadie esperaba con planteles sin recursos, pero también imprevisible en los momentos importantes, conflictivo con las directivas cuando los resultados se complicaban, incapaz de mantenerse en un proyecto cuando el viento dejaba de ser favorable.
Las directivas hablan entre sí en el fútbol. Los directores deportivos se conocen en los eventos de la liga. Los presidentes de clubes intercambian información en las asambleas y fuera de ellas. Y cuando el nombre del Cheliz aparecía en una lista de candidatos para dirigir algún equipo, la pregunta que seguía casi inevitablemente era la misma.
¿Cuánto tiempo puede durar esta vez? Porque la estadística acumulada no mentía. Cuatro veces en el Puebla y ninguna terminó con un proyecto de largo plazo. Eh, dos veces en Estados Unidos y en ambas el final fue prematuro. En Veracruz 11 fechas. En Chivas 5 meses. En Correcaminos una temporada y renuncia. En venados una temporada con resultado mediocre. Eso no es mala suerte.
es consecuencia de un patrón que se repite y hay algo más que contribuyó de manera determinante a ese alejamiento progresivo de los banquillos de primer nivel, algo que el fútbol moderno del siglo XXI simplemente no perdona. La resistencia al cambio y la negativa actualizar los métodos de trabajo. Cuando El Cheliz habló en 2022 de que los métodos modernos lo habían rebasado, que lo tecnológico ya no era su área, que su único fuerte real era el trato humano, estaba haciendo una confesión que en el fútbol contemporáneo equivale
a admitir que no puedes competir en el nivel más alto. el análisis de datos de rendimiento, la preparación física personalizada con métricas individualizadas, los sistemas de video y scouting digital, la gestión táctica basada en estadísticas avanzadas de posesión, presión y transiciones. Todo eso es ahora el estándar mínimo en cualquier liga que aspire a ser tomada en serio.
Y el Cheliz mismo reconocía que eso estaba más allá de lo que podía ofrecer. ¿Qué queda cuando el trato humano es tu único fuerte certificado? Pero los equipos necesitan que seas mucho más que eso. Queda lo que estamos viendo. En 2025, José Luis Sánchez Solá fue nombrado rector de la Universidad del Deporte en Puebla. un cargo gubernamental otorgado por el gobierno del estado bajo la administración del gobernador Alejandro Armenta.
Es un cargo que implica responsabilidad real sobre una institución educativa nueva que busca impulsar el desarrollo deportivo en el estado. Hay que decirlo, no es un cargo sin importancia, es una responsabilidad genuina y podría ser un aporte real si se gestiona bien, pero el salario estimado para ese puesto ronda los 58,000 pesos mensuales.
Una cifra considerable para el promedio del país, pero que si la comparas con lo que el Cheliz ganaba en sus mejores años, [música] primero como técnico de Liga MX y luego como analista estrella de ESPN. Es un mundo diferente y casi de inmediato comenzaron a circular señalamientos sobre nepotismo, sobre la posible vinculación de su hijo Isidro con algún cargo dentro de la misma institución.
Una acusación que en el contexto político mexicano es seria, que el mismo hijo que lo mandó al cuando fue a pedirle trabajo podría terminar en la nómina que el Chelis maneja como rector de una universidad estatal, la historia de José Luis Sánchez Solá. [música] No tiene el arco clásico de la tragedia deportiva que más fácilmente se reconoce.
No hay una sola noche en que todo se derrumbó de golpe con estrépito. No hay un escándalo que explotó en los titulares y lo hundió de manera definitiva en un solo día. No hay un arresto. No hay una condena judicial con años de prisión. No hay un dopaje positivo que borró todos sus títulos. No hay una bancarrota súbita que lo dejó sin nada de la noche a la mañana.
Lo que hay es algo que es más difícil de ver porque es más lento. Sé porque se construye con el tiempo y porque en cada momento parece que podría detenerse. Un deterioro progresivo levantado ladrillo por ladrillo a lo largo de más de una década. Un hombre que fue incapaz de aprender de sus propios excesos antes de que fuera demasiado tarde, que quemó relaciones que podrían haberle dado las oportunidades que el talento solo no era suficiente para garantizar, que confundió la pasión genuina con el descontrol sistemático, que creyó que su
carisma era un recurso infinito que podía compensar cualquier otra deficiencia. El fútbol mexicano tiene una palabra para los técnicos que hacen mucho con poco. Los llaman milagreros. Y el Cheliz era en la etapa de su ascenso con el Puebla entre 2006 y 2009. El milagrero más celebrado y querido del fútbol nacional, el que sacaba equipo de la nada, el que convertía jugadores desconocidos en piezas que funcionaban, el que generaba identidad en planteles que no tenían ninguna.
Pero los milagros tienen fecha de vencimiento cuando no van acompañados de profesionalismo sostenido y de la capacidad de adaptación que exige cualquier disciplina que evoluciona. Cuando el método de trabajo se basa en la intensidad emocional, pero no en los sistemas y estructuras que el deporte moderno requiere.
Cuando la relación con las directivas depende de que todo salga bien, porque cuando los resultados fallan, la convivencia se vuelve imposible. cuando la gestión del conflicto no tiene herramientas más allá del estallido. El propio Chelis lo dijo en 2025, ya como rector de una universidad, eh cuando le preguntaron si aceptaría volver a dirigir al Puebla si tuviera la oportunidad.
Sí, claro que tomaría la dirección técnica. La única condición es que nadie se meta. Y luego reconoció que lo veía imposible en las condiciones actuales, porque según él en el club hay mafias por todos lados que impedirían que funcionara. Hoy lo veo imposible porque hay mafia. Hay mafia debajo de Ángel Luis Catalina, hay mafia debajo de Gabriel Saucedo, hay mafia por todos lados. Mafia.
El Cheliz hablando de mafia en el club donde él mismo dirigió cuatro veces a lo largo de 15 años. en el club donde él mismo navegó por las aguas de los promotores que llegaban con jugadores y dinero como si fueran el mismo paquete, donde él mismo fue respaldado económicamente por un gobernador que hoy cumple condena en prisión, de donde él mismo reconoció que los directivos le informaban que ciertos jugadores eran un negocio que había que comprar barato y vender caro.
¿Cuánto de ese río revuelto del que habla fue construido tamban bien con su propia presencia en ese sistema durante todos esos años? Esa es la pregunta que el Chelis no se hace en público, al menos no de manera explícita, y quizás es la más importante de todas las que quedan sin responder en esta historia. Grábate esto porque es la clave de todo.
El Cheliz no fue destruido por un enemigo externo que lo persiguió sistemáticamente. No fue víctima de una conspiración organizada que lo borró del mapa del fútbol profesional con un plan calculado. No hubo una noche de traición en la que todo se hundió. fue en muchos aspectos importantes el arquitecto principal de su propio destierro.
Cada conflicto que no supo resolver de otra manera que no fuera la explosión, cada relación que quemó cuando no era necesario quemarla, cada impulsividad que convirtió en suspensión oficial o en renuncia al aire o en tweeting tempestivo, fue una puerta que se cerraba. Y en el fútbol profesional, cuando se cierran suficientes puertas, al final uno queda fuera mirando desde la [música] calle.
El fútbol da y quita, pero a veces uno mismo acelera la quita de manera que termina siendo imposible de revertir. El caso del Cheliz no es el de alguien que no tenía talento para lo que hacía, es exactamente el opuesto de eso. Es el de alguien que tenía algo genuino, auténtico y valioso, esa capacidad real conectar con grupos y sacarles lo mejor que tenían y que no supo proteger ese talento de sí mismo.
Leche que no supo distinguir cuándo su intensidad sumaba y cuándo restaba, que no supo que hay momentos en que el entrenador más importante que existe es el que uno mismo necesita para aprender a gestionarse. En el verano de 2006, José Luis Sánchez Solá llegó al estadio Cuautemoc con un proyecto en la segunda división mexicana, sin nombre conocido y sin recursos, pero con una convicción que contagiaba a todo el que se acercaba.
En el verano de 2025 es rector de una universidad estatal en Puebla con señalamientos de nepotismo que ya circulan en los medios locales con [música] un salario de 58,000 pesos mensuales, sin banquillo, sin plantel y con la memoria fresca de un hijo que le dijo no cuando fue a pedirle trabajo como auxiliar en la sexta división española.
El deporte lo elevó hasta donde pocos técnicos mexicanos sin los apellidos correctos han llegado y también lo destruyó. Pero en su caso esa destrucción fue lenta, fue en muchos sentidos elegida por él mismo con cada decisión impulsiva y fue propia de una manera que resulta difícil de mirar sin una mezcla de admiración por lo que construyó y de tristeza por lo que dejó que se destruyera.
Así termina la historia del hombre que fue rey en Puebla, del entrenador que hizo lo que nadie creía posible en un equipo sin recursos y sin historia reciente, del personaje que encendió estadios en Puebla, que generó confusión y polémica en Los Ángeles con Chivas Susa, que incendió vestuarios y directivas en Veracruz, que fumó cigarrillos en las gradas de Las Vegas después de que lo expulsaran, que renunció en vivo en televisión frente a millones de televidentes, que denunció la corrupción del sistema mientras
mientras vivía en sus mismas aguas turbias, que prometió minutos a jugadores que jamás los tuvieron, que buscó en su hijo la última puerta de entrada al fútbol y recibió como respuesta el portazo más honesto que le pudo dar a alguien que lo conocía desde [música] adentro. El Chelí sigue vivo, sigue hablando de fútbol, sigue opinando, criticando, declarando, y eso también es parte de la historia completa que a veces los que más tienen para decir sobre el deporte, sobre sus grandezas y sus miserias, sobre su corrupción y su magia, son precisamente
los que ya no pueden estar en [música] él. Si la historia del chelist te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que el talento sin control es una vela encendida en un cuarto lleno de gasolina, si ahora ves que el fútbol mexicano tiene una corrupción que no es solo de los que aceptan el dinero, sino de todos los que viven en ese sistema y deciden no cambiarlo.
Si entiendes que el precio de la gloria deportiva no siempre lo paga quien pierde, sino también quien gana, pero no sabe administrar lo que ganó, entonces haz algo por mí. Dale like a este video, suscríbete al canal, no por mí, por el Cheliz, para que su historia [música] completa, no solo la del milagrero de Puebla ni la del personaje carismático de la televisión, sino la del hombre que quemó cada puerta que cruzó con sus propias manos.
Llegue a más personas que necesitan entender el precio real de la gloria deportiva. Para que la próxima vez que alguien diga que el Chelis fue borrado del fútbol mexicano por las mafias, alguien más pueda decir no. Él también construyó esa oscuridad con sus propias decisiones, una por una a lo largo de años.
Y hay algo más que pocas veces se menciona cuando se habla del cheliz, algo que quedó documentado en distintas entrevistas a lo largo de los años y que forma parte del cuadro completo de quién es este hombre. La relación que tuvo con Mario Marín Torres, el gobernador de Puebla durante sus mejores años en el club, es uno de los capítulos más oscuros [música] y menos discutidos de su historia pública.
Marín Torres no era simplemente un aficionado del Puebla que de vez en cuando aparecía en los palcos. Era el hombre que pagaba las nóminas cuando los directivos no tenían dinero. Era quien ponía el dinero para que los jugadores cobraran. Era la red de seguridad económica del proyecto más exitoso que el Chelis tuvo en su vida.
Y ese apoyo nunca fue gratuito ni sin consecuencias. En agosto de 2009, apenas días después de que el Puebla fuera eliminado en semifinales de la liguilla por los Pumas, el Cheliz apareció en un comercial [música] político del Partido Revolucionario Institucional, el PRI. Era la campaña del propio Marín Torres, el técnico más popular del fútbol poblano, prestando su imagen [música] a la propaganda política del gobernador que financiaba al equipo.
La reacción en el mundo deportivo y periodístico fue de crítica generalizada. Los deportistas y especialmente los entrenadores, no deberían aparecer en campañas políticas. El Cheliz nunca ofreció una explicación completa de esa decisión y Marín Torres años después terminaría en prisión por los delitos que cometió durante su gestión.
[música] En la imagen del cheliz en ese comercial quedó como uno de esos momentos que cuando lo ves en retrospectiva dice mucho sobre los límites que estaba dispuesto a cruzar para mantener la estructura que lo sostenía. No es una acusación de complicidad con los crímenes del gobernador, pero sí es una señal de que el Cheliz operaba en una zona donde lo deportivo y lo político se mezclaban de maneras que no siempre eran cómodas de mirar.
Y hay un último dato que redondea esta historia, de manera que resulta difícil de ignorar. Cuando en 2025 el Cheliz fue nombrado rector de la Universidad del Deporte en Puebla. Ese nombramiento no vino de la nada ni fue una decisión técnica basada únicamente en méritos académicos. [música] Vino del gobierno del estado, del gobernador Alejandro Armenta.
Un nombramiento político para un cargo que requiere gestión institucional. El Cheliz, que durante años criticó las mafias y la política metida en el fútbol, terminó llegando a su cargo más reciente gracias exactamente a los mecanismos que siempre criticó. una designación gubernamental a dedo. No hay forma de evaluar honestamente la historia del Cheliz sin ver ese círculo completo.
El hombre que habló de corrupción en el fútbol mexicano, [música] el que denunció que promotores y periodistas le ofrecían dinero y jugadores, el que señaló mafias dentro de los clubes. Ese mismo hombre fue bancado por un gobernador que hoy está preso. apareció en sus comerciales políticos y terminó siendo nombrado rector de una universidad por designación directa del gobierno del estado, donde siempre ha vivido y al que siempre ha pertenecido.
El fútbol es un espejo de a veces lo que muestra no es lo que queremos ver, pero lo muestra igual. Yeah.