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Chelelo – el campesino que conquistó México y se convirtió en una leyenda

Chelelo – el campesino que conquistó México y se convirtió en una leyenda

Desde las  tierras polvorientas junto al Río Bravo, un campesino salió para convertirse en un rostro familiar para millones de mexicanos. En la  pantalla, el público solía verlo compartiendo risas con Antonio Aguilar en algunas de las películas rancheras más populares  de su época.

 La gente lo quería por su humor, por su cercanía y por esa sensación de familiaridad que transmitía  en cada aparición. Pero Chelelo nunca fue una estrella en el sentido  tradicional. Mientras muchos artistas de su generación cambiaban su forma de hablar, su estilo de vida o poco a poco  se alejaban de sus raíces para adaptarse al mundo del espectáculo, Chelelo conservó su característico  acento norteño y la sencillez de un hombre nacido y criado en la frontera.

Él no interpretaba a un campesino. Vivía como un  campesino, incluso después de convertirse en una figura reconocida en todo  el país. Y precisamente ahí comienza la parte más fascinante  de su historia. ¿Cómo logró un joven humilde de Rancho Los Guerra convertirse en una leyenda que México  sigue recordando hasta el día de hoy? Para responder a esa pregunta, primero debemos entender que lo  que hizo diferente a Chelelo no fue el cine ni la fama, fue la infancia 

que vivió en Rancho Los Guerra. Antes de convertirse en Chelelo  era Eleazar García Science, un niño nacido el 28 de septiembre de 1924 en Rancho Los Guerra, una pequeña comunidad de Mier, Tamaulipas. Los documentos  publicados por noticias de Tampico, incluyendo la biografía aportada por el Dr.

 Mario Alberto García  Franco, hijo de Chelelo, muestran que Eleazar creció entre los campos de cultivo, las aguas del río Bravo y la vida cotidiana de la frontera entre México y  Estados Unidos. Las mañanas estaban dedicadas al trabajo del campo. Los momentos libres  transcurrían pescando en el Río Bravo o jugando béisbol con los niños  del pueblo.

 A simple vista parecía una vida común. Sin embargo, las personas que lo rodeaban terminarían convirtiéndose en la mayor fuente de inspiración de toda su carrera. Eleazar creció rodeado de hombres y mujeres  que hablaban con el característico acento norteño, de historias contadas al caer la tarde y de un sentido del humor nacido de la vida diaria.

Con el paso de los años, todo aquello volvería a aparecer en los personajes que interpretó como Chelelo. Hay una historia de su infancia que ayuda a entenderlo mejor. Junto a su  amigo Silvestre Barrera, el joven Eleazar construía pequeños espectáculos  de títeres en el patio de su casa. Los niños de la comunidad pagaban apenas un centavo para entrar y ver aquellas funciones improvisadas.

Nadie imaginaba que ese pequeño escenario se estaba convirtiendo en la primera escuela  artística de quien más tarde haría reír a millones de mexicanos. Fue ahí donde aprendió  a observar al público. Aprendió cuando una historia captaba la atención de la gente, cuando una ocurrencia  provocaba una carcajada y cuándo la sencillez podía conectar con las personas  mejor que cualquier otra cosa.

 Con los años, los mexicanos llegaron a querer a Chelo  por la cercanía que transmitía. Pero esa cercanía no nació en un estudio  de cine ni en una escuela de actuación. Nació en las calles de tierra de Rancho Losguerra, en las orillas del Río Bravo y en la convivencia con la gente común de  su comunidad.

 Lo que otros podían ver como una infancia humilde terminó convirtiéndose en el mayor tesoro artístico  de su vida. Su forma de hablar, su humor, sus gestos y las historias que  contaba provenían directamente de aquel mundo que nunca abandonó. Y antes de que el cine descubriera  a Eleazar García Sa, el joven de Rancho Los Guerra emprendería otro camino  que también marcaría su destino, la música.

El primer gran cambio llegó cuando tenía 14 años. Cuando el circo imperial pasó por Rancho Losguerra,  el joven Eleazar quedó fascinado por el mundo que existía detrás  de las luces del escenario. Según los documentos conservados por noticias de Tampico, decidió unirse al circo como aprendiz de artista de la legua y comenzó una vida de viajes junto a una compañía itinerante.

Aquellos años fueron muy diferentes  a la vida que conocía en su pueblo. Eleazar recorría una comunidad  tras otra cantando corridos norteños, actuando donde hubiera  público y viviendo en condiciones muy sencillas. Hubo noches en las que durmió en tiendas improvisadas y largos recorridos por caminos llenos de polvo.

 Sin embargo, fue precisamente en ese ambiente donde comenzó a entender lo que significaba vivir del espectáculo. Después de varios años en el circo, Eleer regresó a la región fronteriza y decidió dedicarse a la música de manera  más profesional. Tocaba guitarra y con trabajo y poco a poco comenzó a abrirse camino dentro de la música norteña.

 Durante esta etapa grabó para Falcon Records y Columbia Records, además de ganar popularidad con canciones de tono humorístico  como El tuerto eduvijes, La Chiva y Pancha Pistolas. Aquellas grabaciones reflejaban algo que ya formaba parte de su personalidad, la capacidad de encontrar humor en las historias más cotidianas. Poco tiempo después apareció una nueva oportunidad.

Ele comenzó a trabajar como locutor en la estación Xi de Miguel Alemán. Ese trabajo lo acercó al mundo artístico profesional. Cada día conversaba con cantantes, actores y figuras reconocidas de la época, que entre los artistas que pasaron por la emisora  se encontraban Tin Tan, Chelo Silva y Óscar Ortiz de Pinedo.

Poco a poco, Eleazar empezó a construir relaciones dentro del medio artístico mexicano y entonces desde ese mismo mundo artístico, finalmente apareció la oportunidad que Eleazar García Science había estado esperando durante mucho tiempo. Según e consulta, la puerta del cine se abrió para él en 1961 cuando participó en la película Los Hermanos del Hierro, dirigida por Ismael Rodríguez.

Esta oportunidad llegó gracias a la amistad que mantenía con el reconocido escritor y guionista Ricardo Garibay, quien había quedado impresionado por la personalidad y el espíritu fronterizo de Tamaulipas que Eleazar reflejaba en cada una de sus historias. Sin embargo, aquella película solo fue el comienzo.

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