Posted in

Así fue la Batalla Más Audaz de “Los Dorados”: La Invasión a Estados Unidos

Así fue la Batalla Más Audaz de “Los Dorados”: La Invasión a Estados Unidos

El sargento Mark Dobs estaba dormido en su litera del campamento Forlong cuando el primer disparo rompió el silencio del desierto de Nuevo México a las 4:15 de la madrugada del 9 de marzo de 1916. Se incorporó en la oscuridad. Escuchó disparos aislados al principio, el tipo de sonido que en la frontera podía ser un borracho o un perro o nada.

 Luego más disparos. Luego muchos. Luego el grito en español que el heló la sangre a todos los soldados del 1 decimotercer regimiento de caballería que dormían en ese campo. Viva villa mueran los gringos. Dobsalió de la litera y corrió hacia su rifle descalso en ropa interior, igual que 200 soldados más hacían en ese mismo momento en todo el perímetro del campamento, chocando unos contra otros en la oscuridad, con las ametralladoras encasquilladas, porque el aceite se había endurecido con el frío del desierto y nadie las había engrasado esa

tarde, porque nadie en Columbus, Nuevo México, esperaba que en la noche del 8 al 9 de marzo de 1916500 jinetes mexicanos cruzaran la frontera internacional y atacaran suelo americano. Lo que ocurrió en Columbus esa noche fue el acto más audaz de la Revolución Mexicana, el único ataque militar extranjero en suelo continental de los Estados Unidos desde la guerra de 1812.

El acto que convirtió a Pancho Villa de guerrillero norteño en el hombre más buscado del hemisferio occidental y que desató la respuesta militar más cara y más humillante que el ejército americano había sufrido en décadas. Y fue también, en la lógica específica de Villa en ese momento, el único movimiento que podía hacer.

 Y para entender Columbus, hay que entender primero el mundo en que Villa se encontraba en el invierno de 1916. Porque Columbus no fue un acto de locura ni un acto de bravura gratuita. Fue el cálculo de un hombre que ha perdido casi todo y que tiene que decidir si pierde lo poco que le queda con dignidad o si cambia las reglas del juego antes de que el juego termine.

 La división del norte que había tomado Zacatecas en 1914 con 20,000 hombres ya no existía. En Celaya, en abril de 1915, Obregón había detenido las cargas de los dorados con alambre de púas y ametralladoras, y había convertido el ejército más temido del norte en una colección de hombres dispersos que huían hacia la sierra de Chihuahua, perseguidos por fuerzas constitucionalistas que ahora tenían la ventaja del número y del armamento y del reconocimiento internacional que a Villa le habían quitado.

El reconocimiento internacional. Ahí estaba la herida que Columbus intentaba responder. En octubre de 1915, el presidente Woodro Wilson reconoció al gobierno de Carranza como el gobierno legítimo de México. maravilla, que había protegido las propiedades americanas en el norte durante años, que había vendido ganado mexicano a compradores de Texas y Arizona, que había cultivado una relación con los agentes del Departamento de Estado Americano, con la convicción de que esa relación era un activo estratégico que le protegía las

espaldas mientras peleaba contra Huerta y luego contra Carranza. El reconocimiento a Carranza fue algo más que una decisión diplomática. Fue la traición más grande de su vida. Y luego llegó Agua Prieta. En noviembre de 1915, Sevilla atacó Agua Prieta en Sonora. Las fuerzas de Carranza en esa ciudad habían recibido refuerzos en el último momento.

Tropas que habían viajado en ferrocarril desde Texas cruzando por el territorio americano porque el gobierno de Wilson había autorizado ese cruce. Era el tipo de permiso que los americanos daban a los aliados y negaban a los adversarios. Villa era ahora el adversario. Sus dorados cargaron contra posiciones que horas antes eran insuficientes para resistirlos y que ahora tenían los hombres y las armas que el cruce por territorio americano había hecho posibles.

La derrota en agua prieta fue la derrota que Villa no podía explicar solo con la estrategia de Obregón. Requería también el factor americano. Los americanos le habían dado a Carranza lo que Villa necesitaba para ganarlo. en el campamento en la sierra de Chihuahua, donde Villa reunió a los hombres que le quedaban después de Agua Prieta, el Pancho Villa, que había salido con 500 hombres y que había vuelto con menos de 200, con heridos y con el olor a derrota que los veteranos reconocen antes de que nadie lo nombre, tomó la decisión que

solo los que ya no tienen nada que perder pueden tomar. Si los americanos iban a ser sus enemigos, iban a saberlo. Los dorados que montaron la noche del 8 de marzo de 1916 eran los últimos dorados, no los 400 del apogeo. No los hombres que habían flanqueado los cerros de Zacatecas en la oscuridad y que habían llegado al amanecer desde el lado donde nadie los esperaba.

 Eran 500 hombres de lo que quedaba de la división del norte, más delgados, que con caballos que no estaban al mismo nivel que los de 1914, con munición que sabían que no iba a reponerse fácilmente después del cruce, pero seguían siendo los dorados en lo único que importaba. en la disposición de ir donde Villa dijera, aunque el destino fuera el que Villa había dicho.

La frontera entre México y los Estados Unidos, en ese punto del desierto de Chihuahua y Nuevo México, era en 1916 una línea en los mapas y unos postes de metal en el terreno. No había muro, no había patrulla sistemática, había el desierto en los dos lados y la convicción de que la línea era suficientemente real.

 para que nadie la cruzara con ejércitos. Los dorados la cruzaron a las 4 de la mañana sin que nadie los oyera cruzar. Columbus era un pueblo de 300 personas, nan la mayoría empleados de las tiendas y hoteles que servían a los agricultores del valle y a los soldados del detercer regimiento, que mantenía el campamento Furlong en las afueras.

 Era el tipo de pueblo que existe en los márgenes de todas las fronteras. demasiado pequeño para importar en el mapa nacional, suficientemente activo como punto de intercambio para importar en la vida de los que vivían cerca. El campamento Furlong tenía 540 soldados, números similares a los de Villa, pero los soldados americanos dormían. Los dorados estaban despiertos.

La diferencia entre los que atacan con plan y los que son atacados con sorpresa no es de número ni de armas. Es de los segundos que separan el ataque de la respuesta. Y esos segundos en el combate nocturno valen más que cualquier ventaja de equipamiento. El plan de villa era simple con la simplicidad de los planes que funcionan, porque no dependen de la coordinación que los planes complejos requieren.

 Los dorados entraban al pueblo en dos columnas. Una columna hacia el campamento para destruir los arsenales y capturar armas y munición. la otra hacia el pueblo para tomar caballos y provisiones y para demostrar que la frontera era tan porosa para los dorados como lo había sido el desierto de Chihuahua durante 5 años. El ataque no iba a durar más de 2 horas.

Read More