ANA GUEVARA: el SAQUEO de CONADE… 524 MILLONES robados y atletas vendiendo CALZONES
De gloria eterna a sombra olvidada, medalla olímpica de plata, campeona mundial, número uno del ranking mundial durante 4 años consecutivos. Récord mundial que sigue vigente más de dos décadas después, 21 medallas en su carrera. La atleta más grande que México ha dado en el atletismo de pista en toda su historia. Eso de un lado.
Del otro 524 millones de pesos en observaciones por mal manejo documentadas por la Auditoría Superior de la Federación. 626 millones de pesos que desaparecieron durante su gestión y que nadie ha podido explicar. Cuatro carpetas de investigación abiertas por la Fiscalía General de la República. Tres denuncias penales presentadas.
44 anomalías detectadas. atletas mexicanas que tuvieron que vender sus propios trajes de baño para poder competir. Una campeona mundial que desde su escritorio de funcionaria le dijo a esas mismas atletas, las más vulnerables del sistema, que si querían que vendieran calzones. Grábate ese contraste porque es la historia más triste del deporte mexicano en décadas.
No es la historia de alguien que cayó por las drogas, ni por el juego, ni por la violencia. Es la historia de alguien que fue víctima del sistema deportivo mexicano cuando era atleta, que entendió ese dolor mejor que nadie, que llegó al poder con la promesa implícita de cambiar todo eso y que terminó convirtiéndose exactamente en aquello que juró combatir.
Lo que nadie te contó es como una mujer que conocía el hambre del atletismo mexicano desde adentro tomó el control del deporte nacional y lo usó para enriquecerse mientras destruía a los mismos atletas que deberían haber sido su prioridad. Su nombre es Ana Gabriela Guevara Espinoa y lo que hizo desde 2018 hasta 2024 cambió el deporte mexicano para siempre, aunque todavía hay gente que no sabe la mitad de la historia.
En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nadie te ha contado juntas en un solo lugar. Primera, cómo funcionó el esquema de corrupción dentro de la CONADE, los contratos simulados, las empresas fantasma, los sobornos documentados y los 524 millones de pesos que la Auditoría Superior de la Federación no puede explicar.
Segunda, el momento exacto de 2023, donde todo explotó. atletas olímpicas vendiendo su propia ropa deportiva para poder competir en el exterior y la respuesta de Ana Guevara que paralizó a México. Tercera, la lista completa de atletas destruidos durante su gestión, desde Paola Espinoza hasta Paola Longoria y lo que cada uno de ellos perdió.
Cuarta, ¿dónde están a Guevara ahora? ¿Qué pasa con las investigaciones? ¿Y por qué una persona con 626 millones desaparecidos a su nombre sigue vacacionando en los hoteles más exclusivos de México sin haber pisado un juzgado? Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes algo que pocas personas saben.
Cómo el sistema político mexicano protegió a una de sus funcionarias más investigadas durante 6 años completos, mientras los atletas nacionales pedían prestado para competir bajo la bandera de México. Pero antes de llegar ahí, necesitas entender quién era Ana Guevara de verdad antes de que todo esto pasara, porque la historia empieza mucho antes de la Cónade, en un lugar donde el deporte era lo único que importaba.
Todo empezó en Nogales, Sonora, en la frontera con Estados Unidos, en una ciudad donde el polvo del desierto y el ruido de las maquiladoras definen la infancia de miles de niños mexicanos que sueñan con algo más. Ana Gabriela Guevara Espinoza nació el 4 de marzo de 1977 en Heroica Nogales, Sonora. Sus padres se llamaban César Octavio Guevara y Ana María Espinoza.
Era la mayor de cinco hermanos. Grábate ese detalle, la mayor de cinco. En México eso significa responsabilidad desde que tienes memoria. Significa que antes de pensar en tus propios sueños, ya tienes la obligación de ser ejemplo para los que vienen después. La mayor carga no es siempre la económica. A veces la carga más pesada es la de no tener derecho a fracasar, porque si tú caes, los cuatro que vienen detrás de ti se quedan sin referencia.
Nogales en los años 80 y 90 era el lugar más fácil del mundo para crecer. Era una ciudad fronteriza con todos los problemas que eso implica. Desigualdad económica, pocas oportunidades institucionales y una realidad donde el deporte de alto rendimiento era algo que ocurría en otros países, en otras ciudades, para personas con otro tipo de recursos.

Las familias de clase trabajadora de Nogales no mandaban a sus hijos a centros de alto rendimiento deportivo, mandaban a sus hijos a trabajar. La frontera con los Estados Unidos estaba literalmente a unos pasos. Al otro lado del muro había tiendas llenas de productos que la mayoría de las familias de Nogales solo podía ver desde lejos.
Crecer en esa realidad te da una de dos cosas. Te rompe o te hace más duro. A Ana Guevara le dio lo segundo. La ciudad tenía maquiladoras, esas fábricas de manufactura que ensamblan productos para exportarlos al norte. Las maquiladoras empleaban a una parte importante de la población trabajadora de Nogales, incluyendo a muchos padres de familia.
No pagaban mal para los estándares locales, pero tampoco permitían pensar en gastos extraordinarios como equipos deportivos especializados, cuotas de federaciones, viajes a competencias o entrenadores privados. El deporte en ese contexto era algo que se hacía en el patio de la escuela con lo que hubiera disponible. Pero la madre de Ana Guevara, Ana María Espinoa, recordó años después algo que define todo.
Ana Gabriela mostró inclinación hacia el deporte desde la primaria, pero no tenía un maestro de educación física. Aunque en secundaria y preparatoria representó a su escuela jugando basketbol, no había maestro, no había infraestructura, no había programa institucional y a pesar de todo eso, Ana Guevara era la más rápida en todos los patios donde corría.
Esa velocidad no se enseña, se nace con ella o no se tiene. Y Ana Guevara la tenía en un grado que muy pocas personas en el mundo poseen. Escucha esto. Antes de ser la mejor velocista que México ha tenido en su historia, Ana Guevara quería ser basquetbolista. Durante años jugó basquetbol en las ligas locales de Nogales.
Fue seleccionada para representar a Nogales. Ganó el campeonato estatal. Soñaba con algo parecido a lo que Michael Jordan representaba para toda una generación de niños de los años 80 y 90 en México. La idea de que el talento puro podía llevarte más lejos que cualquier privilegio de cuna, pero llegó un momento en que la edad la sacó del equipo y tuvo que buscar otro deporte.
Esa decisión tomada por circunstancias ajenas a ella cambió la historia del atletismo mexicano. Necesitas imaginar ese momento. Una joven de 19 años en Nogales, sin dinero, sin estructura, sin un plan claro para su vida, que de repente tiene que reinventarse deportivamente. Podría haber dejado el deporte, podría haber encontrado trabajo en alguna maquiladora, como hacían muchos de sus contemporáneos.
En cambio, eligió probar con el atletismo, no porque alguien se lo recomendara, no porque hubiera un programa institucional que la detectara y la guiara, sino porque tenía velocidad y quería usarla. En 1996 tiene 19 años. Sin entrenamiento formal en pista, sin experiencia en atletismo de competición, sin ninguna base técnica específica para los 400 m y se inscribe en la Olimpiada Nacional Juvenil de México.
Lo que pasó ahí fue algo que los entrenadores presentes aún recuerdan. Ganó, no solo ganó los 400 m, ganó también los 800 m. Una chica de Nogales que nunca había entrenado atletismo llegó a la Olimpiada Nacional y se llevó dos oros. Ese resultado llegó a los oídos de Raúl Barreda, entrenador cubano que en ese momento era considerado uno de los mejores especialistas en velocidad del continente americano.
Barreda la vio correr. Entendió inmediatamente que estaba frente a algo excepcional y tomó una decisión que iba a definir los siguientes 12 años de la vida de ambos. la tomó bajo su tutela. El entrenamiento bajo Barreda fue brutal, no hay otra palabra. Raúl Barreda era el tipo de entrenador que formaba campeones porque les exigía lo que nadie más se atrevía a exigir.
Venía de la Escuela Cubana del atletismo, una de las más rigurosas del mundo en disciplinas de velocidad y medio fondo. Para Barreda, el talento bruto era solo el punto de partida. Lo que diferenciaba a un buen atleta de un campeón mundial era el trabajo, la disciplina y la capacidad de tolerar el dolor de manera sostenida durante años.
El atletismo de élite en los 400 m es una de las disciplinas más exigentes que existe en el deporte. No es velocidad pura como los 100 m, pero tampoco es resistencia pura como los 800. Es la distancia que combina lo peor de las dos cosas. Corres a una velocidad que tu cuerpo no puede mantener durante todo el recorrido y tienes que aprender a gestionar el dolor que viene cuando el ácido láctico empieza a acumularse en tus músculos a los 300 m, cuando el cuerpo grita que pares y tú tienes que seguir acelerando.
Los mejores especialistas en 400 m no son solo velocistas rápidos, son personas con una tolerancia al dolor fisiológico por encima del promedio, combinada con una velocidad de base excepcional. Es una combinación rarísima. Ana Gabriela aprendió a correr con ese dolor. Barreda le enseñó a controlarlo y juntos construyeron algo que México nunca había visto en una mujer, una velocista de clase mundial que podía competir y ganar contra las mejores del planeta.
El proceso no fue inmediato ni fácil. Fueron meses de entrenamientos dobles, de sesiones en pista que dejaban al atleta sin poder caminar correctamente al día siguiente, de aprender a comer para rendir, de dormir para recuperarse, de construir la base física que convertiría una basquetbolista de Nogales en la mejor velocista de América Latina.
En 1997, primer año completo de entrenamiento formal, participó en la Universidad Mundial en Italia. Terminó sexta en los 800 m. Para alguien con un año de entrenamiento específico, ese resultado era extraordinario. En 1998 llegó al Campeonato Iberoamericano en Lisboa, Portugal, y se llevó tres medallas: oro en 400 m, plata en 800 m y oro en el relevo 4×400.
Su récord en los 400 m del campeonato iberoamericano sigue vigente hasta hoy, casi 30 años después. Piensen, es un momento. Un récord establecido en 1998 que no se ha podido romper en casi tres décadas. Eso te da una medida exacta de lo que An Guevara fue como atleta. En 1999 ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnie Peg, Canadá.
Primera mujer mexicana en ganar el oro continental en los 400 m. En ese mismo año fue a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Maracaibo y sumó más medallas. Al terminar 1999, Anna Guevara ya era la mejor velocista de América Latina en su distancia y una de las mejores del mundo. Su familia en Nogales seguía su carrera a través de la televisión.
César Octavio y Ana María viendo a su hija mayor, la que nació en aquella ciudad de la frontera, la que no tenía maestro de educación física en la primaria, compitiendo contra las mejores atletas del mundo. Ese fue el México que Ana Guevara llevó siempre en la espalda cuando corría. No las instituciones, no el sistema, su familia, su ciudad, la gente que no tenía nada y la vio convertirse en todo.
En el año 2000 llegó a los Juegos Olímpicos de Sydney como una de las favoritas para el podio. En la final de los 400 m, femenino corrió en 49,70 segundos y terminó en quinto lugar. Tonique Williams de Bahamas ganó el oro en 49,11. Para la mayoría de las personas, un quinto lugar olímpico es el sueño de toda una vida.
Para Ana Guevara fue el comienzo. Salió de Sydney sabiendo exactamente lo que tenía que mejorar y lo mejoró. Pero lo peor aún no había llegado. Primero vendría la cima. En 2001, Ana Guevara fue al campeonato mundial de Edmonton, Canadá. Llegó al podio, medalla de bronce en los 400 m. Días después, en los Juegos de la buena voluntad de Brisbane, Australia ganó el oro en los 400 m individuales.
En Brisbane también compitió en el relevo 4×400 representando a una selección mundial, terminando con medalla de bronce. Al finalizar esa temporada, la Federación Internacional de Atletismo publicó su ranking mundial de los 400 m femenino. El nombre que aparecía en el número uno era el de una atleta de Nogales, Sonora.
México, Ana Gabriela Guevara. Aquí viene lo primero que te prometí. En 2002, Ana Guevara hizo algo que muy pocos atletas en la historia del atletismo mundial han logrado. Ganó todas las pruebas de 400 m en las siete competencias de la Golden League de la IAFE. Todas, no cuatro de siete, no cinco de siete, las siete.
Para los que no conocen el circuito, la Golden League era la competencia más prestigiosa del atletismo mundial fuera de los Juegos Olímpicos y los campeonatos mundiales. Los mejores atletas del planeta competían en las mismas carreras. Ganar una sola de esas carreras ya era un resultado extraordinario. Ganar las siete era algo que solo ocurría una o dos veces por generación en cualquier disciplina.
Por esa hazaña, la IAF entregó un premio de millón de dólares en barras de oro que fue repartido entre los cuatro atletas que lograron el mismo resultado ese año, incluyendo a Ana Guevara. Piensa en eso. Una mujer de Nogales que jugaba basketbol en ligas de maquiladoras una década antes estaba recibiendo barras de oro como premio a la mejor actuación atlética del planeta.
Ese mismo año en Madrid ganó la Copa del Mundo de atletismo, dos medallas de oro, una en los 400 m individuales y otra en el relevo 4×400, representando a América. En los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador, ganó dos oros más y terminó el año como número uno del ranking mundial por segundo año consecutivo.
Nueve victorias en el circuito de élite del atletismo mundial en un solo año era imparable. La proyección en México fue enorme. Las televisoras disputaban los derechos para transmitir sus carreras. Las marcas deportivas internacionales querían su nombre en sus productos. El gobierno reconocía sus logros con ceremonias y premios.
Ana Guevara se convirtió en el rostro del atletismo mexicano, en la persona que le demostró al mundo que México podía competir al más alto nivel en una disciplina donde históricamente los países latinoamericanos brillaban por su ausencia en los podios mundiales. Pero el año más grande de su vida llegó en 2003, el 3 de mayo de ese año, en el estadio Olímpico Universitario de la Ciudad de México.
Durante un evento de exhibición atlética, Ana Guevara corrió 300 met planos en 35,30 segundos. Ese tiempo superó el récord que tenía la australiana Katy Freeman, campeona olímpica. Ese récord mundial de 300 m sigue en pie hasta el día de hoy. En 2026, más de 22 años después, nadie en el mundo ha corrido esa distancia más rápido que un atleta de Nogales que no tenía maestro de educación física en la primaria.
Y eso no fue todo de 2003. Días después del récord de 300 m, fue al prefontain Classic en Eugene, Oregon, y estableció otro récord, esta vez en los 400 m, con un tiempo de 49,34 segundos, que también sigue vigente. Luego fue a los Juegos Panamericanos de Santo Domingo y revalidó su título continental y el 27 de agosto de 2003 en el Campeonato Mundial de atletismo de París, Francia, en el estadio de France corrió los 400 m en 48,89 segundos.
Ese tiempo es el noveno mejor de la historia en esa distancia. Cruzó la meta en primer lugar, campeona del mundo. Grábate esto. México jamás había tenido una campeona mundial en pista femenina. Ninguna mujer mexicana en toda la historia del atletismo olímpico había logrado lo que An Guevara hizo ese 27 de agosto de 2003 en París.
Cuando cruzó la meta, todo un país paró. Las calles de Nogales, Sonora, celebraron como si la ciudad entera hubiera ganado la carrera junto con ella, porque en cierta forma así fue. El regreso de 2003 convirtió a Ana Guevara en la atleta más popular de México. No solo la más popular en atletismo, la más popular en el deporte mexicano en general.
Sus imágenes aparecían en todas las portadas. Las empresas querían patrocinarla. El gobierno la llenó de reconocimientos. Era el símbolo perfecto de lo que México podía hacer. una chica de un hogar trabajador en la frontera que llegó a ser la mejor del mundo. Y entonces, en 2004 llegó Atenas, el año olímpico, el momento que todos estaban esperando.
Ese año Anna Guevara sufrió una lesión en el tendón de Aquiles, una lesión que en cualquier otro atleta habría significado el fin de la temporada y probablemente el fin de toda esperanza olímpica. Pero ella regresó con solo 100 días de entrenamiento tras la lesión, 100 días para preparar los Juegos Olímpicos más importantes de su vida.
La mayoría de los atletas de élite necesitan entre 6 meses y un año para recuperarse de ese tipo de lesión. Ana Guevara tuvo 100 días. El 24 de agosto de 2004 en el estadio Olímpico de Atenas, en la final de los 400 m femenino, Ana Guevara corrió en 49,56 segundos. Tonique Williams de Bahamas ganó el oro con 49,41. Williams fue 15 centésimas de segundo más rápida.
15 centésimas, una fracción de tiempo tan pequeña que no existe en la vida cotidiana. Ana Guevara ganó la medalla de plata, la primera medalla olímpica individual en atletismo que una mujer mexicana había ganado en toda la historia. En Nogales hubo fuegos artificiales. En toda México hubo fuegos artificiales. El país entero celebró esa plata como si fuera oro.
Porque para un país que había sufrido décadas de invisibilidad en el atletismo mundial, una medalla olímpica de plata ganada por una chica de la frontera con una lesión reciente valía más que cualquier oro fácil. Grábate ese momento. Grábate la imagen de Ana Guevara cruzando la meta en Atenas con la camiseta de México con la plata al cuello.
Grábatela porque vas a necesitarla cuando lleguemos a la parte de los 524 millones desaparecidos. Nadie imaginaba lo que estaba por pasar. Después de Atenas, An Guevara siguió compitiendo. En 2005 ganó la medalla de bronce en el campeonato mundial de Helsinki, su tercer podio mundial. en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena 2006, oro en los 400 m individuales y en el relevo.
En los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007 se convirtió en la primera mujer en la historia en ganar tres veces el título panamericano en los 400 m. Número uno. Mundial desde 2001 hasta 2004. 21 medallas en carrera, considerada una de las 10 mejores velocistas de la historia del atletismo mundial.
Grábate esa lista de logros, porque lo que viene después tiene que medirse contra esa lista. La grandeza de la caída solo se entiende en relación con la grandeza de la cima. Y entonces, el 15 de enero de 2008, Ana Gabriela Guevara anunció su retiro definitivo del atletismo de alto rendimiento. La razón no fue una lesión, fue un conflicto con Mariano Lara, el titular de la Federación Mexicana de Atletismo, un conflicto institucional, un choque con el sistema deportivo mexicano que para nadie que conozca la historia del deporte en México resulta
sorprendente. Escucha esto porque es importante. Ana Guevara terminó su carrera deportiva peleando contra la federación que supuestamente debía apoyarla. Salió del atletismo frustrada con las instituciones, con los dirigentes, con la forma en que el sistema deportivo mexicano trataba a sus atletas de élite.
Tenía 31 años, todavía podrían haber competido, pero eligió retirarse porque el entorno institucional la había desgastado. Había tenido que luchar no solo contra las mejores velocistas del mundo, sino también contra las personas que debían ser sus aliadas naturales. Ese agotamiento no es físico, es más profundo.
Es el tipo de agotamiento que te hace preguntarte si todo el sacrificio valió la pena cuando las instituciones que deben respaldarte terminan siendo tus adversarios. Eso que estás leyendo ahora mismo es el principio de todo lo que viene después. Porque la persona que en 2018 llegó a dirigir la CONAD, la persona que en enero de 2023 les dijo a las atletas de nado artístico que si querían que vendieran calzones.
era la misma persona que en 2008 había salido del atletismo frustrada y herida por exactamente el mismo tipo de institución que ella misma se convertiría en una década después. La persona que conocía mejor que nadie lo que se sentía ser atleta sin apoyo institucional, ser campeona del mundo con la Federación Nacional en contra, llegar al poder y elegir ser exactamente eso que la destruyó.
Eso es lo que hace esta historia tan difícil de digerir. Después del retiro, Ana Guevara buscó su lugar. En 2009 fue candidata del PR de a la jefatura delegacional de Miguel Hidalgo en la Ciudad de México. Perdió. En 2012 se postuló al Senado por el Estado de Sonora con el Partido del Trabajo y ganó un escaño por representación proporcional.
De 2012 a 2018 fue senadora. Presidió la Comisión de Asuntos Migratorios, fue secretaria de la Comisión de Relaciones Exteriores, integró la Comisión de Seguridad Pública. Esos 6 años en el Senado fueron los que transformaron al atleta en política, no a través de una transformación ideológica visible, sino a través de algo más sutil y más peligroso.
El aprendizaje de las reglas no escritas del sistema político mexicano, cómo se construyen alianzas, cómo se favorecen intereses, cómo se manejan los recursos públicos en un entorno donde la rendición de cuentas es laxa y la impunidad es la norma. Fueron 6 años de educación política en uno de los sistemas más corruptos del mundo institucional mexicano.
En 2018, Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de México con la promesa de la cuarta transformación. El fin de la corrupción, el fin del privilegio, el fin de los funcionarios que saqueaban al estado mientras los ciudadanos no tenían nada. AMLO nombró a Ana Gabriela Guevara, directora de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, la CONADE.
La primera mujer en la historia de México en dirigir el deporte nacional. La ironía que viene a continuación es tan grande que duele. Había un pequeño problema desde el primer día. La CONADE requería que su director o directora tuviera estudios de licenciatura. Ana Guevara tenía la preparatoria inconclusa. En febrero de 2019, dos meses después de asumir el cargo, los estatutos de la CONADE fueron modificados para eliminar ese requisito.
Así, la primera decisión institucional relacionada con la llegada de Ana Guevaras, la CONAD fue cambiar las reglas para que ella pudiera quedarse en su puesto. Piensa en eso un momento. La persona que supuestamente iba a transformar el deporte mexicano llegó con el sistema ya acomodando las reglas a su favor y lo que vino después fue mucho, mucho peor.
Esta es la segunda revelación que te prometí. El 18 de mayo de 2023, Ana Gabriela Guevara fue entrevistada por Radio. La pregunta era sobre el equipo nacional de natación artística, las llamadas sirenas mexicanas, un grupo de atletas de alto rendimiento que en ese momento llevaba meses sin recibir becas de la CONADE. Las atletas, sin recursos para costear sus propios gastos de competición, habían empezado a vender trajes de baño y artículos deportivos para poder pagarse los viajes internacionales donde representarían a México. Grábate esto
porque es uno de los momentos más vergonzosos en la historia del deporte nacional. La respuesta de Ana Guevara fue textual y pública, registrada en múltiples medios deportivos de México. ¿Quieren vender trajes de baño, pues que sigan vendiendo. Hay otras empresas que son Topware, Avon y todas las que existen en el mercado de ventas.
Atletas olímpicas, representantes de México en el exterior, personas que habían dedicado su vida entera al deporte nacional. y la directora de la CADE les decía que si querían que vendieran productos de catálogo, pero no terminó ahí. Días después, ante el escándalo que generaron esas declaraciones, Ana Guevara volvió a hablar.
Esta vez fue más lejos. Por mí que vendan calzones, trajes de baño a Bono Terware. Pero ellas y sus entrenadoras son deudoras. Y en junio de 2023, cuando los medios siguieron preguntando, fue todavía más directa. Si tienen conflictos con los calzones, pues que se los quiten. Pero yo no las mandé a vender calzones.
Ellas se pusieron a vender calzones. El equipo de natación artística no vendía ropa interior por gusto. Lo hacía porque la CONADE, bajo el mando de Ana Guevara había retirado sus becas en enero de 2023. El pretexto oficial era un conflicto legal entre World Aquatics, la Federación Internacional de Natación y la Federación Mexicana de Natación.
World Aquatics había desconocido la gestión de Kiril Todorov como presidente de la Federación Nacional, porque Todorov estaba siendo investigado por peculado, específicamente por el presunto desvío de 155 millones de pesos. Y la CONADE, en lugar de proteger a los atletas, eligió apoyar a Todorov y cortar los recursos a los deportistas.
Escucha esto. Según investigaciones del semanario proceso, la propia Ana Guevara habría presionado a atletas y entrenadores para que firmaran un documento de apoyo a Kiril Todorov. A pesar de las investigaciones criminales en su contra, los atletas que se negaron a firmar, según estas versiones nunca confirmadas oficialmente, comenzaron a ver sus becas recortadas o eliminadas.
Esto nunca fue probado de manera definitiva en un proceso judicial, pero el patrón de hechos que sí está documentado apunta en esa dirección. El equipo de natación artística, encabezado por la histórica Nuria Diosdado, decidió no doblegarse. Se organizaron, consiguieron apoyo legal y salieron a competir de todas formas, vendiendo su propia ropa deportiva, aceptando el apoyo de la fundación Telmex de Carlos Slim y Arturo Elías Ayub, quienes pagaron los costos de traslado y alojamiento para una delegación de más
de 10 atletas. El gobierno de México dejó que sus propias atletas olímpicas fueran patrocinadas por un empresario privado porque la institución pública que debía protegerlas les había quitado el dinero. ¿Cuál fue el resultado? Las sirenas mexicanas fueron a la Copa del Mundo en Egipto, sin apoyo de la CONADE, con sus propios recursos y la ayuda de Telmex y trajeron de vuelta cuatro medallas.
Cuatro medallas para México sin la CONADE. A pesar de la CONADE, eso que acabas de leer resume perfectamente lo que fue la gestión de Ana Guevara al frente del deporte nacional, pero el caso de natación artística no fue el único, ni siquiera fue el más grave en términos humanos. Necesitas conocer la lista completa de atletas que fueron destruidos durante esos 6 años.
Esta es la tercera revelación que te prometí. Paola Espinosa es doble medallista olímpica en clavados. es la mejor clavadista de la historia de México. En 2020, antes de los Juegos Olímpicos de Tokio, Paola Espinoza fue excluida de la selección mexicana. Según versiones que circularon ampliamente en medios deportivos, pero que Ana Guevara negó, la razón habría sido que Espinoza se negó a firmar el documento de apoyo a Kiril Todorov.
Lo que sí es un hecho verificable y público es que Paola Espinoza no fue a Tokio. La mejor clavadista de la historia de México no fue a los Juegos Olímpicos. Cuando le preguntaron a Ana Guevara al respecto, llamó a las declaraciones de Espinoza, berrinches y patadas de ahogada. Tiempo después, Paola Espinoza declaró públicamente que esa fue la peor administración de la historia del deporte mexicano. No como rumor.
Lo dijo con nombre y apellido en múltiples entrevistas. Paola Longoria es la mejor raquetbolista del mundo, no la mejor de México, la mejor del mundo. Múltiple campeona mundial, Ana Guevara le quitó la beca, luego la demandó alegando que Longoria y la Federación Mexicana de Raquetball tenían deudas con la CONADE.
Longoria respondió públicamente a cada acusación. El enfrentamiento entre la directora de la CONADE y la mejor raquetbolista del mundo se convirtió en uno de los escándalos deportivos más seguidos de México entre 2022 y 2023. Piensa en eso un momento. La directora del deporte nacional demandando judicialmente a la mejor atleta de su propio país.
Eso ocurrió en México bajo la gestión de Ana Guevara. Paola Pliego es esgrimista. En 2016, antes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, dio un resultado positivo en un control de dopaje. Apeló los resultados argumentando que había habido un error en el procedimiento. La CONADE no la apoyó en su apelación y no le permitió ir a Río.
En agosto de 2018, Pliego demandó a la CONADE por daño moral, argumentando que la decisión había arruinado su carrera deportiva. En diciembre de 2023 ganó la demanda. La CONADE tuvo que pagarle 15,000ones de pesos en indemnización. Mientras esperaba la resolución judicial, Paola Pliego se había naturalizado Uzbekca para poder seguir compitiendo en representación de otro país, porque México no la dejó competir por el suyo.
Una esgrimista mexicana compitiendo por Uzbekistán porque las instituciones deportivas de su propio país la abandonaron. Eso ocurrió en México y no termina ahí. Hubo amenazas documentadas. El semanario Proceso publicó audios donde, según su investigación, la voz de Ana Guevara amenazaba a deportistas y entrenadores con quitarles el apoyo económico si participaban en los selectivos organizados por el Comité de Estabilización de World Aquatics, amenazas directas a atletas nacionales de alto rendimiento para que se
alinearan con una posición política institucional. Esto fue reportado por Proceso, aunque la CONADE negó que los audios fueran auténticos. Grábate esta cifra. La CONADE Bana Guevara eliminó el 63% de las becas para atletas. Seis de cada 10 becas deportivas que existían cuando ella llegó desaparecieron durante su gestión.
Mientras tanto, los contratos con proveedores externos crecieron de manera exponencial y las auditorías comenzaron a detectar irregularidades que con el tiempo se convertirían en escándalos de proporciones mayores. Y entonces vino lo de París. Agosto de 2024, Juegos Olímpicos de París. Los mismos atletas nacionales que durante meses habían denunciado falta de apoyo, becas recortadas y abandono institucional, estaban compitiendo bajo la bandera de México en la capital francesa.
Ana Guevara también estaba en París. No hay nada malo en que la directora de la Cónada esté en los Juegos Olímpicos, pero lo que un usuario de redes sociales captó y publicó fue la imagen de Ana Guevara comiendo en uno de los restaurantes más exclusivos de París, mientras algunos atletas mexicanos tenían adeudos pendientes en sus propias becas.
Y cuando los medios le preguntaron cómo justificaba ese gasto, la respuesta de Ana Guevara se convirtió en viral de inmediato. Todo lo que gane me lo trago, me lo unto, me lo visto, como me da mi chingada gana. No tengo marido ni marida, ni concubino, ni nadie que me exija por qué gasto. Mientras atletas nacionales vendían ropa deportiva para poder competir bajo la bandera de México, la directora de la institución que debía protegerlos estaba en el restaurante de lujo de los Juegos Olímpicos, diciéndole a la prensa que gastaba su dinero como le daba la gana.
Lo que vino después lo destruyó todo. Esta es la cuarta revelación que te prometí. En octubre de 2025, la Auditoría Superior de la Federación presentó su tercera denuncia penal ante la Fiscalía General de la República en contra de Ana Gabriela Guevara por su gestión al frente de la CONADE. Pero para entender el peso de esa tercera denuncia, necesitas conocer todo lo que vino antes.
La primera denuncia llegó en 2020. Los auditores detectaron irregularidades en el Fondo para el Deporte de Alto Rendimiento, el FODE par, correspondientes al ejercicio presupuestal de ese año. El monto bajo sospecha, casi 51 millones de pesos. La CONA denegó las irregularidades. La denuncia quedó abierta. La segunda denuncia llegó en agosto de 2023.
La ASF detectó que las observaciones de 2020 seguían sin solventarse y que las irregularidades en el manejo de recursos habían continuado. Esta vez, el monto bajo sospecha correspondía a los ejercicios 2021 y 2022, 283 millones de pesos. La CONADE publicó un comunicado negando las acusaciones y entonces llegó la tercera denuncia en octubre de 2025.
Esta es la que más detalle tiene y los datos que surgieron de ellas son los más reveladores de toda la historia. La denuncia se deriva de la auditoría de cumplimiento forense identificada como 2 019-1-11L6 y-23-0117-2020 número 117-ds. Los auditores revisaron el programa Atención al deporte correspondiente al ejercicio presupuestal de 2019.
Lo que encontraron es lo siguiente. Documentado en el informe oficial de la Auditoría Superior de la Federación. En julio de 2019, en un hotel de la Ciudad de México, funcionarios de la CONADE tuvieron una reunión con los representantes de una empresa llamada Cocinas Industriales Multifuncionales de calidad, Sadecb, conocida como CMCSA.
El objetivo de esa reunión era acordar un contrato para el servicio de alimentación para deportistas, entrenadores, equipo multidisciplinario y eventos organizados por la CONABE. El contrato fue adjudicado directamente a SIMSA sin proceso de licitación competitiva. Escucha esto, porque este es el mecanismo de corrupción que la auditoría documentó en detalle.
Para simular que se había hecho un análisis de mercado, los funcionarios de la CONADE utilizaron empresas fachada o de papel para presentar ofertas falsas que hacían parecer que SIMSA era la mejor opción económica. Las otras empresas que supuestamente habían presentado ofertas no tenían ni la capacidad técnica, ni los recursos materiales, ni el personal para ejecutar un contrato de esa magnitud.
Todo era simulación y luego vinieron los pagos. El dueño de SIMSA realizó un pago inicial de 150,000es para asegurarse la adjudicación del contrato. Después, personal de la CONADE solicitó un 15% sobre el monto total facturado. En marzo de 2020 se realizaron los pagos finales del dinero solicitado. Los funcionarios de la CONADE también habrían pedido elevar artificialmente el monto del contrato para obtener un beneficio económico mayor.
Parte de los recursos recibidos como moche fueron transferidos a otra empresa llamada NOPCA Group SA. Grábate esta parte. Simsa, la empresa que recibió el contrato para alimentar a los deportistas mexicanos, no tenía la capacidad humana ni los recursos materiales para ejecutar ese servicio. Recibió 17 millones de pesos por un contrato que no podía cumplir, adjudicado ilegalmente a través de licitaciones simuladas con pagos de soborno tanto al inicio como sobre el monto total del contrato.
Esto no es especulación, está documentado en el informe de la Auditoría Superior de la Federación. Los propios representantes de CMCSA lo declararon ante los auditores y no fue el único caso. En ese mismo periodo, la CONADE firmó un contrato con la Universidad Autónoma de Hidalgo por 103 millones de pesos para servicios informáticos, mantenimiento y arrendamiento de equipo de cómputo.
Los peritos auditores concluyeron que la universidad no contó con la capacidad técnica, material ni humana para cumplir con ese contrato. La CONADE no pudo presentar documentos que acreditaran ni la entrega ni la instalación de los equipos informáticos. No hay un inventario físico de lo que supuestamente se compró.
103 millones de pesos pagados por equipos que nadie entregó a nadie. Necesito que prestes mucha atención a lo que viene. El acumulado de las observaciones por mal manejo documentadas por la Auditoría Superior de la Federación en la revisión de las cuentas públicas de 2019, 2020 y 2022. El periodo durante el cual Ana Guevara estaba al frente de la cónade y los malos manejos no han sido justificados hasta hoy, suma casi 524 millones de pesos.
Ese es el número del título de este video, 524 millones de pesos. Ese número no es inventado. Está publicado por la Auditoría Superior de la Federación y citado por medios como Milenio, El Financiero, Proceso y la revista Infoby. Pero hay otras cifras que son incluso más grandes. Según datos oficiales del AS fue compilados hasta mayo de 2024, el total de recursos que desaparecieron durante la gestión de Ana Guevara en la CONADE, sin que pudieran ser aclarados o justificados, alcanza los 626 millones de pesos.
En esa cifra están incluidos los 250 m,000000es de pesos que la ASF consideró directamente como perdidos y que dieron origen a las denuncias penales. 44 anomalías detectadas en total, cuatro carpetas de investigación abiertas por la FGR. Escucha esto. La mayor auditoría de la historia de la CONADE detectó irregularidades en contratos simulados.
Sobornos documentados por los propios beneficiarios. empresas fantasma utilizadas para justificar gastos inexistentes y pagos de porcentaje sobre contratos a funcionarios que luego transferían ese dinero a cuentas de terceros. Todo eso ocurrió en la institución que debía proteger el deporte nacional de México entre 2018 y 2024.
Y mientras todo eso ocurría dentro de la CONADE, mientras los auditores documentaban millones en contratos fraudulentos, mientras atletas olímpicas vendían su ropa para poder competir, mientras los funcionarios cobraban moches sobre los contratos de alimentación de los propios deportistas, Ana Guevara viajaba en primera clase pagada por el herario a eventos nacionales e internacionales.
Eso también está documentado. Grábate esto. En encuestas realizadas durante el gobierno de AMLO, Ana Gabriela Guevara fue considerada la funcionaria más corrupta de todo el sexenio. No la segunda, la primera. La directora del deporte mexicano, la medallista olímpica, la campeona mundial, era percibida por los ciudadanos mexicanos como la funcionaria más corrupta de un gobierno que llegó al poder prometiendo acabar con la corrupción.
Hubo también una historia paralela que corre al margen de todo lo anterior y que termina con una muerte. En 2020, los empresarios Jesús Chaino Ceguera y Rafael Sánchez Cano, quienes eran los dueños de SIMSA, la empresa que según la auditoría pagó sobornos para obtener el contrato de alimentación, denunciaron que habían sufrido un atentado.
Dijeron que estaban preparando una denuncia contra Ana Guevara por las prácticas de extorsión y cobro de moches y que alguien había intentado silenciarlos. Armida Ramírez, señalada públicamente como operadora de Anaguevara en Veracruz, fue detenida e involucrada en la investigación del atentado. En julio de 2020, Chaino Ceguera y Sánchez Cano fueron detenidos y vinculados a proceso por su presunta participación en la desaparición de una persona llamada Edgar Álvarez, quien el 25 de marzo de 2020 se había presentado
en sus oficinas a cobrar una extorsión de 2,5 millones de pesos, que según versiones que circularon en medio sin confirmación judicial definitiva, habría sido solicitada por Ana Guevara y su operadora en Veracruz. Escucha esto con toda la claridad que el caso requiere.
Esta parte de la historia involucra versiones que no han sido confirmadas judicialmente. Lo que sí es un hecho verificable y público es que Armida Ramírez fue detenida, que los empresarios que denunciaron corrupción en la CONADE terminaron presos y que Edgar Álvarez desapareció. El resto de las versiones que circulan alrededor de este caso son eso, versiones.
Pero el patrón que dibujan es lo que necesitas tener presente para entender la dimensión completa de lo que ocurrió en la CONADE. En septiembre de 2024, la presidenta electa Claudia Shanba anunció que el excadista Romel Pacheco sería el nuevo director de la CONADE. El 1 de octubre de 2024, Ana Gabriela Guevara dejó oficialmente el cargo después de 6 años.
se fue sin haber aclarado el destino de 626 millones de pesos, sin haber respondido ante un juez, sin que ninguna de las cuatro carpetas de investigación abiertas por la FGR hubiera llegado a una acusación formal en su contra. En sus últimas entrevistas antes de salir, Ana Guevara respondió a todas las acusaciones con una frase que se repitió consistentemente.
Se habla de denuncias, de desfalcos, pero no tienen acreditado uno solo. La institución ha tenido 48 auditorías, ocho por año, y ninguna autoridad fiscalizadora ha encontrado un hecho de desfalco o de desvíos. Es técnicamente verdad que al momento en que ella decía eso, no había un proceso penal formal abierto en su contra.
Las denuncias de la ASF habían llegado a la FGR, pero la FGR no había ejercido acción penal. El sistema que prometió acabar con la corrupción no procesó a la funcionaria que sus propias auditorías señalaban como responsable de cientos de millones de pesos en irregularidades. Romel Pacheco, el nuevo director de la CONADE, fue claro en sus primeras semanas en el cargo.
Dijo que había carpetas de investigación heredadas de la administración anterior que debían seguir su proceso. Dijo que los atletas recibirían aumentos de entre el 30 y el 40% en sus becas. y dijo algo que quedó en la memoria de todos los que lo escucharon. Ningún deportista tendrá que vender artículos para poder competir.
Una sola frase, cinco palabras de diferencia con que vendan calzones. Ese es el abismo que separó ambas administraciones. En enero de 2025, la ASF presentó la tercera denuncia. En marzo de 2025, el propio Romel Pacheco confirmó públicamente que existían carpetas de investigación activas contra Ana Guevara.
Las investigaciones seguían su curso, pero el ritmo de la justicia en México es lo que es. Y entonces llegó abril de 2026. Un usuario de redes sociales identificado como @exbiker-meis publicó una fotografía que se volvió viral en pocas horas. En la imagen aparecían a Gabriela Guevara and the States at Vidanta, el complejo de mayor lujo del grupo hotelero Vidanta, descrito como ultraexlusivo con mayordomo privado incluido.
La exdirectora de la CONAD estaba de vacaciones con una bebida en la mano, lentes oscuros, ropa de playa, sonriendo. Las reacciones en redes sociales fueron inmediatas y demoledoras. La funcionaria más corrupta que ha pasado por la CONADE”, escribió un usuario. “Pues no dice la presidenta que se acabó la corrupción”, escribió otro vacacionando con la conciencia tranquila de no haber mentido, robado y traicionado.
Fue otro comentario que se replicó miles de veces. Ana Guevara no respondió a ningún comentario sobre esa fotografía, pero la imagen circuló durante días en todos los medios deportivos y de opinión pública de México. 626 millones de pesos en observaciones, 44 anomalías, cuatro carpetas de investigación, tres denuncias penales y la es funcionaria de vacaciones en el resort más exclusivo del país. Piensa en eso un momento.
Las atletas mexicanas vendiendo calzones para ir a competir al exterior. La directora de la institución que debía protegerlas de vacaciones en The States Adidanta. Ese es el resumen de 6 años del deporte nacional mexicano. ¿Dónde están a Guevara ahora? Es la pregunta que mucha gente se hace. La respuesta verificable y documentada es que al día de hoy no existe un proceso penal formal en curso en su contra.
Las denuncias están presentadas, las carpetas de investigación están abiertas. Pero el sistema judicial mexicano no ha dado el paso de ejercer acción penal contra ella. Esto no es nuevo en México. No es la primera vez que un funcionario investigado por la Auditoría Superior de la Federación con decenas de millones de pesos en irregularidades documentadas sigue viviendo libremente mientras las investigaciones se mueven a la velocidad de la burocracia.
El propio caso de la CONADE fue descrito por Latinus como la segunda mayor cantidad de denuncias de la AF en todo el gobierno de AMLO, solo detrás del escándalo de Segalmex. Lo que sí ha cambiado desde que Ana Guevara salió de la CONADE es el deporte mexicano. Los atletas de natación artística que vendían trajes de baño ahora tienen becas completas.
El equipo que fue a competir a Egipto con dinero de Carlos Slim bajo la gestión de Guevara clasificó a los Juegos Olímpicos de París 2024. Las atletas que fueron amenazadas, ignoradas y humilladas durante años volvieron a recibir el apoyo que merecían. Paola Longoria compite. Los atletas acuáticos volvieron al ruedo.
El presupuesto para becas aumentó. El deporte nacional empezó a respirar, pero los 626 millones de pesos siguen sin aparecer. Los contratos simulados con Simsa y con la Universidad Autónoma de Hidalgo siguen sin tener a nadie en prisión. Las empresas fantasmas siguen sin ser desmanteladas judicialmente. Los funcionarios que cobraban moches sobre los contratos de alimentación de los deportistas siguen sin ser procesados.
Escucha esto porque es la pregunta que define todo. ¿Cómo llegó alguien que sufrió el sistema deportivo mexicano a convertirse exactamente en aquello que la lastimó? Esa es la pregunta que no tiene una sola respuesta, pero los hechos documentados cuentan algo. Ana Guevara llegó a la política en 2009 después de un retiro del atletismo marcado por el conflicto institucional. Fue candidata y perdió.

Fue senadora durante 6 años. Aprendió a moverse en el sistema político mexicano, un sistema donde los contratos, las licitaciones, las adjudicaciones directas y los moches son herramientas cotidianas de funcionamiento, no excepciones. Y cuando llegó al cargo más alto que había tenido en su vida, el cargo que más poder le daba sobre las personas y los recursos, eligió usar ese poder de la manera en que el sistema político mexicano enseña a usarlo.
No es una justificación, es un diagnóstico. El sistema político mexicano tiene una capacidad extraordinaria para convertir a las personas que entraron con principios en personas que usan exactamente los mismos mecanismos que prometieron combatir. Ana Guevara no es la primera y mientras el sistema no cambie, no será la última.
Pero lo que hace el caso de Ana Guevara especialmente doloroso es el contexto. No era una funcionaria cualquiera. Era la mejor atleta que México había producido en el atletismo de pista. era alguien que conocía desde adentro lo que significaba entrenar sin recursos, competir contra países que invertían 10 veces más en sus atletas, ganar a pesar del sistema y no gracias a él.
Cuando llegó a la Cônade tenía la posibilidad realidad moral para proteger a los atletas que vivían lo mismo que ella había vivido y en cambio eligió ser parte del problema. La historia del atletismo mexicano tiene dos capítulos sobre Ana Guevara. El primero es glorioso. Nogales, las canchas de basketbol, el entrenador cubano, los 400 m, el oro mundial de París, la plata olímpica de Atenas, el récord mundial que sigue vigente.
El segundo es una de las tragedias más grandes del deporte nacional. 524 millones de pesos en observaciones, atletas vendiendo calzones, deportistas amenazados, títulos y podios ganados a pesar de la institución que debía apoyarlos. Escucha esto una vez más porque merece repetirse. 21 medallas internacionales, campeona del mundo, medallista olímpica.
Número uno del ranking mundial durante 4 años. Récord de 300 m aún vigente después de más de 22 años. Eso es lo que Ana Guevara construyó en la pista y después, desde un escritorio de funcionaria pública, eligió destruir exactamente el tipo de estructura que los deportistas jóvenes que venían detrás de ella necesitaban para tener una oportunidad.
Piensa en la deportista de 16 años que en este momento está en algún estado de México entrenando para ser atleta de alto rendimiento. Alguien que tiene velocidad natural, pero no tiene recursos. Alguien cuya familia no puede pagar los viajes a las competencias, los equipos especializados, los entrenadores calificados. Esa persona existe en México en este momento. Existe en miles de versiones.
Y lo que la CONABE hace o deja de hacer con su presupuesto determina si esa persona llega alguna vez a una pista internacional con la bandera de México o si abandona el sueño a los 18 años por falta de apoyo. Ana Guevara fue esa persona alguna vez. fue literalmente la persona que no tenía maestro de educación física, la que no tenía recursos, la que venció al sistema a fuerza de velocidad y trabajo y cuando tuvo la posibilidad de ser la institución que protegía a esa persona, eligió lo contrario. ¿Cómo llegó alguien
que sufrió el sistema deportivo mexicano a convertirse exactamente en aquello que la lastimó? Esa es la pregunta que no tiene una sola respuesta. Pero los hechos documentados cuentan algo. Ana Guevara llegó a la política en 2009 después de un retiro del atletismo marcado por el conflicto institucional. Fue candidata y perdió.
Fue senadora durante 6 años. Aprendió a moverse en el sistema político mexicano, un sistema donde los contratos, las licitaciones, las adjudicaciones directas y los moches son herramientas cotidianas de funcionamiento, no excepciones. Y cuando llegó al cargo más alto que había tenido en su vida, el cargo que más poder le daba sobre las personas y los recursos, eligió usar ese poder de la manera en que el sistema político mexicano enseña a usarlo.
No es una justificación, es un diagnóstico. El sistema político mexicano tiene una capacidad extraordinaria para convertir a las personas que entraron con principios en personas que usan exactamente los mismos mecanismos que prometieron combatir. Ana Guevara no es la primera y mientras el sistema no cambie, no será la última.
Pero lo que hace el caso de Ana Guevara especialmente doloroso es el contexto. No era una funcionaria cualquiera. Era la mejor atleta que México había producido en el atletismo de pista. Era alguien que conocía desde adentro lo que significaba entrenar sin recursos, competir contra países que invertían 10 veces más en sus atletas, ganar a pesar del sistema y no gracias a él.
Cuando llegó a la CONADE tenía la posibilidad real de transformar ese sistema, de usar su experiencia y su autoridad moral para proteger a los atletas que vivían lo mismo que ella había vivido y en cambio eligió ser parte del problema. Grábate esto porque es la ironía más cruel de toda la historia. Ana Guevara padeció el abandono institucional como atleta.
Ella misma tuvo que competir contra sistemas deportivos mejor financiados que el mexicano. Ella misma sabe lo que se siente pararse en la línea de salida, sabiendo que el país que representas no invirtió en ti lo que debería. Y a pesar de todo eso, cuando tuvo la llave de la caja, hizo exactamente lo que el sistema le había hecho a ella.
No menos, no diferente, exactamente lo mismo. El deporte la elevó y el poder que llegó después de ese deporte lo destruyó todo. Grábate ese patrón porque se repite. En México y en el mundo, el atleta que conoció el hambre desde adentro, que subió al podio desde la nada, que fue el símbolo de lo que un sistema debería ser, llega al poder y se convierte en el sistema.
No siempre, no inevitablemente, pero con suficiente frecuencia para que duela. La natación artística mexicana ganó cuatro medallas en Egipto vendiendo sus propios trajes de baño. Eso no debería ser una historia de inspiración, debería ser una vergüenza institucional y lo fue. Pero la vergüenza no llegó a quienes la merecían.
No llegó a la funcionaria que se paseaba por París mientras sus atletas vendían calzones. No llegó a los funcionarios que cobraban moches sobre los contratos de alimentación de los deportistas. llegó a los periódicos, a las redes sociales, a los comentaristas deportivos y ahí se quedó. Al día de hoy, mientras los atletas mexicanos se preparan para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, 2028 bajo una nueva administración que aumentó sus becas y les prometió que nunca más tendrían que vender nada para competir bajo la bandera de México. Las
investigaciones sobre lo que ocurrió en la CONADE entre 2018 y 2024 siguen abiertas. Las carpetas están en la FGR, las denuncias de la CF están presentadas y el tiempo dirá si alguna vez llegan a un juicio. Hay algo más que necesitas saber sobre el estado actual del caso, porque la historia no termina en octubre de 2024 cuando Ana Guevara dejó el cargo.
En enero de 2025, cuando Romel Pacheco llevaba apenas semanas como nuevo director de la CONADE, habló públicamente sobre las investigaciones heredadas. Confirmó que existían carpetas activas. dijo que los organismos de control estaban trabajando en el proceso y señaló que había múltiples frentes de investigación, algunos en la ASF, otros en el órgano interno de control de la propia CONADE, todo siguiendo su debido proceso.
Como lo definió el FODEPAR, el fondo para el deporte de alto rendimiento, fue uno de los primeros fondos en ser auditados. El FODEPAR es el dinero que se supone debe llegar directamente a los atletas de élite para financiar su preparación olímpica. Es el fondo más sensible políticamente de todos los que maneja la CONADE, porque cualquier irregularidad en ese fondo significa dinero robado directamente a los deportistas que representan a México en el mundo.
Y en ese fondo es donde la primera denuncia de la ASF detectó irregularidades por 51 millones de pesos. en 2020. Grábate ese número. 51 millones de pesos del Fondo para el Deporte de Alto Rendimiento. El fondo específicamente diseñado para apoyar a los mejores atletas de México. El fondo que tenía como misión asegurar que las personas que competían bajo la bandera nacional tuvieran los recursos para prepararse al máximo nivel.
51 millones de ese fondo con observaciones de la primera auditoría. Y la institución tardó 5 años en no resolver esas observaciones, lo que eventualmente derivó en la primera denuncia penal ante la FGR. Piensa en lo que 51 millones de pesos del FODEPAR representan en términos humanos. Atletas de alto rendimiento en disciplinas como atletismo, ciclismo, levantamiento de pesas, esgrima o lucha olímpica que en México reciben becas que van de los 8,000 a los 30,000 pesos mensuales dependiendo de su nivel competitivo. 51
millones de pesos alcanzarían para financiar las becas completas de entre 14 y 500 atletas durante un año entero. ese dinero con irregularidades documentadas de 2020, no llegó a los deportistas a quienes estaba destinado. El equipo de nado artístico que vendía sus calzones para ir a competir a Egipto, las atletas que Guevara llamó mentirosas y deudoras, las deportistas que ganaron cuatro medallas sin un peso de la institución que debía apoyarlas.
Todas esas historias ocurrieron al mismo tiempo que el FODE PAR registraba decenas de millones en irregularidades. Eso no es coincidencia. Es el retrato de una institución que priorizó el beneficio privado de sus funcionarios sobre el apoyo a los deportistas que representaban a México. La ASF, la Auditoría Superior de la Federación aclaró algo importante en sus comunicados.
Las observaciones no siempre implican un delito probado. Una observación es una irregularidad contable que requiere ser justificada. El problema es que la CONADE durante la gestión de Ana Guevara acumuló cientos de millones en observaciones sin justificar año tras año durante más de 5 años seguidos. Cuando una institución tiene decenas de observaciones y ninguna se resuelve durante 5 años, ese patrón mismo es evidencia de algo, no de un error administrativo aislado, de una práctica sistemática.
La tercera denuncia de octubre de 2025 fue la más detallada precisamente porque los auditores tuvieron tiempo suficiente para reconstruir los mecanismos completos. La auditoría forense 117-s logró documentar no solo los montos irregulares, sino los mecanismos específicos, la reunión en el hotel, los pagos iniciales, los porcentajes de moche, las empresas de papel, las transferencias a terceros.
Ese nivel de detalle en una auditoría forense es inusual y significa que los auditores tenían documentación sólida, incluyendo las declaraciones de los propios implicados. La pregunta que queda en el aire es simple. ¿Llegará esto a un juicio? Al día de hoy, 26 de abril de 2026, no ha ocurrido. Las carpetas de investigación de la FGR permanecen abiertas.
La justicia en México tiene su ritmo propio y ese ritmo no siempre favorece a las víctimas ni penaliza a los responsables con la velocidad que el caso requeriría. Pero la historia no se cierra con la impunidad. La historia se escribe con lo que ocurrió, con las cifras documentadas, con las atletas que vendieron calzones y con los millones que desaparecieron mientras eso ocurría.
Hay algo que no cambia sin importar lo que decidan los jueces. El récord mundial de los 300 m planos que An Guevara estableció el 3 de mayo de 2003 en Ciudad Universitaria corriendo en 35,30 segundos sigue vigente. Nadie lo ha roto. Nadie ha corrido esa distancia más rápido en más de 22 años y probablemente nadie lo haga en mucho tiempo.
Ese récord es lo que queda del primer capítulo, el Olimpo y los 626 millones de pesos que desaparecieron de la CONADE. Las atletas que vendieron calzones, los contratos de alimentación pagados con soborno, la chica de natación que tuvo que naturalizarse Usbeca para poder competir, solo que queda del segundo capítulo, La sombra olvidada.
Así termina la historia de Ana Gabriela Guevara. No con una sentencia, todavía no. con una fotografía en un hotel de lujo, con una bebida en la mano, con la misma expresión desafiante con la que le dijo al país que gastaba su dinero como le daba la gana y con 626 millones de pesos de los atletas mexicanos que todavía nadie ha podido explicar. Escucha esto por última vez.
Y hay miles de niños en México que en este momento están jugando basketbol en canchas de tierra, en ciudades de la frontera, en patios de secundaria sin maestros de educación física con velocidad natural que nadie ha descubierto todavía. Algunos de ellos tienen el potencial de ser la próxima anevara en la pista.
El problema es que para llegar a ser campeones mundiales necesitan una institución que los respalde, un sistema que los detecte, una CONADE que proteja sus becas en lugar de usarlas como moneda de cambio política. Esos niños merecen que la historia de lo que ocurrió entre 2018 y 2024 se cuente completa.
Merecen que la próxima persona que llegue a dirigir el deporte nacional sepa exactamente lo que puede pasar cuando el poder se usa para enriquecerse en lugar de para servir. Y merecen que ningún funcionario vuelva a mirar a una atleta mexicana a los ojos y decirle que si no tiene recursos, que venda calzones.
Eso es lo que está en juego cuando se cuenta esta historia, no solo la reputación de una exatleta, no solo los 626 millones de pesos, lo que está en juego es el tipo de institución deportiva que México quiere y merece tener. Si la impunidad funciona, el siguiente funcionario aprenderá que puede hacer exactamente lo mismo sin consecuencias.
Si la justicia llega, aunque sea tarde, aunque cueste años de proceso burocrático, el siguiente funcionario pensará dos veces antes de robarle el dinero a los atletas que representan a México en el mundo. Esa es la diferencia entre un país que aprende de sus errores institucionales y un país que los repite.
México puede elegir y esa elección empieza por exigir que nadie que maneje dinero público destinado al deporte nacional salga impune cuando ese dinero desaparece. Si la historia de Ana Guevara te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que la corrupción más dolorosa no es la de los funcionarios anónimos, sino la de los que deberían saber mejor que nadie lo que se siente ser abandonado por el sistema.
Si ahora ves que 626 millones de pesos no son un número abstracto, sino el dinero de los atletas que vendieron calzones para competir, entonces haz algo por mí. Dale like a este video, suscríbete al canal. No por mí, por las atletas que vendieron trajes de baño y calzones para representar a México para que su historia completa, no solo la versión de que vendan calzones, llegue a más personas que necesitan entender el precio real de la gloria deportiva.
Para que la próxima vez que alguien diga, “Ana Guevara es la campeona olímpica que dirigió la CONADE, alguien más pueda decir no.” es la campeona olímpica que se quedó con los recursos de los atletas que vinieron después de ella.
Disclaimer: This story is a work of fiction created for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.