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ANA GUEVARA: el SAQUEO de CONADE… 524 MILLONES robados y atletas vendiendo CALZONES

ANA GUEVARA: el SAQUEO de CONADE… 524 MILLONES robados y atletas vendiendo CALZONES

De gloria eterna a sombra olvidada, medalla olímpica de plata, campeona mundial, número uno del ranking mundial durante 4 años consecutivos. Récord mundial que sigue vigente más de dos décadas después, 21 medallas en su carrera. La atleta más grande que México ha dado en el atletismo de pista en toda su historia. Eso de un lado.

 Del otro 524 millones de pesos en observaciones por mal manejo documentadas por la Auditoría Superior de la Federación. 626 millones de pesos que desaparecieron durante su gestión y que nadie ha podido explicar. Cuatro carpetas de investigación abiertas por la Fiscalía General de la República. Tres denuncias penales presentadas.

 44 anomalías detectadas. atletas mexicanas que tuvieron que vender sus propios trajes de baño para poder competir. Una campeona mundial que desde su escritorio de funcionaria le dijo a esas mismas atletas, las más vulnerables del sistema, que si querían que vendieran calzones.  Grábate ese contraste porque es la historia más triste del deporte mexicano en décadas.

 No es la historia de alguien que cayó por las drogas, ni  por el juego, ni por la violencia. Es la historia de alguien que fue víctima del sistema deportivo mexicano cuando era atleta, que entendió ese dolor mejor que nadie, que llegó al poder con la promesa implícita de cambiar todo eso y que terminó convirtiéndose exactamente en aquello que juró combatir.

 Lo que nadie te contó es como una mujer que conocía el hambre del atletismo mexicano desde adentro tomó el control del deporte nacional y lo usó para enriquecerse mientras destruía a los mismos  atletas que deberían haber sido su prioridad. Su nombre es Ana Gabriela Guevara Espinoa y lo que hizo desde 2018 hasta 2024 cambió el deporte mexicano para siempre, aunque todavía hay gente que no sabe la mitad de la historia.

 En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nadie te ha contado juntas en un solo lugar. Primera, cómo funcionó el esquema de corrupción dentro de la CONADE, los contratos simulados, las empresas fantasma, los sobornos documentados y los 524 millones de pesos que la Auditoría Superior de la Federación no puede explicar.

 Segunda, el momento exacto de 2023, donde todo explotó. atletas olímpicas vendiendo su propia ropa deportiva  para poder competir en el exterior y la respuesta de Ana Guevara que paralizó a México. Tercera, la lista completa de atletas destruidos durante su gestión, desde Paola Espinoza hasta Paola Longoria y lo que cada uno de ellos perdió.

 Cuarta, ¿dónde están a Guevara ahora? ¿Qué pasa con las investigaciones? ¿Y por  qué una persona con 626 millones desaparecidos a su nombre sigue vacacionando en los hoteles más exclusivos de México sin haber pisado un juzgado? Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes algo que pocas personas  saben.

 Cómo el sistema político mexicano protegió a una de sus funcionarias más investigadas durante 6 años completos, mientras los atletas nacionales pedían prestado para competir bajo la bandera de México. Pero antes de llegar ahí, necesitas entender quién era Ana Guevara de verdad antes de que todo esto pasara,  porque la historia empieza mucho antes de la Cónade, en un lugar donde el deporte era lo único que importaba.

 Todo empezó en Nogales, Sonora, en la frontera con Estados Unidos, en una ciudad donde el polvo del desierto y el ruido de las maquiladoras definen la infancia de miles de niños mexicanos que sueñan con algo más. Ana Gabriela Guevara Espinoza nació el 4 de marzo de 1977 en Heroica Nogales, Sonora.  Sus padres se llamaban César Octavio Guevara y Ana María Espinoza.

 Era la mayor de cinco hermanos. Grábate ese detalle, la mayor de cinco. En México eso significa responsabilidad desde que tienes memoria. Significa que antes de pensar en tus propios sueños, ya tienes la obligación de ser ejemplo para los que vienen después. La mayor carga no es siempre la económica. A veces la carga más pesada es la de no tener derecho a fracasar, porque si tú caes, los cuatro que vienen detrás de ti se quedan sin referencia.

 Nogales en los años 80 y 90 era el lugar más fácil del mundo para crecer. Era una ciudad fronteriza con todos los problemas que eso implica. Desigualdad económica, pocas oportunidades institucionales y una realidad donde el deporte de alto rendimiento era algo que ocurría en otros países, en otras ciudades, para personas con otro tipo de recursos.

 Las familias de clase trabajadora de Nogales no mandaban a sus hijos a centros de alto rendimiento deportivo, mandaban a sus hijos a trabajar. La frontera con los Estados Unidos estaba literalmente a unos pasos.  Al otro lado del muro había tiendas llenas de productos que la mayoría de las familias de Nogales solo podía ver desde lejos.

Crecer en esa realidad te da una de dos cosas. Te rompe o te hace más duro. A Ana Guevara le dio lo segundo. La ciudad tenía maquiladoras, esas fábricas de manufactura que ensamblan productos para exportarlos al norte. Las maquiladoras empleaban a una parte importante de la población trabajadora de Nogales, incluyendo a muchos padres de familia.

 No pagaban mal para los estándares locales, pero tampoco permitían pensar en gastos extraordinarios como equipos deportivos especializados, cuotas de federaciones, viajes a competencias o entrenadores privados. El deporte en ese contexto era algo que se hacía en el patio de la escuela con lo que hubiera disponible.  Pero la madre de Ana Guevara, Ana María Espinoa, recordó años después  algo que define todo.

 Ana Gabriela mostró inclinación hacia el deporte desde la primaria, pero no tenía un maestro de educación física. Aunque en secundaria y preparatoria representó a su escuela jugando basketbol,  no había maestro, no había infraestructura, no había programa institucional y a pesar de todo eso, Ana Guevara era la más rápida en todos los patios donde corría.

Esa velocidad no se enseña, se nace con ella o no se tiene. Y Ana Guevara la tenía en un grado que muy pocas personas en el mundo poseen. Escucha esto. Antes de ser la mejor velocista que México ha tenido en su historia, Ana Guevara quería ser basquetbolista. Durante años jugó basquetbol en las ligas locales de Nogales.

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