con lo que tenga a la mano. Pero antes de llegar ahí, hay que entender la primera traición, la de Tigres. Esta es la primera cosa que te prometí al inicio. Julio de 2014, México acababa de salir del mundial de Brasil. Alan Pulido había jugado en ese mundial. tenía 23 años, toda la carrera por delante y tomó una decisión que en cualquier país con una liga normal hubiera sido simple y sin drama.
Quiso irse a Europa. Había una oferta del Levadiacos de Grecia, un equipo de primera división griega que quería contratarlo. No era el Real Madrid, no era el Barcelona, era Grecia. Pero para un delantero mexicano en 2014, cualquier puerta de Europa valía la pena. Cualquier liga europea te daba una exposición que la Liga MX todavía no podía darte.
Además, había algo más que movía a Pulido. Había pasado 4 años en Tigres construyendo su carrera. Había marcado en la final de liga, había ido al mundial y en Tigres el panorama empezaba a cerrarse. El equipo fichaba extranjeros de primer nivel. Andre Pierre Jac llegó ese mismo verano de 2015. El espacio que había para un delantero mexicano no era el que necesitaba alguien con las ambiciones de Pulido.
Europa era la respuesta. Alan Pulido argumentó que su contrato con Tigres había expirado, que era un jugador libre, que podía negociar con quien quisiera. Tigres dijo que no, que su contrato no había expirado, que todavía le pertenecían, que si intentaba salir sin su permiso, lo iban a bloquear. Empezó una guerra legal que duró más de un año.
Pulido demandó a Tigres ante la Federación Mexicana de Fútbol. internacional. El TAS, la instancia más alta del arbitraje deportivo en el mundo. El TAS falló a favor de Tigres. Esa decisión tiene consecuencias concretas que muchos no midieron en su momento. Le cancelaron el pase internacional. Pulido no podía jugar para levadiacos. No podía jugar para ningún equipo fuera de México.
No podía jugar para ningún equipo dentro de México que no fuera Tigres. Estaba bloqueado completamente. Un jugador de 23 años en sus mejores años físicos con una oferta europea en la mano, bloqueado por el club que lo había formado, por el club que lo había visto llegar desde los 12 años, por el club al que le había dado el primer título en 29 años.
Lo mandaron al equipo reserva, lo multaron, lo pusieron a entrenar aparte. Esa imagen, el delantero que había marcado en el mundial entrenando solo mientras sus compañeros preparaban el siguiente torneo. Hay algo más que pocas veces se menciona cuando se habla de este periodo. Pulido tenía razones para creer que su contrato había expirado.
No era una invención. Era una interpretación legal de los plazos que él y su representante consideraban válida. Perdió la apelación, pero eso no significa que su lectura del contrato fuera maliciosa. Significa que en el mundo del fútbol, cuando un club tiene más poder, eco rabia.
Pulido no habló mucho en ese momento, pero los que lo conocían decían que algo cambió en él, que un jugador que había llegado al fútbol con la ingenuidad de quien cree que el talento es lo único que importa, descubrió en esos meses que el fútbol también es un negocio y que en los negocios el talento solo vale lo que el contrato dice. Tigres lo tenía y Tigres lo usó.
Al final, Pulido tuvo que ceder, renegoció con el club y en el verano de 2015, cuando el contrato sí expiró definitivamente, salió para Grecia libre, pero con 2 años de carrera perdidos, dos años en que tenía 22 y 23, los años en que un delantero termina de formarse, en que adquiere la experiencia que lo convierte de promesa.
en figura consolidada. Dos años en los que Alan Pulido entrenó aparte, cobró menos, no pudo progresar en ninguna dirección y aprendió que la primera traición de su carrera no vino de ningún rival, sino del club con el que aprendió a jugar. Llegó a Grecia en 2015 con una rabia acumulada y la convirtió en goles, primero en Levadiacos, luego en el Olimpiacos.

Con el Olympiacos ganó la liga griega. Con el Olympiacos jugó en la Champions League. Con el Olympiacos volvió a ser el jugador que el TAS había intentado apagar. Y para mayo de 2016, el nombre de Alan Pulido volvía a sonar en los despachos de la Liga MX, como el delantero que las Chivas querían pagar lo que fuera. La primera traición no lo mató, lo endureció, pero la segunda venía en camino y esa iba a doler mucho más.
Antes de contar el secuestro, hay que contar lo que pasó entre la salida de Tigres y la noche de la fiesta en Ciudad Victoria. Porque si no entiendes eso, no puedes entender lo que significó perder todo en 24 horas. Pulido llegó a Grecia en el verano de 2015. Primero al Levadiacos, un equipo de primera división griega que no tenía el glamur del Olimpiacos, pero que le daba lo que más necesitaba en ese momento, jugar.
Después de 2 años bloqueado por Tigres, después de 2 años sin poder desarrollarse, la prioridad no era el club más grande, era la cancha. marcó en su debut con el Levadiacos. Se asentó, recuperó el ritmo y en julio de 2015 el Olympiacos lo compró. El Olympiacos es el equipo más grande de Grecia, el que más títulos tiene, el que tiene más presupuesto, el que ha jugado en Champions League decenas de veces.
Y en ese equipo, Alan Pulido encontró lo que buscaba desde los 23, un escenario grande, seis goles en la temporada, campeonato de la liga griega, partidos de Champions League y Europa League, el delantero de Ciudad Victoria jugando en los estadios donde juegan los mejores del mundo. imagen que nadie en Tamaulipas, en sus años de niño hubiera podido imaginar que llegaría a existir.
Y ese rendimiento fue suficiente para que las Chivas de Guadalajara pusieran 18 millones de dólares sobre la mesa. 18 millones de dólares. En 2016, el fichaje más caro en la historia de la Liga MX. Ni el Gulit Peña con sus escándalos y su talento, ni ningún otro fichaje del rebaño sagrado. Pulido. México entendió la magnitud en ese momento.
Las Chivas pagaban 18 millones de dólares por un delantero mexicano que volvía de Europa para darle a la afición más grande de México lo que no tenía desde 2006. un título. Y para mayo de 2016, antes de que ese fichaje se hiciera oficial, Pulido viajó a Ciudad Victoria de vacaciones. Pero antes de contar lo que pasó esa noche, hay que detenerse un momento en lo que ese viaje significaba, porque el Alan Pulido que llegó a Ciudad Victoria esa semana no era el mismo que había salido de Tamaulipas a los 12 años.
era un delantero que acababa de ganarse el respeto de Europa, que había jugado Champions League con el Olympiacos, que era el fichaje más caro de la historia de las Chivas, que había estado en el Mundial de Brasil, que había sobrevivido dos años de bloqueo de tigres y salido fortalecido del otro lado. Era un hombre en el mejor momento de su vida en todos los sentidos.
profesional, personal, económico, a punto de firmar con el equipo más querido de México, a punto de volver a su país, a punto de cumplir lo que millones de aficionados esperaban. Cuando la vida está en ese punto, cuando todo ha llegado al lugar correcto, uno relaja la guardia, se va a casa, se va a festejar con los suyos, se va a una fiesta de 40 personas en la ciudad donde nació, sin seguridad, sin protocolo, sin nada que dijera que algo podía salir mal.
Nosotros siempre hemos manejado muy tranquilos, sin seguridad, sin nada, por lo mismo, porque la verdad nunca pudimos imaginar. Nunca llegamos a imaginar algo de esta magnitud, dijo su hermano Armando después. Nunca lo imaginaron. Un hombre que pudo haber llegado con guardaespaldas, que pudo haber tomado precauciones, que en Europa se movía con más cuidado, pero en Tamaulipas se sentía en casa.
Y la traición más profunda de toda esta historia es exactamente esa, que el lugar donde uno se siente más seguro puede ser el lugar donde más vulnerable es. Y entre esas 40 personas, uno que ya había planeado qué iba a pasar cuando pulido saliera. Esta es la segunda cosa que te prometí al inicio y esta es la que nadie te cuenta completa.
No solo lo que pasó en el campo, lo que pasó fuera del campo. Pero para llegar ahí hay que contar primero lo que pasó en los años de gloria. Porque las Chivas de 2016 a 2019 con Alan Pulido son una de las historias más grandes del fútbol mexicano reciente y sin entender esa gloria no se puede entender lo que costó perderla. Pulido llegó al Guadalajara en agosto de 2016.
La transacción más cara de la historia del club, 18 millones de dólares, con el nuevo técnico Matías Almeida, el argentino que había llegado a Chivas cuando nadie quería ese trabajo y que en sus primeros años había construido un equipo con carácter que le faltaba algo para ser campeón. Ese algo era un delantero y llegó pulido.
En su primera temporada completa fue exactamente lo que las Chivas necesitaban. 14 goles en todas las competencias, goles importantes, goles en las noches de presión, goles que cambiaban partidos. La dinámica que Almeida armó con ese equipo es una de las cosas más bonitas que produjo el fútbol mexicano en esa época. No eran los más tecles, eran titulares, pero que en Chivas encontraron su lugar exacto.
Y cuando tenían presión, cuando necesitaban el gol, miraban a Pulido y Pulido lo metía. En mayo de 2017 llegó la final del Clausura contra Tigres. Los mismos tigres que lo habían bloqueado, el mismo club que le robó dos años de carrera, la misma institución que lo obligó a entrenar solo mientras sus compañeros se preparaban.
Para los que no estaban al tanto de esa historia, era solo la final más esperada de la Liga MX año. Para Alan Pulido era algo más. Era la oportunidad de decirle al club que lo tuvo preso lo que no había podido decirle con palabras. Final de ida en el estadio de los Tigres en Monterrey. Pulido marcó.
Final de vuelta en el estadio Acron en Guadalajara. Pulido volvió a marcar. Chivas campeón, el primero en 10 años y pulido con goles en ambas finales contra el equipo que alguna vez intentó destruir su carrera. Ese momento, la afición de Chivas celebrando y Pulido levantando el trofeo, que no era solo el título de la Liga MX, era la respuesta a dos años de entrenar solo.
Era la respuesta al TAS que falló en su contra. Era la respuesta a todas las personas que dijeron que el pulido que venía de Tigres con ese historial complicado no iba a poder con el peso de la camiseta del rebaño. Su técnico que dice todo sobre qué fue Almeida para él. El técnico que me ha marcado y que sigo diciendo que para mí ha sido el mejor que me ha tocado es Matías Almeida.
Sigo hablando con él. Nos seguimos saludando, deseándonos lo mejor. Ese vínculo entre un jugador y un técnico que saben que lo que construyeron juntos no se repite fácilmente. Y en 2018 llegó la cima, la final de la CONCACAF Champions League contra el Toronto FC de la MLS. El título continental que Chivas no ganaba desde 1962, 56 años, la primera Copa de Campeones Continental que el fútbol mexicano recordaba con el rebaño sagrado ganándola.
En el partido de ida en Toronto, el Chivas llegó a la cancha del BMO Field como el equipo visitante en un estadio lleno de aficionados canadienses, en frío, en condiciones que en la Liga MX no existen. Y Pulido marcó de tiro libre un golazo. El tipo de gol que en el momento les dice a todos los que están en el estadio y a todos los que lo ven por televisión, este equipo va en serio.
Chivas ganó 2 a 1 en la vuelta en el estadio Acron. La serie llegó empatada 3 a tr en el marcador global. Tanda de penales. Ese momento el que define al delantero de verdad del que parece delantero cuando las cosas van bien. Pulido tomó el balón, se paró frente al arco y metió el penal más importante de la historia reciente de las Chivas, el que terminó con 56 años de espera continental.
Y en 2019, Pulido fue campeón de goleo de la apertura con 12 goles, el primer mexicano en ganar ese título en 8 años. Eso es lo que fue al ampulido con las Chivas. Eso es lo que construyó en tres temporadas y entonces empezaron los problemas que nadie vio venir. Diciembre de 2019, Pulido salió de las Chivas.
La razón oficial, conflicto contractual. Quería mejores condiciones. El club no renovó. Pero hay algo más que pasaba en ese periodo que conecta directamente con la segunda promesa. En 2019, Pulido se casó con Ileana Salas, la misma mujer que estaba con él la noche del secuestro, la que los secuestradores dejaron libre mientras se llevaban a él.
la que llamó a la familia inmediatamente, la que vivió la misma noche desde afuera, esa relación que había sobrevivido al trauma, que había resistido los años difíciles, que había llegado al altar. Lo que México no vio es que detrás de la imagen pública del jugador campeón había una vida personal que cargaba algo muy pesado.
El trauma del secuestro no se va con los años, no se resuelve con un título, no desaparece porque marquen en las finales. Las celebraciones externas no curan las heridas internas. Pulido lo dijo en 2020 desde Kansas City. Es complicado vivir con miedo. Cinco palabras que lo dicen todo. Ese hombre llevaba 4 años desde el secuestro viéndose obligado a vivir con algo que ningún título puede eliminar.
La hipervigilancia, el miedo a los espacios desconocidos, la incapacidad de caminar solo por ciertas calles sin que el cuerpo mande señales de alarma que el cerebro no puede apagar. ¿Cuánto de eso afectó su vida con Ileana? ¿Cuánto de eso pesó en la decisión de salir de las Chivas? ¿Cuánto de eso influyó en los torneos donde no fue el mismo? No hay respuestas públicas para esas preguntas.
Lo que sí hay es el dato. Pulido y Leana se divorciaron. No hay declaraciones sobre las razones. No hay escándalo que los medios documentaran. Solo el dato. La relación que sobrevivió al secuestro no sobrevivió todo lo que vino después. Y en ese mismo periodo llegó el Kansas City, 8 millones de dólares.
La MLS, un cambio de vida completo. Nueva ciudad, nuevo país, nueva liga. Pulido llegó a Kansas City en enero de 2020, al Sporting Kansas City, un equipo con historia en la M. LS, pero que no había tenido en años un delantero del calibre de lo que Pulido podía dar. La MLS es una liga diferente a la Liga MX, de maneras que no siempre se entienden desde México.
El ritmo es diferente, los campos son diferentes, el tipo de defensa que encuentras es diferente. Los viajes son diferentes. Kansas City no es Guadalajara. No es una ciudad de fútbol en el sentido que México entiende. No hay multitudes que esperen en el aeropuerto. No hay cobertura diaria en todos los medios.
Y para un delantero que viene de ser el fichaje más caro de la historia de las Chivas, ese anonimato relativo puede ser difícil o puede ser exactamente lo que necesita. Pulido eligió usarlo como lo segundo. Las dos primeras temporadas fueron sólidas, 15 goles y ocho asistencias combinadas.
MVP ofensivo del equipo en 2020. La MLS reconoció su calidad. Los aficionados de Kansas lo adoptaron. El equipo encontró en él lo que los directivos prometieron cuando pagaron el contrato. Estaba bien construyendo algo nuevo, lejos del peso del apellido del fichaje más caro, lejos de Tamaulipas, lejos de todo lo que necesitaba dejar atrás.
Y entonces llegó 2021, la rodilla, las señales vinieron de a poco, como vienen siempre las lesiones grandes. Primero una molestia que parece menor, luego un partido en que el ritmo no es el mismo, luego otro. Luego la decisión de hacerse estudios y los estudios dicen lo que el cuerpo ya sabía. Hay que operar.
una cirugía de rodilla que lo sacó del campo durante toda la temporada 2022. Un año entero, 12 meses sin jugar, sin correr, sin estar en lo único que Alan Pulido había hecho desde los 12 años. Un año en la tribuna viendo a sus compañeros, siguiendo la rehabilitación, controlando la impaciencia. ¿Qué pasa en la cabeza de un delantero cuando no puede correr? cuando se sienta en la tribuna y ve a sus compañeros jugar sin poder hacer nada, cuando la identidad completa de un hombre está atada a algo que temporalmente le quitaron,
un año sin jugar, con el trauma del secuestro todavía activo, con el divorcio de por medio, con la ciudad natal a la que no puede regresar. Tres cosas que nadie habla juntas cuando se refieren a la lesión de Pulido. Nadie dice, “Este hombre en 2022 estaba lejos de su país, con la rodilla operada, divorciado, sin poder volver a su ciudad, 9 años cargando con los juntos.
Porque en el fútbol se habla de la lesión como si fuera solo física, como si la parte que no aparece en las radiografías no existiera y la parte que no aparece en las radiografías a veces es la más difícil de sanar. En 2023, Alan Pulido regresó y lo que hizo al volver fue la respuesta más contundente que cualquier delantero puede dar a todos los que dijeron que no iba a ser el mismo.
14 goles en la temporada. Ganó el Comeback Player of the Year de la MLS. El mejor jugador que regresó. Ganó el MVP del Sporting Kansas City, el Golden Boot del club. Todo en el mismo año, el mismo año en que volvió de la rodilla. El mismo hombre que en 2016 sometió a dos secuestradores encontrando la manera cuando todo parecía perdido.
En 2023 volvió a encontrar la manera. Pero en 2024 esa versión de Pulido empezó a desvanecerse. Siete goles en la temporada. Actuación discreta, el contrato que vencía. El cuerpo dando señales de que los 33 años después de una rodilla operada ya no son los mismos 29 años del delantero que llegó a Chivas en 2016. Y la pregunta, ¿de qué venía después? Esta es la tercera cosa que te prometí al inicio. 7 de enero de 2025.
Las Chivas anunció en ambas finales contra Tigres, el que ganó la Concacaf Champions en 2018, regresaba no al Olimpiacos, no al Kansas City, a casa. Y según sus propias palabras, no venía a cobrar el último cheque. Venía porque quería retirarse con la camiseta de Chivas. Siempre he dicho que poder regresar al fútbol mexicano y más a Chivas sería algo muy lindo por todo el amor y por todo lo que logré.
Poder retirarme en Chivas para mí sería algo muy lindo, pero yo creo que más de retirarme todavía me siento muy bien físicamente, creo que tengo el nivel para poder aportar cosas. Esas palabras la afición las recibió con la esperanza que siempre reserva para los ídolos que vuelven.
Hay algo muy específico en el amor de la gente por los jugadores que se van y regresan. No es el mismo amor que se le tiene al que siempre estuvo. Es uno diferente. Es el amor que viene de la nostalgia, mezclado con la esperanza de que lo mejor todavía está por venir. México quería que el pulido de 2025 fuera el de 2017 y 2018.

Quería los goles en las finales. Quería el penal de la CONCACAF. quería el delantero que somete secuestradores y luego vuelve a marcar como si nada. Pero el cuerpo no funciona así. Primero vino la molestia en la rodilla, la misma rodilla operada, la que había pasado todo 2022 en rehabilitación, la que volvió en 2023 con 14 goles, pero que en 2024 solo dio siete.
Descartado para el primer partido del Clausura 2025 por molestias físicas, eso se entiende. Los jugadores se lesionan. Las rodillas operadas tienen sus tiempos. Lo que no se entiende tan fácil son los reportes que empezaron a circular sobre ausencias en entrenamientos. Problemas de disciplina, la misma descripción que aparece en los medios cuando un jugador no cumple con las obligaciones básicas que un club le exige, llegar al horario establecido, presentarse a los trabajos que el técnico programa.
estar disponible cuando el equipo lo necesita. Esas ausencias generaron tensión interna en las Chivas. Lo reportaron medios que cubren al club desde adentro. ¿Por qué? Esa pregunta no tiene una respuesta pública única, pero hay algo que sí es público y que conecta todos los puntos. Alan Pulido le dijo a ESPN en 2020 algo que ningún medio analizó con la seriedad que merecía.
Es complicado vivir con miedo. Cinco palabras. Un hombre que en 2025 regresa a México, al país donde lo secuestraron, a Guadalajara, a la institución donde todos lo reconocen, donde todos lo paran en la calle, donde todos quieren una foto, donde todos saben quién es. Y eso, ¿cómo se vive cuando 9 años antes alguien de tu propia familia te entregó a los setas? Cuando lo que aprendes de esa noche no es solo que el crimen organizado puede alcanzarte, sino que puede alcanzarte a través de alguien que está en tu mesa.
Ese tipo de trauma cambia la manera en que un hombre ve a los que lo rodean. Cambia el nivel de confianza. Cambia la manera en que procesa los espacios llenos de gente. Cambia la manera en que duerme. Y Pulido lo dijo sin ambigüedad. No ha regresado a Tamaulipas nunca más. Su ciudad natal, el lugar donde aprendió a jugar al fútbol, el lugar donde está su familia, no puede volver.
Me queda un poquito el mal sabor de boca. recordar ese mal momento. Creo que es mejor estar acá con mi familia y trato de olvidar ese trago amargo. Trata de olvidar. Eso no es alguien que superó el trauma. Eso es alguien que aprendió a convivir con él, que encontró maneras de funcionar a pesar de lo que carga, que cuando llegó a Ciudad Victoria de turista ese verano de 2016 con la vida resuelta, con el fichaje más caro de la historia de la Liga MX esperando con el mundo a sus pies, alguien que conocía de toda la vida lo entregó a los setas.
Eso no se olvida, aunque quieran olvidarlo. Y cuando ese hombre llega a Guadalajara en 2025 con la rodilla que no termina de estar bien, con el divorcio de por medio, con el año sin jugar que cambió su cuerpo, con la ciudad natal a la que no puede regresar, con los 34 años que pesan diferente que los 25. Con todo eso encima, las ausencias a entrenamientos se ven de otra manera, no como irresponsabilidad, no como falta de profesionalismo, como la manifestación física de algo que todavía no está resuelto en la cabeza y
el alma de este hombre. Como la señal de que entre el pulido que todos recuerdan y el pulido que llegó en enero de 2025, hay 9 años de cosas que ninguna estadística puede medir. Eso es lo que nadie dijo. Porque el fútbol no habla de esas cosas. El fútbol habla de rendimiento, de estadísticas, de si llegó puntual o no, de cuántos goles lleva, de si está a punto o no para jugar el sábado.
Y hay ocasiones en que las estadísticas y la puntualidad son los síntomas de algo más grande que ninguna nota de disciplina puede resolver, que ningún técnico puede solucionar con un entrenamiento extra, que ningún directivo puede exigir con una cláusula en el contrato y que el jugador tampoco puede forzar, porque no es cuestión de voluntad, es cuestión de tiempo.
de proceso, de dejar que algo sane que lleva 9 años sin terminar de sanar. Hay una imagen que resume todo esto mejor que cualquier análisis táctico. Días después del secuestro, en junio de 2016, Pulido fue invitado a hablar en televisión con Adela Micha, una periodista de primer nivel.
El tipo de entrevista que cuando un deportista la acepta, México lo toma como la versión oficial de lo que pasó. Pulido llegó al estudio y se fue. Abandonó la entrevista antes de empezar. No pudo quedarse. Su hermano Armando tuvo que quedarse a responder las preguntas que Alan no podía responder. Esa imagen. hombre que momentos antes había sometido a dos secuestradores armados, que había llamado al 911 con un teléfono ajeno, que había roto un cristal con el puño, que había descrito la fachada de la casa desde la ventana. Ese hombre no pudo
sentarse frente a una periodista a hablar de lo que vivió, porque hay tipos de valor que el cuerpo produce automáticamente cuando está en peligro. Y hay tipos de fortaleza que el alma necesita construir con tiempo cuando el peligro ya pasó, pero el miedo sigue presente. Pulido tenía el primero, el segundo lo está construyendo todavía y eso no lo hace menos, lo hace más humano y más complicado de entender para una industria que solo mide goles.
Esta es la cuarta, la que te prometí que más duele. 28 de mayo de 2016, cerca de la medianoche, Alan Pulido y su novia Leana Salas salen de una fiesta familiar en Ciudad Victoria. No era cualquier fiesta, era una reunión con personas que conocían de toda la vida. 40 personas en esa casa, gente de la familia, amigos de siempre.
El tipo de reunión donde nadie cuida la puerta porque todos son conocidos. Pulido estaba de vacaciones. Venía de Grecia a las puertas del fichaje con las Chivas en el mejor momento de su carrera y decidió volver a casa, a la ciudad donde nació, a ver a su familia, a la fiesta de la que ningún muchacho de Tamaulipas, que triunfó en el fútbol, puede escaparse cuando vuelve.
Una carretera rumbo al norte de la ciudad, una camioneta que le cierra el paso. Seis hombres armados con el rostro cubierto le ordenan a Pulido que se baje del carro. Aileana la dejan libre en el lugar. Se llevan a Pulido y Leana llamó a la familia de inmediato. El hermano de Pulido, Armando, llegó a la zona en minutos.
Sabía perfectamente que había sido un secuestro. Agarré el carro y empecé a buscar por la zona. Fuimos directos a la agencia ministerial. Un momento de distracción, un segundo en que el guardia bajó la guardia. Pulido calculó, esperó el momento exacto y actuó. Se abalanzó sobre él, lo sometió, le quitó el teléfono, le quitó la pistola, lo amenazó con su propia arma.
Luego subió el otro Pulido, lo sometió también. Dos hombres armados contra un futbolista atado y el futbolista ganó a los dos. Lo confirmó el propio secuestrador detenido esa noche, Daniel Morales Hernández, apodado la foca. Me dijo que alzara las manos porque si no me iba a matar. Lo hice y comenzó a pegarme. Pulido llamó al 911.
No tenía idea de dónde estaba. Asomó la cabeza por la ventana y describió la fachada de la casa. Hizo al menos tres llamadas a la policía. En una de esas llamadas, los agentes le pidieron que disparara el arma para que pudieran ubicar el inmueble. Pulido apretó el gatillo. El arma no tenía balas. En otra llamada le pidió al propio secuestrador sometido que le dijera la dirección exacta del lugar.
El secuestrador habló. Cuando la policía confirmó que estaba en camino, Pulido intentó salir. La puerta estaba cerrada por dentro. Rompió el cristal con el puño, esa herida en la muñeca, esa venda blanca que apareció en las fotos de la rueda de prensa al día siguiente. Esa es la única marca física de 24 horas en poder de los setas.
Y esa herida en la muñeca es el símbolo más honesto de toda la historia de Alan Pulido. No la herida del que perdió, la herida del que rompió lo que le cerraba el paso. Ahora viene lo que nadie dijo completo. El autor intelectual. Las autoridades lo anunciaron dos días después. Osvaldo Velázquez García, 29 años, alias El Pelón, el esposo de una prima de Alan Pulido.
Estaba en la misma fiesta, comió con él, estuvo en la misma mesa, habló con él, lo conocía de toda la vida. Había salido con él en televisión. El mismo hombre que minutos después salió de esa fiesta para encontrarse con sus cómplices de los setas y llevarlos hasta afuera de la casa. Así lo declaró la foca, el secuestrador detenido esa misma noche.
No dábamos con el domicilio hasta que él salió a encontrarnos y nos llevó al sitio de la fiesta. Pasamos por afuera y esperamos. Él los llevó, el primo político, el que estaba en la mesa, el que sabía todo, el que conocía los movimientos de Pulido esa noche, porque era parte del mundo de Pulido.
Esa es la parte que más duele, no la violencia del secuestro. Eso es algo que puede pasarle a cualquiera en Tamaulipas. La traición de alguien que tenía nombre, que tenía cara, que había convivido con él. Y los setas pidieron 6 millones de pesos de rescate. El hermano de Alan, Armando, negoció con ellos mientras el operativo se preparaba.
Cuando los secuestradores le dijeron que si no pagaba a la mañana siguiente encontrarían a Alan muerto, Armando seguía negociando. Y entonces le avisaron que Alan ya estaba libre, que él mismo se había liberado. La rueda de prensa fue el día siguiente. El gobernador de Tamaulipas presentó a Pulido ante los medios. Pulido apareció con una venda en la muñeca.
solo dijo, “Muy bien, gracias a Dios.” Y no volvió a hablar del tema en público durante 4 años, porque días después lo invitaron a hablar con Adela Micha. Pulido llegó y se fue. Abandonó la entrevista. Su hermano Armando tuvo que quedarse en su lugar. Ese detalle, el hombre que sometió a dos secuestradores armados no podía hablar de ello frente a una cámara.
El valor físico y el trauma emocional no son lo mismo. Un hombre puede golpear a dos delincuentes atado de manos y no poder sentarse frente a un micrófono a describir lo que sintió mientras los golpeaba, porque el cuerpo actúa en el peligro y la mente procesa después. Y lo que la mente de Pulido empezó a procesar en los días, meses y años después de esa noche no lo describió ningún comunicado oficial.
Lo describió él mismo 4 años después de Kansas City. No me gusta tocar estos temas. Son muy delicados, complicados, son malos recuerdos que no quisiera volver a vivir. Fue algo muy difícil en mi vida. Fue algo muy difícil en mi vida. Un hombre de 33 años que habla de algo que pasó cuando tenía 25, como si todavía lo tuviera encima. Porque lo tiene y lo que ese trauma le costó no está en los expedientes de la Fiscalía de Tamaulipas.
Está en la lista de lugares a los que ya no puede ir, en las decisiones que tomó en los años siguientes, en la relación que no sobrevivió, en las ausencias a entrenamientos que nadie supo cómo explicar sin hablar de lo que realmente pasó. Hay algo que vale la pena nombrar. La familia de Alan Pulido dijo que en la fiesta esa noche había unas 40 personas.
40 personas que conocían al futbolista, 40 personas de su mundo y entre ellas Osvaldo Velázquez García, el pelón, el que los llevó hasta la fiesta, el que avisó en qué carro salía, una de 40 personas. ¿Cómo se vive después de eso? ¿Cómo se va a la siguiente reunión familiar? ¿Cómo se confía en el siguiente primo, en el siguiente amigo de siempre, en la siguiente persona que dice conocerte de toda la vida? Esa es la herida que Osvaldo Velázquez García le abrió a Alan Pulido, que va mucho más allá de las 24 horas de cautiverio.
Le abrió la desconfianza, la sospecha de que en el círculo más cercano puede haber alguien que te traicione por razones que nunca imaginarías. Y con esa desconfianza es como Alan Pulido ha vivido desde mayo de 2016, 9 años. en Grecia, en Guadalajara, en Kansas City y ahora de regreso en Guadalajara.
Tres veces lo tumbaron, tres veces se levantó. Eso no es casualidad, eso es carácter. Y el carácter no desaparece con los años, no desaparece con la rodilla operada, no desaparece con el trauma del secuestro, no desaparece con el divorcio, se puede esconder. Se puede tapar con las ausencias a entrenamientos y con las molestias físicas y con todo lo que el fútbol llama problemas de disciplina.
cuando en realidad no sabe cómo llamar a lo que le pasa a un hombre de 34 años que carga con todo lo que pulido carga, pero no desaparece. ¿Qué hará con esta última prueba? La rodilla que no termina de estar bien, el trauma que no termina de sanar, las ausencias que generaron tensión interna, los 34 años que pesan diferente que los 24.
No lo sabemos, pero hay algo que sí sabemos. Hay un teléfono celular que en la madrugada del 29 de mayo de 2016 cambió la historia de Alan Pulido, el que le arrancó al secuestrador atado de manos, el que usó para llamar al 911, el que sirvió para describir la fachada de la casa desde la ventana rota. Ese teléfono no estaba en la vitrina, no era el trofeo más bonito, no valía 18 millones de dólares, pero fue el objeto más importante de toda la carrera de Alan Pulido.
Porque ese teléfono dijo algo sobre este hombre que ningún gol enem ninguna final puede decir, que cuando todo lo que puede salir mal sale mal. Cuando está solo, cuando está atado, cuando el miedo es real y no hay nadie que pueda ayudarlo, Alan Pulido encuentra la manera solo. Y esa capacidad, la de encontrar la manera cuando todo parece perdido, es la misma que lo hizo.
Campeón con Tigres, campeón con Chivas, campeón de Concacaf, mejor regreso de la MLS. Y es la misma que quizás si la rodilla aguanta y el trauma retrocede y el cuerpo sigue respondiendo, lo lleve a una última final con la camiseta de Chivas, como siempre quiso, porque hay algo que México nunca terminó de entender sobre Alan Pulido.
Lo trató durante años como el fichaje más caro, como el delantero de las finales, como el que se escapó de los secuestradores, lo midió en goles, lo midió en títulos, lo midió en transferencias de millones de dólares y nunca se preguntó en voz alta qué cuesta cargar todo eso? ¿Qué cuesta haber crecido en Ciudad Victoria, cuando Ciudad Victoria era territorio de los setas? ¿Qué cuesta haber tenido al club que te formó convertirte en tu primer enemigo? ¿Qué cuesta haber sido secuestrado por alguien de tu propia familia?
¿Qué cuesta que esa desconfianza se instale en cada reunión, en cada fiesta, en cada grupo de 40 personas que dice conocerte de toda la vida? Que cuesta perder un año entero por una rodilla operada mientras el resto de tu vida también se estaba rompiendo. México midió los goles. No midió el precio de los goles y quizás eso también explica las ausencias a entrenamientos.
Quizás explica el divorcio, quizás explica que un hombre de 34 años todavía no pueda volver a su ciudad natal, porque Alan Pulido viene de Tamaulipas, de la ciudad donde desde niño aprendió que la vida puede cerrarte todas las puertas, que el cártel puede cerrar las calles, que el club puede cerrar el contrato, que la rodilla puede cerrar la temporada.
que alguien de tu propia mesa puede cerrar tu libertad y que de todas formas hay que seguir, que sobrevivir no es cuestión de suerte, es cuestión de no soltar el teléfono. Aunque estés atado, aunque no sepas dónde estás, aunque el arma no tenga balas, se llama y se espera que lleguen. ¿Tú cómo recuerdas a Alan Pulido? El gol contra Tigres en la final de 2017, el penal de la Champions de Concacaf o la imagen de ese hombre con una venda en la muñeca diciendo, “Muy bien, gracias a Dios, después de escapar solo de sus
secuestradores. Cuéntanos en los comentarios y si esta historia te llegó, no te imaginas lo que vivió Chicharito Hernández, el delantero más goleador de la historia de México, el que fue el más querido, el que cayó de una manera que México no terminó de entender, está aquí en el canal. Te la dejo arriba.
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