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ALAN PULIDO : CUMPLE 35 AÑOS Y COMO VIVE ES MUY TRITE

ALAN PULIDO : CUMPLE 35 AÑOS Y COMO VIVE ES MUY TRITE

campeón de la MLS, el fichaje más caro de la historia de las Chivas. Y ese mismo hombre siendo secuestrado por su propia gente con la rodilla rota, sin poder salir solo a la calle por los traumas del secuestro. Hoy sabrás quién lo secuestró. Y lo más importante, ¿por qué? Su nombre es Alan Pulido, el puligol de Ciudad Victoria.

 Y la historia que nadie te contó completa es la de un delantero al que le robaron los mejores años tres veces. La primera vez fue un club, la segunda fue alguien de su propia sangre, la tercera fue su propio cuerpo y ninguna de las tres lo tiró al piso para siempre. Hasta ahora. En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron completas sobre Alan Pulido.

 Primera, Tigres le robó dos años de carrera, un lugar del mundo. Segunda, la rodilla que lo borró del mapa un año entero y lo que nadie te cuenta de qué pasó entre su vida personal y el fútbol. Tercera, el regreso a Chivas en 2025. su falta al entrenamiento y el trauma que le quedó que le impedía salir solo a la calle.

 Y la cuarta, el secuestro no fue obra de desconocidos, lo conocía muy bien. Incluso salió con él por la televisión. Hoy sabrás quién fue y por qué esa traición es la parte que Alan Pulido. Nunca terminó de contar. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes la que más duele. Era 2011. Y si seguiste el fútbol mexicano ese año, ¿sabes lo que significó el título de Tigres en el apertura de ese torneo? El primer campeonato de los Tigres desde 1982, 29 años de espera.

 Y el delantero que marcó en la final de vuelta para sellar ese título era un muchacho de 20 años de ciudad Victoria, Tamaulipas, Alan Pulido. Pero antes de hablar de los títulos, hay que hablar de dónde viene este hombre. Ciudad Victoria, Tamaulipas. No es una ciudad que México asocia con el fútbol, es una ciudad que México asocia con otra cosa.

Tamaulipas, en los años en que Pulido creció, era uno de los estados más peligrosos del país. El territorio donde los setas y el cártel del Golfo se disputaba del paisaje cotidiano. Ciudad Victoria era la capital de ese estado. Y en ese ambiente, un niño llamado Alan Pulido decidió que su salida iba a hacer el fútbol. Sus padres lo apoyaron.

 A los 12 años viajó a Monterrey a las fuerzas básicas de Tigres, UANL. Pasó por sub15, sub17, sub20 y la tercera división. Cuatro categorías, 7 años construyendo lo que iba a hacer. No era el más rápido, no era el más alto, no era el que llamaba la atención en el primer entrenamiento, era el que siempre terminaba el partido con el balón en la red, ese instinto, ese olfato de gol que no se enseña, que se tiene o no se tiene.

 Alan Pulido lo tenía en el Apertura 2011 con Tigres lo demostró. Marcó en la final de vuelta Tigres campeón. el primero en 29 años. Y México empezó a ver en ese muchacho de Tamaulipas algo que el fútbol mexicano necesitaba desesperadamente. Un delantero centro mexicano de clase mundial. No eran años fáciles para el gol mexicano.

El país llevaba tiempo dependiendo de delanteros extranjeros para llenar la red en los momentos importantes. El delantero mexicano de calidad era una especie en extinción y apareció pulido con ese cuerpo físico fuerte, con ese instinto de estar en el lugar correcto, con esa capacidad de anotar en partidos que importan que no todos los delanteros del mundo tienen.

 En el apertura 2013 con Tigres tuvo su mejor temporada, 25 goles en todas las competencias, uno de los mejores números de un delantero mexicano en años. El número que hizo que todos los clubes grandes de México y algunos de Europa pusieran su nombre en la lista de seguimiento. En 2014 fue a Brasil con la selección mexicana. El mundial, estar en el mundial a los 23 años, eso no es algo que le pasa a cualquier futbolista, le pasa a los elegidos, a los que el fútbol decide que merecen ese escenario.

México llegó a octavos de final, perdió con Argentina, pero la carrera de Pulido estaba en marcha y nadie creía que nada pudiera detenerla. Lo que no sabían en ese momento era que la primera traición ya estaba preparándose, no en el campo, en los despachos, en los pasillos donde se mueven los contratos y los derechos deportivos y los hombres que deciden el futuro de los jugadores sin preguntarles nada.

En unos minutos te cuento. Hay algo que nadie dice cuando cuentan la historia de Alan Pulido. Algo que explica mejor que cualquier otra cosa. Por qué este hombre llegó a los 34 años con todo lo que logró y con esa sensación de que su carrera quedó a medias de lo que pudo ser. Hay algo que une todos los momentos difíciles de la historia de Alan Pulido.

No es la mala suerte, no es la falta de talento, no es que tomara malas decisiones, es que en los momentos más importantes alguien o algo le quitó el control de su propia historia tres veces. La primera vez fue su propio club, el que lo formó, el que lo vio crecer desde los 12 años. el que le debía todo lo que era como futbolista.

Un club que cuando el jugador quiso ir a Europa, en lugar de negociar, en lugar de sacar provecho económico de su traspaso, decidió que era mejor tenerlo preso, que era mejor tener a un delantero que no quería estar que dejar que creciera en otro lado. La segunda vez fue alguien que estaba sentado en su mesa esa noche, que comió con él, que conocía su cara, que había salido con él en televisión, que sabía exactamente cómo iba vestido y en qué carro se iba a ir.

Alguien de dentro, de la familia, del círculo más cercano. Eso es lo que más duele de ese secuestro. No los setas, no las armas, no las 24 horas de cautiverio. El hecho de que la cadena empezó con alguien que Pulido reconocía y la tercera fue su cuerpo, la rodilla que en 2021 dijo basta en el peor momento posible, cuando estaba en el mejor equipo de su carrera en la MLS, cuando era el jugador más importante de Kansas City, cuando la segunda etapa de su carrera estaba en su punto más alto, el cuerpo dijo, “Basta, tres traiciones.

Tres veces que alguien o algo tomó el volante sin que Pulido pudiera hacer nada para evitarlo y tres veces que se levantó. Hay un objeto en esta historia que lo resume todo. No es un balón, no es un trofeo, es un teléfono celular. El teléfono que Alan Pulido le arrancó de las manos a uno de sus secuestradores en una casa de ciudad Victoria, Tamaulipas, en la madrugada del 29 de mayo de 2016.

El mismo teléfono con el que llamó al 911. El mismo con el que le dio su ubicación a la policía. El mismo con el que se libró ese teléfono. Grábatelo, porque ese teléfono dice más sobre quién es Alan Pulido que cualquier gol que hayas visto en tu vida. Dice que cuando le quitan el control de su historia, Pulido lo recupera.

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