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6,200 Empleados Fantasma — El Sistema Que Milei Destruyó

6,200 Empleados Fantasma — El Sistema Que Milei Destruyó

Era el 15 de diciembre de 2023, apenas 5 días después de que Javier Milei asumiera la presidencia de Argentina. En la lejana provincia de Formosa, a 100 km al norte de Buenos Aires, un hombre observaba la ceremonia presidencial por televisión con una mezcla de desprecio y confianza absoluta.

 Hildoins Fran, a sus 71 años llevaba 28 años consecutivos gobernando Formosa, 28 años ininterrumpidos, más que muchas dictaduras latinoamericanas históricas, más que Fidel Castro en Cuba cuando comenzó su declive, más que cualquier gobernador democrático en la historia moderna de América Latina. Había comenzado en 1995 y simplemente nunca se había ido.

 Seis elecciones consecutivas, seis victorias aplastantes con porcentajes que oscilaban entre el 65% y el 78%. números que harían sonrojar hasta los regímenes más autoritarios del continente. Formosa no era una provincia argentina normal, era el feudo personal de Gildo Ins Fran, un territorio donde el estado y el gobernador eran indistinguibles, donde cada escuela, cada hospital, cada comisaría, cada empleo público dependía directamente de la voluntad de un solo hombre.

 Un mini estado totalitario disfrazado de democracia provincial. Pero lo que Fran no sabía mientras miraba esa ceremonia presidencial era que su reino de casi tres décadas estaba a punto de colapsar en apenas 45 días y que el economista libertario, que acababa de jurar como presidente tenía información sobre Formosa, que destruiría para siempre el sistema feudal que Fran había construido con tanto cuidado durante casi tres décadas de poder absoluto.

 Para entender la magnitud de lo que estaba por suceder, hay que comprender primero qué era Formosa bajo Gildo Insan. La provincia tenía 580,000 habitantes, la menos poblada después de Tierra del Fuego. Económicamente era de las más pobres, con menos del 1% del PIB nacional. No tenía industrias significativas ni recursos naturales excepcionales.

 Era periférica, olvidada, irrelevante para la mayoría de los argentinos. Pero para Hildo Ins Fran, Formosa era su reino personal. El 68% de la población trabajaba directa o indirectamente para el estado. No había sector privado real. Cada familia tenía al menos un miembro que dependía del Estado. Y en Formosa, el estado era insfrán.

 Votar contra él significaba arriesgar tu trabajo, tu salario, tu futuro. La maquinaria clientelar era tan perfecta que la oposición política prácticamente no existía. Los pocos políticos opositores que intentaban competir enfrentaban obstáculos sistemáticos, dificultades para conseguir espacios publicitarios en medios locales que dependían de publicidad oficial.

problemas para conseguir fiscales de mesa el día de las elecciones, porque nadie quería arriesgar represalias. Intimidación sutil, pero efectiva de sus seguidores. Durante la pandemia de COVID-19 en 2020 y 2021, Formosa había sido noticia nacional por razones perturbadoras. Insfran había implementado las restricciones más duras de todo el país, cerrando completamente la provincia, prohibiendo la entrada incluso a formoseños que vivían fuera, creando centros de aislamiento obligatorio que parecían más campos de

detención que instalaciones sanitarias. Organizaciones de derechos humanos denunciaron violaciones sistemáticas, madres separadas de sus hijos, familias desintegradas por meses, personas detenidas contra su voluntad en condiciones inhumanas. Pero Ins Fran había justificado todo con un argumento simple.

 Estoy protegiendo a mi pueblo del virus. Y nadie dentro de Formosa con poder real se atrevió a contradecirlo. Cuando Javier Miley ganó las elecciones presidenciales en noviembre de 2023, INSF Fran había sido uno de los primeros gobernadores en declarar públicamente su oposición frontal. Este gobierno libertario no entiende las necesidades del interior profundo.

Formosa va a defender su modelo social sin importar lo que diga Buenos Aires. Era la arrogancia de quien había gobernado sin oposición real durante casi tres décadas. Insfran genuinamente creía que Formosa era inmune a cualquier presión externa, porque él controlaba absolutamente todo dentro de sus fronteras provinciales.

Pero había un problema fundamental que Infran no había considerado seriamente. Su sistema feudal funcionaba perfectamente mientras el dinero siguiera fluyendo desde el gobierno nacional. Formosa recibía transferencias federales que representaban el 94% de su presupuesto provincial. Solo el 6% provenía de recaudación propia.

 Era una dependencia casi total. Sin esos fondos federales, el sistema colapsaría instantáneamente. Y Miley, con sus equipos de economistas analizando las cuentas provinciales, había identificado algo extraordinariamente sospechoso en los números de Formosa. El 20 de diciembre de 2023, apenas 10 días después de asumir, mi ley convocó a una reunión de gabinete económico específicamente dedicada a las provincias.

Luis Caputo, ministro de Economía, presentó un informe sobre Formosa que dejó a todos en la sala en silencio atónito. Presidente, comenzó Caputo señalando números en la pantalla. Formosa tiene registrado 147,000 empleados públicos provinciales para una población de 580,000 habitantes. Eso significa que uno de cada cuatro formoseños está en la nómina del Estado, incluyendo bebés, ancianos y niños.

 Hizo una pausa para que el número se asimilara. Pero hay algo más grave. Cuando cruzamos los datos de la ANCES con los registros de empleados provinciales, encontramos 4400 personas que cobran salarios del Estado provincial, pero que no tienen ninguna actividad laboral registrada, no trabajan en ninguna oficina, no están asignados a ninguna dependencia específica, simplemente cobran todos los meses.

 Mi ley se inclinó hacia adelante, su atención completamente capturada. Me estás diciendo que hay más de 4000 empleados fantasma cobrando del estado formoseño. Caputo asintió. Exactamente. Y eso representa un gasto de 890 millones de pesos anuales. Dinero que se evapora sin ninguna contraprestación laboral real.

Es un sistema de clientelismo puro. INSFRAN les paga a estos fantasmas y ellos le garantizan lealtad política absoluta, votos en elecciones y militancia territorial. La expresión de mi ley se endureció. Y todo esto se financia con transferencias federales. El 94% del presupuesto formoseño viene de fondos nacionales.

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