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3 fotógrafos desaparecieron en Barranca del Cobre — 6 años después, hallaron su cámara…

3 fotógrafos desaparecieron en Barranca del Cobre — 6 años después, hallaron su cámara…

El 8 de octubre de 2018, tres fotógrafos documentalistas mexicanos Miguel Hernández, Carlos Ruiz y Ana Morales, desaparecieron sin dejar rastro en la barranca del Cobre, Chihuahua. Las autoridades nunca encontraron sus cuerpos. El caso se enfrió con el tiempo, clasificado como accidente en zona de riesgo, pero algo nuevo fue descubierto 6 años después que cambiaría todo.

 El sol de la mañana se filtraba entre los pinos centenarios cuando Javier Mendoza pisó por primera vez en 6 años el sendero que conducía hacia las profundidades de la barranca del cobre. Sus botas militares crujían sobre las hojas secas, cada paso un eco del dolor que había cargado desde aquel octubre maldito de 2018.

 El aire fresco de la sierra Taraumara llenaba sus pulmones, pero no lograba calmar la angustia que lo había perseguido durante todos estos años. Javier había sido el comandante de la búsqueda original. 48 horas sin dormir, helicópteros sobrevolando los cañones, equipos de rescate descendiendo por cuerdas a abismos de más de 1000 m de profundidad. Todo había sido inútil.

Miguel, Carlos y Ana se habían esfumado como si la tierra misma los hubiera tragado. La última señal de sus teléfonos móviles se había registrado cerca del mirador del águila, un punto panorámico conocido por su belleza y por su peligro. El caso había marcado el final de su carrera en la policía federal. Las familias lo culpaban.

 Los medios lo señalaban como incompetente. Su propia conciencia lo torturaba. Había abandonado el cuerpo policial y se había refugiado en un pequeño pueblo de Sonora, trabajando como mecánico, tratando de olvidar. Pero los muertos no descansan y los desaparecidos tampoco permiten que uno duerma en paz. La llamada había llegado tr días atrás.

Comandante Mendoza. Soy el cabo Ramírez. Encontramos algo en la barranca, una cámara fotográfica. Las iniciales MH están grabadas en la correa. Miguel Hernández, el líder del grupo, el joven que había venido desde Ciudad de México con el sueño de documentar la vida de los Raramuri y había terminado convertido en estadística.

 Ahora, 6 años después, la Barranca había decidido develar uno de sus secretos. Javier llegó al campamento base establecido por la nueva investigación cerca de las 11 de la mañana. El lugar hervía de actividad, peritos forenses, agentes ministeriales, equipos de rescate y un par de reporteros que habían logrado burlar el cordón policial.

 La vista desde aquel punto era espectacular. El abismo se extendía por kilómetros, una herida abierta en la tierra que revelaba capas geológicas de millones de años. Era hermoso y aterrador al mismo tiempo. Comandante Mendoza. La voz lo sacó de sus pensamientos. Era el teniente Patricia Vázquez, una mujer de unos 35 años, cabello negro recogido en una coleta militar y ojos que denotaban una inteligencia penetrante.

 Soy la responsable de la investigación renovada. Gracias por venir. Javier le estrechó la mano. ¿Dónde encontraron la cámara? Sígame. Vázquez lo condujo por un sendero empinado hacia un promontorio rocoso. Un grupo de turistas aventureros la halló hace una semana wed entre unas rocas a unos 200 m de profundidad del mirador del águila.

 Por suerte, uno de ellos era exmilitar y tuvo el criterio de no contaminar la escena. Llegaron al borde del precipicio. Javier se asomó con cuidado. A lo lejos, marcado con cinta amarilla, se veía el punto exacto del hallazgo. Una cornisa angosta, accesible solo con equipo especializado. ¿Han revisado el contenido?, preguntó Javier. Esa es la cosa.

 Vázquez sacó una bolsa de evidencia. Dentro estaba la cámara, una canon profesional con signos evidentes de haber estado expuesta a los elementos. La memoria está corrupta. Los técnicos en Ciudad de México están intentando recuperar las imágenes, pero necesitarán tiempo. Javier tomó la bolsa y observó el equipo. Reconoció inmediatamente las iniciales grabadas a mano en la correa de cuero. MH.

 Miguel Hernández era definitivamente suya. ¿Qué más han encontrado? Nada más por ahora. Pero esto cambia la teoría original. Vázquez señaló hacia el valle. Si la cámara apareció a 200 m del mirador, significa que al menos uno de ellos logró bajar hasta ahí. La pregunta es, ¿fue por accidente o a propósito, Javier sintió que algo frío le recorría la espalda.

 En la investigación original habían asumido que los tres habían caído juntos desde el mirador, llevados por sus cuerpos al fondo inaccesible del cañón. Pero si la cámara estaba en esa corniza específica, teniente, han hablado con las familias. con la de Miguel. Sí, su hermana Elena viene en camino desde el DF. Debería llegar esta tarde. Vázquez hizo una pausa.

Comandante, sé lo que pasó hace 6 años. Sé que este caso le costó su carrera, pero lo llamé porque usted conoce los detalles mejor que nadie. ¿Y por qué? Dudó un momento. Porque creo que algo no cuadra en la versión oficial. Era la primera vez en 6 años que alguien expresaba las mismas dudas que habían atormentado a Javier durante tanto tiempo.

 Miró hacia el horizonte, donde las montañas se perdían en la distancia y sintió que quizás había llegado el momento de enfrentar los fantasmas del pasado. “¿Qué necesita de mí?”, preguntó finalmente. Su experiencia, su memoria y su capacidad para ver lo que otros no ven. Vázquez lo miró directamente a los ojos.

 Comandante, creo que lo que les pasó a esos tres jóvenes no fue un accidente. La tarde trajo consigo una brisa fría que descendía de las montañas y el sonido distante de un helicóptero que se aproximaba. Elena Hernández, la hermana de Miguel, llegaba para identificar oficialmente la cámara. Javier se había retirado a una tienda de campaña improvisada tratando de organizar sus recuerdos de la investigación original.

 Los archivos del caso estaban desperdigados sobre una mesa plegable, fotografías de la zona de búsqueda, declaraciones de testigos, reportes meteorológicos de aquellos días de octubre. Todo parecía apuntar hacia la misma conclusión. Tres jóvenes aventureros se habían acercado demasiado al borde, habían perdido el equilibrio y habían caído al abismo.

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