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18 AÑOS DE SILENCIO — RAÚL REYES, los DOCUMENTOS y CEPEDA CONTRA LAS CUERDAS

18 AÑOS DE SILENCIO — RAÚL REYES, los DOCUMENTOS y CEPEDA CONTRA LAS CUERDAS

Cuando mataron a Raúl Reyes en el año 2008, encontraron tres computadores llenos de secretos, secretos tan peligrosos que la Corte Suprema de Justicia de Colombia decidió que era mejor no usarlos nunca. Mejor enterrarlos, mejor olvidarlos. Pasaron 18 años y esos computadores nunca se abrieron aquí en Colombia.

 Pero hoy en una corte de Nueva York, esos mismos computadores están siendo usados como prueba contra Nicolás Maduro. Y ahí adentro hay nombres, hay conversaciones, hay pruebas de cosas que muchos no quieren que se sepan. Y uno de esos nombres es el de un senador colombiano que hoy quiere ser presidente. Esta es la historia de los secretos que Colombia prefirió no conocer y de por qué hoy vuelven a aparecer.

 Bienvenidos a Historia Oculta. Antes de comenzar este relato, dale me gusta a este vídeo y suscríbete al canal y cuéntanos desde qué parte del mundo nos ves. Era la madrugada del primero de marzo del año 2008. Hacía frío en la selva que queda entre Colombia y Ecuador, una selva espesa donde los árboles son tan altos que casi no deja pasar la luz del sol.

Ahí, en ese lugar escondido del mundo, había un campamento guerrillero. No era un campamento cualquiera. Era el campamento de Raúl Reyes, el segundo hombre más poderoso de las FART, después de Manuel Marulanda, el que llamaban tiro fijo. Raúl Reyes era un hombre temido. Llevaba más de 30 años en la guerrilla.

 Conocía la selva como la palma de su mano. Sabía moverse sin hacer ruido. Sabía esconderse cuando era necesario. Pero esa noche del primero de marzo, él no sabía que su vida estaba a punto de terminar. No sabía que a pocos kilómetros de su campamento había soldados colombianos preparándose para atacar.

 El gobierno colombiano llevaba meses siguiendo el rastro de Raúl Reyes. Tenían informantes que les pasaban información. Tenían tecnología que les permitía escuchar conversaciones. Sabían que Reyes se movía entre Colombia y Ecuador, que usaba la frontera como escudo porque pensaba que ahí estaba seguro, que las autoridades colombianas no se atreverían a cruzar la frontera para buscarlo. Pero se equivocó.

 El presidente de Colombia en ese momento era Álvaro Uribe, un hombre que había jurado acabar con las FART, que había convertido la lucha contra la guerrilla en su proyecto de vida. Uribe no iba a dejar escapar a Raúl Reyes solo porque estaba del otro lado de la frontera. Si había que entrar a Ecuador sin permiso, se entraba. La orden fue clara.

Encontrar a Raúl Reyes y eliminarlo. No importaba dónde estuviera. No importaba si eso creaba problemas diplomáticos con Ecuador. Lo importante era darle un golpe duro a las FARC, demostrarles que no había lugar donde pudieran esconderse, que el gobierno los iba a perseguir hasta el último rincón de la selva.

 Los soldados que participaron en esa operación eran de las fuerzas especiales, hombres entrenados para este tipo de misiones, hombres que sabían moverse en la oscuridad, que sabían disparar con precisión, que no temblaban cuando llegaba el momento de actuar. Se pintaron la cara de negro para no ser vistos, cargaron sus armas, revisaron sus equipos y esperaron la señal.

 A las 2 de la madrugada comenzó el operativo. Aviones de la Fuerza Aérea Colombiana volaron bajo sobre la selva, tan bajo que las copas de los árboles se movían con el viento de las hélices. Los pilotos buscaban el campamento de Raúl Reyes, buscaban las coordenadas exactas que les habían dado los servicios de inteligencia.

 Cuando lo encontraron, lanzaron las primeras bombas. El ruido fue terrible. Las explosiones iluminaron la selva como si fuera de día. Los árboles se partieron. La tierra tembló. El campamento guerrillero se convirtió en un infierno de fuego y humo. Los guerrilleros que estaban durmiendo saltaron de sus hamacas sin entender qué estaba pasando.

 Algunos corrieron buscando refugio, otros trataron de tomar sus armas, pero ya era demasiado tarde. Después de las bombas vinieron los helicópteros. Ahí venían los soldados de las fuerzas especiales. Bajaron por cuerdas en medio del humo. Cayeron en el campamento con las armas listas. Empezaron a disparar a todo lo que se movía. La orden era clara.

 No dejar sobrevivientes, no dar oportunidad de escapar. Raúl Reyes trató de huir, salió corriendo de su caleta con un arma en la mano, pero no llegó muy lejos. Los soldados lo vieron, apuntaron, dispararon. Raúl Reyes cayó al suelo. Su cuerpo quedó tirado entre el barro y las hojas.

 El segundo hombre más poderoso de las FARC había muerto. La operación había sido un éxito. Pero lo que los soldados no sabían en ese momento era que habían encontrado algo más valioso que el cuerpo de Raúl Reyes. Cuando revisaron el campamento después del combate. Cuando buscaron entre los escombros y las carpas destruidas, encontraron tres computadores portátiles.

 Uno de ellos estaba en la caleta donde dormía Reyes. Los otros dos estaban en carpas cercanas. También encontraron varias memorias USB. Los soldados no tocaron esos computadores. Sabían que podían contener información importante. Sabían que había que protegerlos, que había que entregarlos a los investigadores sin que nadie los manipulara.

 Entonces los metieron en bolsas plásticas, los sellaron, escribieron la hora y el lugar donde los habían encontrado y los enviaron en helicóptero a Bogotá. Cuando los computadores llegaron a la capital fueron entregados al cuerpo técnico de investigación de la fiscalía. Ahí había expertos en informática forense, gente entrenada para revisar este tipo de equipos sin dañar la información, sin alterar nada.

 El trabajo de ellos era hacer una copia exacta de todo lo que había en esos discos duros, guardar cada archivo, cada correo, cada foto, cada documento. El proceso tomó varias semanas. Los expertos trabajaron día y noche. Usaron programas especiales para recuperar incluso los archivos que habían sido borrados.

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