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11 escaladores se perdieron en Yosemite — una cámara reveló quién los fotografió años después

11 escaladores se perdieron en Yosemite — una cámara reveló quién los fotografió años después

En marzo de 2019, 11 escaladores mexicanos desaparecieron sin dejar rastro en el valle de Josemite, California. Las autoridades suspendieron la búsqueda tras seis semanas. El caso se enfrió, pero en 2024 una cámara digital encontrada en el hielo del glaciar reveló fotografías imposibles. Alguien los había estado observando.

 El amanecer sobre el valle de Yosémite pintaba las paredes de granito con tonos dorados y carmesí, pero Daniel Estrada no podía ver la belleza. Sentado en la terraza de madera de su cabaña en las afueras de Monterrey, sostenía entre sus manos temblorosas una pequeña cámara digital cubierta de tierra y musgo.

 La pantalla agrietada mostraba una imagen que lo había perseguido durante 5 años. El rostro sonriente de su hermano menor, Mateo, posando frente a el capitán, apenas horas antes de desaparecer junto a sus 10 compañeros de expedición. Daniel era ingeniero civil, un hombre de 42 años acostumbrado a resolver problemas con lógica y cálculos, pero ninguna ecuación podía explicar lo que había encontrado.

 La cámara no pertenecía a ninguno de los escaladores desaparecidos. Los metadatos indicaban que las fotografías habían sido tomadas después de que el grupo reportara su última posición. Y lo más perturbador, las imágenes mostraban ángulos imposibles, como si alguien los hubiera fotografiado desde posiciones inaccesibles, desde las alturas verticales donde solo las águilas se atrevían a volar.

 Durante 5 años, Daniel había vivido en un limbo entre la esperanza y el duelo. Su madre rezaba cada noche el rosario, convencida de que Mateo volvería. Su padre había envejecido una década en meses, consumido por la culpa de haber financiado aquella expedición de ensueño, que se convirtió en pesadilla. Las autoridades estadounidenses habían archivado el caso como accidente de montaña con múltiples víctimas no recuperadas, pero Daniel nunca lo aceptó.

 Ahora, con esa cámara en sus manos, sabía que la verdad había estado esperando bajo el hielo todo este tiempo. Alguien había estado allí, alguien había visto lo que sucedió. Y Daniel Estrada no descansaría hasta descubrir quién era esa sombra en la montaña que había capturado los últimos momentos de su hermano con vida. La historia de los 11 escaladores comenzó 2 años antes de su desaparición en una reunión del club de montañismo Valle Alto en San Pedro Garza García.

 Mateo Estrada, 26 años, instructor de educación física y guía certificado de montaña, había propuesto la expedición durante una noche de lluvia torrencial. Sus ojos brillaban con esa pasión incontrolable que Daniel conocía desde que eran niños. El capitán, había dicho Mateo desplegando fotografías sobre la mesa.

 Es la pared vertical más icónica del mundo, 900 m de granito puro. Queremos ser el primer grupo mexicano en completar la ruta Noss en estilo tradicional, sin asistencia moderna. Los otros 10 miembros del club habían aplaudido. Eran personas de diferentes edades y profesiones. Roberto Cifuentes, arquitecto de 50 años y veterano escalador.

 Carmen Ibarra, médica de urgencias de 34, los hermanos Velázquez, Ingenieros Petroleros, Ana Lucía Torres, profesora de filosofía, Javier Mendoza, bombero, tres estudiantes universitarios de Ciencias Ambientales y el más joven Emilio Garza. de apenas 19 años. Daniel recordaba esa noche con dolorosa claridad.

 Había estado presente en la reunión observando desde una esquina mientras su hermano menor cautivaba al grupo con su entusiasmo. “Ven con nosotros”, le había pedido Mateo. Después necesitamos alguien que entienda estructuras, resistencia de materiales. Pero Daniel había rechazado la invitación. Tenía un proyecto importante en la constructora.

 Su esposa Laura estaba embarazada de su primer hijo y si era honesto consigo mismo, le aterraban las alturas. Prefería los cálculos seguros en papel que la roca impredecible bajo sus pies. Siempre tan práctico, hermano, había bromeado Mateo, abrazándolo. Cuando regresemos, te llevaré a conocer a mi hijo. Serán primos. Crecerán juntos.

 Esas fueron las últimas palabras que intercambiaron en persona. Los meses siguientes fueron de preparación intensa. El grupo entrenó en el cañón de la Guazteca, en potrero chico, perfeccionando técnicas, probando equipo, construyendo la confianza absoluta que requería una escalada de esa magnitud.

 Daniel recibía videos por WhatsApp.  Mateo colgando de una pared, sonriendo con el viento agitando su cabello negro. Estamos listos”, decía en uno de ellos. “Esto va a cambiar nuestras vidas”. La expedición partió el 15 de marzo de 2019. 11 escaladores, 28 maletas de equipo, sueños compartidos y una determinación inquebrantable.

Llegaron a Yosémite en dos camionetas rentadas, instalaron su campamento base en el valle  y durante 3 días hicieron reconocimiento de la ruta, estudiando cada grieta, cada saliente, cada punto de anclaje potencial. El cuarto día comenzaron el ascenso. Las primeras comunicaciones fueron entusiastas.

 Mateo enviaba actualizaciones cada 6 horas. Primer bibac establecido a 200 m. Todo perfecto. Fotografías del equipo sonriente colgando de sus arneses como arañas felices contra el granito infinito. La familia Estrada seguía cada mensaje con mezcla de orgullo y ansiedad contenida. Pero el séptimo día, el 22 de marzo, las comunicaciones cesaron abruptamente.

 El último mensaje de Mateo llegó a las 14:37 horas. Clima cambiando rápido, viento fuerte. Nos refugiamos en Portalge nivel 4. Esperaremos a que pase. No se preocupen. Después de eso, silencio absoluto. Daniel había estado en su oficina cuando su madre llamó. Histérica. No responde Daniel. Ninguno responde. Algo está mal.

 Lo siento en el alma. Había intentado tranquilizarla. Razonar que el mal tiempo interfería con las señales,  que Mateo era profesional, que sabía exactamente qué hacer. Pero cuando pasaron 24 horas sin noticias, Daniel sintió el primer aguijón del terror verdadero. Llamó al servicio de parques nacionales de Yosémite.

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