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¡POR BOCÓN! Maromero Páez DESTRUYÓ al tailandés que INSULTÓ al boxeo MEXICANO

Let’s go to Jimmy Lennon Jr. I can’t stand this. Oh, [ovación] La noche del 23 de octubre de 1989, el boxeo profesional vivió uno de sus episodios más vergonzosos y a la vez más brillantes. En el Great Western Forum de Los Ángeles, un mexicano de Mexicali convirtió el ring en un circo literal. Humilló a su rival mientras hacía maromas y enfureció tanto a la Comisión Atlética de California que ordenaron detener la pelea en pleno desarrollo.

Pero espera, porque lo que estás a punto de descubrir es mucho más turbio de lo que imaginas. Detrás de esta pelea había un complot del legendario promotor Don King para aniquilar al excéntrico Jorge Maromero Páez usando a un filipino como arma secreta. Lo que nadie esperaba era que el payaso resultara ser un asesino disfrazado y que cuando la comisión le exigió dejar de burlarse y pelear en serio, desataría una brutalidad que dejaría a todos boquiabiertos.

Quédate hasta el final porque te revelaré el momento exacto en que los oficiales le gritaron al árbitro que detuviera el circo. Como PAES respondió con una violencia calculada y por qué esta pelea sigue siendo una de las más polémicas en la historia del boxeo mexicano. Esto es mucho más que una pelea.

Es la historia de como un acróbata de circo humilló al establishment del boxeo y salió triunfante. corría el año 1989 y el boxeo mundial tenía los ojos puestos en un fenómeno mexicano que desafiaba todas las reglas del deporte. Jorge Adolfo Febles Páez no era un boxeador común y corriente. Este hombre de Mexicali, Baja California, había crecido literalmente entre leones, trapecistas y payasos en el circo Hermanos Olvera.

Su infancia transcurrió bajo la carpa, donde aprendió a hacer backflips, maromas y acrobacias que dejarían sin aliento a cualquier gimnasta olímpico. Pero su tío Heriberto Febles Olvera, vio algo más en ese niño delgado y ágil. le enseñó a usar los puños. La misión era simple, expulsar a golpes a quienes se colaran al circo sin pagar.

Así nació el guerrero detrás del payaso. El apodo Maromero vino después de su primera victoria como boxeador profesional cuando celebró ejecutando una maroma perfecta en el centro del ring. La gente enloqueció. Había nacido una estrella, pero no una estrella convencional. Páez no solo ganaba peleas, las convertía en espectáculos teatrales con cortes de pelo extravagantes que incluían inscripciones rapadas en la nuca, disfraces coloridos y pasos de baile que parecían sacados de un video de Michael Jackson.

Para 1988, este excéntrico personaje logró lo impensable, conquistar el campeonato mundial pluma de la IBF al derrotar a Calvin Grove en una batalla de 15 asaltos, la última pelea por un título mundial con esa duración. Páez iba perdiendo en las tarjetas de los tres jueces, pero en el último round derribó tres veces al campeón estadounidense y se llevó la victoria por decisión unánime.

México tenía un nuevo ídolo, pero el mundo del boxeo no sabía qué hacer con él. La controversia rodeaba a Paes como una segunda piel. Los puristas del boxeo lo odiaban con pasión. Decían que era una burla al noble arte, que sus payasadas insultaban a los grandes campeones de la historia, que convertía peleas serias en sketches de comedia. Pero las masas lo adoraban.

Las televisoras peleaban por transmitir sus combates porque garantizaban rating. HBO le ofreció contratos millonarios. Don King, el promotor de los pelos parados y las manos sucias, veía en paes una mina de oro, pero también un problema. King controlaba a muchos boxeadores y quería que sus peleadores derrotaran al mexicano para quedarse con todo el pastel.

Así fue como comenzó a buscar el arma perfecta para destruir al maromero. Necesitaba alguien rápido, alguien con experiencia, alguien que pudiera seguir el ritmo frenético del mexicano y creyó encontrarlo en Alan Makitoki, un filipino nacido en Manila, pero radicado en Stockton, California. Makitoki tenía 31 victorias con 21 knockouts en su haber.

No era una superestrella, pero era rápido, duro y experimentado. Había sobrevivido 47 peleas profesionales. Don King pensó que la velocidad asiática del filipino podría neutralizar las acrobacias mexicanas de PAES. Organizó el combate como una atracción especial de peso ligero, sin título en juego. Programado para 10 rounds en el Great Western Forum.

Páez aceptó la pelea con una condición. Pelearía 10 libras por encima de su peso natural. En lugar de las 126 libras de su división pluma, subiría al ring pesando 135 libras como lightweight. ¿Por qué? Porque el maromero no solo quería ganar, quería hacer un espectáculo inolvidable y sabía que con peso extra podría aguantar más rounds de show antes de finalizar a su rival.

La noche del 23 de octubre, el Great Western Forum estaba repleto. La expectativa era enorme. Jimmy Lennon Jr., el legendario anunciador, presentó primero a Alan Makitoki. 31 victorias, 15 derrotas, un empate, 21 knockouts, pesando 134 libras con Trunks blancos con ribete negro. Los aplausos fueron corteses, pero sin emoción.

Luego llegó el momento que todos esperaban. La arena se oscureció, la música retumbó y apareció él. Jorge Maromero Páez entró al ring con trunks negros y verdes, un corte de pelo que parecía diseñado por un niño de 5 años con una rasuradora eléctrica y una sonrisa que decía claramente, “Prepárense para el show de sus vidas.

” Pesaba 135 libras, portaba un récord de 31 victorias, dos derrotas y dos empates con 25 knockouts. Era el campeón mundial pluma de la IBF, aunque esa noche no defendería su título. El árbitro Larry Rosadas llamó a ambos peleadores al centro del ring para dar las instrucciones. Makitoki lucía serio, concentrado, profesional.

Páez lucía como si estuviera a punto de subirse a un carrusel. en una feria. Sonreía, movía los hombros al ritmo de una música que solo él podía escuchar. Los comentaristas de televisión ya empezaban a burlarse sutilmente. Es un gran peleador cuando deja de payasear, decía uno. Parece que no hubiera luces en la barbería donde se cortó el pelo, agregaba otro entre risas.

La campana sonó y comenzó el espectáculo. Desde el primer segundo del primer round, Pa dejó claro que esto no sería una pelea de boxeo convencional. En lugar de avanzar con guardia alta y estudiando a su rival, salió bailando, literalmente bailando salsa en el centro del ring. Makitoki intentó atacar con japs rectos, pero Paes esquivaba con movimientos de cadera dignos de un bailarín profesional.

Luego venía el contraste violento. Después de 3 segundos de baile, el maromero soltaba una ráfaga de cinco golpes consecutivos que impactaban limpiamente en la cara del filipino. La velocidad de sus manos era escalofriante. Los comentaristas exclamaban, “¡Wow! ¡Qué rápido es!” y luego volvía a bailar. Era una tortura psicológica perfecta.

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