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¡La Venganza de Palacio! El cerco implacable contra Samuel García y la oscura trama del huachicol fiscal en Nuevo León

El estado de Nuevo León, indiscutible motor industrial y económico de México, se encuentra inmerso en lo que podría definirse como el huracán político y judicial más devastador de su historia reciente. En el ojo de esta tormenta perfecta se halla el gobernador Samuel García Sepúlveda, cuya administración y, más preocupante aún, su círculo familiar más íntimo, enfrentan acusaciones de una gravedad sin precedentes. Lejos de la imagen fresca, moderna y amigable que ha proyectado incansablemente a través de las redes sociales —el conocido fenómeno “fosfo fosfo”—, la realidad que emerge de los diversos expedientes de investigación dibuja un panorama absolutamente sombrío, tejido con los intrincados hilos del lavado de dinero, la masiva evasión fiscal y vínculos documentados con el crimen organizado a través del contrabando de hidrocarburos.

El epicentro de este auténtico terremoto financiero es la firma legal García Macorro y Asociados, un despacho jurídico fundado por el padre y el hermano del actual mandatario estatal, y en el cual, según apuntan diversas fuentes documentales, el propio Samuel García ha figurado como socio accionista. Las cifras que se manejan en las indagatorias son, cuando menos, escandalosas. Tan solo en los primeros años de la actual administración gubernamental en Nuevo León, este despacho logró facturar más de 1,700 millones de pesos, el equivalente a unos 90 millones de dólares. Para dimensionar adecuadamente esta cantidad, resulta imperativo cuestionar cuántos bufetes de abogados en plazas tan competitivas e históricas como Monterrey, Guadalajara o la capital del país logran, tras décadas de servicio intachable y litigios de alto nivel, alcanzar semejantes volúmenes de facturación. La rápida e injustificada acumulación de capital levantó evidentes sospechas en los órganos de inteligencia financiera, desembocando en una profunda investigación sobre el verdadero origen de estos millonarios fondos.

Las pesquisas indican que García Macorro y Asociados dejó de operar como una firma legal tradicional para transformarse velozmente en lo que, en el argot de las autoridades de seguridad, ya se conoce como un “wachi-despacho”. Su cartera de clientes está abrumadoramente compuesta por grandes gasolineros y operadores logísticos de combustibles. En sus inicios, el modelo de negocio del bufete consistía en la comercialización de un e

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