Posted in

La Terrible Verdad de Raúl Velasco que le Costó la Vida (YURI LO SABE TODO)

Raúl Velasco murió un domingo con la piel teñida de amarillo, el hígado destruido por dentro y una verdad que ningún periodista mexicano se atrevió a publicar mientras él todavía estaba vivo. Esa fecha no fue casualidad. Durante 30 años, cada domingo a las 6 de la tarde, Velasco guardaba dentro de su escritorio una libreta negra encuadernada en piel con los nombres exactos de los artistas que pensaba destruir.

Antes de que termine este video, vas a saber qué escribió ahí dentro y por qué esa libreta desapareció la misma semana en que él dejó de respirar. Llevo semanas revisando archivos de productores que estuvieron dentro del estudio de siempre en domingo y declaraciones de los artistas que sobrevivieron a su programa. Quédate hasta el final porque vas a entender exactamente qué fue lo que pudrió a Raúl Velasco desde dentro y vas a saber el nombre de la cantante que cargó con ese mismo secreto durante más de 40 años en silencio.

Para millones de familias latinoamericanas, Raúl Velasco fue el señor amable que llevaba a sus ídolos a la sala de la casa cada domingo. Pero quienes lo conocieron lejos de las cámaras recuerdan a un hombre capaz de borrarte del mapa solo para confirmar que todavía podía hacerlo. Pero antes de meterte dentro de esa habitación de Acapulco donde murió, hay algo que necesitas entender.

que para comprender cómo un hombre termina muriendo así, con el hígado destruido y rodeado de un silencio incómodo, hay que volver a 1933, a una calle estrecha de Celaya, Guanajuato, a un local con olor a piloncillo y café molido que se llamaba La Violeta. Ese era el negocio familiar de los Velasco, una tienda de abarrotes pequeña, atendida por su madre y su padre.

donde Raúl creció midiendo el peso del dinero desde antes de saber leer bien. En esa tienda aprendió tres cosas que después aplicaría sin culpa durante toda su vida. La primera, que el que tiene el producto pone las reglas. La segunda, que la gente entra a tu local con la cabeza agachada cuando necesita algo. Y la tercera, la más importante, que sonreír mientras cobras de más es la mejor estrategia que existe.

Trabajó como mensajero, manejó un tractor en los campos del vajío y se ganó la vida después como chóer de camiones. A los 20 años subió a un autobús con una maleta de cartón rumbo a la Ciudad de México, sin avisar a casi nadie en su casa. En la cabeza llevaba una idea fija que ya no lo abandonó nunca.

Jamás volver a ser el que pide permiso. En la capital consiguió un trabajo de contador en el Banco Nacional de México. De día sumaba números ajenos dentro de una oficina sin ventanas. De noche escribía columnas para revistas pequeñas que casi nadie leía. Una de esas columnas cayó en manos del periodista Fernando Marcos y Marcos le abrió la primera puerta, la que cambió todo.

Hacia mediados de los años 60, Raúl Velasco entró a la televisión por la puerta de atrás, presentando programas modestos donde por primera vez en su vida tuvo un micrófono delante y algo más peligroso todavía. tuvo público. Pero lo que ocurrió en diciembre de 1969 es lo que convirtió a ese contador tímido de Celaya en el hombre que terminaría agonizando en Acapulco.

Emilio Azcárraga Milmo, dueño absoluto de Televisa, le entregó las llaves de un programa nuevo. Domingos a las 6 de la tarde, 4 horas en vivo, sin guion ni freno y con la certeza de que dentro de ese estudio no había nadie por encima de él. Lo bautizó siempre en domingo. Desde ese instante, la vida de Raúl Velasco dejó de pertenecerle a él y empezó a pertenecerle a una bestia que él mismo alimentó cada domingo durante 29 años seguidos.

En los primeros meses todavía era el invitado el que dictaba el ritmo. Velasco preguntaba con paciencia y dejaba hablar a sus invitados como cualquier buen anfitrión. Algo se le quebró por dentro la primera vez que vio a un cantante famoso esperarlo dos horas dentro de un camerino sin atreverse a moverse de la silla por miedo a perder los 4 minutos al aire que él había prometido.

Esa imagen, la del cantante esperando con las manos sudadas le gustó. le gustó demasiado. Para finales de los 70, ya nadie en la industria hispana de la música se atrevía a sacar un disco sin pasar antes por su escritorio. Y dicen que dentro de ese escritorio había una libreta negra, pequeña, encuadernada en piel, que sus colaboradores más cercanos sí llegaron a ver y muy pocos se atrevieron a tocar.

Adentro, según versiones recogidas por varios productores que trabajaron con él, había dos columnas. En una iban los nombres de los artistas que entraban al programa, en la otra los nombres que jamás iban a pisar el estudio sin importar el talento que tuvieran. Esa libreta sigue desaparecida hoy, casi dos décadas después de su muerte.

Antes de que termine este video, vas a entender exactamente lo que estaba escrito dentro. y lo que les hizo a las personas que tuvieron la desgracia de aparecer en la columna equivocada. Porque la primera persona que sintió de verdad el peso de esa libreta no fue un artista veterano de los años 60, fue una niña de 14 años con voz de adulta que no entendía dónde se estaba metiendo.

Se llamaba Yuridia Valenzuela Cansecoo. En su casa de Veracruz le decían simplemente Yuri. Había nacido el 6 de enero de 1964 en un puerto donde el calor pega tan fuerte que la voz de una niña se vuelve adulta antes de los 10 años. Empezó a cantar profesionalmente a los 12 dentro de un grupo familiar llamado Los hermanos Valenzuela.

Antes de cumplir los 14, ya tenía un disco grabado y los ojos de medio Veracruz, mirándola subir al escenario los fines de semana. Pero el salto que la sacó de un puerto del Golfo y la sentó delante de toda la televisión mexicana no lo dio ella, lo dio Raúl Velasco. En algún momento de 1978, una grabación de la niña cantando llegó al escritorio del conductor, según contó después uno de los productores que trabajó dentro de siempre en domingo.

Durante esa época, cuando Velasco escuchó esa voz, hizo dos llamadas seguidas. La primera para confirmar que la niña todavía no tenía un manager fuerte protegiéndola. La segunda, para mandar a alguien a Veracruz a buscar a la madre. Y aquí empieza algo que la mayoría de la gente nunca quiso conectar. La madre de Yuri, Dulce Canseco, llegó a Ciudad de México con una pistola dentro del bolso y dicen que la cargó durante años sin separarse de ella ni un solo día, mientras su hija estaba al lado de Raúl Velasco.

La frase exacta de Yuri, pronunciada en 2022, casi 40 años después de aquellos primeros viajes a Televisa, fue esta. Don Raúl Velasco fue como un padre para mí. Y además mi mamá cargaba pistola. Lo soltó entre risas durante una entrevista grabada para un programa mexicano cuando una reportera le preguntó por los viejos rumores de una relación inapropiada entre ella y el conductor.

Yuri se ríó. La reportera no se ríó y el clip de esa entrevista todavía circula en las redes sociales mexicanas porque hay algo en la forma en que ella suelta esa frase. Mitad chiste, mitad confesión, que la gente percibe sin necesidad de explicación. Esa frase cuenta dos cosas al mismo tiempo.

Read More