Había una mujer en México que sabía exactamente cómo funcionaba el poder. No era presidenta, no tenía un cargo oficial que la pusiera al frente, pero según quienes la conocieron de cerca, con una sola llamada telefónica podía mover contratos, silenciar periodistas, abrir o cerrar puertas en Los Pinos. Y su nombre era Marta Sajagun.
Y en ese mismo México de comienzos del año 2000 había un hombre que también sabía exactamente cómo funcionaba el poder. Pero el de él venía del escenario, de los ranchos, de las noches de palenque y de los años de lucha, en los que pasó de repartir leche en burro en la sierra de Guerrero a llenar estadios enteros. Su nombre era Juan Sebastián.
Y entre estos dos hay quienes dicen que existió una conexión que va mucho más allá de lo que se vio en las fotografías, porque sí hubo fotografías. Hay constancia de que Joan Sebastián visitó el rancho de Vicente Fox y Marta Saagún en León, Guanajuato. El 2 de febrero de 2014, cuando el cantante ya cargaba con 16 años de batalla contra el cáncer, apareció allí.
Pero lo que nadie explicó bien fue qué fue exactamente a hacer. Y lo que nadie preguntó en voz alta fue si esa visita era la primera o si había muchas otras que nunca se fotografiaron. Eso es lo que vamos a explorar hoy. Para entender todo lo que viene, hay que empezar desde el principio. Y el principio de Marta Saaggún no fue Los Pinos.
Fue una ciudad de provincia, una carrera política menor y un matrimonio complicado. Marta Saagún nació el 10 de abril de 1953 en Zamora, Michoacán. Hija de médico, familia de clase media, educada en colegios religiosos. Durante años fue maestra de inglés en la Universidad Laista Benavente. Una vida sencilla, una vida sin nada que anticipara lo que vendría.
Se metió al PAN el partido Acción Nacional en 1988 y allí intentó ser presidenta municipal de Celaya. Perdió. Pero perder en política no siempre es perder del todo. A veces perder es exactamente lo que te pone en el camino correcto, porque fue precisamente en ese momento cuando Vicente Fox la invitó a ser vocera de su gobierno en Guanajuato y Marta aceptó de inmediato.
Para entonces cada uno estaba casado con otra persona. Marta con Manuel Briviesca Godoy, con quien tenía tres hijos. Fox con Lilián de la Concha, de quien se había separado en 1991. Pero la proximidad del trabajo, las largas noches de campaña, la complicidad que nace cuando dos personas construyen algo juntas, hizo lo que hace siempre.
El propio Fox lo contó en una entrevista con Jordi Rosado años después con esa manera suya de decir todo sin decir nada. Estábamos los dos en campaña, registrados en el mismo hotel. Lo que no te voy a decir es quién fue el que tocó a la puerta del cuarto de quién. frase que lo dice todo. Y cuando Fox ganó la presidencia en julio del año 2000, terminando con 71 años de gobierno priista, Marta ya no era solo la vocera, era la mujer que él amaba.
Y en julio de 2001 se casaron a las 8 de la mañana en Los Pinos con apenas seis personas presentes. Tan discreto como lo que estaba a punto de comenzar, era todo lo contrario, porque Marta Saagún no iba a ser una primera dama callada. Las primeras damas de México históricamente eran señoras que acompañaban, que sonreían en las fotos.
que inauguraban hospitales y escuelas con una sonrisa ensayada. Eran figuras decorativas. Nadie les preguntaba su opinión sobre política. Nadie esperaba que tomaran decisiones. Marta Sahajagun cambió ese modelo de raíz y lo que la hizo diferente no fue lo que hacía en público, fue lo que hacía en privado. La periodista Anabel Hernández, que lleva décadas investigando los corredores del poder en México, lo documentó así.
Marta era conocida como quien realizaba abiertos tráficos de influencia para favorecer a empresarios. Por ese tráfico de influencias cobraba en efectivo o en especie. ¿Qué quiere decir cobrar en especie? Significa que si alguien quería sentarse con la primera dama, primero tenía que dejar algo en la mesa.
Joyas, autos, contratos. porcentajes. Según las investigaciones periodísticas de esa época, el acceso a Marta Sahagun y el acceso a Marta Saagun era, en los hechos, el acceso al presidente de México. Un académico lo resumió con brutalidad. En el sexenio de Fox, quien tuvo más poder inclusive que el presidente fue su esposa.
Más poder que el presidente de México, en el país de mayor peso e importancia de todo el mundo de habla hispana. una mujer de Zamora, Michoacán, maestra de inglés, que perdió una elección municipal de Celaya con más poder que el presidente. Si eso no les parece una historia extraordinaria, esperen a escuchar lo que viene.
Vamos a hablar de la Fundación Vamos México, porque ahí está el corazón de todo. En septiembre de 2001, dos meses después de la boda, Marta creó la Fundación Vamos México, en teoría, una organización para ayudar a los más necesitados, indígenas, discapacitados, mujeres en pobreza extrema. El discurso era hermoso. La realidad, según investigadores y periodistas, era una historia completamente diferente.
El primer acto de la fundación fue inaugurarse con un concierto de Elton John en el castillo de Chapultepec. El castillo, el patrimonio histórico de todos los mexicanos para un evento privado de recaudación de fondos. Las críticas llegaron de inmediato. Nadie le hizo caso. Con el tiempo, el Financial Times publicó una investigación que revelaba que menos de la mitad de las donaciones llegaban a donde se decía que iban.
El resto se quedaba en la fundación, en gastos de operación, en salarios, en eventos. ¿Qué clase de eventos? Pasarelas de moda en San Miguel de Allende. Torneos de golf con premios de Porsche Boxter y motocicletas Harley Davidson. cenas de gala en Haciendas de Guanajuato, donde los invitados llegaban en traje de alta costura, todo con el sello de moda con causa y golf con causa, una causa que era muy difícil de ver en las fotografías donde Marta posaba sonriente junto a diseñadores de alta costura europeos y la fundación no dejó de crecer.
Para 2022 ya tenía un patrimonio acumulado de 81 millones de pesos. Ese año destinó exactamente 6 millones a actividades altruistas, el resto ahorrado. Y Marta Saagú cobrando un salario de la fundación, más de un millón y medio de pesos en dos años pagados por una organización sin fines de lucro. Pero lo más revelador de la fundación no era el dinero, era lo que pasaba en sus eventos.
Porque según hay quienes dicen, los eventos de Vamos México no eran solo fiestas de ricos, eran espacios donde se hacían negocios, donde los empresarios que querían contratos del gobierno iban a mostrar su cara, donde los artistas que querían protección y visibilidad iban a sentarse en la misma mesa que la mujer que movía los hilos.
¿Fue Joan Sebastian uno de esos artistas? Eso es lo que hay quienes dicen que nunca se aclaró del todo. Ahora vamos a hablar del hombre. Porque no se puede entender la historia sin entender quién era Joan Sebastián en esos años. Estamos en los primeros años del 2000. Joan Sebastian tiene entre 49 y 54 años. Lleva más de dos décadas en la industria.
Ha ganado premios Gramy, ha llenado estadios, ha compuesto canciones para Vicente Fernández, para Alejandro Fernández, para Rocío Durcal, para Lucero, para Talía y tiene algo que muy pocos artistas de su generación tienen, un empire paralelo a su carrera musical. 51 propiedades en cuatro estados, 50 caballos solo en su rancho principal, un avión privado, 40 trabajadores y sus familias viviendo en sus ranchos.
una hacienda del siglo XVII en Jalisco que originalmente fue regalo del presidente Álvaro Obregón a su hija. Un hombre así no es solo un cantante, es una institución, es un poder en sí mismo. Pero Joan Sebastian también cargaba algo que nadie en su mundo sabía bien cómo manejar. Desde 1999 él sabía que tenía cáncer, mieloma múltiple.
El pronóstico, uno a 5 años de vida. Y él llevaba ya 6, 7, 8 años vivo cuando estos hechos ocurrían. Vivo y lleno de proyectos. Vivo y con más energía que artistas 20 años más jóvenes. Vivo y con una lista de cosas que quería dejar resueltas antes de irse. Un hombre con esa historia, con ese peso, con ese sentido de urgencia, no desperdicia visitas, no va a ningún lado sin una razón.
Cada conversación importa. Cada mano que estrecha tiene un significado. Y en ese contexto la visita al rancho de los Fox en 2014 cobra una dimensión completamente diferente. Pero antes de llegar a 2014 hay que entender lo que pasó en los años de oro del foxismo. Corría el año 2002 y Joan Sebastián acababa de lanzar. Lo dijo el corazón.
Grammy y Latin Grammy, el artista más premiado de México. Un nombre que sonaba en toda América Latina, en Estados Unidos, en España. Y en Los Pinos. Marta Sahagun estaba en la cúspide de su poder. Su fundación recibía donaciones de Bill Gates, de empresas multinacionales, de los empresarios más ricos de México.
Y según las investigaciones, los hermanos Briviesca ya empezaban a aparecer en todos los escenarios. Hay algo que vale la pena entender sobre cómo funcionaba ese sistema. Lino Corrodi, el hombre que manejó las finanzas de la campaña de amigos de Fox, lo describió así: Marta nunca los traía con ella, pero de un momento a otro sus hijos empezaron a aparecer en todos los escenarios, en todas las reuniones y agregó algo devastador.
Marta les enseñó a sacarle provecho a los favores. Aprende de tu mamá. Así de sencillo y así de brutal. Marta Saagun, según sus críticos más documentados, no solo practicaba el tráfico de influencias, lo enseñaba, lo transmitía como se transmite una receta familiar, de madre a hijos. Y en ese mundo donde se enseñaba a sacarle provecho a los favores, un artista del peso de Joan Sebastian era un activo muy valioso, no por su dinero, no por sus propiedades, sino por algo mucho más difícil de comprar, su imagen, su legitimidad
popular, su capacidad de hacer que millones de mexicanos sintieran que algo era auténtico, cercano. real, porque Joan Sebastian no era un artista para la clase alta, era el poeta del pueblo, el hombre del sombrero y la guitarra que hablaba el idioma de las rancherías, de los campos, de las cocinas de las abuelas.
El artista que hacía llorar a las señoras mayores y al mismo tiempo llenaba los palenques, donde se reunían los hombres más poderosos de cada región. ¿Quién no quisiera tener a ese hombre de su lado? Hay algo que muy poca gente sabe. Joan Sebastian tenía una relación muy particular con el mundo de las haciendas y los ranchos de la élite mexicana.
No era solo que le gustaran los caballos, aunque los amaba con una devoción que rayaba en lo obsesivo. Era que ese mundo era el espacio donde los poderosos se relajaban, donde bajaban la guardia, donde la formalidad del poder se convertía en algo más humano y más peligroso al mismo tiempo. En los palenques, Joan Sebastian era el rey.
cantaba para hombres con sombrero de paja y botas de cuero que valían más que un año de salario de un trabajador. Cantaba para mujeres cargadas de joyas que aplaudían con las manos perfectamente manicuradas. y cantaba, según hay quienes dicen, para otro tipo de gente también, para hombres que llegaban sin anunciarse, que ocupaban las mesas de honor sin que nadie se los pidiera, que aplaudían con la misma intensidad, pero con algo diferente en los ojos.
Eso es lo que Anabel Hernández documentó en 2021 en su libro Ema y las otras señoras del narco, que Joan Sebastián habría amenizado eventos donde estaba presente gente de los Beltrán Leiva, que su finca en Juliantla habría sido sede de reuniones donde aparecieron nombres como Arturo Beltrán Leiva, Edgar Valdés Villarreal, la Barbie, el Chapo Guzmán y el Mayo Zambada.
Joan Sebastian lo negó en vida. Su familia lo negó después de su muerte. No existe evidencia física que respalde esos testimonios. Pero los testimonios existen. Y en el juicio contra Genaro García Luna en 2023, Sergio Villarreal Barragán, el Grande, los repitió ante un tribunal federal de Estados Unidos. Genaro García Luna, secretario de seguridad pública del gobierno de Felipe Calderón, pero antes de eso, creador y titular de la Agencia Federal de Investigación durante el sexenio de Fox, el hombre de seguridad
más poderoso del México del foxismo. Y el hombre cuyas cuentas bancarias, según los investigadores estadounidenses, aparecieron vinculadas a las mismas redes financieras que rastreaban a los hijos de Marta Saaggún. 87 millones de dólares en cuentas vinculadas a las mismas redes. ¿Fue esa conexión financiera algo que Marta Saagún conocía? ¿Fue algo que ella movió o simplemente fue una coincidencia en un México donde todas las élites están más conectadas de lo que parece? Y en esa red de conexiones, ¿dónde estaba Joan Sebastián? Vamos a hablar de
algo que nadie ha puesto junto. Marta Sahajagú era conocida, según versiones que circularon durante años en ciertos círculos de la Ciudad de México por una fascinación que iba más allá de la política y los negocios. una fascinación por lo espiritual, por lo ritual, por esa dimensión de la vida mexicana que existe en la penumbra entre lo formal y lo que no se puede nombrar en voz alta.
No es la primera vez que en los círculos del poder mexicano existen esas prácticas. México tiene una relación muy particular con lo espiritual y lo místico, desde las creencias prehispánicas que nunca desaparecieron del todo, pasando por el catolicismo que se mezcló con ellas, hasta las tradiciones que en la sierra de Guerrero, en Oaxaca, en Michoacán, son tan antiguas como las montañas mismas.
Y hay quienes dicen que Marta Shajagun sabía manejar ese lenguaje, que sabía exactamente qué decirle a cada persona para que sintiera que había una especie de protección, una especie de energía, una especie de fuerza invisible que los conectaba, que usaba ese lenguaje con los empresarios que querían contratos, con los artistas que querían visibilidad, con los políticos que querían sobrevivir los cambios de sexenio.
De ahí viene el apodo que le pusieron en esos años, La Santera del gobierno. Un apodo que la mayoría nunca pronunciaba en voz alta, que circulaba en susurros en los restaurantes de Polanco, en los pasillos de las televisoras, en las mesas de honor de los palenques donde Joan Sebastian cantaba. Llegó ese susurro hasta los oídos del poeta del pueblo.
¿Conocía Joan Sebastián esa faceta de Marta Sajagun? ¿Y si la conocía, le importó? Hay quienes dicen que Joan Sebastian era demasiado inteligente para que le importara, que el hombre que sobrevivió 16 años de cáncer, que perdió dos hijos de manera violenta, que construyó un imperio desde la nada en las montañas de Guerrero, ese hombre no tenía tiempo para los miedos pequeños.
que si Marta Saagún movía las cosas que había que mover, Joan Sebastian era exactamente el tipo de hombre que podía sentarse con ella sin parpadear. Y eso, dicen algunos, fue exactamente lo que pasó. Pero antes de llegar al momento más importante de esta historia, hay que hacer una parada obligatoria. En el año 2003, la periodista argentina Olga Warnat publicó un libro que sacudió al gobierno de Fox como un terremoto.
Lo llamó la jefa vida pública y privada de Marta Sajagú de Fox. Y en ese libro, Warnat describía a una mujer que no se parecía en nada a la imagen que Los Pinos trataba de proyectar. una mujer que supuestamente había sufrido violencia doméstica en su primer matrimonio y que lo había convertido en un arma política al solicitar la nulidad del matrimonio religioso ante el Vaticano.
Una mujer que, según los testimonios recabados por Warnat, ejercía una influencia sobre las decisiones del gobierno que ningún cargo oficial justificaba. Una mujer que, en palabras de quienes la conocieron en esa época, podía hacer que un periodista desapareciera de los medios con una llamada telefónica. Marta Sahajagun respondió demandando a Warnat y al principio ganó.
Un juez le dio la razón, casi 2 millones de pesos de compensación. Marta salió a la prensa a anunciar su victoria y dijo que el dinero iría a obras de beneficencia. Pero meses después, el Tribunal Superior anuló la sentencia. Las pruebas de Warnat tenían más peso del que el primer juez había querido reconocer. Y en 2005, Warnat publicó un segundo libro, Crónicas Malditas, esta vez yendo directo a los negocios de los hijos, a los contratos con Pemex, a las fortunas acumuladas, a los Porsche y los Jets privados de jóvenes que cuando llegó el sexenio
supuestamente no tenían nada. El diputado que investigó el caso lo resumió con una imagen que quedó en la memoria colectiva. Tenían un bocho cuando llegó el sexenio y salieron en jet. un bocho y luego un jet en 6 años, gracias a una madre que sabía mover las cosas correctas en el momento correcto. Y en ese México de bochos convertidos en jets, los artistas más grandes del país tomaban decisiones sobre con quién relacionarse y con quién no.
decisiones que podían costar o garantizar carreras enteras, decisiones que se tomaban en silencio, sin declaraciones públicas, sin que nadie pudiera rastrear el momento exacto en que todo cambió. ¿Tomó Joan Sebastian una de esas decisiones? ¿Decidió que valía la pena conocer a Marta Sahagun? O fue Marta quien decidió que valía la pena conocer a Joan Sebastian.
Lo que viene a continuación cambia todo lo que creía saber sobre esta historia. ¿Qué necesitaba Joan Sebastián del poder político en los años de su mayor esplendor? La respuesta más obvia sería nada. Era el artista más premiado de México. Ganaba Gramis. Sus canciones sonaban en todos los rincones de América Latina.
Tenía un empire de propiedades y caballos que cualquier magnate hubiera envidiado. ¿Para qué necesitaría él a Marta Saaggún o a los Pinos? Pero esa respuesta obvia ignora algo fundamental sobre México. En México incluso los más poderosos necesitan protección. No de la policía, no del ejército, de esa otra clase de protección que no aparece en ninguna ley, pero que todos entienden perfectamente.
La protección que significa que cuando alguien con poder real se acerca a ti, los otros con poder real se lo piensan dos veces antes de molestarte. Joan Sebastian tenía dos hijos que ya habían muerto de manera violenta para cuando estamos hablando. Tenía un hermano Federico vinculado según las autoridades con Guerreros Unidos, una de las organizaciones criminales más peligrosas de México.
Tenía propiedades en Guerrero, el estado más violento del país. Tenía su nombre en bocas que ningún artista querría tener su nombre. Un hombre así no querría tener a alguien que lo cubriera. Alguien en el lado correcto de las puertas. Hay quienes dicen que Joan Sebastian entendía esa necesidad mejor que nadie y que Marta Saagún era exactamente la persona que podía ofrecerle ese tipo de cobertura, no con un contrato, no con un papel firmado, con esa clase de entendimiento tácito que en México vale más que cualquier documento.
un entendimiento que dice, “Yo sé quién eres. Tú sabes quién soy.” Y mientras nos tratemos bien, ninguno de los dos tiene nada que temer del otro. Vamos a hablar de los hermanos Briviesca, porque esta historia no se puede contar sin ellos. Manuel y Jorge Alberto Briviescagú, los hijos de Marta, los hijastros del presidente de México, dos jóvenes que cuando llegó el foxismo supuestamente no tenían gran cosa y que cuando terminó el sexenio tenían una lista de empresas tan larga que el Congreso tardó años en investigarlas
todas. Ángeles, flores y regalos. Conductores mexicanos especializados. Construcciones prácticas, Emmaabra, Facopsa, Ferrosocios, Grupo Inmobiliario Quilate, Poliductos, Tamayo, urbanizaciones inteligentes. Y eso solo en lo que se pudo documentar. El escándalo más grande fue Oceanografía. una empresa de servicios petroleros que antes de los Briviesca estaba prácticamente en quiebra, que de repente, sin que nadie explicara bien cómo, se convirtió en la consentida de Pemex con contratos por 6,000 millones de pesos.
6,000 millones para una empresa que antes estuvo a punto de ser embargada por Hacienda. El propio Manuel Briviesca, cuando fue confrontado por los periodistas, respondió algo que quedó en los archivos para siempre. Mi hermano y mi tío llamaron a Pemex para que le dieran un contrato a Oceanografía. Eso sí, siempre con apego a la legalidad mediante concurso, con apego a la legalidad mediante concurso.
Un concurso donde la empresa ganadora había sido previamente recomendada por los hijjastros del presidente con apego a la legalidad. En 2008, el gobierno de Estados Unidos giró una orden de apreensón contra Manuel Briviesca. En 2012 fue sentenciado con 3 años de libertad condicional y $5,000 de multa por fraude a empresas gaseras estadounidenses.
Se había presentado como dueño de México gas y les había vendido gas a sobreprecio. Y siguió operando, porque en México la impunidad también se hereda. Vicente Fox reaccionó al escándalo de sus hijastros de una manera que lo dice todo. Pidió que se les pidieran disculpas, que eran víctimas, que todo eran mentiras y calumnias.
La Comisión Investigadora del Congreso, integrada por 29 diputados, lo rechazó de plano, pero tampoco pasó nada más. Las investigaciones se abrían, se cerraban, se archivaban, nadie fue a la cárcel. Eso es el poder real, el que te permite que tres comisiones del Congreso te investiguen y al final el expediente simplemente desaparezca.
Y ahora viene el dato que conecta todo. En 2019, cuando los investigadores financieros estadounidenses rastreaban los movimientos de dinero de los briviescas a Hagú, dieron con algo inesperado. Los rastros financieros los llevaron hasta las cuentas de Genaro García Luna, el secretario de seguridad de Calderón, el hombre más poderoso en materia de seguridad de todo el México de los 2000.
7 millones de dólares en cuentas vinculadas a las mismas redes. García Luna, que en el juicio de 2023 fue declarado culpable de haber trabajado para el cártel de Sinaloa, García Luna, que como jefe de la AFI durante el foxismo fue el principal responsable de la seguridad del país. García Luna, cuyas cuentas aparecen rastreadas a partir de los movimientos de los hijos de Marta Saagú.
¿Sabía Martha Sahagun quién hacían negocios sus hijos? ¿Sabía lo que García Luna representaba? ¿Lo sabía y lo permitió? ¿O simplemente era una madre que no terminaba de entender los negocios de sus hijos? Nadie ha podido responder esas preguntas de manera definitiva, pero las preguntas existen y en ese contexto la conexión de Joan Sebastian con el mundo del foxismo adquiere una profundidad que va mucho más allá de una visita a un rancho en Guanajuato.
Hablemos de algo que casi nadie recuerda. En el año 2007, Joan Sebastian produjo el álbum Para siempre para Vicente Fernández. 2 millones de copias vendidas, el álbum más exitoso en la carrera tardía del Charro de Wentitán. Y la canción principal fue elegida como tema de la telenovela Fuego en la sangre de Televisa.
Una telenovela que fue un fenómeno de audiencias en todo el mundo de habla hispana. ¿Qué tiene que ver eso con Marta Saagú? Televisa en esa época tenía una relación muy particular con el gobierno de Fox, una relación que los críticos llamaban de complicidad y los involucrados llamaban de cooperación. Y el acceso privilegiado de ciertos artistas a las pantallas de Televisa, según hay quienes dicen, no era solo cuestión de talento, era también cuestión de con quién estabas bien en ese momento.
Joan Sebastian tenía una presencia en Televisa que muy pocos artistas del regional mexicano podían igualar. sus colaboraciones con la televisora, sus apariciones en telenovelas, la frecuencia con la que sus canciones sonaban en los programas más importantes. Todo eso tiene una explicación en su talento innegable, pero también podría tener otras explicaciones, explicaciones que nadie ha querido hacer explícitas.
Y hay algo más. En 2012, Joan Sebastian sorprendió al mundo musical al colaborar con Will y Am de los Black Peace en el tema Heyu, una colaboración inesperada entre el regional mexicano y el hip hop internacional que mostraba que Joan Sebastián tenía conexiones que iban más allá de México, que llegaban hasta la industria musical de Estados Unidos.
Y en ese mismo año anunció una nueva recurrencia del cáncer desde un escenario. Lo anunció en público porque esa era su manera, sin llorar, sin pedir compasión, mirando a su público de frente. Un hombre así, ¿a qué se le puede pedir que le tenga miedo? Pero Joan Sebastián sí tenía miedos. Los tenía y los conocía.
El más profundo, según sus cercanos, no era el cáncer, era lo que dejaría sin resolver. Su hijo José Manuel lo describió una vez de una manera que rompe el corazón. Mi papá no murió de cáncer, murió de los golpes que le dio la vida en el corazón. Dos hijos asesinados, uno en Texas en 2006, otro en Cuernavaca en 2010, sin que nadie rindiera cuentas por ninguno de los dos.
El asesino de trigo huyó y nunca fue capturado. El caso de Juan Sebastián se cerró con un narcomensaje que nunca fue oficialmente resuelto. Dos crímenes, dos impunidades. El padre que lo sufrió mirando hacia delante porque no había otra opción. Buscó Joan Sebastian justicia por sus hijos a través de canales que iban más allá de las autoridades formales.
Habló con gente que tenía el poder real de mover las cosas en ese México. ¿Fue Marta Shajagú una de esas personas? Nadie lo puede probar. Pero la pregunta no desaparece. Hay un episodio que muy poca gente conoce y que dice mucho sobre el tipo de hombre que era Joan Sebastian. En 2007, un periodista de grupo monitor llamado José Gutiérrez Vivó comenzó a publicar señalamientos muy específicos sobre Marta Saagú, sobre su intervención directa en litigios empresariales, sobre presiones a medios de comunicación, sobre el uso del poder presidencial para
favorecer a empresas privadas. Lo que siguió fue el colapso financiero de su empresa de comunicaciones, Grupo Monitor, que algunos atribuyen a presiones relacionadas con esas publicaciones. Ese es el tipo de poder del que estamos hablando, el que puede hacer que una empresa de comunicaciones entre en crisis después de publicar ciertas cosas, sin necesidad de ordenar nada formalmente, sin que nadie pueda demostrar una conexión directa, solo moviendo piezas en el tablero correcto.
Y Joan Sebastian, que conocía México desde sus montañas hasta sus palacios, entendía perfectamente ese tablero. Lo había visto funcionar en la industria musical, lo había vivido en los palenques, lo había respirado en cada conversación privada con cada hombre poderoso que había cruzado en 40 años de carrera y había aprendido la regla más importante de ese tablero, nunca quedarse sin piezas en el lado correcto.
¿Fue Marta Sahagun una de sus piezas o fue él una pieza de ella? Esa ambigüedad, dicen algunos que los conocieron, es la clave de todo. Vamos a hablar de las mujeres, porque Joan Sebastián y las mujeres es una historia que no termina nunca. cinco mujeres estables documentadas, ocho hijos, un número de relaciones paralelas que su propio hermano Federico reconoció sin el menor pudor.
“Mujeres de todas las edades lo buscaban al terminar los shows, decía Federico. Hasta le ofrecían dinero por estar con él.” Yan, según esta versión siempre las rechazaba porque necesitaba estar enamorado para relacionarse íntimamente. Necesitaba estar enamorado. El hombre que tuvo cinco mujeres al mismo tiempo durante años, que le mintió a Teresa González diciéndole que estaban separados mientras tenía un romance con Alicia Juárez, que llegó a casa a las 7 de la mañana después de una noche bailando con Arlet Terán, mientras
Maribel Guardia lo esperaba dormida frente al televisor. Ese hombre necesitaba estar enamorado. La propia Maribel lo dijo una vez de una manera que no deja lugar a dudas. Le encantaban las mujeres y los caballos. tenía fascinación por las mujeres. Fue terrible hasta el último momento. Hasta el último momento.
Un hombre con cáncer terminal, con caballos que ya no podía montar sin que los médicos le advirtieran consecuencias con el cuerpo que le fallaba después de 16 años de quimioterapias y tratamientos. y la fascinación por las mujeres intacta hasta el último momento. ¿Incluyó esa fascinación a Marta Shajú? ¿O fue entre ellos una relación de otro tipo, más fría, más calculada, donde cada uno necesitaba algo del otro? Y lo tomó sin confundirlo con afecto? Hay quienes dicen que Joan Sebastián no era el tipo de hombre que confundía esas
cosas. que sabía perfectamente cuándo estaba en el territorio del corazón y cuando estaba en el territorio del negocio, y que con Marta Saagún nunca cruzó la primera frontera, porque con ciertas mujeres, incluso Joan Sebastian, entendía que el costo sería demasiado alto. ¿Y cuál era ese costo? Eso es lo que nadie se ha atrevido a decir en voz alta.
El año 2006 fue el año en que todo cambió. No solo para Joan Sebastián, para todo México. Fox terminó su sexenio. Llegó Felipe Calderón y Marta Sajagun se convirtió de la noche a la mañana en la ex primera dama. Pero si alguien pensó que eso la haría menos poderosa, se equivocó. Marta Sahagun siguió operando con su fundación, siguió organizando eventos de lujo, siguió siendo el centro de ciertos círculos donde el dinero y el poder se mezclan con el glamur.
Y según hay quienes dicen, siguió siendo el tipo de persona a quien valía la pena conocer. Porque el poder real no desaparece cuando un sexenio termina, se transforma, se adapta, sobrevive. Y Joan Sebastian, que en 2006 perdió a su hijo trigo y que cargaba ya 7 años de cáncer, siguió siendo el rey del jaripeo. Siguió llenando recintos, siguió ganando gramis, siguió construyendo un legado que iba a durar más que él.
Y en ese periodo de transición de 2006 a 2014, cuando el foxismo era ya solo un recuerdo y México vivía otra etapa de violencia y cambios, ¿qué pasó entre Joan Sebastián y Marta Sajagun? ¿Se mantuvieron en contacto? ¿Se alejaron? ¿O simplemente esperaron el momento correcto para volver a estar en la misma fotografía? La fotografía de febrero de 2014 dice que esperaron, pero lo que nadie sabe es que pasó en los años de silencio entre medias.
Aquí hay algo que merece atención especial. Joan Sebastián habló pocas veces de política. Era un hombre que cuidaba eso con una precisión casi matemática. Nunca dijo públicamente a quién votaba, nunca se identificó con ningún partido, nunca prestó su imagen para ninguna campaña. Y eso en un México donde los artistas suelen terminar del lado de algún poder era en sí mismo una declaración política.
Significaba yo no soy de nadie, pero también podría significar yo soy de todos. Y en México, ser de todos es la manera más inteligente de construir poder propio. Un político necesita apoyo de un partido. Un empresario necesita contratos del gobierno. Pero un artista como Joan Sebastian, amado por el PRI y por el PAN y por quienes no votan por nadie, que llena palenques en Guerrero y en Guanajuato y en Texas y en Los Ángeles, ese artista es lo que en la política se llama un activo transversal, algo que todos quieren y nadie puede
reclamar completamente. entendía Marta Saagún eso hay quienes dicen que sí, que precisamente por eso le interesaba Joan Sebastian, no para hacer lo suyo, sino para que estuviera cerca, para que cuando se necesitara mostrar que el poder tenía rostro humano y popular, Joan Sebastián pudiera aparecer y cuando no se necesitara pudiera desaparecer sin escándalos.
sin declaraciones, sin rastros. Eso, dicen algunos, es la definición perfecta de lo que Marta Sahajagún buscaba en sus relaciones. Gente útil que sabe cuándo callar y Joan Sebastian, que en 40 años de carrera sobrevivió cosas que habrían destruido a cualquier otro, sabía cuándo callar mejor que nadie. El 2 de febrero de 2014 hay una fotografía.
Joan Sebastian en el rancho de los Fox en León, Guanajuato. Un hombre que carga 15 años de cáncer en el cuerpo, que ha enterrado dos hijos, que acaba de anunciar su retiro de los jaripeos con la gira La última maroma, que los médicos le dicen que si no deja de montar a caballo, le quedan pocos años. y que aún así está ahí en ese rancho, en ese día.
El 2 de febrero era una fecha sagrada para Joan Sebastián. Era el día de las festividades de Juliantla, su pueblo natal en la sierra de Guerrero. El día que cada año, durante décadas organizó jaripeos de cinco días para su gente. El día que celebraba sus raíces con una devoción que pocas cosas en su vida igualaban.
Y ese día específico, en 2014 lo pasó en Guanajuato con los Fox. ¿Por qué? ¿Qué era tan importante que justificaba pasar ese día lejos de Juliantla? ¿Qué conversación no podía esperar? ¿Qué acuerdo necesitaba cerrarse en ese momento específico? Nadie lo sabe. Y eso en una historia como esta es el dato más importante de todos.
Vamos a hablar de algo que sí se sabe, de la herencia. Porque la herencia es donde los secretos de los hombres poderosos finalmente salen a la luz. Joan Sebastian murió el 13 de julio de 2015, rodeado de su familia en Juliantla. Su hijo Julián dijo que murió en sus brazos. Su caballo, el padrino, había muerto 5co días antes, como si hasta la naturaleza supiera que ciertos hombres no llegan solos.
y murió sin testamento. 51 propiedades, 854 canciones registradas, una fortuna calculada en 5 millones de dólares solo en bienes directos, más los derechos de autor de 12,000 versiones de sus canciones grabadas por otros artistas, nueve herederos, ocho hijos y la viuda Alina Espino, y ningún papel que dijera que era de quién.
[carraspeo] ¿Cómo puede un hombre tan inteligente, tan calculador, tan consciente de lo que dejaba atrás morir sin testamento? Hay dos explicaciones. La primera, que simplemente no tuvo tiempo, que el deterioro fue más rápido de lo esperado al final, que las cosas que había pensado dejar claras quedaron sin clararse. La segunda explicación es más incómoda que no quiso dejar testamento, que había ciertos compromisos, ciertas deudas, ciertos acuerdos que era mejor que desaparecieran con él, que un papel firmado con ciertos nombres habría
creado más problemas que el caos de una sucesión sin testamento. ¿Cuáles nombres? Eso es exactamente lo que nadie sabe y lo que nadie va a decir. Juliana Joeri Figueroa, la hija de Joan Sebastian con Erika Alonso, lo dijo en una entrevista con una honestidad que cortaba el aire. Me da pena la familia que me tocó y saber que mi papá se partió la madre trabajando para todos sus hijos y que salgan tan avariciosos.
Esas palabras tan directas, tan sin filtro, dicen algo sobre el estado de los herederos de Joan Sebastian, una familia que durante casi una década ha peleado por propiedades, por derechos de autor, por el control de un legado que su padre construyó a lo largo de 40 años. una familia que solo llegó a un acuerdo a finales de 2024, casi 10 años después de la muerte, para formar una empresa que administre las regalías musicales.
10 años de pelea entre hijos de cinco mujeres distintas por un empire que el padre construyó con canciones y con secretos. Y en esa pelea de 10 años hay quienes dicen que aparecieron personas que los herederos no esperaban. personas que alegaban tener acuerdos con Joan Sebastian, que reclamaban derechos sobre ciertas propiedades, que presentaban documentos que nadie había visto antes, documentos que los herederos cuestionaron y que los abogados no pudieron explicar del todo.
¿Fue Marta Sahagun o alguien de su entorno uno de esos nombres que aparecieron en ese proceso? Nadie lo puede confirmar. Nadie lo va a confirmar. Pero la pregunta existe en los márgenes de esta historia. Vamos a hablar de Vicente Fernández. Porque en esta historia el charro de Gen Titán tiene un papel que nadie ha terminado de iluminar.
Joan Sebastián y Vicente Fernández eran amigos. Más que amigos, Vicente lo llamaba más que un hermano. Joan compuso para él algunos de sus mejores temas tardíos. Produjeron juntos el álbum más exitoso de la última etapa de la carrera de Vicente. Una amistad real, [resoplido] profunda, marcada por el respeto mutuo de dos hombres que sabían exactamente quiénes eran el uno y el otro, pero también era una amistad complicada.
tuvieron peleas, se distanciaron, se reconciliaron y hubo algo que muy poca gente sabe. Ambos estuvieron involucrados con la misma mujer. Alicia Juárez, la diva de la ranchera, última esposa de José Alfredo Jiménez. Joan tuvo un romance con ella mientras estaba casado con Teresa González y Vicente también. Y Joan lo sabía y le dijo a Pepe Garza con esa manera suya de decir las cosas más escandalosas con total naturalidad, es que yo quería estar ahí donde estuvo el maestro.
Quería estar donde estuvo el maestro. ¿Dónde estuvo Vicente Fernández? Dicho así, de frente, sinvergüenza, ese era Joan Sebastian. un hombre que podía decir eso y seguir siendo el poeta del pueblo, que podía atravesar esas situaciones y salir del otro lado con su imagen intacta, porque tenía algo que muy pocos artistas tienen, la capacidad de hacer que sus contradicciones parecieran humanas en lugar de escandalosas.
Y esa capacidad, dicen algunos que lo conocieron bien, era exactamente lo que también tenía Marta Sajagun. La capacidad de hacer que cosas que serían escándalos en cualquier otro parecieran simplemente parte del paisaje. Dos personas así en el mismo México, en la misma época, no se habrían reconocido, no se habrían visto en el otro algo familiar.
Hay quienes dicen que sí. El dato que cierra el círculo. El día que Joan Sebastian murió, el 13 de julio de 2015, Vicente Fernández y él tenían una cita. Iban a comer juntos en el rancho Los Tres Potrillos de Vicente ese mismo día. Una cita que, por supuesto, no se realizó. Una cita que quedó como uno de esos encuentros que el destino no permite.
Vicente habló de ese momento con dolor, con la genuina tristeza de alguien que pierde a un hermano, y su dolor fue público, evidente, sin ambigüedad. El dolor de Marta Saagún, si lo hubo, no se expresó de ninguna manera pública. Ni un comunicado, ni una publicación, ni una palabra a los medios, nada. Vicente lloró a John Sebastián en público.
Marta guardó silencio y en México el silencio de los poderosos nunca es accidental. Hay que hablar de los últimos meses. Para 2015, Joan Sebastian ya cantaba sentado en un banco en el escenario. El cáncer había deteriorado su cuerpo de una manera que ya no podía ocultarse. Pero su voz seguía ahí, su presencia seguía ahí y su público, el pueblo que lo amaba desde las montañas de Guerrero hasta los ranchos de California, seguía llenando los recintos para escucharlo.
En abril de 2015, 3 meses antes de morir, recibió un tratamiento de cemento óseo para fortalecer el deterioro causado por el mieloma en sus huesos. un procedimiento doloroso, un procedimiento que le daba tiempo, no cura. Y él lo sabía. Lo sabía y eligió seguir cantando. En mayo de 2015, dos meses antes de morir, recibió el premio Gran Maestro de la Sociedad de Autores y Compositores de México, el primero en recibirlo en la historia de la SACM.
Un reconocimiento que llegó tarde, como suelen llegar los reconocimientos más importantes. Pero llegó y Joan Sebastian lo recibió con esa mezcla de orgullo y de melancolía que tenía quién sabe que está cerrando una historia. ¿Tuvo Marta Sahagún algo que ver en ese reconocimiento? La SACME es una institución del mundo artístico, no del gobierno.
Pero en México la distancia entre el mundo artístico y el mundo político nunca ha sido tan grande como parece. y Marta Sajagú, que había organizado durante años eventos donde los artistas más importantes del país se sentaban con los empresarios y los políticos más influyentes. Conocía a todo el mundo que valía la pena conocer en ese México.
Movió alguna pieza para que ese reconocimiento llegara cuando llegó. Nadie lo sabe, pero nadie puede probarlo en sentido contrario tampoco. El domingo 12 de julio de 2015, alrededor de las 4 de la mañana, Joan Sebastian sufrió una complicación severa. Para entonces ya estaba en Juliánla, en su tierra, en el rancho Cruz de la Sierra, donde quería estar al final, rodeado de montañas que él había inmortalizado en sus canciones y de un pueblo que lo había visto pasar de niño descalzo a poeta del pueblo.
El 13 de julio, a las 19:15 horas, Joan Sebastian murió. Su hijo Julián dijo que murió en sus brazos. La familia emitió un comunicado. Hoy partió serenamente, rodeado por nosotros. Fue un guerrero con alma poética que luchó hasta el final. El velorio fue en el ruedo de su rancho, el mismo ruedo donde había practicado con sus caballos, donde el jaripeo era su ritual más sagrado.
El féretro en el centro, un mariachi cantando sus canciones, la familia ofreciendo barbacoa y refrescos a los cientos de personas que llegaron desde todos los rincones. No se permitieron celulares, como si ese espacio tuviera que quedar fuera del alcance de las cámaras, como si lo que pasara ahí dentro tuviera que quedarse ahí dentro. El 16 de julio, el homenaje en la SAC M, presidido por Armando Manzanero y Roberto Cantoral Suki, los grandes del mundo compositivo mexicano, reconociendo al más grande de su generación.
Fue sepultado en Juliantla, junto a los restos de su hijo trigo, el Padre y el Hijo juntos. En la tierra donde Joan Sebastián había comenzado todo, repartiendo leche en burro, temiendo a las culebras y los coyotes del monte, en la tierra que lo vio ser todo lo que fue. Y en ese entierro con todos los famosos y artistas y políticos que mandaron condolencias y que llenaron los titulares con su dolor expresado, el silencio de Marta Saagún resonó de una manera que pocos notaron, pero que hay quienes nunca van a olvidar.
Porque el silencio de los que saben demasiado siempre resuena más fuerte que las palabras de los que dicen que no saben nada. Cerramos con algo que merece decse. Joan Sebastian fue antes que cualquier otra cosa un poeta. No en el sentido académico de la palabra, en el sentido más profundo y más mexicano.
Alguien que tomaba el dolor y la alegría y el amor y la traición y los convertía en algo que otros podían cantar mientras sus propias vidas se partían o se juntaban. Nació en una casa sin agua corriente en las montañas de Guerrero. Aprendió sus primeros acordes en una guitarra prestada una sola noche. Vendió leche, lavó platos, trabajó de asistente en centros vacacionales.
Fue rechazado por disqueras. Vivió en Chicago cobrando $50 por actuación. [carraspeo] Y de todo eso construyó un mundo, un mundo de canciones que van a sobrevivir a todos nosotros. Ese logro es suyo. Nadie se lo dio. Nadie en Los Pinos, nadie en ninguna fundación, nadie en ningún rancho de Guanajuato le regaló tatuajes o secreto de amor o eso y más, o 25 rosas.
Esas canciones nacieron en él, son de él y van a seguir siendo de él cuando todos los demás personajes de esta historia sean solo nombres en los libros de historia. Pero Joan Sebastian también fue un hombre que vivió en el México real, en ese México donde el talento no siempre es suficiente, donde los hombres más brillantes a veces necesitan navegar aguas oscuras para proteger lo que han construido, donde las conexiones y los silencios y los acuerdos tácitos son parte del precio de la supervivencia.
Y en ese México su historia se cruzó con la de una mujer que también supo navegar esas aguas mejor que casi nadie. Una mujer que llegó desde Zamora, Michoacán, perdió una elección municipal, se convirtió en vocera, en esposa del presidente, en la primera dama más poderosa y más controvertida de la historia moderna de México.
Una mujer que todavía hoy opera, todavía hoy recauda fondos, todavía hoy aparece en ciertas fotografías junto a cierta gente que sabe lo que significa estar en esa fotografía. El cruce entre Joan Sebastián y Marta Saagún es una historia sin fin oficial, sin acta, sin testigos que hablen, sin documentos que la confirmen o la nieguen definitivamente.
una historia hecha de silencios y de fotografías y de visitas que nadie terminó de explicar, de favores que quizás se intercambiaron y quizás no. De una amistad o un pacto o una complicidad que si existió solo los dos, la conocieron completamente. Y ninguno de los dos va a hablar. Joan Sebastián porque ya no puede.

Marta Sajagú porque nunca ha querido. Y ese silencio compartido en el México de los poderosos es la forma más antigua de decir todo sin decir nada. Su caballo, el padrino, murió 5co días antes que él. Un Corcel blanco andaluz de $5,000. El animal más fiel de un hombre, que siempre prefirió la compañía de los caballos, a la de casi todos los seres humanos.
Como si hasta los animales supieran que ciertos hombres no se pueden quedar solos ni en la muerte. Como si hasta la tierra de Juliantla, esa tierra que lo vio nacer en la pobreza y lo recibió de vuelta coronado de canciones y de victorias y de heridas que nadie vio del todo, supiera que un poeta así no se entierra como cualquiera, que necesita algo más, que merece algo más.
Y en esa tumba en Juliantla junto a trigo con los secretos que nadie va a encontrar en ningún papel. Descansa el hombre que cantó, que te recuerden bonito. El hombre que les rogó a todos que lo recordaran bonito y que tal vez, solo tal vez, sabía que había cosas de su vida que no eran tan bonitas, que había capítulos que era mejor no abrir, que había nombres que era mejor no pronunciar.
Que te recuerden bonito, Joan Sebastian. Y si esta historia te dejó pensando, si sientes que hay más que nadie ha contado sobre el mundo de Joan Sebastian y las personas que lo rodearon, entonces no puedes perderte lo que ya está en el canal. Lucero rompe el silencio y revela lo que nadie conocía de Juan Sebastian.
Lucero habla como nunca antes lo había hecho, de cosas que guardó durante años, de lo que realmente vivió junto al poeta del pueblo, de secretos que muchos querían que se quedaran guardados para siempre. Está esperándote en el canal. Yeah.