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La PRIMERA DAMA MARTA SAHAGÚN y JOAN SEBASTIAN: La “SANTERA” del gobierno que MOVÍA TODO

Había una mujer en México que sabía exactamente cómo funcionaba el poder. No era presidenta, no tenía un cargo oficial que la pusiera al frente, pero según quienes la conocieron de cerca, con una sola llamada telefónica podía mover contratos, silenciar periodistas, abrir o cerrar puertas en Los Pinos. Y su nombre era Marta Sajagun.

Y en ese mismo México de comienzos del año 2000 había un hombre que también sabía exactamente cómo funcionaba el poder. Pero el de él venía del escenario, de los ranchos, de las noches de palenque y de los años de lucha, en los que pasó de repartir leche en burro en la sierra de Guerrero a llenar estadios enteros. Su nombre era Juan Sebastián.

Y entre estos dos hay quienes dicen que existió una conexión que va mucho más allá de lo que se vio en las fotografías, porque sí hubo fotografías. Hay constancia de que Joan Sebastián visitó el rancho de Vicente Fox y Marta Saagún en León, Guanajuato. El 2 de febrero de 2014, cuando el cantante ya cargaba con 16 años de batalla contra el cáncer, apareció allí.

Pero lo que nadie explicó bien fue qué fue exactamente a hacer. Y lo que nadie preguntó en voz alta fue si esa visita era la primera o si había muchas otras que nunca se fotografiaron. Eso es lo que vamos a explorar hoy. Para entender todo lo que viene, hay que empezar desde el principio. Y el principio de Marta Saaggún no fue Los Pinos.

Fue una ciudad de provincia, una carrera política menor y un matrimonio complicado. Marta Saagún nació el 10 de abril de 1953 en Zamora, Michoacán. Hija de médico, familia de clase media, educada en colegios religiosos. Durante años fue maestra de inglés en la Universidad Laista Benavente. Una vida sencilla, una vida sin nada que anticipara lo que vendría.

Se metió al PAN el partido Acción Nacional en 1988 y allí intentó ser presidenta municipal de Celaya. Perdió. Pero perder en política no siempre es perder del todo. A veces perder es exactamente lo que te pone en el camino correcto, porque fue precisamente en ese momento cuando Vicente Fox la invitó a ser vocera de su gobierno en Guanajuato y Marta aceptó de inmediato.

Para entonces cada uno estaba casado con otra persona. Marta con Manuel Briviesca Godoy, con quien tenía tres hijos. Fox con Lilián de la Concha, de quien se había separado en 1991. Pero la proximidad del trabajo, las largas noches de campaña, la complicidad que nace cuando dos personas construyen algo juntas, hizo lo que hace siempre.

El propio Fox lo contó en una entrevista con Jordi Rosado años después con esa manera suya de decir todo sin decir nada. Estábamos los dos en campaña, registrados en el mismo hotel. Lo que no te voy a decir es quién fue el que tocó a la puerta del cuarto de quién. frase que lo dice todo. Y cuando Fox ganó la presidencia en julio del año 2000, terminando con 71 años de gobierno priista, Marta ya no era solo la vocera, era la mujer que él amaba.

Y en julio de 2001 se casaron a las 8 de la mañana en Los Pinos con apenas seis personas presentes. Tan discreto como lo que estaba a punto de comenzar, era todo lo contrario, porque Marta Saagún no iba a ser una primera dama callada. Las primeras damas de México históricamente eran señoras que acompañaban, que sonreían en las fotos.

que inauguraban hospitales y escuelas con una sonrisa ensayada. Eran figuras decorativas. Nadie les preguntaba su opinión sobre política. Nadie esperaba que tomaran decisiones. Marta Sahajagun cambió ese modelo de raíz y lo que la hizo diferente no fue lo que hacía en público, fue lo que hacía en privado. La periodista Anabel Hernández, que lleva décadas investigando los corredores del poder en México, lo documentó así.

Marta era conocida como quien realizaba abiertos tráficos de influencia para favorecer a empresarios. Por ese tráfico de influencias cobraba en efectivo o en especie. ¿Qué quiere decir cobrar en especie? Significa que si alguien quería sentarse con la primera dama, primero tenía que dejar algo en la mesa.

Joyas, autos, contratos. porcentajes. Según las investigaciones periodísticas de esa época, el acceso a Marta Sahagun y el acceso a Marta Saagun era, en los hechos, el acceso al presidente de México. Un académico lo resumió con brutalidad. En el sexenio de Fox, quien tuvo más poder inclusive que el presidente fue su esposa.

Más poder que el presidente de México, en el país de mayor peso e importancia de todo el mundo de habla hispana. una mujer de Zamora, Michoacán, maestra de inglés, que perdió una elección municipal de Celaya con más poder que el presidente. Si eso no les parece una historia extraordinaria, esperen a escuchar lo que viene.

Vamos a hablar de la Fundación Vamos México, porque ahí está el corazón de todo. En septiembre de 2001, dos meses después de la boda, Marta creó la Fundación Vamos México, en teoría, una organización para ayudar a los más necesitados, indígenas, discapacitados, mujeres en pobreza extrema. El discurso era hermoso. La realidad, según investigadores y periodistas, era una historia completamente diferente.

El primer acto de la fundación fue inaugurarse con un concierto de Elton John en el castillo de Chapultepec. El castillo, el patrimonio histórico de todos los mexicanos para un evento privado de recaudación de fondos. Las críticas llegaron de inmediato. Nadie le hizo caso. Con el tiempo, el Financial Times publicó una investigación que revelaba que menos de la mitad de las donaciones llegaban a donde se decía que iban.

El resto se quedaba en la fundación, en gastos de operación, en salarios, en eventos. ¿Qué clase de eventos? Pasarelas de moda en San Miguel de Allende. Torneos de golf con premios de Porsche Boxter y motocicletas Harley Davidson. cenas de gala en Haciendas de Guanajuato, donde los invitados llegaban en traje de alta costura, todo con el sello de moda con causa y golf con causa, una causa que era muy difícil de ver en las fotografías donde Marta posaba sonriente junto a diseñadores de alta costura europeos y la fundación no dejó de crecer.

Para 2022 ya tenía un patrimonio acumulado de 81 millones de pesos. Ese año destinó exactamente 6 millones a actividades altruistas, el resto ahorrado. Y Marta Saagú cobrando un salario de la fundación, más de un millón y medio de pesos en dos años pagados por una organización sin fines de lucro. Pero lo más revelador de la fundación no era el dinero, era lo que pasaba en sus eventos.

Porque según hay quienes dicen, los eventos de Vamos México no eran solo fiestas de ricos, eran espacios donde se hacían negocios, donde los empresarios que querían contratos del gobierno iban a mostrar su cara, donde los artistas que querían protección y visibilidad iban a sentarse en la misma mesa que la mujer que movía los hilos.

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