Posted in

HARFUCH DESCUBRE la VERDAD sobre JAVIER SOLÍS y SU “SUPUESTA MUERTE” EN LA MESA DE OPERACIONES

A las 2 de la mañana del sábado, tres camionetas negras se detuvieron frente a un hospital abandonado  en la periferia de la Ciudad de México. No en la zona médica moderna donde hospitales  privados atienden a pacientes pudientes con tecnología de punta, no en el centro histórico donde hospitales públicos centenarios todavía funcionan atendiendo a millones.

en la periferia industrial,  en una zona que había sido próspera en los años 60, pero que había decaído progresivamente durante décadas, hasta convertirse en área semiabandonada de bodegas vacías, fábricas cerradas y edificios deteriorados que nadie se molestaba en demoler o renovar. El hospital había cerrado operaciones en 1972,  apenas 6 años después de la muerte de Javier Solís, y desde entonces había permanecido vacío con ventanas rotas, con equipo  médico obsoleto todavía dentro, porque nadie se había

molestado en removerlo,  con expedientes médicos abandonados en archiveros oxidados, con quirófanos que parecían congelados en el tiempo, como si el personal simplemente hubiera cerrado las puertas un y nunca hubiera regresado. Omar Harfuch bajó de la primera camioneta sintiendo el aire frío de la madrugada de diciembre en Ciudad de México.

Un frío húmedo que se metía en los huesos que hacía que el aliento se viera como nubes de vapor, que recordaba por qué diciembre en Ciudad de México,  aunque técnicamente no era invierno brutal, podía sentirse más frío que lugares con  nieve por la humedad que penetraba todo. Con él bajaron 25 agentes de su equipo más confiable.

No 30 como en algunos operativos anteriores, no 50 como en la mansión de Cantinflas, solo 25 porque este operativo era diferente. Este hospital estaba en Ciudad de México. No necesitaban coordinación internacional como en Suiza o Los Ángeles, pero sí necesitaban discreción absoluta porque lo que estaban a punto de investigar iba a destruir otro mito sagrado del cine y la música mexicana.

menos agentes, porque según toda la información que habían recopilado, este hospital abandonado no representaba peligro físico.  No había guardias, no había sistemas de seguridad funcionando, no había nadie protegiéndolo, era simplemente edificio olvidado que la ciudad había dejado pudrirse durante más de 50 años.

Pero lo que ese edificio guardaba en sus archivos médicos abandonados  y en sus quirófanos silenciosos era secreto que había permanecido oculto desde 1966.  Secreto sobre Javier Solís, el rey del bolero ranchero, el hombre de la voz de terciopelo que hacía llorar a mujeres con solo abrir la boca. El cantante que había fusionado el bolero romántico con el mariachi tradicional,  creando género completamente nuevo que definió el sonido del México de los 60.

El ídolo que había muerto trágicamente joven a los 34 años el 19 de abril de 1966,  oficialmente de complicaciones postoperatorias después de cirugía de vesícula,  una muerte que todo México había llorado, que había sido vista como pérdida devastadora de talento en su mejor momento, que había dejado viuda joven con tres  hijos pequeños, que había cortado carrera que apenas estaba alcanzando su cenit.

Pero según documentos que Harfuch había encontrado en el archivo de María  Félix en Ginebra, la muerte de Javier Solíss no había sido accidente médico, no había sido complicación quirúrgica, no había sido tragedia de mala suerte, había sido asesinato ejecutado en mesa de operaciones por cirujano que deliberadamente causó hemorragia, que mató al cantante más amado de México  en ese momento por órdenes de personas que consideraban que Javier Solís sabía demasiado, que estaba haciendo preguntas  peligrosas,

que estaba por descubrir verdades que no podían permitir que revelara. Y lo  que hacía este caso particularmente perturbador era que a diferencia de Jorge Negrete, que había sido envenenado durante meses, a diferencia de Pedro Infante, que había sido secuestrado  durante años, Javier Solís había sido asesinado en cuestión de horas.

Había entrado al hospital para cirugía de rutina.  Una operación simple que decenas de miles de personas se hacían cada año sin complicaciones y había muerto en mesa de operaciones porque cirujano había cortado arterias que no debía cortar. Había causado sangrado que  no intentó detener. Había permitido que el cantante más popular de México muriera mientras otros médicos  en quirófano observaban sin poder hacer nada porque cirujano principal les había ordenado no intervenir. ¿Usted  está lista

para descubrir la verdad sobre Javier Solís? ¿Está lista para saber que el rey del bolero ranchero no murió de complicación médica accidental?  ¿Está lista para enterarse de qué había descubierto que lo volvió tan peligroso que decidieron matarlo. Está lista para conocer quién dio la orden y quién ejecutó el asesinato en quirófano,  mientras familia esperaba afuera, confiando en que cirugía sería exitosa.

Prepárese porque en las próximas 3 horas vamos a revelar algo que va a hacer que nunca pueda escuchar sombras o  payaso de la misma forma. que va a hacer que piense en Javier Solís no como cantante que tuvo  mala suerte médica, sino como víctima de asesinato calculado, que va a mostrarle que incluso lugares supuestamente sagrados como  quirófanos de hospitales fueron usados como sitios de ejecución cuando gobierno mexicano decidía  que alguien necesitaba ser eliminado porque Javier Solíss cometió

error fatal.  Descubrió conexión entre industria discográfica y lavado de dinero gubernamental. Comenzó a hacer preguntas sobre por  qué regalías que debía estar recibiendo no llegaban. Contrató contador  independiente para auditar sus finanzas y estaba a punto de descubrir sistema completo de robo sistemático a artistas, mientras sus nombres eran usados para lavar millones. Por eso lo mataron.

No en accidente de auto que hubiera parecido sospechoso, dado que acababa de comenzar investigación, no con veneno que hubiera tomado meses y hubiera dado tiempo para que revelara lo que sabía, sino rápidamente en hospital, de forma que parecería tragedia médica que nadie cuestionaría porque complicaciones quirúrgicas pasan.

Gente muere en cirugías todo el tiempo. Nadie sospecharía asesinato,  excepto que Javier Solís no murió de complicación. murió de ejecución y evidencia  de eso estaba guardada en este hospital abandonado, en expedientes médicos  que nunca fueron destruidos, en reportes de autopsia que documentaban  exactamente qué arterias fueron cortadas y cómo, en testimonios de enfermeras que estuvieron en quirófano y que documentaron lo que vieron porque  sabían que algo no estaba bien.

Esa evidencia había estado ahí durante 58 años esperando en hospital que ciudad olvidó, en archivos que nadie se  molestó en revisar, en quirófano donde Javier Solís sangró hasta morir mientras cirujano observaba  sin hacer nada para salvarlo. Y Harfuch estaba a punto de encontrarla,  de documentarla, de revelarla, de dar a familia de Javier Solís respuestas que habían estado buscando durante casi seis décadas, sin saber que debían buscarlas.

porque pensaban que sabían cómo había muerto su ser querido. El descubrimiento que llevó a Harfuch a ese hospital abandonado  había comenzado 3 meses atrás, mientras su equipo terminaba de procesar el archivo de  María Félix de Ginebra. En las últimas cajas que revisaron en carpeta  marcada, JS asesinato médico, evidencia testimonial.

Read More