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El bloqueo silencioso: Cómo México desató una tormenta comercial sin precedentes que asfixia la industria y el campo de Perú

¿Qué sucede cuando el gigante del norte decide, de manera literal y absoluta, apagarle el motor a la economía de un país entero? Lo que estamos presenciando hoy en día no tiene precedentes en la historia reciente de América Latina. Las consecuencias de jugar a la guerra diplomática sin medir las repercusiones económicas están demostrando ser absolutamente devastadoras. Todo comenzó cuando el gobierno peruano, en un arranque que múltiples expertos internacionales han calificado de totalmente desproporcionado y reactivo, tomó la drástica decisión de romper formalmente las relaciones diplomáticas con México. Muchos pensaron que la disputa se quedaría estancada en las conferencias de prensa matutinas y en los cruces de declaraciones políticas. Sin embargo, la respuesta mexicana ha sido una ofensiva comercial tan agresiva, tan fríamente calculada y sistemática, que hoy mantiene a la industria, la agricultura y la venerada minería peruana al borde del colapso total.

Para entender la magnitud de este ajedrez geopolítico, es fundamental analizar el punto de partida y el monumental error de cálculo de las autoridades en Lima. Cuando el actual gobierno peruano anunció con la espada desenvainada la ruptura total de relaciones, la respuesta inicial desde la cancillería mexicana fue pragmática y helada. Seamos honestos: en términos estrictamente comerciales, México no perdía el sueño. Aunque Perú es una nación culturalmente rica y con la que se comparten profundas raíces latinoamericanas, los números fríos dictaban una realidad muy distinta. Las exportaciones de México hacia territorio peruano ni siquiera alcanzaban a representar el 0.3 por ciento de su volumen total internacional. Parecía que Perú intentaba utilizar esta disputa, originada desde la administración del presidente López Obrador, para inyectarle un poco de oxígeno a su inestable y fracturada política interna. Pero olvidaron una regla de oro: la diplomacia de micrófonos es una cosa, y los negocios de estado son otra bestia muy distin

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