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EDITH GONZALEZ: Por ESTO Su Hija No Heredó Nada. 5 Años Callaron la Verdad

Es el 12 de junio de 2019, son las 11 de la noche. En una habitación del Hospital Ángeles Interlomas,  en el Estado de México, una mujer está conectada a un respirador. Tiene  54 años. Tiene el pelo rubio, aunque ya no brilla como antes.  Tiene los ojos cerrados. A su lado está su esposo Lorenzo Lazo, un economista que lleva 9 años de matrimonio con ella.

A los pies de la cama,  sentada en una silla, está su hija. Se llama Constanza. Tiene 14 años. Sostiene una guitarra entre las manos y está cantando. Constanza le canta a su madre una canción que nadie fuera de esa habitación  va a escuchar jamás. Le canta abajito, como si la canción fuera un secreto  entre las dos, como si con cada nota pudiera detener lo que todos en esa habitación saben que va a pasar.

Unas horas  antes, o el médico entró al cuarto y le dijo a la mujer conectada al respirador lo que  ella sabía desde hacía semanas. No había nada más que hacer. El cáncer de ovario que le habían diagnosticado 3  años antes había vuelto, esta vez con metástasis, esta  vez sin salida.

Y lo que esa mujer hizo cuando escuchó la noticia no fue gritar, no fue llorar, no fue maldecir. Le dijo adiós al médico con la mano. Y las últimas palabras que pronunció con plena conciencia, según la periodista Taña  Charry, fueron estas: “Adiós cuerpo, muchas gracias por haberme tenido.” Esa mujer era Edit González,  la Gerüera, la primera aventurera, la Mónica de Corazón Salvaje, la actriz que desde los 5  años de edad no había dejado de trabajar ni un solo día, 49  años frente a las cámaras, más de 50

telenovelas, cientos  de funciones de teatro o miles de noches entregándose a un público que la adoraba. Y en el momento final,  cuando ya no quedaba nada más que dar, Edith González no le habló al público, no le habló  a la industria que la había hecho famosa, no le habló a los productores que la buscaban porque su nombre vendía.

le habló a su propio cuerpo, le dio las gracias como si el cuerpo fuera un compañero de trabajo que había  aguantado demasiado, como si ella supiera mejor que nadie que ese cuerpo había hecho mucho más de lo que cualquier contrato le podía exigir. Y eso es exactamente lo que tú vas a descubrir hoy, porque esta historia  no es la que te contaron las revistas, no es la biografía bonita de la actriz  que luchó contra el cáncer.

Esta es la historia de lo que pasó después, de lo que encontraron cuando ella  no estaba, de lo que su hija descubrió cuando empezó a preguntar. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que casi nadie te ha contado. Primero, el romance secreto que Edith  mantuvo con uno de los hombres más poderosos de la política mexicana.

Un hombre que tardó 4 años en reconocer a su propia hija y que le pidió a Edith  que guardara silencio para no arruinar su carrera. Segundo, lo que realmente pasó en  los estudios de TV Azteca. en abril de 2019, semanas  antes de su muerte, cuando Edit tuvo que pedir que detuvieran  la grabación porque ya no podía más y lo que la producción hizo cuando se enteró.

Tercero,  lo que ocurrió con la herencia de Edit González. ¿Quién se quedó con qué?  ¿Por qué el testamento tardó 2 años en leerse? ¿Y por qué su viudo no heredó  un solo peso? Y cuarto, o lo que pasó con las tres personas que Edith dejó atrás.  una hija de 14 años que se quedó sin madre, un esposo  que en menos de 8 meses ya tenía una nueva relación y una madre de 87 años que se negaba a creer que su hija había muerto.

Te voy a avisar cuando llegue  cada una de esas revelaciones. No te las pierdas porque juntas cuentan  una historia que la industria del espectáculo mexicano prefirió enterrar  junto con Edit. Pero para entender cómo fue posible que todo esto ocurriera, necesitas conocer el mundo que construyó a esta mujer.

Porque esta historia  no empieza el día que todo se derrumbó, empieza mucho antes y empieza con algo que tú  probablemente viste en tu propia televisión. Es 1970. En la ciudad  de México, una niña de 5 años acompaña a su mamá a los  estudios de Televisa. Su mamá, o Ofelia Fuentes, es ama de casa.

Su papá,  Efraín González y García de León, trabaja en un banco. No tienen dinero para pagar clases de actuación ni agentes  artísticos. Pero una amiga de Ofelia le ha dicho algo que le cambiará la vida a esa niña para siempre. Tu hija tiene algo. Llévala a la televisión. Recuerda ese nombre. Ofelia Fuentes. La vas a necesitar para entender el final de esta historia.

Ofelia lleva a su hija como espectadora al programa Siempre en domingo,  el programa de Raúl Velasco, el escaparate más grande de la televisión mexicana.  Y ahí entre el público, un productor ve a esa niña rubia con ojos enormes y la selecciona para actuar en un sketch  con Rafael Baledón y Marta Rod.

Así de simple, así de rápido. Así empezaban las carreras en la televisión mexicana  de los 70. Alguien te veía, alguien decidía que servías y de un día para otro te ponían frente  a una cámara. ¿Te imaginas eso? Una niña de 5 años sin entrenamiento,  sin red de seguridad, puesta a trabajar en un estudio de televisión porque alguien decidió que tenía cara bonita.

Esa niña era Edit González Fuentes, nacida el 10 de diciembre de 1964. Y desde ese día, en Siempre, en domingo, no paró,  nunca paró. Cosa juzgada fue su primera telenovela. Tenía 5 años.  Después vinieron Lucía Sombra, La maldición de la blonda.  El amor tiene cara de mujer.

El edificio de enfrente. Mi primer amor, los miserables. En 1974,  a los 9 años ganó un premio Heraldo  como artista de revelación. 9 años ya tenía un premio. Pero entiende algo, esto no era un juego.  Esto era la industria mexicana de la televisión en los años 70 o una industria que funcionaba con reglas muy  claras.

Tú trabajas, nosotros decidimos cuándo, dónde y cuánto te pagamos. Los contratos  de exclusividad de Televisa eran candados. Si firmabas  con ellos, no podías trabajar en ningún otro lugar. No podías hacer cine si ellos no querían.  No podías hacer teatro si ellos no te daban permiso. Y si te  ibas, perdías tu nombre artístico, tus contactos y tu carrera.

Era la tienda de raya del espectáculo. Tú generabas los millones. Ellos  decidían cuánto te tocaba. Edith creció dentro de ese sistema. no conoció otro. Desde los 5 años hasta los 54, su vida fue la televisión,  el teatro y el cine. Nunca tuvo un trabajo de oficina, nunca tuvo un sueldo fijo  que no dependiera de un productor.

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