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“PAGUEN SUS IMPUESTOS”: Sheinbaum Exhibe a Salinas Pliego tras Burlarse de Olinia, el Primer Auto Eléctrico 100% Mexicano

Durante décadas, a los mexicanos se les repitió sistemáticamente un mito paralizante y doloroso: se nos hizo creer que el país solo servía para armar y ensamblar lo que otras mentes brillantes en el extranjero diseñaban. El discurso oficial y corporativo nos encasilló como la eterna maquila del mundo, un territorio destinado a la mano de obra barata, pero presuntamente incapaz de crear, diseñar o exportar tecnología de punta propia. Sin embargo, ese caduco relato de dependencia y sumisión tecnológica se hizo pedazos este domingo 7 de junio en la emblemática base aérea de Santa Lucía. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, hizo su aparición triunfal conduciendo ella misma el primer vehículo utilitario 100% eléctrico diseñado y desarrollado completamente en territorio mexicano: Olinia.

Al bajar del automóvil compacto, que destaca por sus líneas sencillas, amables y profundamente modernas, la mandataria levantó los brazos al cielo en una clara señal de victoria y pronunció ante el país dos palabras que encapsulan años de esfuerzo, sudor y un cambio de paradigma radical: “Misión cumplida”. Este enorme hito no solo marca el espléndido nacimiento de una nueva industria automotriz y de electromovilidad en el país, sino que también ha destapado la profunda e innegable incomodidad de ciertos sectores oligárquicos, dejando al descubierto un choque frontal y apasionante de visiones sobre el futuro de la nación.

Olinia: El Impulso y el Movimiento de la Ingeniería Mexicana

El nombre del vehículo, Olinia, proviene directamente de las raíces de nuestra tierra, del idioma náhuatl, y significa “movimiento”. Y verdaderamente, no podría haber existido una palabra más acertada, poética y poderosa para describir lo que este proyecto representa para las futuras generaciones. A diferencia de los costosos modelos que circulan actualmente en nuestras calles y que enriquecen a corporaciones foráneas, Olinia no nació en los laboratorios de una gigantesca transnacional extranjera. Este automóvil es el valioso fruto del talento, la inagotable dedicación y el brillante ingenio de ingenieras e ingenieros del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y del Tecnológico Nacional de México.

El centro de diseño estratégico y desarrollo se instaló con orgullo en el Instituto Tecnológico de Puebla, donde un equipo multidisciplinario y apasionado de más de cien personas trabajó incansablemente de sol a sol. El proyecto, que arrancó formalmente en enero del año pasado, logró materializarse con un presupuesto inicial de apenas 25 millones de pesos. Para que pongamos esta cifra en su verdadera y asombrosa dimensión, se trata de una fracción minúscula e irrisoria de lo que cualquier gran armadora automotriz global gasta en una simple campaña de publicidad de un mes. Con esos limitados recursos, pero apoyándose en el inmenso talento joven del país, México logró construir desde cero un vehículo propio en cuestión de meses.

Las maravillosas características de Olinia revelan su verdadera vocación social y su corazón mexicano: no busca ser un artículo de lujo inalcanzable, sino una herramienta diaria de servicio. Con un precio sumamente competitivo que arrancará en aproximadamente 150,000 pesos (e incluso ofreciendo versiones mucho más accesibles desde los asombrosos 90,000 pesos), el automóvil alcanza una velocidad máxima de 50 kilómetros por hora. Está estratégicamente pensado para la micromovilidad urbana, para esos trayectos cortos en las grandes ciudades y pequeños pueblos donde hoy en día millones de personas no tienen alternativas de transporte que sean accesibles, dignas y seguras. Se recarga en un enchufe doméstico común, sin requerir infraestructura costosa, acabando con el mito de que los autos eléctricos son solo para millonarios.

Además, su diseño incluye un detalle de profunda sensibilidad y empatía humana que ha conmovido a muchos: es el primer vehículo de su categoría en incorporar el espacio suficiente para trasladar de manera cómoda, directa y segura a una persona usuaria de silla de ruedas. No es un capricho estético, es inclusión real. Su batería garantiza los recorridos cotidianos de una familia o de un incansable pequeño comerciante. Las estimaciones oficiales indican que, al cambiar la contaminante gasolina por la electricidad, una familia trabajadora podría ahorrar hasta la increíble cantidad de 50,000 pesos anuales en combustible y mantenimiento, una cifra que sin duda transformaría por completo la economía del hogar.

El Berrinche de la Oligarquía y el Gran Choque de Visiones

Como lamentablemente suele ocurrir cuando se rompen los añejos moldes del monopolio y de la dependencia económica, el rotundo éxito del talento mexicano no fue celebrado por todos. El mismo domingo de la histórica presentación, el multimillonario empresario Ricardo Salinas Pliego recurrió a sus cuentas en redes sociales para intentar descalificar y minimizar el histórico proyecto. En lugar de aplaudir el avance tecnológico nacional o mostrar un mínimo de patriotismo, optó por la burla barata e intentó convertir la gran noticia en una grotesca oportunidad publicitaria para su propio negocio.

El magnate sugirió públicamente, sin el menor pudor, que en lugar de entusiasmarse con el auto eléctrico mexicano, la gente debería comprar las motocicletas de la marca Italika que él comercializa a crédito en sus tiendas Elektra. En pocas y claras palabras, su respuesta frente a la máxima innovación nacional fue un descarado “cómprenme a mí”. Esta actitud retrata de cuerpo entero a un sector empresarial que añora que México siga siendo un simple e ignorante importador, un país cautivo de sus productos traídos de Asia, en lugar de convertirse en una potencia creativa, industrial y autosuficiente.

“Paguen sus Impuestos”: La Serenidad y la Implacable Firmeza de Sheinbaum

Lejos de ignorar el innecesario ataque o caer en provocaciones, la presidenta Claudia Sheinbaum abordó frontalmente el tema durante su esperada conferencia matutina. Ofreció una respuesta absolutamente contundente, fundamentada y serena, que dejó sin argumentos a sus detractores. Primero, trazó con maestría la enorme e insalvable diferencia entre ambos modelos: mientras que Olinia es un vehículo diseñado, pensado y construido por talento cien por ciento mexicano, las motocicletas que vende el señor Salinas Pliego son simples productos de masiva importación ensamblados.

Pero la mandataria fue mucho más allá, tocando con precisión quirúrgica el nervio más sensible y doloroso del evidente enojo del empresario: el obligatorio pago de impuestos. Con total claridad y sin medias tintas, Sheinbaum expuso que la molestia real y profunda de Salinas Pliego no es el nacimiento de un automóvil, sino que, tras décadas de privilegios, finalmente tuvo que cumplir con sus obligaciones fiscales ante la nación. “Están muy enojados porque al final tuvieron que pagar los impuestos”, afirmó con contundencia, recordando a toda la ciudadanía que, tras años de largos e interminables litigios y tramposas evasivas legales, su Grupo tuvo que entregar al fisco más de 32,000 millones de pesos.

La mandataria aprovechó el momento de atención nacional para desmantelar y exhibir públicamente las viejas y abusivas prácticas de evasión. Explicó detalladamente cómo se acostumbraba a importar las motocicletas en distintas partes (trayendo, por ejemplo, las llantas por separado para ensamblarlas mágicamente en México) con el único y ventajoso propósito de aprovechar vacíos legales y pagar menos impuestos al Estado. Esos trucos sucios, sentenció la presidenta, se han terminado definitivamente.

Además, Sheinbaum lanzó una crítica feroz, directa y muy necesaria al modelo de negocio de este corporativo, cuestionando los exorbitantes, asfixiantes y usureros intereses que cobran sin piedad a sus propios clientes. Mientras estas grandes figuras de los negocios se presumen en foros internacionales como campeones de la eficiencia empresarial y del libre mercado, en la dura realidad asfixian a las familias más humildes y trabajadoras de México con tasas impagables cuando, por alguna desgracia, se atrasan en un abono. “Lo que digamos va a ser en contra”, concluyó magistralmente la presidenta, dejando sumamente claro que los sagrados intereses de la nación y los intereses de estos negocios especulativos siempre estarán, por naturaleza, en bandos radicalmente opuestos.

La Valiosa Semilla de la Soberanía Tecnológica

El explosivo altercado con Salinas Pliego es, en realidad, solo la punta del iceberg de una discusión nacional mucho más profunda y trascendental. Lo que verdaderamente está en juego aquí es la anhelada soberanía tecnológica del país. Se ha planteado un objetivo estratégico fascinante: aunque hoy es un logro monumental, se busca alcanzar el 75% de integración nacional total para el año 2030.

No estamos hablando de simplemente atornillar piezas importadas en una fábrica y ponerles una bonita estampa que diga “Hecho en México”. Se trata del enorme desafío de construir, desde sus cimientos más profundos, una academia industrial propia, un semillero de genios y un ecosistema de electromovilidad vibrante que ponga a temblar al mundo. Olinia es la prueba viva y palpable de que cuando el Estado cree e invierte estratégicamente en sus universidades públicas, en la ciencia pura y en sus entusiastas jóvenes, los resultados llegan de forma arrolladora. No es producto de la casualidad, ni un acto de magia, sino el fruto de una férrea e inquebrantable voluntad política puesta verdaderamente al servicio del pueblo.

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