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Padre Pistolas CALLA a Chumel Torres tras burla contra Dios en televisión nacional

Vaya, un cura con sentido del humor. Eso sí que es un milagro, replicó. Hablando de milagros, padre, ¿es cierto que usted afirma poder curar enfermedades como el cáncer y la diabetes con hierbitas? Lo que yo digo es que la medicina natural ayuda junto con la fe y la oración, respondió el sacerdote sin inmutarse. Pero claro, para entender eso hay que creer en algo más grande que uno mismo.

No todos pueden. Chumel decidió ir directo al punto que había estado promocionando en redes sociales. Padre, seamos francos. En pleno siglo XXI, ¿no le parece un poco anticuado seguir creyendo en milagros, vírgenes que lloran y agua bendita? Digo, la ciencia ya explicó la mayoría de esos misterios divinos. El padre Pistola se inclinó ligeramente hacia adelante.

Sus ojos, intensos bajo sus espesas cejas canosas, se clavaron en chumel. Mira, muchacho, es curioso que menciones la ciencia. La misma ciencia que tú adoras nos dice que el universo surgió de la nada, que la vida apareció por casualidad y que todo lo que somos son átomos que se juntan por accidente. Y aún así, tú vienes aquí hablando de moral, de lo que está bien y mal, como si esos conceptos brotaran del aire.

Hizo una pausa para que sus palabras calaran. Tú te burlas de la fe, pero vives exigiendo moralidad como si ella brotara de la nada. ¿De dónde vienen tus valores si todo es casualidad? de azar. Al menos nosotros somos consistentes con nuestras creencias. El estudio quedó en silencio. Chumel intentó recuperar el control. Interesante punto, padre.

Pero hablemos de algo más práctico. Usted ha sido suspendido por la iglesia, ¿cierto? ¿No es un poco hipócrita seguir dando misa cuando sus propios jefes le quitaron la licencia? El padre sonrió por primera vez. ¿Sabes por qué me suspendieron? Porque hablo claro. Porque digo las verdades que incomodan. En los ranchos donde trabajo, la gente no necesita palabras bonitas y sermones elegantes.

Necesitan la verdad cruda, como es la vida allá. Cuando los narcos entran a tu pueblo, violan a tus mujeres y matan a tus hijos, no hay tiempo para diplomacias. Entiendo, padre, pero no no entiendes. Lo interrumpió el sacerdote con firmeza, pero sin levantar la voz. Tú hablas desde este estudio con aire acondicionado.

Yo hablo desde pueblos donde enterramos inocentes cada semana. Esa es la diferencia entre tú y yo. Chumel, visiblemente incómodo, decidió cambiar de táctica. Pasemos a otro tema más personal. Como sacerdote católico, usted ha renunciado a las relaciones románticas, al matrimonio. En estos tiempos modernos no le parece un sacrificio innecesario no es antinatural.

El público contuvo la respiración. El padre Pistolas se reclinó en su asiento y respondió con tranquilidad. Prefiero vivir sin mujer que vivir sin propósito. Lo que falta en el mundo hoy no es placer. Hay placer por todos lados. Lo que falta es dirección. Las palabras resonaron en el silencioso estudio. Chumel, sintiendo que perdía el control de la entrevista, decidió ir con todo.

Padre, seamos honestos. La Iglesia Católica es básicamente una mitología creada por pastores de cabras hace 2000 años. ¿No le parece que ya es hora de dejar atrás esas supersticiones? El sacerdote miró directamente a la cámara y por un momento pareció que hablaba no solo a Chumel, sino a todo México. Es por eso que el país está como está, dijo con voz grave.

Porque quienes nunca han cargado un caión se creen con derecho a reírse de la cruz. El silencio que siguió fue absoluto. Las cámaras captaron las expresiones asombradas del público. Incluso los camarógrafos y técnicos parecían impactados por la respuesta. Chumel Torres, el hombre que siempre tenía la última palabra, por primera vez se quedó sin respuesta.

El director de piso hizo señas desesperadas indicando que debían ir a comerciales. Eh, volveremos después de estos mensajes logró articular Chumel mientras la música de salida comenzaba a sonar. Cuando las cámaras dejaron de grabar, el estudio estalló en murmullos. El padre Pistolas permaneció sentado, sereno como había estado desde el principio.

Chumel se quitó el micrófono y se acercó a su productor. “¿Qué demonios acaba de pasar?”, susurró. “Creo que acabas de ser derrotado por un cura de 73 años”, respondió el productor mirando de reojo al sacerdote. Y el mundo entero lo acaba de ver. Las redes sociales ya estaban explotando. Padre Pistolas Calla. Achumel se convertía rápidamente en tendencia nacional.

La segunda parte de la entrevista prometía ser aún más intensa y México entero estaba a punto de presenciar como un humilde sacerdote rural desarmaba al rey de la sátira con nada más que la verdad cruda de sus experiencias. Durante los comerciales, el estudio era un caos de susurros y miradas nerviosas. El productor ejecutivo, Rafael Mendoza, gesticulaba frenéticamente mientras hablaba con los directivos del canal por teléfono.

¿Qué hacemos? Cortamos la segunda parte. preguntó un asistente de producción. “¿Estás loco? Los números están explotando”, respondió Rafael tapando el micrófono del teléfono. “Las redes sociales están en llamas. Padre pistolas, Calla a Chumel ya es tendencia nacional.” Mientras tanto, Chumel Torres se había refugiado en su camerino, revisando frenéticamente su teléfono.

La avalancha de notificaciones era abrumadora. Sus seguidores estaban divididos. Algunos lo defendían fervorosamente, pero muchos otros aplaudían al sacerdote. Lo peor eran los memes, que ya circulaban por todas las plataformas, mostrando su expresión desencajada tras la última respuesta del padre pistolas.

“Esto es un desastre”, murmuró mientras se pasaba la mano por el cabello. Su asistente Mariana entró al camerino con un vaso de agua. “No es para tanto”, intentó consolarlo. “Es solo un viejo cura. Puedes recuperarte en la segunda parte. No has visto Twitter. Estoy siendo destrozado y lo peor es que está usando mis propias tácticas contra mí.

Al otro lado del pasillo, el padre pistolas permanecía sentado en una silla con los ojos cerrados aparentemente en oración. No había pedido agua, ni revisado su teléfono, ni mostrado la más mínima preocupación por lo que acababa de suceder. Osvaldo, uno de los camarógrafos que había crecido en un pueblo cercano a Chucándiro, se acercó tímidamente.

Padre, soy de Santa Clara del Cobre. Lo he visto oficiar misa un par de veces. El sacerdote abrió los ojos y sonrió con calidez. ¿Cómo está tu familia, hijo? Bien, gracias a Dios. Padre, quería decirle, está arrasando en internet. Mi teléfono no deja de vibrar con mensajes sobre usted. El padre Pistola soltó una risa suave.

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