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Joan Sebastian: El Imperio de 200 Millones, el Saqueo Familiar y la Maldición que Devoró a sus Hijos

El 13 de julio de 2015, mientras el pueblo mexicano derramaba lágrimas por la partida física del gran “Rey del Jaripeo”, en los majestuosos y enormes ranchos de Joan Sebastian comenzaba a sonar un ritmo completamente distinto. No eran las guitarras de los mariachis, ni los caballos de paso fino bailando al son de la banda, ni los aplausos ensordecedores de un palenque abarrotado. Era el sonido frío, burocrático y calculador de expedientes legales, bufetes de abogados y el eco de una herencia gigantesca que se cernía como una sombra oscura sobre su descendencia. El hombre que compuso más de mil canciones memorables y que le cantó al amor con una intensidad que parecía poder domarlo absolutamente todo, murió sin dejar amarrada la paz para sus propios hijos.

El Génesis de un Imperio sin Estructura

Para entender la magnitud real de este desastre familiar, debemos dimensionar primero el imperio que José Manuel Figueroa Figueroa construyó desde la nada. Nacido en Juliantla, Guerrero, siendo un niño forjado en los caminos más duros de tierra caliente, con el polvo pegado a los zapatos en un lugar donde la música era una simple forma de sobrevivir, Joan transformó su dolor, la nostalgia y sus lágrimas en una marca internacional colosal. Las versiones familiares y las estimaciones judiciales dictan que su imperio superaba la cifra estratosférica de 200 millones de dólares. Hablamos de 51 propiedades dispersas en el mapa, caballos de raza pura de altísimo valor, regalías inagotables, abultadas cuentas bancarias, lucrativos contratos y ranchos que se extendían majestuosamente desde Morelos y Guerrero hasta Veracruz y el estado de Texas en Estados Unidos.

Joan tuvo ocho hijos con cinco mujeres distintas: José Manuel, Trigo de Jesús, Juan Sebastián, Sarelea, Julián, Juana Marcelia, Juliana y D&#

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