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¡Histórico! “Ya no deben nada”: El fin de la trampa del Infonavit y la mayor victoria de la clase trabajadora en 36 años

Cuatro palabras que cambiaron la historia. Cuatro palabras que cinco millones de familias mexicanas llevaban esperando escuchar durante más de tres décadas, en un anhelo que parecía imposible de cumplir: “Ya no deben nada”. Así, con una contundencia que resonó en cada rincón del estadio en Emiliano Zapata, Morelos, la presidenta Claudia Sheinbaum puso fin a una de las injusticias financieras más prolongadas y crueles en la historia de México.

Frente a cientos de familias que, entre lágrimas de incredulidad y alivio, recibían sus constancias de finiquito y sus escrituras, la mandataria sentenció: “Ya se les quitó esa angustia, porque es justo que se les quitaran las deudas, porque ya habían pagado lo suficiente”. Con este acto, se desmantela un sistema que operó ininterrumpidamente durante 36 años bajo las administraciones del PRI y el PAN, un esquema diseñado no para otorgar patrimonio, sino para encadenar a los trabajadores a una deuda eterna.

La anatomía de una trampa perfecta

Para comprender la magnitud de esta victoria social, primero debemos entender la profundidad del engaño. El Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) nació en 1972 con una misión noble y solidaria: agrupar el ahorro de la clase trabajadora —con aportaciones patronales y del empleado— para garantizar el acceso a una vivienda digna. Durante sus primeros años, la institución cumplió su propósito. Sin embargo, con la llegada del modelo neoliberal, la vivienda dejó de verse como un derecho humano y se transformó en un jugoso negocio financiero.

Fue en la década de los 90, bajo los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, cuando se sembró la semilla de la desgracia: los créditos denominados en “Veces Salario Mínimo” (VSM). En lenguaje llano y doloroso, esto significaba que la deuda de los trabajadores ya no era en pesos fijos. Automáticamente, cada año, cuando el gobierno anunciaba un aumento al salario mínimo, la deuda del trabajador se multiplicaba en la misma proporción.

Imaginemos a un trabajador que en el año 2000 adquirió su casa. Solicitó un crédito manejable, digamos de 70,000 pesos, con una mensualidad de 1,200 pesos. Pagó religiosamente su primer año. Al segundo año, sin haber pedido más dinero ni haber ampliado su vivienda, su mensualidad subía a 1,350 pesos. Y así, año tras año. La presidenta Sheinbaum lo ilustró con una claridad brutal: un crédito de 70,000 pesos, tras 10 años de pagos puntuales y sin fallar un solo mes, se transformaba en una monstruosa deuda de 700,000 pesos. Diez veces más. Se pagaba, se pagaba, y el saldo solo crecía.

Los nombres detrás del saqueo millonario

Esta maquinaria de endeudamiento no operaba por arte de magia; tenía arquitectos, directores y beneficiarios con nombres y apellidos. Mientras las familias mexicanas perdían el sueño por créditos impagables, los altos mandos del Infonavit vivían en la opulencia.

Destaca el caso de Víctor Manuel Borrás Setién, quien dirigió el Infonavit durante 12 años, abarcando los sexenios panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón. Durante su gestión, el sistema de deuda infinita funcionó a la perfección. ¿Su recompensa? Al jubilarse, Borrás se retiró con un bono de 8.1 millones de pesos y un finiquito de 3.3 millones. En total, más de 11 millones de pesos provenientes del dinero de los trabajadores.

Le siguió Alejandro Murat Hinojosa, director de 2012 a 2015 bajo la administración de Enrique Peña Nieto. Durante su periodo se firmaron contratos con la empresa Telra Realty que costaron 5,000 millones de pesos al erario público. Hoy, ese dinero está siendo rastreado por el gobierno actual, y no es casualidad que, hace apenas unos días, el empresario vinculado a este desfalco, Rafael Zaga Tawil, fuera capturado en Florida por agentes de ICE. Después de Murat, llegó David Penchyna (2015-2018), bajo cuya gestión se autorizó una indemnización millonaria a dicha empresa, perpetuando el esquema de créditos impagables.

El “Fobaproa” al revés: Ganancias arriba, deudas abajo

La indignación crece cuando comparamos este sistema con el tristemente célebre FOBAPROA de 1995. En aquella época, cuando los banqueros especularon y quebraron, el gobierno de Zedillo decidió que el pueblo mexicano pagaría sus deudas. Socializaron las pérdidas de los ricos y las convirtieron en deuda pública. Hasta el sol de hoy, cada mexicano sigue pagando con sus impuestos el rescate bancario.

El Infonavit neoliberal fue la misma lógica, pero invertida de forma perversa: privatizaron la deuda hacia los más pobres. Las ganancias eran para las grandes constructoras y los altos funcionarios, mientras que la deuda asfixiante recaía sobre los hombros de los trabajadores, quienes no podían reclamar ni renegociar por temor a perder el único techo de sus familias.

El desmantelamiento: Un acto de justicia real

Hoy, la realidad es otra. Desde finales de 2024, el programa “Solución Integral” ha comenzado a barrer este sistema injusto desde sus cimientos. El objetivo es corregir más de 4.9 millones de créditos impagables contratados antes de 2013 bajo el abusivo esquema VSM.

¿Cómo funciona este rescate histórico? Es automático, gratuito y no requiere gestores. Primero, la deuda se congela en pesos fijos; ya no volverá a subir jamás. Segundo, se aplican descuentos masivos a los saldos acumulados injustamente. Tercero, y quizás lo más importante para el futuro: el 5% de aportación patronal mensual ahora va directo a reducir el capital real de la deuda del trabajador, no a pagar intereses usureros ni comisiones ocultas.

Los resultados son asombrosos. Se han devuelto más de 72,000 millones de pesos a los trabajadores mexicanos en forma de deuda cancelada, beneficios y reducciones de tasas. Para dimensionar esta cifra: con ese dinero se podrían construir más de 14,000 escuelas rurales equipadas. Ese era el tamaño del dinero que el neoliberalismo le arrebataba a la gente humilde.

La promesa cumplida a nuestros mayores y el futuro de la vivienda

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