Además, Austin está deseando pasárselo muy bien con tu hija, ¿verdad, Austin? Y con su mujer. Bueno, Good Jim, se me está agotando la paciencia y cuando eso pasa me deshago de todo el que se me cruza. ¿Entendido? ¿Te decides? Hazlo por nosotros. ¿Es que quieres que te maten? Dime una cosa, ¿cuál es tu deber? Recibir a los pasajeros con una sonrisa mientras cambian los caballos.
Es lo único que queremos de ti, que cumplas con tu deber. El carruaje vendrá con escolta y no queremos tener problemas. Ya lo has oído. Cumple con tu deber. De acuerdo. Haré lo que pedís. Uid de la palabra del Señor. Haced oídos sordos al mensaje divino. Panda de hipócritas. Corred. Escondeos en vuestras sucias casas simplemente por miedo a dar una limosna al hombre de Dios que os pide el poco dinero que necesita para mantener en pie su pobre cuerpo mortal.
El infierno está sobre vosotros, delante de vosotros, dentro de vosotros. Éxodo, capítulo 20, versículo 24. Altar de tierra harás para mí y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas. Más adelante, capítulo 25, versículo primero. Di a los hijos de Israel que tomen una ofrenda para mí de todo aquel cuyo corazón le mueva hacerlo.
Plata, pieles de carnero, zapatos viejos, ropa usada, huevos frescos, todo naturalmente por la gloria del Señor. ¿Han escuchado todos la palabra de la Biblia? Ah, claro que sí, hijos de vuestras madres. Claro. ¿Habéis oído el estruendo de la voz del mismísimo ¿Habéis visto el fuego del infierno? Adelante.
Salid de vuestra guarida. Salid. Venid corriendo ahora a comprar un billete para entrar en el paraíso. ¿Cuánto cuesta eso? ¿Cómo? ¿Cuánto cuesta qué? El billete, ¿ateri o espiritualmente? Ambas cosas. Bueno, ya que esto te interesa, te lo diré. A nivel material, lo que el bolsillo de uno le permita, aunque nunca menos de dó.
Sin embargo, espiritualmente, bueno, ese es un discurso demasiado largo. No tengo ninguna prisa. Eres forastero, ¿verdad? Mm. Porque no recuerdo haberte visto nunca por estas tierras. Es que eso cambia algo para el billete, ¿no? Entonces siga con el sermón. Salmos, libro primero, salmo 1. Escuchad todos la palabra de Dios. Bienaventurado el varón que no sigue el consejo de los malvados, ni aquel que nunca se detiene en la senda de los pecadores.
Hola, predicador. Buenos días, señor Austin. Que el Señor posee su mirada sobre todos ustedes. Imagínate qué buenas vistas tendría, ¿verdad que sí, viejo predicador? Vamos, baja del púlpito. Anda, voy a buscar clientes para tu señor en otra parte. Oiga, señor, ¿cómo osan sus secuaces obstaculizar la difusión de la palabra de Dios de este modo? Te lo advierto, si estuviera en tu lugar, predicador, no discutiría tanto.
Cierto, estaba a punto de irme. Ya me voy. ¿Qué tipo de predicador es usted? ¿Cómo que qué tipo de predicador? Hace un minuto estaba chillando como un loco porque no había nadie que le escuchara en el pueblo y ahora que tiene a toda esta buena gente. Sí, cierto, pero hay gente, ¿no lo crees? Pero yo también estoy aquí y tengo muchas ganas de escucharle hablar.
visto así. ¿Sabes qué puedes hacer? Respira el aire ahora mismo y dime qué olor te viene. Huele a muchos problemas. Eso es a lo que huele. Si yo fuese su dios predicador, estaría muy decepcionado. Además, me interesa ese billete al paraíso del que hablábamos antes. Y este es el dólar para comprarlo. Lástima.
Era un dólar totalmente nuevo de la ceca. Yo no quiero tener problemas. Bastaba con decir vete para que me fuera, que me parta un rayo si alguna vez me he negado a ayudar a alguien. Señores, me despido. Llevaba toda la razón. Por aquí huele demasiado a problemas. ¿Quiénes son los lugareños? Los llaman el tesoro de la frontera. ¿Cómo se ofrece una recompensa de $10,000 por ellos?
¿Cómo se llama el que ha disparado al dólar? Plan. Es un nombre de guerra. ¿Sabes qué significa? Es alguien que siempre da en el blanco, ¿no? Por cierto, déjeme ver. ¿El qué? El dólar. Es bastante memorable. Gracias. Me despido, predicador. ¿Y qué harás? ¿Volver ahí? Sí, la verdad es que me gustan los lugares donde huele a problemas.
Siempre se puede sacar algo. Pues si buscas problemas, solo tienes que volverte. Mira. Desármalo. hermano. Vamos, míralo bien. Dime, ¿es él? Di esel. No lo sé. ¿Es él o no? ¿Quién se supone que debería ser? Abajo,

junto al abrevadero, hay tres cadáveres. Cuatro. Tú solo tienes que pagar por tres.
Ah. Ah! Ah! Ah! Ah!
¿Qué tal? Hola, bienvenidos. Han tenido buen viaje. Muy bueno. ¿Todo tranquilo por aquí? Sí, señor. ¿Cuánto queda para llegar a la frontera con México? 30 millas. Quiero caballos frescos, pero da prisa en cambiarlos. No quiero perder ni un solo minuto. Bien, Donald. Sí. ¿Qué quieres? Estoy cansada.
¿Y bien? Me voy a bajar aquí para refrescarme un poco. Bien, pero solo mientras cambien los caballos. Con permiso. Permítame, señora. Gracias. Por aquí. Ah. Vamos,
vamos, vamos, vamos. No os ocupéis de mí, ocupaos de la pobre gente de ahí fuera. Esperemos que no sea demasiado tarde. Son unos salvajes. Ayudadme a cogerlo. Muy bien. Vamos, chicos. Afortunadamente no es muy profunda. No es nada, papá. Estate tranquilo. Pienso en esos pobres inocentes asesinados por mi curva.
Todo esto es culpa mía. Si no hubiera sido un hombre tan cobarde, podría haberles avisado a tiempo. Estaban armados. Podrían haberse defendido. Has hecho lo que debías. No te culpes, por poco te matan a ti. No, un oficial de correos es como un soldado. Si le hubiera hecho, no sé, una señal o susurrado alguna cosa al señor Stanley, no descansaré en paz hasta verle con una soga al cuello y quiero estirar esa cuerda con mis propias manos.
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Pobre gente alto. ¿Quién manda aquí? Nadie, señor. Pero yo soy el oficial de correos. ¿Quién ha matado esta gente? Unos bandidos. Se presentaron aquí hace unas horas y eran unos 20 más o menos. está en leguera, propietario de un banco
que ha quebrado de improviso. Estaba huyendo con su mujer y con el oro robado hacia México. Abrí todo el equipaje. ¿Quiénes eran los bandidos? ¿Los conocéis? No, no los había visto en mi vida ateniente. Tengo que confesarle que estábamos aterrorizados y no creo que haya nadie en este pueblo que sea capaz de describirles yo el primero.
No solo me han golpeado, también me han disparado. Eso no es ninguna excusa para no poder acordarse. Que me parta un rayo si este hombre no ha mostrado una gran valentía. Porque yo estaba presente cuando ha ocurrido la masacre y me gustaría destacar otra cosa, aunque usted y sus hombres hubieran estado aquí. ¿Quién es usted? ¿Podemos hablar? Por supuesto.
Ross, inspector de Correos, ¿qué es lo que quiere decirme sobre esos bandidos? Supongo que además del uniforme también tiene nombre. Stafford. Subteniente Stafford. He reconocido a uno de esos bandidos. Hay carteles por todas partes pidiendo una gran recompensa por él. ¿Y de quién se trata? Anplin. ¿Y qué se han llevado? Una enorme caja de hierro.
Parteron hacia la frontera. Si yo fuera usted, no perdería más tiempo en este pueblo. Disculpe mi sinceridad, inspector, pero verá, hay dos tipos de personas de las que no me fío. de las que dicen que no saben nada y de las que juran saberlo todo. Subid a los caballos. Disculpe usted también, mi sinceridad, teniente, pero normalmente los tipos como usted o tienen una larga carrera o mueren jóvenes.
Bien dicho, inspector. Hasta pronto. Oh, señor, sabemos que no somos nadie para pedirte cómo tratar el alma de esta oveja descarriada, pero protégela. Te rogamos para que al menos concedas a este hombre un lugar en el paraíso y pueda estar toda la eternidad en tu reino. Amén. Amén. Amén. Ah.
Vamosar Vamos, vamos, vamos. Hemos llegado. Vamos, chicos. Menudo día. Muy bien. Matar a gente visto. Han caído como eso. Saca el vino y de comer. Vamos a comer.
Para el carruaje, pecador. Acepta llevar a este viajante para poder entrar en el paraíso. Necesito ir a México. ¿Vas directo al Santo Espíritu, Gim? Por supuesto, el servicio continúa. Necesito tu ayuda. Tengo una boda que bendecir. ¿Puedo ir contigo? No sé. ¿Tienes dinero para el billete? No, pero nuestro Dios.
Lo siento, predicador, pero esa gente no tiene ninguna fe en tu Dios. Hágalo subir, Good Jim. Yo respondo por él. ¿Qué está haciendo usted ahí dentro? Además, ¿quién diantres es? Soy el inspector de correos, Edward Ross. El inspector Ross. ¿Acaso tiene motivos para dudarlo? No, no, claro que no. Es un placer. Sube entonces, predicador.
Te llevo a donde quieras, dado que el inspector responde por ti. Muchas gracias, hermano. Vamos, pues. ¿Por qué te ríes? Ah, por nada. Pensaba en un tipo que conocía en Lake City que se hacía pasar por el inspector Ross. Bueno, ¿qué quieres que haga? Resulta que últimamente hay un montón de gente que va por ahí diciendo que es lo que no es.
Y tanto de eso no cabe duda. Venga, no me lo creo. Menos de dos horas. Te lo juro. Es verdad. No mientas algo así. Oh.
Hija. ¿Qué está diciendo este hombre? Está diciendo que aunque es un pobre indio, es un hombre de verdad y que si estuviera armado, él te mataría sin dudar. Dale una pistola. Bien, toma, amigo. Ahora estáis igualados. Bueno, te decides. es
Chrysler, Que nuestro Señor te proteja, hermano. Gracias, predicador.
Que el Señor te bendiga, Good Jim. Amén. Yeah. Hemos llegado. Cambio los caballos. Sí.
Ah.
Ah.
Te has hecho daño. Te has cargado dos pollos. Qué vergüenza. Asustar así a las gallinas se habrá llenado de Pobre adelante. El que no muere vuelve. Así es. Y sé de uno que tiene muchas ganas de verte. Hola, inspector Ross. Good.
Sabía que usted no era de fiar. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué estás buscando? Resulta que el señor Stanley antes de morir me dejó en herencia todo su oro. Entonces, ¿has venido a llevártelo. Exacto. Ajá. el oro.
Aquí está el oro. Míralo, siéntelo, tócalo. ¿Dónde está el otro carruaje? Allí. Buen trabajo. Es exactamente igual que el otro. No lo distinguiría ni el propio
fabricante. Bueno, ahora toma tu parte. Gracias. ya. Ah.
Adelante. Ah! Ah! Ah! He. y ¿Querías el oro? Pues siente lo que
pesa.
Ah. Vamos a por el carruaje. Ya nos encargaremos de él después.
Ah. Oh, disculpe, señorita. Ah! Ah! e que los caminos del Señor son
inescrutables. No cabe duda, predicador. Ha cambiado el carruaje. Así es. Y he escapado en él. Ese bastardo al final ha conseguido timarnos a todos. Ah! Ah! Ah! Ah! Paradlo. Vamos pararlo.
Señor Tramplin. Goem Ah! Ah! Ah! Ah.
Ah. ¿Qué es eso? Esta maravilla es lo único que me dejó en herencia mi pobre abuelo. No falla ni a 2 metros de distancia. Déjame verlo. que me parta un rayo si esta noche no se monta una fiesta en el pueblo.
Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Oh. Hetel. Hetel. Buen viaje, Austin.

¿Y los caballos, ¿dónde están? Pero, ¿dónde los caballos? del Señor ha liberado a los caballos para que corran por las praderas libres del peso de los pecadores, que terminarán ardiendo en el infierno. Mitad de mi vista ese loco. Ah. Ah. Ah.
Oh. ya. H. Allah
ya. Ah. Ya.
ya y H
ya Y y ya.
M.
Ah. Ah.
Ah. ya Oh. ya ya
ya ya. ya.
ya Ya ya ya. Amén. 3 4 5 6 7 8 9 10 Álvarez, Chrysler, Austin.
¿Quién falta? Señor teniente, despacio, despacio. Este esplay. Sí, el mismo. Teniente. Hola, inspector. Ha acabado el trabajo. Sí, yo nunca dejo un trabajo a medias. Muy bien, ya puede cobrar su recompensa. Venga dentro. Aquí tiene, no, no puedo aceptarlo, pero le agradecería que le diera el dinero a ese buen hombre de ahí.
Le aseguro que se lo ha ganado. Tome. Dios le bendiga, hermano. Esta es mía. Mira, el predicador nunca falla, ¿eh? Un cigarro. Gracias, teniente. El deber me llama. He de devolver el carruaje a su sitio. Hasta pronto. Buen viaje, inspector. Tiene una cerilla. Gracias. Puede quedárselas. Si se entera de alguna cosa sobre el oro, por favor, hágamelo saber. No lo dude.
Vaya con cuidado. Hasta pronto. Ah.
Reza por mí de vez en cuando, predicador. Claro, claro que rezaré por ti. No lo dudes, hermano. Y créeme, cualquier día de estos vas a necesitar de mis plegarias. Sí, espero que falte mucho. S