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El vaquero de mediana edad no había hablado con mujeres durante años, hasta que tres apaches le rogaron que se quedara.

una cicatriz fina le cruzaba el pómulo izquierdo recuerdo de una vieja pelea de caballería que ya nadie en coperron mencionaba la gente del pueblo había dejado de preguntarse por qué Bun vivía tan lejos de todos ya sabían lo suficiente sabían de Ruth riker su esposa sabían de Little riker el hijo que ella llevaba en el vientre a los dos se los llevó el sarampión en el invierno del 74 y lo que la fiebre no terminó de destruir lo acabó consumiendo el fuego desde entonces Bun trabajaba la tierra sin esperar nada de nadie

no criaba ganado cambiaba arreglos de cercas techos y portones por comida seca café sal y municiones no bebía no apostaba no recibía visitas y si alguien tocaba a su puerta casi siempre encontraba silencio del otro lado por eso cuando escuchó aquellos pasos su cuerpo reaccionó antes que su pensamiento eran pisadas bajas irregulares arrastrándose sobre el sendero duro que bajaba desde el borde del risco Bun dejó sobre la mesa el pedazo de pino que estaba tallando se levantó despacio de la silla del porche y apoyó una mano

cerca del viejo revólver que llevaba en la cadera sus ojos se estrecharon no era venado pesaba demasiado no era caballo sonaba demasiado ligero y tampoco era carreta bajó al patio con el rostro cerrado entonces las vio aparecer por la línea de la cerca lentas inseguras como si ni ellas mismas creyeran haber encontrado una casa en medio de tanta nada eran tres las tres iban descalzas cubiertas de polvo con la ropa rota y el cansancio pegado al cuerpo la mayor tendría unos 30 años era alta de hombros firmes con cortes en los brazos

el labio partido y el cabello oscuro recogido con un trapo caminaba con la dignidad de alguien que ya había perdido demasiado aunque cada paso le doliera la segunda quizá de veintitantos cojeaba apenas el vestido se le había caído de un hombro desgarrado en el cuello dejando ver la parte alta del pecho y unos moretones finos alrededor de la clavícula una mano le temblaba junto al costado como si todavía esperara que alguien la sujetara por la fuerza la más joven apenas parecía una muchacha se escondía detrás de las otras dos

envuelta en una manta vieja apretándola contra el cuerpo como si aquel pedazo de tela pudiera protegerla del mundo entero Bun no habló ni siquiera se movió la mayor Tess Crow aunque él todavía no sabía su nombre levantó la barbilla con una valentía cansada hijo necesitamos refugio dijo no venimos a robar dijo su voz salió áspera rota por el polvo y el miedo pero no se quebró solo un lugar donde quedarnos unas noches trabajaremos no suplicó no lloró no quiso dar lástima detrás de ella lila Ren miraba a todos lados con los ojos abiertos de par en par

los árboles el suelo el cielo la cerca como si cualquier sombra pudiera convertirse en amenaza maravale la mujer que cojeaba se hizo un poco hacia un lado intentando no apoyar demasiado el tobillo lastimado no miró a bum de frente abun mantuvo la vista baja con esa postura de quien ya está esperando el golpe o el portazo abun se le endureció la mandíbula no preguntó qué les había pasado no hacía falta los moretones lo decían la ropa rota lo decía la manera en que ninguna de las tres sostenía la mirada por mucho tiempo

lo decía todo él había visto ese tipo de miedo antes después de redadas después de rendiciones después de que hombres crueles tomaran lo que no les pertenecía y dejaran cuerpos vivos con el alma hecha pedazos buen miró la bomba de agua junto a la cerca luego miró el granero después volvió a mirar a las tres mujeres asintió una sola vez fue un gesto pequeño casi seco pero suficiente ellas se quedaron quietas como si temieran haber entendido mal entonces Tess se movió primero tomó a Mara con cuidado del brazo y la guió hacia adelante

pero antes de pasar miró a Bun una sola vez él no las detuvo no preguntó nada tampoco llevó la mano al arma y eso más que cualquier palabra amable les dijo que por ahora podían respirar no les ofreció la casa todavía no no Bun no era un hombre de abrir puertas de golpe pero sí abrió de par en par la puerta del granero adentro estaba limpio la paja era fresca el barril de agua estaba lleno había mantas dobladas junto al banco de trabajo y un rincón seco donde el viento no entraba Bun lo mantenía así porque él mismo

había dormido allí muchas noches cuando la casa le pesaba demasiado esa noche las tres mujeres durmieron en el altillo Bun se quedó sentado en el porche con la escopeta atravesada sobre las piernas afuera el frío bajaba de knife Ridge y la noche parecía contener la respiración su mente no estaba tranquila una parte de él se preguntaba si había sido un necio había dejado entrar a tres desconocidas mujeres perseguidas quizá tal vez con hombres armados siguiéndoles el rastro tal vez todo aquello era una trampa

pero entonces recordó la cojera de Mara recordó como lila se escondía detrás de la manta como una niña perdida recordó la voz seca de Tess diciendo trabajaremos y boon riker que llevaba años sin abrirle el corazón a nadie entendió algo sin decirlo en voz alta a veces cerrar la puerta también es una forma de condenar a alguien la manera en que lila Ren se aferraba al brazo de su hermana como una niña perdida no se le fue de la cabeza su voz apenas salía nunca más alta que un murmullo y también recordó como Tess Crow no había retrocedido ni un paso

golpeada sucia con el miedo escondido detrás de los ojos lo miró de frente y dijo trabajaremos juntos a la mañana siguiente boon riker no fue al granero no de inmediato prefirió cargar leña dar de comer a Dusty y arreglar la bisagra torcida del portón hizo todo como si nada hubiera cambiado pero al volver hacia la casa encontró su taza de lata limpia boca abajo junto al lavadero el balde del agua estaba vacío y luego llenado de nuevo alguien había restregado el bebedero hasta la cuerda del pozo estaba enrollada con cuidado

como si aquella casa tuviera manos nuevas cuidándola Bun alzó la mirada hacia el granero entrecerrando los ojos contra el sol que apenas subía marabale estaba afuera echando heno dentro del corral de Dusty se movía despacio midiendo cada paso por culpa del tobillo lastimado pero no se detenía había una calma terca en sus movimientos el chal se le había resbalado por la espalda dejando libre la caída oscura de su cabello y mostrando de nuevo el cuello maltratado del vestido roto no se lo acomodó enseguida tal vez ni cuenta se dio

tal vez estaba demasiado cansada para preocuparse o tal vez por primera vez en mucho tiempo no quería vivir pendiente de cubrir cada señal de lo que había sufrido no lo miró todavía no pero pero Bun supo que ella sabía que él estaba allí dentro de la casa test Crow apilaba astillas junto a la estufa con el cuidado de alguien que no esperaba permiso para ser útil cerca de la cerca medio escondida lila Ren estaba sentada con las piernas recogidas bajo el vestido levantó los ojos hacia Bun apenas un segundo y luego bajó la mirada de golpe

ese día él dejó comida en el porche carne ahumada una lata de frijoles y un poco de café molido no dijo nada no llamó a nadie simplemente volvió a trabajar en la cerca del lado sur pero cuando regresó la comida ya no estaba el plato había sido lavado y dejado exactamente donde él lo había puesto las mujeres se quedaron otra noche luego otra no pidieron nada no hicieron preguntas no levantaron la voz Bun no preguntó qué les había pasado pero lo sabía no los detalles no los nombres pero sabía lo suficiente lo suficiente para mantener abierto el granero

lo suficiente para dejar tres mantas más en el altillo lo suficiente para sentarse cada noche afuera con la escopeta descansando sobre las piernas mirando esa línea oscura donde los cerros se juntaban con el cielo durante años Bun no había querido compañía la había evitado como se evita una herida que todavía supura pero no era un hombre capaz de cerrar la puerta a quien ya llegaba roto y ellas por ahora no estaban pidiendo demasiado pasaron 4 días Bun riker no los contó a propósito solo lo supo él siempre medía el tiempo de otra manera

por las tareas terminadas por las noches en que la lámpara del granero brillaba entre las rendijas por los platos de lata limpios que encontraba cada mañana sobre el barandal del porche las tres mujeres no se habían ido tampoco habían pedido entrar a la casa eso le importó no sabía bien por qué pero le importó aquella mañana mientras el sol se deslizaba bajo sobre la barranca Bun salió al patio con un cubo de avena y encontró a Mara ya despierta no se movía rápido el tobillo seguía hinchado aún así estaba descalza sobre la tierra dura

con las mangas arremangadas hasta los codos dando de comer a Dusty con sus propias manos el animal la aceptó sin resistencia no corcovó no se apartó Bun se quedó mirándola desde los escalones más tiempo del que debía el vestido de Mara colgaba más suelto que antes gastado en las costuras vuelto a romperse cerca del pecho el cuello se le había bajado durante la noche dejando al descubierto parte de los hombros y la piel marcada por el cansancio pero ella no lo arregló no por descuido quizá por agotamiento quizá

porque ya se había cansado de vivir avergonzada por heridas que no eran culpa suya Bun carraspeó suavemente Mara volteó lo vio dudó un instante pero no se cubrió lo miró a los ojos no mucho solo lo suficiente luego volvió a mirar a Dusty no tienes que darle de comer dijo Bun con la voz ronca de tanto no usarla ella no volteó le caigo bien Bun no discutió dejó el cubo en el suelo y se pasó el pulgar por la cicatriz de la mandíbula el aire olía a heno seco polvo y ceniza vieja después de un momento preguntó lo que no había querido preguntar

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