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El Gran Engaño de Coahuila: La Mentira Detrás del 16-0 que el PRI Intenta Venderte como Victoria

La ilusión del resurgimiento tricolor

En la era de la sobreinformación y las redes sociales, una simple fotografía puede convertirse en el titular de la semana, dictar la conversación pública y construir una realidad alternativa. Esto fue exactamente lo que ocurrió recientemente en Coahuila, cuando Alejandro “Alito” Moreno, el líder nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), inundó las redes sociales con una cartulina escrita a mano que rezaba un mensaje tan contundente como engañoso: “Megadriza. PRI 16 – Morena 0”. A simple vista, para el ciudadano promedio que desliza rápidamente su pantalla, el mensaje es claro: el PRI ha resurgido de sus cenizas y ha aplastado a la Cuarta Transformación en uno de sus bastiones históricos. Sin embargo, detrás de ese confeti digital, de los aplausos apresurados y de los análisis superficiales de los medios tradicionales, se esconde una de las manipulaciones políticas más elaboradas y desesperadas de los últimos tiempos.

La política no se trata solo de los números que un dirigente decide mostrar, sino, sobre todo, de aquellos que elige deliberadamente ocultar. No estamos ante una mentira burda, de esas que se desmienten con una simple mirada, sino ante un espejismo elegante. Es una construcción narrativa diseñada milimétricamente para aprovecharse del cansancio del electorado y de la falta de tiempo del ciudadano de a pie para verificar los datos. Pero, ¿qué sucede cuando nos detenemos, tomamos una calculadora y comenzamos a comparar las cifras contra el verdadero historial del partido y no contra el rival de conveniencia? La respuesta revela el verdadero estado de la oposición en México.

Los verdaderos números: un viaje en el tiempo

Para entender la magnitud del engaño, necesitamos abandonar el titular sensacionalista y adentrarnos en las matemáticas legislativas de Coahuila. El Congreso Local del estado se compone de 25 diputados en total. Para lograr una mayoría simple, se requieren 13 legisladores; para una mayoría calificada (la que permite modificar la constitución local y operar con control absoluto), se necesitan 17 curules.

Si viajamos al año 2020, el panorama para el PRI era el de un gigante invencible en su territorio. En ese ciclo electoral, el PRI, por sí solo, logró obtener exactamente 16 diputados de mayoría relativa. Es decir, sin ayuda de nadie, controlaba el poder legislativo. Pero eso no era todo. El PRI formaba parte de un bloque opositor junto con sus aliados. El Partido Acción Nacional (PAN) aportaba tres diputados y la Unión Democrática de Coahuila (UDC) sumaba uno más. En total, la coalición contaba con un bloque aplastante de 20 diputados de un total de 25, lo que representaba el 80% del Congreso. Mientras tanto, Morena era apenas una fuerza naciente en el estado, logrando solo 5 escaños y sin capacidad real de maniobra política.

Avanzamos al año 2023 y la primera fisura estructural aparece. En esas elecciones, el PRI sufre un descalabro histórico cayendo de 16 a solo 10 diputados. Perder seis curules en un solo periodo no es un simple tropiezo estadístico; es el eco de una sociedad que comienza a exigir cambios y a castigar en las urnas. Toda la coalición junta apenas logró juntar 18 lugares, mientras que Morena se mantuvo inamovible en sus 5 diputados. Fue un golpe de realidad del que nadie en la cúpula tricolor quiso hablar en voz alta.

Y así llegamos al 2026, el año del supuesto “resurgimiento” que Alejandro Moreno presume en su cartulina. El PRI, en efecto, recuperó terreno obteniendo nuevamente 16 escaños de mayoría relativa. El líder nacional tomó el punto más bajo de su partido (los 10 diputados del 2023), lo comparó con los 16 actuales y gritó victoria. Pero la omisión es grosera y calculada: no crecieron, simplemente regresaron al mismo punto de partida que tenían hace seis años, en el 2020. Han invertido millones de pesos en campañas y movilizado toda su maquinaria estructural, no para expandirse, sino para evitar desaparecer. Es un estancamiento disfrazado de triunfo épico.

El declive de los aliados y el crecimiento silencioso de Morena

Pero la verdadera tragedia para la oposición no está en las filas del PRI, sino en su entorno. El detalle más devastador, y el que Alito Moreno jamás pondría en una cartulina con marcador negro, es la aniquilación de sus aliados. En el 2026, el PAN, aquel partido que en 2020 aportaba tres diputados clave, ha desaparecido por completo del Congreso Local de Coahuila. Cero diputados. El PRD, que ya respiraba artificialmente, corrió la misma suerte.

¿Qué significa esto en la práctica legislativa? Significa que el poderoso bloque opositor que en 2020 intimidaba con 20 diputados, hoy apenas puede rasguñar 17 (los 16 del PRI más uno sobreviviente de la UDC). Han perdido tres aliados históricos, han perdido músculo de negociación y han demostrado que su coalición es cada vez más frágil y pequeña.

Irónicamente, el partido que fue ridiculizado con un “cero” en la cartulina de celebración es el único que verdaderamente ha crecido en la suma final. Alito Moreno fue astuto al comparar exclusivamente los distritos de “mayoría relativa”, pero ignoró a propósito la representación proporcional, un mecanismo fundamental de nuestra democracia que garantiza que el porcentaje de votos de un partido se refleje en escaños plurinominales. Gracias a la votación obtenida, Morena, que en 2020 y 2023 se mantuvo estancado en 5 legisladores, hoy cuenta con 7 diputados en el Congreso de Coahuila. Mientras la coalición del PRI se encogió de 20 a 17, Morena creció de 5 a 7. ¿Es esta la “megadriza” de la que habla la dirigencia nacional priista?

¿Por qué tanta urgencia? El miedo al 2027

La pregunta obligada frente a esta puesta en escena es: ¿Por qué el líder nacional de un partido que alguna vez fue el gran hegemón de México está tuiteando fotos a medianoche celebrando retener curules locales? La respuesta no radica en Coahuila, sino en el futuro a corto plazo de todo el partido a nivel nacional.

El reloj político avanza implacablemente hacia las elecciones intermedias de 2027, un proceso que no representará una oportunidad de crecimiento para el PRI, sino una genuina prueba de supervivencia institucional. En múltiples estados de la república, el tricolor corre el riesgo no solo de perder representación, sino de perder su registro y convertirse en un partido fantasma.

Alejandro Moreno no le estaba hablando a los analistas, ni siquiera le estaba hablando a los votantes de Morena. El verdadero público de su cartulina fueron los gobernadores, senadores, alcaldes y militantes de base del PRI que llevan meses dudando si deben abandonar el barco antes de que termine de hundirse. Alito necesitaba crear con urgencia una narrativa de éxito, un salvavidas moral para decirles: “Sigan aquí, todavía podemos ganar, todavía somos relevantes”. Para lograr ese impacto psicológico, necesitaba aislar un número fotogénico (el 16), ocultar el derrumbe del PAN (el cero real) e ignorar el avance numérico de su adversario político.

Un llamado a la ciudadanía crítica

La situación en Coahuila trasciende colores partidistas. Es un reflejo contundente de cómo funciona la comunicación política moderna en México, una maquinaria experta en administrar la decadencia y venderla como oro puro. Se aprovechan de la fatiga ciudadana, confiando en que casi nadie se tomará cinco minutos para cruzar los datos históricos.

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